Capítulo 015: Reencuentro de madre e hijo
INT. / HOSPITAL DE VILLA ENCANTADA, HABITACIÓN DE DANILO / DÍA
Danilo se encuentra recostado en la cama, mirando al vacío y derramando lágrimas discretas. Milena, vestida de negro, está a su lado y gimotea un poco.


Milena: Y eso es todo lo que tenía para decirte, hermanito. Lamento muchísimo haberte traído tantas malas noticias y verdades juntas.
Danilo: Es que no me lo puedo creer. Casimira muerta. Ni siquiera alcancé a despedirme de ella y pensar que todavía no puedo pararme de esta cama hasta que me den de alta.
Milena: Tu céntrate en recuperarte para que salgas en cuanto antes de este hospital. Yo sé que eso mismo te diría ella si estuviera aquí con nosotros.
Danilo: Sí, a lo mejor. Era bien enojona y cascarrabias (Ambos ríen levemente).
Milena: Tienes razón. Hasta peor que mi mamá. Voy a extrañarla muchísimo.
Danilo: Yo también y más ahora que todo lo que creíamos no era más que una ilusión. ¿Cómo pudieron mentirnos así, Milena? ¿Qué clase de padres tenemos? (Indignado).
Milena: Entiendo cómo te sientes. Yo también sentí que ayer se me derrumbaba el mundo cuando supe la verdad.
Danilo: Ahora entiendo ese sueño raro que tuve la otra vez.
Milena: (extrañada) ¿Qué sueño?
Danilo: Creo que vi a mi papá. Estaba aquí en la habitación y me pedía perdón por no haber estado conmigo, algo así.
Milena: Pues sí que fue bien extraño. Tú sabes que nunca vimos una foto de mi papá. Mi mamá siempre se negaba a mostrarnos alguna. ¿Qué tal era en tu sueño?
Danilo: No recuerdo bien, pero tenía lentes, era alto y vestía muy elegante. Tengo la sensación de que incluso lo había visto en alguna parte y no sólo en el sueño que te digo.
Milena: (pensativa) Pues ahora que lo mencionas de esa forma, la señora me dijo que yo lo conozco, solo que él ha sabido ocultarse muy bien.
Danilo: ¿La señora te dijo eso de neta?
Milena: Claro, pero no quiso revelar más. Decidió dejárselo a mi mamá para que sea ella quien nos diga el resto de cosas que nos han ocultado a ti y a mí, pero ella no quiere hablar y dudo que lo haga.
Danilo: (pensativo) ¿Quién podrá ser de todas las personas que conocemos?
Milena: Créeme que yo me hice la misma pregunta toda la noche con decirte que ni pude dormir.
Danilo: Hay que averiguarlo, Milena. Empieza a hurgar entre las cosas de mamá. Algo debe haber que nos lleve a saber la verdadera identidad de mi papá si es que a ese señor se le puede llamar así después de que nos abandonó (Con rencor).
Milena: Tienes toda la razón. Deja lo averiguo. Dejé pasar que nos abandonara por probar suerte en otro país, pero haberlo hecho por casarse con otra mujer y por interés no tiene perdón.
INT. / HOSPITAL DE VILLA ENCANTADA, SALA DE ESPERA / DÍA
Han pasado algunas horas. Eduardo se ve impaciente al pendiente de noticias de Lisa, siendo acompañado por Carolina y por Gracia.



Carolina: Ya llevamos mucho tiempo esperando, Eduardo. ¿Qué tanto puede estar pasando allá adentro con Lisa?
Eduardo: No lo sé, Carolina, no lo sé (Desesperado). Con todo lo que me ha pasado últimamente siento que me voy a volver loco. ¿Hasta cuándo van a seguir cayéndome desgracias? ¿Hasta cuándo, maldita sea? (Golpea la pared).
Carolina: (acercándose a él) Cálmate, por favor. Nada ganas con ponerte así (Frotándole la espalda).
Eduardo: ¿Cómo más quieres que reaccione? Mi esposa, la que creía la mejor de las mujeres, se suicida. Luego, me entero de que no fue más que una vagabunda, mi madre muere, mi empleada de confianza también y ahora esto…
Carolina: (extrañada) ¿Por qué te refieres a Helena de esa manera, Eduardo? ¿De qué te enteraste exactamente?
Eduardo: Tú eras su mejor amiga, ¿no? Ella de seguro te habrá dicho en repetidas ocasiones que no me amaba.
Carolina: (sorprendida) Eduardo, yo…
Eduardo: Tranquila. No te estoy pidiendo explicaciones ni mucho menos reclamándote nada. Helena es quien ha desatado toda esta historia desde el momento en que empezó a involucrarse con sus numerosos amantes, entre ellos mi propio hermano.
Carolina: ¿De qué estás hablando? Helena no era ninguna mujerzuela como estás pretendiendo hacerla ver.
Eduardo: Esa era la verdadera cara que ella ocultaba frente a todo el mundo. Me engañó a mí, a mi familia, a ti, pero a escondidas era una completa perdida (Muy molesto). Lisa fue testigo de todos sus engaños desde que era una niña y eso la traumó al punto de que… (Se detiene).
Carolina: No me digas que lo de Lisa tiene algo que ver con lo que me estás contando.
Eduardo: Desgraciadamente, así es. Yo… (Hace una pausa) Yo no soy el verdadero padre de Lisa.
Carolina se impacta al escuchar tal revelación. Gracia, quien ha estado oyendo la conversación, también se sorprende.
Carolina: ¿Estás seguro de eso? ¿De verdad ella no es tu hija?
Eduardo: Eso fue lo que Lisa le confesó a mi madre el día que murió. Manuel lo sabía y al parecer él se lo dijo a ella.
Carolina: No lo puedo creer. Helena nunca me llegó a confiar semejante verdad. Lo único que sí me confesó fue que ya no te amaba a pesar de que eras un excelente esposo.
Eduardo no puede evitar ponerse sollozo y se recuesta en la pared. Carolina lo mira conmovida y con compasión.
Carolina: Perdóname, Eduardo. Yo no podía decirte algo así. Helena era mi amiga y tú la amabas tanto que no me atreví a intervenir entre ustedes.
Eduardo: ¿Qué importa ya si los sentimientos de Helena por mí eran sinceros o no? El problema mayor es Lisa. ¿Tienes idea de todos los traumas con los que ha crecido? Ella incluso dice… (Hace una pausa) Dice amarme, Carolina. Está enamorada de mí.
Gracia: (exaltada) ¿Qué dice?
Eduardo y Carolina voltean a ver a Gracia extrañados al verla exaltada.
Gracia: Repita lo que dijo, señor Román.
Carolina: ¿Qué ocurre, Gracia? ¿Por qué reaccionas así?
Gracia: (seria) Le hice una pregunta y necesito que me responda.
Eduardo: Disculpe, pero este es un asunto que sólo nos concierne a la familia o nuestros allegados. Es de mal gusto que se interponga en conversaciones ajenas.
Gracia mira molesta a Eduardo y decide retirarse de allí.
Carolina: Discúlpala, Eduardo. Gracia es mi amiga y compañera de trabajo. No sé por qué se exaltó de esa manera, aunque no es para menos. Yo tampoco lo puedo creer. ¿Lisa enamorada de ti que eres su padre? Esto es inaudito.
Eduardo: Yo no soy su padre. Ya te lo dije y dudo que sea amor. Está obsesionada conmigo. Esta mañana intenté rechazarla y se clavó unas tijeras en el abdomen.
Carolina: Entonces no puede estar bien de la cabeza. Pobrecita y tampoco pensé que fuera tan grave toda tu situación. Yo justo venía para hacerle una propuesta. Ella aplicó a mi agencia de modelaje en la capital y quería hacerle una entrevista personalmente. Por eso fui a la hacienda.
Eduardo: Ella ahora no puede dedicarme al modelaje. Lo que hizo hoy fue muy grave y en cuanto se recupere, la voy a enviar a un hospital psiquiátrico para que reciba tratamiento.
De lejos, la cámara enfoca a Gracia, quien en realidad seguía escuchando la conversación de Eduardo y Carolina, escondida detrás de una pared. La mujer luce muy seria y molesta.
INT. / HACIENDA DE LOS ROMÁN, HABITACIÓN DE LISA / DÍA

Entretanto, Marissa entra con suma cautela a la habitación de Lisa y cierra la puerta con cuidado.

Marissa: Debe estar en algún lado. Debo encontrar ese celular para que la muerte de Casimira no quede impune y esa muchachita pague por el mal que ha hecho.
Es así como la mujer comienza a buscar a lo largo y ancho de la habitación. Mira primeramente en el tocador, en la cama, dentro del armario y, a su vez, en los bolsillos de sus abrigos, jeans y otras prendas de ropa.
Marissa: (desesperada) Tuvo que haberlo dejado en alguna parte.
Finalmente, Marissa se dirige a mirar en cada de los cajones del buró y encuentra el celular justo encima.
Marissa: (aliviada) Este es.
Ella se apresura a tomarlo entre sus manos al tiempo que escucha una voz detrás que la paraliza.

Cecilia: ¿Qué estás haciendo ahí?
En efecto, se trata de Cecilia, quien se cruza de brazos y mira muy seria a Marissa. Ésta se da la vuelta con lentitud cuidando que Cecilia no vea que tiene el celular de Lisa entre sus manos.
Marissa: (seria) Vine a hacer la limpieza de la habitación.
Cecilia: Ah, la limpieza. Sí, claro. Olvidaba que eres la nueva chacha de la hacienda.
Marissa: Recuerda que tú también eres parte del servicio, Cecilia.
Cecilia: Sí, pero tu caso es diferente. ¿Quién diría que la mujer distinguida que eras antes se convirtió en esto que eres ahora? Mírate ese cabello, esos vestidos de flores, ni una pizca de maquillaje tienes. Te convertiste en una provinciana de pies a cabeza (Burlándose).
Marissa: Creo que tu trabajo no tiene nada que ver con criticar la forma en la que visto. Esta soy yo ahora y no me avergüenzo. Quien debería hacerlo eres tú por ser una mujerzuela.
Cecilia: (molesta) ¡No te permito que…!
Marissa: ¿No me permites qué? ¿Que te diga la verdad? ¿Vas a impedírmelo golpeándome como ayer? ¿Es eso lo único que sabes hacer?
Cecilia: No, queridita. Soy mucho más que andar repartiendo cachetadas. Por algo tu marido siempre me prefirió a mí. Fue incluso mío antes de casarse contigo.
Marissa: Sí. Es verdad y no me importa. Quédate con él y a ver si vas a seguirlo amando tanto cuando lo veas tras las rejas.
Cecilia: Hum, te crees muy poderosa por los privilegios que piensa darte don Eduardo, ¿no? Pues déjame decirte que Luis Enrique es mucho más hábil e inteligente, y no dejará que lo hundas tan fácil, mojigata. Eso es lo que eres y lo que siempre serás.
Marissa: No pienso discutir contigo de eso y si ya terminaste, retírate y déjame hacer mi trabajo. Yo sí me ocupo de mis asuntos, así que vete antes de que pierda la paciencia contigo.
Cecilia mira molesta a Marissa y decide irse. Marissa suspira aliviada al tempo que presiona el celular de Lisa contra su pecho.
Marissa: Estuve cerca, pero no logró descubrirme. Con esto voy a probar que la muerte de Casimira no fue un accidente.
INT. / RESTAURANTE / DÍA
Luis Enrique llega a un restaurante al aire libre del pueblo. Manuel espera por él, sentado a una de las mesas.


Luis Enrique: (sentándose) Bien, aquí me tienes. ¿Para qué me necesitabas con tanta urgencia?
Manuel: Voy a ser directo en vista de que no tenemos mucho tiempo. Esa mujer, la tal Marissa, necesito que te deshagas de ella.
Luis Enrique: ¿Disculpa?
Manuel: Creo que me escuchaste muy bien como para repetirlo de nuevo. Deshazte de ella. Es muy peligrosa para los planes que teníamos en mente.
Luis Enrique: ¿Por qué debería encargarme yo de ella? No soy tu lamebotas como para que andes dándome órdenes. ¿Quién te crees? (Molesto).
Manuel: Muy bien. Entonces si no deseas cooperar conmigo, olvídate del trato que teníamos. Quien sale perdiendo más eres tú, pues ya no vas a tener oportunidad de luchar por la herencia como querías una vez Eduardo se case.
Luis Enrique: Te equivocas. Estuve pensándolo y gano más que tú, Manuel. No lo había visto de esa manera cuando Eduardo nos dio la noticia, pero me conviene que se case precisamente con Marissa.
Manuel: (extrañado) ¿Te conviene? ¿De qué forma si puedo saber? Eduardo piensa poner a nombre de esa mujer el patrimonio de mi familia.
Luis Enrique: Tú no lo sabes, pero Marissa es mi esposa.
Manuel: (sorprendido) ¿Me estás tomando el pelo?
Luis Enrique: De ninguna manera. Ella es mi esposa y hemos estado casados por más de veinticuatro años.
Manuel: Debe ser una broma. Había escuchado que tu esposa está muerta.
Luis Enrique: Eso era lo que pensábamos todos, pero la muy estúpida se salvó del accidente. Mi hijo la rescató.
Manuel: (confundido) ¿Cómo que tu hijo? No estoy entiendo nada.
Luis Enrique: Mira, Manuel. He tenido un romance con Cecilia poco más del tiempo que llevo casado con Marissa. Incluso tenemos dos hijos, Danilo y Milena, pero nadie más lo sabe aparte de Cecilia, Marissa que hace poco lo descubrió, posiblemente Eduardo y ahora tú que te lo estoy contando.
Manuel: Me parece increíble. Cada día me entero de más y más sorpresas, y ahora resulta que la sirvienta es tu amante. Qué guardado te lo tenías.
Luis Enrique: Debía ocultarlo. Verás… Marissa ostentaba una buena herencia, no al punto de la que posee tu familia, pero me servía para forjarme el hombre que soy hoy en día. Antes de casarme, no era más que un pobre diablo que la enamoró por interés.
Manuel: ¿Tú crees que Eduardo sepa sobre esto?
Luis Enrique: Claro que lo sabe. Él pretende confundirnos a todos y despistarnos. Los dos se están ayudando mutuamente.
Manuel: No entiendo por qué dices entonces que te conviene que se casen. En medio de todo esto el más afectado serás tú.
Luis Enrique: Qué poco inteligente eres, mi querido amigo. Recuerda que legalmente estoy casado con Marissa y no pienso firmarle el divorcio tan fácilmente. Si el matrimonio de ellos será una farsa, ¿por qué el divorcio podría no serlo también?
Manuel: ¿A qué te refieres? (Hace una pausa) Un momento. ¿Piensas hacer que el divorcio sea inválido?
Luis Enrique: Así es. Acabas de dar justo en el clavo. Marissa pensará que nos habremos divorciado, pero no. La engañaré y legalmente, seguiré casado con ella. Lo mejor es que, automáticamente, cuando Eduardo le pase todos sus bienes, también serán míos. Brillante, ¿no?
Manuel: ¿Qué puedo decir? Me tomaste la delantera de la manera que menos me esperé. Creo que no debí subestimarte.
Luis Enrique: (sonriendo con malicia) Tú bien lo has dicho y yo ya te lo había dicho. Esto sería como una batalla o una competencia entre tú y yo, y ahí tienes.
Manuel: ¿Debo asumir que vas a romper el trato que teníamos? Eso no sería de hombres.
Luis Enrique: No me hagas reír. Yo sé que luego pensabas traicionarme como una rata. Eso tampoco habría sido de hombres. Querías usarme y convertirme tu lamebotas, pero no, Manuel. Ya que la suerte está de mi lado, pienso aprovecharla muy bien.
Luis Enrique se levanta de la silla y se acomoda el traje.
Luis Enrique: Ahí te dejo para que busques tú mismo la manera de apoderarte de la herencia de tu familia si es que puedes.
Luis Enrique le lanza una sonrisa burlona a Manuel y se va del restaurante. Manuel frunce el ceño y pega un puño contra la mesa.
Manuel: Esto era lo único que me faltaba. Maldición. Debo impedir ese matrimonio a como dé lugar. No puedo permitir que Eduardo se case con esa mujer.
INT. / CEMENTERIO DE VILLA ENCANTADA / DÍA
Más tarde, se lleva a cabo el entierro de Casimira en el cementerio del pueblo al que han asistido únicamente Marissa, Milena, Cecilia y poco menos de cinco personas que conocían a la mujer. El sacerdote arroja agua bendita sobre el ataúd y los sepultureros están casi listos para bajarlo.



Milena: (llorando) Te voy a extrañar muchísimo, mi Casimira bella. Te voy a recordar y a llevar siempre conmigo. Danilo y yo te queremos mucho.
Milena rompe a llorar desconsolada al tiempo que pone una rosa blanca sobre el ataúd.
Marissa: Aunque te conocí por poco tiempo, fuiste una persona muy especial para mí, Casimira. Gracias por ayudarme y no haberme dejado desamparada cuando más lo necesité.
Marissa se acerca a Milena para consolarla y la abraza, detalle que Cecilia observa con molestia.
INT. / HACIENDA DE LOS ROMÁN, ENTRADA / NOCHE

Ha caído la noche. Marissa llega del cementerio junto con Milena, quien se nota la más afligida de las dos.


Milena: Gracias por todo el apoyo que me ha dado, señora. De no ser por usted, no sé qué haría, porque ni siquiera en mi amá puedo confiar y mi hermano anda todavía en el hospital.
Marissa: No hay de qué, Milena. Entiendo cómo te estás sintiendo y no debe ser fácil para una muchacha como tú. Me recuerdas mucho a mi hijo.
Milena: (sorprendida) ¿Usted tiene un hijo?
Marissa: Sí, pero no está aquí en Villa Encantada. Debe estar en Ciudad de México, solo, desamparado y me duele no poder estar con él en estos momentos (Agobiada). Él de seguro cree que estoy muerta.
Milena se queda pensativa durante unos cuantos seguidos y comienza a atar cabos.
Marissa: (extrañada) ¿Qué ocurre, Milena? Te has quedado callada así nomás.
Milena: ¿Puedo saber cómo se llama su hijo, señora?
Marissa: ¿Por qué preguntas eso de repente?
Milena: Es muy importante que me responda. Hay algo que sospecho y necesito confirmarlo. ¿De casualidad se llama… Pablo?
Marissa se sorprende en gran manera al escuchar el nombre.
Milena: Dígame, por favor. ¿El hijo del que me habla se llama así?
Marissa: (exaltada) ¿Cómo lo sabes? ¿Tú lo conoces?
Milena: (asentando con la cabeza) Sí, nos conocimos y nos hicimos amigos por Internet hace un tiempo. Yo estoy al tanto de toda su historia. Incluso supe que su madre había muerto en un accidente, pero nunca me imaginé que estuviera hablando de usted.
Marissa: Yo muchísimo menos pensé que pudieses estar relacionada con Pablito. Dios mío. Mi pobre hijo. Debe estar destrozado pensando que morí esa noche y yo no he tenido oportunidad de contactarme con él.
Milena: No le voy a negar que sí le afectó mucho la noticia, pero, ¿sabe algo? Él en el fondo tenía la esperanza de que usted estuviera con vida porque nunca encontraron su cuerpo. Ay, ¿cómo pude ser tan taruga y no haberme dado cuenta antes si todo coincidía?
Marissa: No te preocupes, Milena. Han pasado tantas cosas que es entendible que no te dieras cuenta antes, pero dime. ¿Has hablado con él recientemente? ¿Cómo está mi hijo?
Milena: Ay, señora. Si yo le dijera…
Marissa: (preocupada) ¿Por qué lo dices en ese tono? ¿Le pasó algo a Pablo?
Milena: Sí, pero no se apure. Él está bien y está mucho más cerca de usted de lo que cree.
Marissa: ¿Qué quieres decir?
Milena: (sonriendo) Venga acompáñame para que sepa lo que quiero decir.
Milena toma de la mano a Marissa y la orienta para un lugar en específico.
INT. / HOSPITAL DE VILLA ENCANTADA, CAFETERÍA / NOCHE
Carolina le lleva a Eduardo un café caliente en un vaso reciclable. Éste lo toma y le esboza una sonrisa.


Eduardo: Gracias, no te hubieras molestado.
Carolina: (sentándose) No es nada. Tienes que reponerte de alguna manera. Mira nomás el semblante que tienes, Eduardo. Me preocupa tu salud.
Eduardo: Estoy bien. No te preocupes. Físicamente al menos todavía tengo fuerzas y eso es lo que importa.
Carolina: ¿Qué hay de lo emocional? También es importante que te sientas bien contigo mismo. Yo no quiero verte sufrir más. Quiero verte sonriendo como antes.
Eduardo: Eso es imposible. Todos se han encargado de volverme el hombre que soy ahora.
Carolina: Yo me puedo encargar de que recuperes tu antiguo ser (Acariciándole el rostro). Tan solo tienes que abrirme tu corazón, Eduardo. Yo sí te puedo amar de verdad.
Eduardo: (apartándose) Carolina, mira…
Carolina: Tranquilo. No debes decir nada y tampoco estoy esperando una respuesta. Tú sólo piénsalo y luego ve tomando una decisión, pero eso sí. No me pidas que me aparte de ti, porque no lo haré.
Eduardo: Está bien. Gracias por todo tu apoyo.
Carolina: ¿Por qué mejor no te vas para la hacienda, te das un baño y duermes? Yo me puedo quedar aquí al pendiente de lo que pase con Lisa. Igual, ya el doctor nos dijo que está fuera de peligro y no hay de qué preocuparse.
Eduardo: No, Carolina. Podré no ser su padre biológico, pero no puedo evitar sentirme culpable con ella por todo lo que ha sucedido. Debo estar a su lado y brindarle mi ayuda.
Carolina: Bueno. Si tú lo dices. Espero al menos se saque esa idea loca de la cabeza de que está enamorada de ti. Me preocupa que a la próxima cometa otra locura.
Eduardo no dice nada más y toma un sorbo del café. Carolina lo mira preocupada.
INT. / HOSPITAL DE VILLA ENCANTADA, HABITACIÓN DE LISA / NOCHE
Lisa reposa sobre la cama con los ojos cerrados. Está conectada al electrocardiograma y suero fisiológico, además, puede notarse que una parte de su abdomen está vendada. Gracia entra a la habitación con cautela y mira con una profunda seriedad a la muchacha al tiempo que se acerca a ella.


Gracia: Despierta, Lisa…
Lisa comienza a abrir los ojos despacio y su vista va aclarándose hasta ver frente a ella a Gracia, cosa que la asusta.
Lisa: Gra… Gracia…
Gracia: (sonriendo con amargura) Me alegra que me reconozcas porque vamos a pasarla muy bien. Te voy a hacer pagar el haberme mentido y burlado de mí, pequeña bruja.
Lisa mira asustada a Gracia ante los ojos amenazadoras de ésta.
INT. / HACIENDA DE LOS ROMÁN, HABITACIÓN DE DANILO / NOCHE
Pablo acaba de darse una ducha y ya se ha vestido, aunque aún tiene el cabello húmedo, por lo que se seca con una toalla. En eso, tocan la puerta.

Pablo: Adelante.

Milena: (entrando) Hola, Pablo.
Pablo: (sonriendo) Ah, Milena. Ya llegaste. ¿Cómo te fue en el funeral de tu amiga?
Milena: Bien, aunque tú sabes. Es triste despedir a una persona a la que vas a extrañar y que ya no vas a volver a ver nunca más.
Pablo: Sí. Tienes razón. Puedo imaginarme lo duro que es. Tú me dijiste que mi mamá había muerto, ¿no? Así que ya pasé por ese dolor, aunque ahora no lo pueda recordar.
Milena: Pablo, sobre eso, ¿recuerdas cuando te dije que antes de perder la memoria tú guardabas la esperanza de que tu mamá estuviera con vida en algún lugar?
Pablo: Sí. Algo así me dijiste. ¿Por qué? ¿Pudiste averiguar algo más sobre mi familia?
Milena asiente con la cabeza al tiempo que dibuja una sincera sonrisa de emoción en su rostro.
Pablo: ¿De verdad? ¿Me lo juras?
Milena: Sí, Pablo, pero en realidad no averigüé nada por mi cuenta. Todo llegó y se dio por sí solo, pero no te voy a decir nada más. Hay alguien que tienes que ver.
Marissa entra en ese momento a la habitación mirando fijamente a Pablo. Éste, al verla, siente una fuerte impresión que lo invade, expresada en su rostro.

Milena: Ella es tu mamá, Pablo.
Marissa se emociona al punto de que sus ojos se ponen sollozos.
Marissa: Hola, hijito.
Pablo: (balbuceando) Usted… ¿Usted es mi mamá?
Marissa se siente a punto de romper en llanto, pero se pone una mano en la boca y se contiene, por lo que tan solo asiente con la cabeza.
Marissa: Sí, Pablo, soy yo. Yo soy tu mamá y no te imaginas lo mucho que te he extrañado, hijo (Lo toma de las manos). Perdóname por haberte dejado solo. Es mi culpa que te haya pasado esto. Perdóname, te lo pido.
Marissa se lanza a abrazar a Pablo fuertemente al tiempo que llora. Pablo se ve desconcertado, pero también corresponde el abrazo de su madre. Ella continúa llorando.
Marissa: Perdóname, por favor, mi amor. Perdóname.
Pablo: Tranquila, mamá. Pese a que no sé qué sucedió y no te puedo recordar, no llores así. Estoy seguro que no tengo nada que perdonarte.
Marissa: Te amo, hijo. Por favor, pase lo que pase, eso tenlo presente, aunque ahorita no lo recuerdes.
Marissa le da un beso en la frente a Pablo y sigue abrazándolo con fuerza. Milena sonríe algo emocionada y conmovida por el reencuentro.
INT. / HOSPITAL DE VILLA ENCANTADA, HABITACIÓN DE LISA / NOCHE
Gracia mira de forma amenazadora a Lisa, quien se ve desconcertada ante la actitud a la defensiva de la primera.


Lisa: (débil) No sé de qué me estás hablando, Gracia.
Gracia: Tú lo sabes mejor que yo. Me mentiste, Lisa. Me usaste y eso no te lo perdonaré nunca.
Lisa: No entiendo a qué te refieres…
Gracia: (furiosa) ¡Cállate! Ya lo sé todo. Me enteré de la clase de perra que eres. ¿Pensaste que nunca lo iba descubrir? Yo sé que estás enamorada de Eduardo Román que, en realidad, no es tu padre.
Lisa: ¿De dónde escuchaste ese disparate, preciosa? Es mentira.
Gracia: ¡No trates de seguirme viendo la cara de estúpida! Ya no pienso caer más en tus mentiras y enredos.
Gracia se abalanza sobre Lisa y comienza a ahorcarla con sus manos.
Gracia: Desde el principio te aprovechaste de mi orientación sexual. De alguna manera lo intuiste y comenzaste a seducirme, y caí, pero lo único que buscabas conmigo era que asegurara tu paso seguro a la agencia, ¿no? ¡Confiésalo!
Lisa se siente incapaz de liberarse de la fuerte presión que Gracia ejerce sobre su cuello y comienza a perder la respiración.
Lisa: Su… Suéltame… Au… Auxilio. ¡Auxilio!
Gracia: ¡Voy a matarte, Lisa! ¡Te voy a mandar al infierno, mocosa desgraciada!
Lisa no puede respirar y se marea. Gracia está fuera de sí y continúa ahorcándola, cuando, de repente, una enfermera ingresa a la habitación y se sorprende al encontrarse con la escena.
Enfermera: ¡Dios mío! ¡Auxilio! ¡Alguien que venga pronto! ¡Necesito que me ayuden!
Pronto, varios enfermeros y un doctor acuden al llamado de auxilio de la primera enfermera y se encargan de apartar a Gracia de Lisa. Entre todos lo logran y Lisa tose de forma compulsiva. Los enfermeros retienen a Gracia y el doctor se acerca a Lisa para examinarla.
Gracia: ¡Déjenme, desgraciados! ¡Déjenme que voy a acabar con ella! ¡Suéltenme! (Gritando desgarrada).
Doctor: Saquen inmediatamente a esa mujer de la habitación y llamen a la policía.
Los enfermeros, en efecto, sacan a Gracia a la fuerza de la habitación. Eduardo y Carolina vienen caminando por el pasillo y se desconciertan al ver lo que ocurre.


Carolina: ¿Qué está pasando aquí? ¿Qué significa esto?
De repente, Gracia logra zafarse de los enfermeros y sale corriendo a toda prisa del hospital abriéndose paso entre la gente. Los enfermeros van detrás de ella para atraparla.
Carolina: ¡Gracia! ¡Gracia! ¿A dónde vas?
Eduardo: Algo no anda bien. Esa mujer venía de la habitación de Lisa.
Carolina: ¿Crees que pasó algo entre ellas?
Eduardo: No sé. Iré a ver.
Eduardo se dirige a la habitación de Lisa. Carolina lo acompaña.
EXT. / CALLES / NOCHE
Entretanto, Gracia corre a toda prisa sin detenerse por las calles coloniales de Villa Encantada y mirando constantemente hacia atrás.

Gracia: (llorando) No puedo permitir que me atrapen. Puedo ir a la cárcel por lo que intenté hacer y no puedo. No puedo (Muy nerviosa).
Gracia se pone en mitad de la vía para parar a un auto que va pasando y, al lograrlo, se acerca a la ventanilla del conductor.
Gracia: Por favor, señor. Lléveme lejos de aquí. Necesito salir del pueblo urgentemente (Desesperada).
El conductor: Ándele. Súbase atrás.
Gracia asiente desesperada con la cabeza y se sube en los asientos traseros del vehículo. El conductor arranca y se va de allí.
INT. / DEPARTAMENTO DE LUIS ENRIQUE, DORMITORIO / NOCHE
Luis Enrique y Cecilia acaban de tener intimidad. Los dos yacen sobre la cama, cubiertos por las sábanas, estando ella recostada sobre el pecho de él.


Cecilia: Tú siempre tan fogoso, mi amor. Me haces sentir mujer cada vez que lo hacemos y creo que esto nos hacía falta a ambos, ¿no crees? Han sido días de mucho estrés.
Luis Enrique alcanza una copa de licor de la mesita de noche.
Luis Enrique: Demasiado, pero no te preocupes. Muy pronto nos va a cambiar la suerte, querida (Bebe un sorbo).
Cecilia: (emocionada) ¿De verdad?
Luis Enrique: Sí, es en serio. Marissa no podrá salirse con la suya y ya he estado armando nuevos planes. Tengo todo fríamente calculado. Tú nomás espera.
Cecilia: Ay, me da tanto alivio escuchar eso, Luis Enrique. Por eso te amo tanto.
Cecilia le zampa un beso a su amante en los labios, el cual, él corresponde con gran intensidad.
Luis Enrique: Yo también te amo (Acariciándole el rostro). Te prometo que vamos a ser muy felices juntos cuando todo esto acabe. Te voy a convertir en ama y señora de la hacienda de los Román.
Cecilia: Nada me haría más feliz y no te imaginas el gusto que me da pensar que esa maldita mojigata no podrá vencernos, pero cuéntame. ¿Qué tienes en mente? ¿Evitarás que se case don Eduardo?
Luis Enrique: Todo lo contrario. Voy a dejar que se casen. Ellos mismos caerán en su propia trampa de la manera en que menos se esperan.
Cecilia: Pero eso sería clavarte tú mismo el puñal, Luis Enrique. Yo no soportaría que esa desgraciada se convierta en mi patrona. Es que ya me la imagino dando órdenes por doquier. Tú no puedes permitir ese matrimonio.
Luis Enrique: Deberás tener paciencia, quieras o no. Me conviene que esos dos se casen. ¿Que no lo ves? De esa manera, Marissa se estará convirtiendo en bígama. Cometerá un delito ante la ley cuando las autoridades se enteren que está casada con dos hombres al mismo tiempo.
Cecilia: (sorprendida) ¿Me estás diciendo que no piensas divorciarte de ella aún?
Luis Enrique: No hay otra alternativa. Todos pensarán que nos divorciaremos, pero en realidad me encargaré de que sea un divorcio de pantalla. No será real. Voy a seguir casado con ella para que los bienes que Eduardo piensa heredarle pasen a ser míos. ¿No te parece brillante?
Cecilia se recuesta exaltada de la cama cubriendo su busto con la sábana.
Cecilia: (molesto) Pues no me parece brillante en absoluto. Me dijiste que te ibas a deshacer de ella, ¿y ahora me dices que van a seguir casados?
Luis Enrique: Entiéndelo, Cecilia. Va a ser un negocio también. ¿A poco crees que por seguir casados entre Marissa y yo puede haber algo?
Cecilia: No me extrañaría que hasta la sedujeras de nuevo por ambición. Te conozco, Luis Enrique y esta vez ya colmaste mi paciencia. ¡Te exijo que te divorcies de ella de verdad!
Luis Enrique: Por favor, no empieces. Entiende que esto es por nuestro bien. Tú serás la más beneficiada y nuestros hijos ya no serán nunca más parte de la servidumbre.
Cecilia: (poco convencida) No lo sé. Esta situación no me gusta nada y cada vez ocurre algo que te hace cambiar de planes. Estoy harta.
Luis Enrique: Tan solo ten un poco más de paciencia, mi amor (Besándola). Esto pronto terminará. Eduardo me dijo que seré el apoderado de Marissa y aparte de todo, al ser su esposo, tendré derecho a administrar todo el patrimonio de la familia una vez ella esté tras las rejas por bigamia.
Cecilia: ¿Estás seguro que eso funcionará?
Luis Enrique: Por supuesto y en cuanto a Eduardo, pienso deshacerme de él de una manera muy interesante.
Luis Enrique se queda pensativo mirando al vacío al tiempo que sonríe con malicia.
INT. / HOSPITAL DE VILLA ENCANTADA, HABITACIÓN DE LISA / NOCHE
Eduardo y Carolina entran a la habitación de Lisa, a quien el doctor ha terminado de examinar. El hombre se acerca a su hija adoptiva.



Eduardo: (desconcertado) ¿Qué fue lo que pasó aquí?
Lisa: (muy nerviosa) ¡Ay, papi! (Abrazándolo) Me da tanto alivio verte, que bueno que estás aquí. Por un momento pensé que iba a morir.
Eduardo: ¿Por qué dices eso? ¿Qué te ocurrió?
Lisa: Esa vieja loca quería matarme (Rompe a llorar).
Eduardo: ¿A quién te refieres? Doctor, ¿puede usted explicarme qué pasó?
Doctor: Encontramos a una mujer mayor ahorcando a su hija, señor Román. Por fortuna, una enfermera entraba en ese instante y pidió ayuda antes de que fuera demasiado tarde.
Carolina: Entonces, ¿fue Gracia? ¿La mujer que intentó hacerle esto a Lisa fue Gracia? (Impactada).
Lisa: (indiferente) ¿Tú la conoces?
Carolina: Por supuesto. Mira, Lisa. ¿Recuerdas la agencia de modelaje para la que aplicaste?
Lisa: Sí, claro. ¿Tú qué sabes de eso?
Carolina: Yo soy la dueña de esa agencia. Gracia precisamente es mi amiga y mi mano derecha allí.
Lisa: (sorprendida) ¿Qué? ¡Argh!
Lisa se sorprende al punto de que siente que la herida en el abdomen le duele.
Lisa: Eso no puede ser. Qué podrida suerte la mía. De haberlo sabido nunca me habría inscrito.
Eduardo: Es mejor que hablemos de eso después. Lisa, tú necesitas descansar. Voy a hablar con la policía para que detengan a esa mujer y no se vuelva a acercar a ti.
Lisa: Sí, papá. Deben atraparla. Es muy peligrosa y lo peor es que… intentó abusar de mí.
Eduardo y Carolina se miran entre sí bastante sorprendidos.
Carolina: Explícate mejor, Lisa.
Lisa: Ella me convenció de entrar a la agencia y prometió ayudarme a pasar todos los filtros si a cambio le enviaba fotos mías sin ropa (Finge llorar). Como quise negarme a sus propuestas, intentó matarme.
Eduardo: (indignado) Esto es el colmo. ¿Qué clase de persona puede hacer algo así? Lisa aún es menor de edad.
Carolina: Yo estoy tan impactada como tú, Eduardo. Nunca me imaginé algo así de Gracia. Siempre la consideré alguien de confianza.
Lisa: Pues ahí tienes la clase de empleados que trabajan para ti, pero esto no se quedará así. Voy a demandarte para que investiguen esa agencia. Puede que yo no haya sido la única.
Eduardo: Lisa, cálmate. Deja que yo me encargue de esto, además, Carolina no estaba al tanto y tú debiste habernos dicho sobre esto.
Lisa se queda en silencio fingiendo muy bien la indignación que siente.
Carolina: Bueno, si hay algo que investigar, no tengo ningún problema. Pienso cooperar con la policía en todo lo que haga falta para que esto no se quede impune.
INT. / HACIENDA DE LOS ROMÁN, HABITACIÓN DE DANILO / NOCHE
Marissa está sentada junto con Pablo en la cama. Milena está sentada frente a ellos en una silla. Los dos primeros platican, ella tomando las manos de él.



Marissa: Y eso fue exactamente lo que ocurrió, hijo. Después de que descubrí a Luis Enrique en la cama con… (Mira a Milena) la madre de Milena, salí desesperada en el coche y en medio de la tormenta, cuando intenté esquivar un camión, me salí de la vía y paré en el río.
Pablo: Me imagino que ver algo así no fue fácil para ti. Me dijiste que lo querías mucho y te entregaste entera a él.
Marissa: (nostálgica) Y así fue. Cuando recuperes la memoria, vas a darle crédito a mis palabras. ¿Quién diría que vendríamos a encontrarnos tú y yo justo en esta hacienda, y que sería Milena quien nos reuniría de nuevo?
Marissa acaricia de forma fraternal el rostro de Pablo.
Milena: (sonriendo) Por lo menos hice algo bueno y me alegra de todo corazón que se hayan reencontrado. Nunca me imaginé que aparte de ser amigos, Pablo y yo compartiéramos el mismo padre.
Marissa: Me duele decirlo, pero Luis Enrique nunca fue tu padre, Pablo y no lo digo sólo por el hecho de que no sea en realidad tu padre biológico, sino porque nunca se portó como uno.
Pablo: De algo así me platicó Milena cuando me la encontré en este pueblo. Al parecer yo le contaba todo a ella por Internet.
Milena: Así es, señora. Por eso cuando usted me dice hace un rato que tenía un hijo en la Ciudad de México, me puse a atar cabos y me di cuenta que su accidente era exactamente igual al de la madre Pablo, ¿y cómo no si son la misma persona?
Marissa: Mil gracias por eso, Milena y también por haber estado al pendiente de mi hijo estos días. No sé qué habría pasado si tú no hubieras estado a su lado.
Milena: Lo hice con todo gusto. Pablo es un gran amigo para mí y lo quiero reteharto.
En ese momento, Pablo mira a Milena de una forma especial. Ella se da cuenta y le rehúye algo avergonzada los ojos.
Marissa: Lo importante ahora es que estás bien, hijo. Voy a encargarme de buscar a un buen psicólogo para que empieces terapias y vayas recuperando tus recuerdos. En mi caso, fue más fácil cuando yo también perdí la memoria, pero no todos corremos con la misma suerte.
Pablo: Está bien, mamá. Lo que tú digas. Espero pronto poder recordarte y también recordar a Milena. Creo que son las dos personas más importantes en mi vida.
Milena: Cambiando de tema, señora, por ahí los empleados andan diciendo que usted se va a casar con don Eduardo. ¿Es eso cierto?
Marissa: Sí, Milena, pero solo será un matrimonio por conveniencia. Cada uno tenemos nuestras razones para hacerlo y en cuanto todo se solucione, nos divorciaremos.
Pablo: No entiendo. ¿Tú no sigues casada con aquel hombre, con mi papá? ¿Es posible que te cases con otro hombre aun estando casada con él?
Marissa: De hacerlo podría meterme en problemas. Es por eso que el señor Román se encargará de contratarme un buen abogado para divorciarme en cuanto antes de Luis Enrique.
Milena: Pues espero que todo se dé de la manera que están planeando, señora. Por lo poco que la he conocido, sé que usted no merece estar casada con un poco hombre como ese señor que tengo por padre que hasta fue capaz de atentar contra Pablo.
Marissa: Yo sé que ahora debes sentir mucho rencor por haber descubierto esa verdad, Milena y me imagino que tu hermano también, pero pienso es bueno perdonar. Después de todo, es tu padre.
Milena: ¿A poco usted sí le perdonó ya lo que le hizo?
Marissa: Estoy tratando cada día de hacerlo, aunque no por eso pienso detenerme. Luis Enrique debe rendir cuentas por el mal que ha hecho y su codicia es la que lo hará caer cuando menos lo espere.
CONTINUARÁ…
Danilo se encuentra recostado en la cama, mirando al vacío y derramando lágrimas discretas. Milena, vestida de negro, está a su lado y gimotea un poco.


Milena: Y eso es todo lo que tenía para decirte, hermanito. Lamento muchísimo haberte traído tantas malas noticias y verdades juntas.
Danilo: Es que no me lo puedo creer. Casimira muerta. Ni siquiera alcancé a despedirme de ella y pensar que todavía no puedo pararme de esta cama hasta que me den de alta.
Milena: Tu céntrate en recuperarte para que salgas en cuanto antes de este hospital. Yo sé que eso mismo te diría ella si estuviera aquí con nosotros.
Danilo: Sí, a lo mejor. Era bien enojona y cascarrabias (Ambos ríen levemente).
Milena: Tienes razón. Hasta peor que mi mamá. Voy a extrañarla muchísimo.
Danilo: Yo también y más ahora que todo lo que creíamos no era más que una ilusión. ¿Cómo pudieron mentirnos así, Milena? ¿Qué clase de padres tenemos? (Indignado).
Milena: Entiendo cómo te sientes. Yo también sentí que ayer se me derrumbaba el mundo cuando supe la verdad.
Danilo: Ahora entiendo ese sueño raro que tuve la otra vez.
Milena: (extrañada) ¿Qué sueño?
Danilo: Creo que vi a mi papá. Estaba aquí en la habitación y me pedía perdón por no haber estado conmigo, algo así.
Milena: Pues sí que fue bien extraño. Tú sabes que nunca vimos una foto de mi papá. Mi mamá siempre se negaba a mostrarnos alguna. ¿Qué tal era en tu sueño?
Danilo: No recuerdo bien, pero tenía lentes, era alto y vestía muy elegante. Tengo la sensación de que incluso lo había visto en alguna parte y no sólo en el sueño que te digo.
Milena: (pensativa) Pues ahora que lo mencionas de esa forma, la señora me dijo que yo lo conozco, solo que él ha sabido ocultarse muy bien.
Danilo: ¿La señora te dijo eso de neta?
Milena: Claro, pero no quiso revelar más. Decidió dejárselo a mi mamá para que sea ella quien nos diga el resto de cosas que nos han ocultado a ti y a mí, pero ella no quiere hablar y dudo que lo haga.
Danilo: (pensativo) ¿Quién podrá ser de todas las personas que conocemos?
Milena: Créeme que yo me hice la misma pregunta toda la noche con decirte que ni pude dormir.
Danilo: Hay que averiguarlo, Milena. Empieza a hurgar entre las cosas de mamá. Algo debe haber que nos lleve a saber la verdadera identidad de mi papá si es que a ese señor se le puede llamar así después de que nos abandonó (Con rencor).
Milena: Tienes toda la razón. Deja lo averiguo. Dejé pasar que nos abandonara por probar suerte en otro país, pero haberlo hecho por casarse con otra mujer y por interés no tiene perdón.
INT. / HOSPITAL DE VILLA ENCANTADA, SALA DE ESPERA / DÍA
Han pasado algunas horas. Eduardo se ve impaciente al pendiente de noticias de Lisa, siendo acompañado por Carolina y por Gracia.



Carolina: Ya llevamos mucho tiempo esperando, Eduardo. ¿Qué tanto puede estar pasando allá adentro con Lisa?
Eduardo: No lo sé, Carolina, no lo sé (Desesperado). Con todo lo que me ha pasado últimamente siento que me voy a volver loco. ¿Hasta cuándo van a seguir cayéndome desgracias? ¿Hasta cuándo, maldita sea? (Golpea la pared).
Carolina: (acercándose a él) Cálmate, por favor. Nada ganas con ponerte así (Frotándole la espalda).
Eduardo: ¿Cómo más quieres que reaccione? Mi esposa, la que creía la mejor de las mujeres, se suicida. Luego, me entero de que no fue más que una vagabunda, mi madre muere, mi empleada de confianza también y ahora esto…
Carolina: (extrañada) ¿Por qué te refieres a Helena de esa manera, Eduardo? ¿De qué te enteraste exactamente?
Eduardo: Tú eras su mejor amiga, ¿no? Ella de seguro te habrá dicho en repetidas ocasiones que no me amaba.
Carolina: (sorprendida) Eduardo, yo…
Eduardo: Tranquila. No te estoy pidiendo explicaciones ni mucho menos reclamándote nada. Helena es quien ha desatado toda esta historia desde el momento en que empezó a involucrarse con sus numerosos amantes, entre ellos mi propio hermano.
Carolina: ¿De qué estás hablando? Helena no era ninguna mujerzuela como estás pretendiendo hacerla ver.
Eduardo: Esa era la verdadera cara que ella ocultaba frente a todo el mundo. Me engañó a mí, a mi familia, a ti, pero a escondidas era una completa perdida (Muy molesto). Lisa fue testigo de todos sus engaños desde que era una niña y eso la traumó al punto de que… (Se detiene).
Carolina: No me digas que lo de Lisa tiene algo que ver con lo que me estás contando.
Eduardo: Desgraciadamente, así es. Yo… (Hace una pausa) Yo no soy el verdadero padre de Lisa.
Carolina se impacta al escuchar tal revelación. Gracia, quien ha estado oyendo la conversación, también se sorprende.
Carolina: ¿Estás seguro de eso? ¿De verdad ella no es tu hija?
Eduardo: Eso fue lo que Lisa le confesó a mi madre el día que murió. Manuel lo sabía y al parecer él se lo dijo a ella.
Carolina: No lo puedo creer. Helena nunca me llegó a confiar semejante verdad. Lo único que sí me confesó fue que ya no te amaba a pesar de que eras un excelente esposo.
Eduardo no puede evitar ponerse sollozo y se recuesta en la pared. Carolina lo mira conmovida y con compasión.
Carolina: Perdóname, Eduardo. Yo no podía decirte algo así. Helena era mi amiga y tú la amabas tanto que no me atreví a intervenir entre ustedes.
Eduardo: ¿Qué importa ya si los sentimientos de Helena por mí eran sinceros o no? El problema mayor es Lisa. ¿Tienes idea de todos los traumas con los que ha crecido? Ella incluso dice… (Hace una pausa) Dice amarme, Carolina. Está enamorada de mí.
Gracia: (exaltada) ¿Qué dice?
Eduardo y Carolina voltean a ver a Gracia extrañados al verla exaltada.
Gracia: Repita lo que dijo, señor Román.
Carolina: ¿Qué ocurre, Gracia? ¿Por qué reaccionas así?
Gracia: (seria) Le hice una pregunta y necesito que me responda.
Eduardo: Disculpe, pero este es un asunto que sólo nos concierne a la familia o nuestros allegados. Es de mal gusto que se interponga en conversaciones ajenas.
Gracia mira molesta a Eduardo y decide retirarse de allí.
Carolina: Discúlpala, Eduardo. Gracia es mi amiga y compañera de trabajo. No sé por qué se exaltó de esa manera, aunque no es para menos. Yo tampoco lo puedo creer. ¿Lisa enamorada de ti que eres su padre? Esto es inaudito.
Eduardo: Yo no soy su padre. Ya te lo dije y dudo que sea amor. Está obsesionada conmigo. Esta mañana intenté rechazarla y se clavó unas tijeras en el abdomen.
Carolina: Entonces no puede estar bien de la cabeza. Pobrecita y tampoco pensé que fuera tan grave toda tu situación. Yo justo venía para hacerle una propuesta. Ella aplicó a mi agencia de modelaje en la capital y quería hacerle una entrevista personalmente. Por eso fui a la hacienda.
Eduardo: Ella ahora no puede dedicarme al modelaje. Lo que hizo hoy fue muy grave y en cuanto se recupere, la voy a enviar a un hospital psiquiátrico para que reciba tratamiento.
De lejos, la cámara enfoca a Gracia, quien en realidad seguía escuchando la conversación de Eduardo y Carolina, escondida detrás de una pared. La mujer luce muy seria y molesta.
INT. / HACIENDA DE LOS ROMÁN, HABITACIÓN DE LISA / DÍA

Entretanto, Marissa entra con suma cautela a la habitación de Lisa y cierra la puerta con cuidado.

Marissa: Debe estar en algún lado. Debo encontrar ese celular para que la muerte de Casimira no quede impune y esa muchachita pague por el mal que ha hecho.
Es así como la mujer comienza a buscar a lo largo y ancho de la habitación. Mira primeramente en el tocador, en la cama, dentro del armario y, a su vez, en los bolsillos de sus abrigos, jeans y otras prendas de ropa.
Marissa: (desesperada) Tuvo que haberlo dejado en alguna parte.
Finalmente, Marissa se dirige a mirar en cada de los cajones del buró y encuentra el celular justo encima.
Marissa: (aliviada) Este es.
Ella se apresura a tomarlo entre sus manos al tiempo que escucha una voz detrás que la paraliza.

Cecilia: ¿Qué estás haciendo ahí?
En efecto, se trata de Cecilia, quien se cruza de brazos y mira muy seria a Marissa. Ésta se da la vuelta con lentitud cuidando que Cecilia no vea que tiene el celular de Lisa entre sus manos.
Marissa: (seria) Vine a hacer la limpieza de la habitación.
Cecilia: Ah, la limpieza. Sí, claro. Olvidaba que eres la nueva chacha de la hacienda.
Marissa: Recuerda que tú también eres parte del servicio, Cecilia.
Cecilia: Sí, pero tu caso es diferente. ¿Quién diría que la mujer distinguida que eras antes se convirtió en esto que eres ahora? Mírate ese cabello, esos vestidos de flores, ni una pizca de maquillaje tienes. Te convertiste en una provinciana de pies a cabeza (Burlándose).
Marissa: Creo que tu trabajo no tiene nada que ver con criticar la forma en la que visto. Esta soy yo ahora y no me avergüenzo. Quien debería hacerlo eres tú por ser una mujerzuela.
Cecilia: (molesta) ¡No te permito que…!
Marissa: ¿No me permites qué? ¿Que te diga la verdad? ¿Vas a impedírmelo golpeándome como ayer? ¿Es eso lo único que sabes hacer?
Cecilia: No, queridita. Soy mucho más que andar repartiendo cachetadas. Por algo tu marido siempre me prefirió a mí. Fue incluso mío antes de casarse contigo.
Marissa: Sí. Es verdad y no me importa. Quédate con él y a ver si vas a seguirlo amando tanto cuando lo veas tras las rejas.
Cecilia: Hum, te crees muy poderosa por los privilegios que piensa darte don Eduardo, ¿no? Pues déjame decirte que Luis Enrique es mucho más hábil e inteligente, y no dejará que lo hundas tan fácil, mojigata. Eso es lo que eres y lo que siempre serás.
Marissa: No pienso discutir contigo de eso y si ya terminaste, retírate y déjame hacer mi trabajo. Yo sí me ocupo de mis asuntos, así que vete antes de que pierda la paciencia contigo.
Cecilia mira molesta a Marissa y decide irse. Marissa suspira aliviada al tempo que presiona el celular de Lisa contra su pecho.
Marissa: Estuve cerca, pero no logró descubrirme. Con esto voy a probar que la muerte de Casimira no fue un accidente.
INT. / RESTAURANTE / DÍA
Luis Enrique llega a un restaurante al aire libre del pueblo. Manuel espera por él, sentado a una de las mesas.


Luis Enrique: (sentándose) Bien, aquí me tienes. ¿Para qué me necesitabas con tanta urgencia?
Manuel: Voy a ser directo en vista de que no tenemos mucho tiempo. Esa mujer, la tal Marissa, necesito que te deshagas de ella.
Luis Enrique: ¿Disculpa?
Manuel: Creo que me escuchaste muy bien como para repetirlo de nuevo. Deshazte de ella. Es muy peligrosa para los planes que teníamos en mente.
Luis Enrique: ¿Por qué debería encargarme yo de ella? No soy tu lamebotas como para que andes dándome órdenes. ¿Quién te crees? (Molesto).
Manuel: Muy bien. Entonces si no deseas cooperar conmigo, olvídate del trato que teníamos. Quien sale perdiendo más eres tú, pues ya no vas a tener oportunidad de luchar por la herencia como querías una vez Eduardo se case.
Luis Enrique: Te equivocas. Estuve pensándolo y gano más que tú, Manuel. No lo había visto de esa manera cuando Eduardo nos dio la noticia, pero me conviene que se case precisamente con Marissa.
Manuel: (extrañado) ¿Te conviene? ¿De qué forma si puedo saber? Eduardo piensa poner a nombre de esa mujer el patrimonio de mi familia.
Luis Enrique: Tú no lo sabes, pero Marissa es mi esposa.
Manuel: (sorprendido) ¿Me estás tomando el pelo?
Luis Enrique: De ninguna manera. Ella es mi esposa y hemos estado casados por más de veinticuatro años.
Manuel: Debe ser una broma. Había escuchado que tu esposa está muerta.
Luis Enrique: Eso era lo que pensábamos todos, pero la muy estúpida se salvó del accidente. Mi hijo la rescató.
Manuel: (confundido) ¿Cómo que tu hijo? No estoy entiendo nada.
Luis Enrique: Mira, Manuel. He tenido un romance con Cecilia poco más del tiempo que llevo casado con Marissa. Incluso tenemos dos hijos, Danilo y Milena, pero nadie más lo sabe aparte de Cecilia, Marissa que hace poco lo descubrió, posiblemente Eduardo y ahora tú que te lo estoy contando.
Manuel: Me parece increíble. Cada día me entero de más y más sorpresas, y ahora resulta que la sirvienta es tu amante. Qué guardado te lo tenías.
Luis Enrique: Debía ocultarlo. Verás… Marissa ostentaba una buena herencia, no al punto de la que posee tu familia, pero me servía para forjarme el hombre que soy hoy en día. Antes de casarme, no era más que un pobre diablo que la enamoró por interés.
Manuel: ¿Tú crees que Eduardo sepa sobre esto?
Luis Enrique: Claro que lo sabe. Él pretende confundirnos a todos y despistarnos. Los dos se están ayudando mutuamente.
Manuel: No entiendo por qué dices entonces que te conviene que se casen. En medio de todo esto el más afectado serás tú.
Luis Enrique: Qué poco inteligente eres, mi querido amigo. Recuerda que legalmente estoy casado con Marissa y no pienso firmarle el divorcio tan fácilmente. Si el matrimonio de ellos será una farsa, ¿por qué el divorcio podría no serlo también?
Manuel: ¿A qué te refieres? (Hace una pausa) Un momento. ¿Piensas hacer que el divorcio sea inválido?
Luis Enrique: Así es. Acabas de dar justo en el clavo. Marissa pensará que nos habremos divorciado, pero no. La engañaré y legalmente, seguiré casado con ella. Lo mejor es que, automáticamente, cuando Eduardo le pase todos sus bienes, también serán míos. Brillante, ¿no?
Manuel: ¿Qué puedo decir? Me tomaste la delantera de la manera que menos me esperé. Creo que no debí subestimarte.
Luis Enrique: (sonriendo con malicia) Tú bien lo has dicho y yo ya te lo había dicho. Esto sería como una batalla o una competencia entre tú y yo, y ahí tienes.
Manuel: ¿Debo asumir que vas a romper el trato que teníamos? Eso no sería de hombres.
Luis Enrique: No me hagas reír. Yo sé que luego pensabas traicionarme como una rata. Eso tampoco habría sido de hombres. Querías usarme y convertirme tu lamebotas, pero no, Manuel. Ya que la suerte está de mi lado, pienso aprovecharla muy bien.
Luis Enrique se levanta de la silla y se acomoda el traje.
Luis Enrique: Ahí te dejo para que busques tú mismo la manera de apoderarte de la herencia de tu familia si es que puedes.
Luis Enrique le lanza una sonrisa burlona a Manuel y se va del restaurante. Manuel frunce el ceño y pega un puño contra la mesa.
Manuel: Esto era lo único que me faltaba. Maldición. Debo impedir ese matrimonio a como dé lugar. No puedo permitir que Eduardo se case con esa mujer.
INT. / CEMENTERIO DE VILLA ENCANTADA / DÍA
Más tarde, se lleva a cabo el entierro de Casimira en el cementerio del pueblo al que han asistido únicamente Marissa, Milena, Cecilia y poco menos de cinco personas que conocían a la mujer. El sacerdote arroja agua bendita sobre el ataúd y los sepultureros están casi listos para bajarlo.



Milena: (llorando) Te voy a extrañar muchísimo, mi Casimira bella. Te voy a recordar y a llevar siempre conmigo. Danilo y yo te queremos mucho.
Milena rompe a llorar desconsolada al tiempo que pone una rosa blanca sobre el ataúd.
Marissa: Aunque te conocí por poco tiempo, fuiste una persona muy especial para mí, Casimira. Gracias por ayudarme y no haberme dejado desamparada cuando más lo necesité.
Marissa se acerca a Milena para consolarla y la abraza, detalle que Cecilia observa con molestia.
INT. / HACIENDA DE LOS ROMÁN, ENTRADA / NOCHE

Ha caído la noche. Marissa llega del cementerio junto con Milena, quien se nota la más afligida de las dos.


Milena: Gracias por todo el apoyo que me ha dado, señora. De no ser por usted, no sé qué haría, porque ni siquiera en mi amá puedo confiar y mi hermano anda todavía en el hospital.
Marissa: No hay de qué, Milena. Entiendo cómo te estás sintiendo y no debe ser fácil para una muchacha como tú. Me recuerdas mucho a mi hijo.
Milena: (sorprendida) ¿Usted tiene un hijo?
Marissa: Sí, pero no está aquí en Villa Encantada. Debe estar en Ciudad de México, solo, desamparado y me duele no poder estar con él en estos momentos (Agobiada). Él de seguro cree que estoy muerta.
Milena se queda pensativa durante unos cuantos seguidos y comienza a atar cabos.
Marissa: (extrañada) ¿Qué ocurre, Milena? Te has quedado callada así nomás.
Milena: ¿Puedo saber cómo se llama su hijo, señora?
Marissa: ¿Por qué preguntas eso de repente?
Milena: Es muy importante que me responda. Hay algo que sospecho y necesito confirmarlo. ¿De casualidad se llama… Pablo?
Marissa se sorprende en gran manera al escuchar el nombre.
Milena: Dígame, por favor. ¿El hijo del que me habla se llama así?
Marissa: (exaltada) ¿Cómo lo sabes? ¿Tú lo conoces?
Milena: (asentando con la cabeza) Sí, nos conocimos y nos hicimos amigos por Internet hace un tiempo. Yo estoy al tanto de toda su historia. Incluso supe que su madre había muerto en un accidente, pero nunca me imaginé que estuviera hablando de usted.
Marissa: Yo muchísimo menos pensé que pudieses estar relacionada con Pablito. Dios mío. Mi pobre hijo. Debe estar destrozado pensando que morí esa noche y yo no he tenido oportunidad de contactarme con él.
Milena: No le voy a negar que sí le afectó mucho la noticia, pero, ¿sabe algo? Él en el fondo tenía la esperanza de que usted estuviera con vida porque nunca encontraron su cuerpo. Ay, ¿cómo pude ser tan taruga y no haberme dado cuenta antes si todo coincidía?
Marissa: No te preocupes, Milena. Han pasado tantas cosas que es entendible que no te dieras cuenta antes, pero dime. ¿Has hablado con él recientemente? ¿Cómo está mi hijo?
Milena: Ay, señora. Si yo le dijera…
Marissa: (preocupada) ¿Por qué lo dices en ese tono? ¿Le pasó algo a Pablo?
Milena: Sí, pero no se apure. Él está bien y está mucho más cerca de usted de lo que cree.
Marissa: ¿Qué quieres decir?
Milena: (sonriendo) Venga acompáñame para que sepa lo que quiero decir.
Milena toma de la mano a Marissa y la orienta para un lugar en específico.
INT. / HOSPITAL DE VILLA ENCANTADA, CAFETERÍA / NOCHE
Carolina le lleva a Eduardo un café caliente en un vaso reciclable. Éste lo toma y le esboza una sonrisa.


Eduardo: Gracias, no te hubieras molestado.
Carolina: (sentándose) No es nada. Tienes que reponerte de alguna manera. Mira nomás el semblante que tienes, Eduardo. Me preocupa tu salud.
Eduardo: Estoy bien. No te preocupes. Físicamente al menos todavía tengo fuerzas y eso es lo que importa.
Carolina: ¿Qué hay de lo emocional? También es importante que te sientas bien contigo mismo. Yo no quiero verte sufrir más. Quiero verte sonriendo como antes.
Eduardo: Eso es imposible. Todos se han encargado de volverme el hombre que soy ahora.
Carolina: Yo me puedo encargar de que recuperes tu antiguo ser (Acariciándole el rostro). Tan solo tienes que abrirme tu corazón, Eduardo. Yo sí te puedo amar de verdad.
Eduardo: (apartándose) Carolina, mira…
Carolina: Tranquilo. No debes decir nada y tampoco estoy esperando una respuesta. Tú sólo piénsalo y luego ve tomando una decisión, pero eso sí. No me pidas que me aparte de ti, porque no lo haré.
Eduardo: Está bien. Gracias por todo tu apoyo.
Carolina: ¿Por qué mejor no te vas para la hacienda, te das un baño y duermes? Yo me puedo quedar aquí al pendiente de lo que pase con Lisa. Igual, ya el doctor nos dijo que está fuera de peligro y no hay de qué preocuparse.
Eduardo: No, Carolina. Podré no ser su padre biológico, pero no puedo evitar sentirme culpable con ella por todo lo que ha sucedido. Debo estar a su lado y brindarle mi ayuda.
Carolina: Bueno. Si tú lo dices. Espero al menos se saque esa idea loca de la cabeza de que está enamorada de ti. Me preocupa que a la próxima cometa otra locura.
Eduardo no dice nada más y toma un sorbo del café. Carolina lo mira preocupada.
INT. / HOSPITAL DE VILLA ENCANTADA, HABITACIÓN DE LISA / NOCHE
Lisa reposa sobre la cama con los ojos cerrados. Está conectada al electrocardiograma y suero fisiológico, además, puede notarse que una parte de su abdomen está vendada. Gracia entra a la habitación con cautela y mira con una profunda seriedad a la muchacha al tiempo que se acerca a ella.


Gracia: Despierta, Lisa…
Lisa comienza a abrir los ojos despacio y su vista va aclarándose hasta ver frente a ella a Gracia, cosa que la asusta.
Lisa: Gra… Gracia…
Gracia: (sonriendo con amargura) Me alegra que me reconozcas porque vamos a pasarla muy bien. Te voy a hacer pagar el haberme mentido y burlado de mí, pequeña bruja.
Lisa mira asustada a Gracia ante los ojos amenazadoras de ésta.
INT. / HACIENDA DE LOS ROMÁN, HABITACIÓN DE DANILO / NOCHE
Pablo acaba de darse una ducha y ya se ha vestido, aunque aún tiene el cabello húmedo, por lo que se seca con una toalla. En eso, tocan la puerta.

Pablo: Adelante.

Milena: (entrando) Hola, Pablo.
Pablo: (sonriendo) Ah, Milena. Ya llegaste. ¿Cómo te fue en el funeral de tu amiga?
Milena: Bien, aunque tú sabes. Es triste despedir a una persona a la que vas a extrañar y que ya no vas a volver a ver nunca más.
Pablo: Sí. Tienes razón. Puedo imaginarme lo duro que es. Tú me dijiste que mi mamá había muerto, ¿no? Así que ya pasé por ese dolor, aunque ahora no lo pueda recordar.
Milena: Pablo, sobre eso, ¿recuerdas cuando te dije que antes de perder la memoria tú guardabas la esperanza de que tu mamá estuviera con vida en algún lugar?
Pablo: Sí. Algo así me dijiste. ¿Por qué? ¿Pudiste averiguar algo más sobre mi familia?
Milena asiente con la cabeza al tiempo que dibuja una sincera sonrisa de emoción en su rostro.
Pablo: ¿De verdad? ¿Me lo juras?
Milena: Sí, Pablo, pero en realidad no averigüé nada por mi cuenta. Todo llegó y se dio por sí solo, pero no te voy a decir nada más. Hay alguien que tienes que ver.
Marissa entra en ese momento a la habitación mirando fijamente a Pablo. Éste, al verla, siente una fuerte impresión que lo invade, expresada en su rostro.

Milena: Ella es tu mamá, Pablo.
Marissa se emociona al punto de que sus ojos se ponen sollozos.
Marissa: Hola, hijito.
Pablo: (balbuceando) Usted… ¿Usted es mi mamá?
Marissa se siente a punto de romper en llanto, pero se pone una mano en la boca y se contiene, por lo que tan solo asiente con la cabeza.
Marissa: Sí, Pablo, soy yo. Yo soy tu mamá y no te imaginas lo mucho que te he extrañado, hijo (Lo toma de las manos). Perdóname por haberte dejado solo. Es mi culpa que te haya pasado esto. Perdóname, te lo pido.
Marissa se lanza a abrazar a Pablo fuertemente al tiempo que llora. Pablo se ve desconcertado, pero también corresponde el abrazo de su madre. Ella continúa llorando.
Marissa: Perdóname, por favor, mi amor. Perdóname.
Pablo: Tranquila, mamá. Pese a que no sé qué sucedió y no te puedo recordar, no llores así. Estoy seguro que no tengo nada que perdonarte.
Marissa: Te amo, hijo. Por favor, pase lo que pase, eso tenlo presente, aunque ahorita no lo recuerdes.
Marissa le da un beso en la frente a Pablo y sigue abrazándolo con fuerza. Milena sonríe algo emocionada y conmovida por el reencuentro.
INT. / HOSPITAL DE VILLA ENCANTADA, HABITACIÓN DE LISA / NOCHE
Gracia mira de forma amenazadora a Lisa, quien se ve desconcertada ante la actitud a la defensiva de la primera.


Lisa: (débil) No sé de qué me estás hablando, Gracia.
Gracia: Tú lo sabes mejor que yo. Me mentiste, Lisa. Me usaste y eso no te lo perdonaré nunca.
Lisa: No entiendo a qué te refieres…
Gracia: (furiosa) ¡Cállate! Ya lo sé todo. Me enteré de la clase de perra que eres. ¿Pensaste que nunca lo iba descubrir? Yo sé que estás enamorada de Eduardo Román que, en realidad, no es tu padre.
Lisa: ¿De dónde escuchaste ese disparate, preciosa? Es mentira.
Gracia: ¡No trates de seguirme viendo la cara de estúpida! Ya no pienso caer más en tus mentiras y enredos.
Gracia se abalanza sobre Lisa y comienza a ahorcarla con sus manos.
Gracia: Desde el principio te aprovechaste de mi orientación sexual. De alguna manera lo intuiste y comenzaste a seducirme, y caí, pero lo único que buscabas conmigo era que asegurara tu paso seguro a la agencia, ¿no? ¡Confiésalo!
Lisa se siente incapaz de liberarse de la fuerte presión que Gracia ejerce sobre su cuello y comienza a perder la respiración.
Lisa: Su… Suéltame… Au… Auxilio. ¡Auxilio!
Gracia: ¡Voy a matarte, Lisa! ¡Te voy a mandar al infierno, mocosa desgraciada!
Lisa no puede respirar y se marea. Gracia está fuera de sí y continúa ahorcándola, cuando, de repente, una enfermera ingresa a la habitación y se sorprende al encontrarse con la escena.
Enfermera: ¡Dios mío! ¡Auxilio! ¡Alguien que venga pronto! ¡Necesito que me ayuden!
Pronto, varios enfermeros y un doctor acuden al llamado de auxilio de la primera enfermera y se encargan de apartar a Gracia de Lisa. Entre todos lo logran y Lisa tose de forma compulsiva. Los enfermeros retienen a Gracia y el doctor se acerca a Lisa para examinarla.
Gracia: ¡Déjenme, desgraciados! ¡Déjenme que voy a acabar con ella! ¡Suéltenme! (Gritando desgarrada).
Doctor: Saquen inmediatamente a esa mujer de la habitación y llamen a la policía.
Los enfermeros, en efecto, sacan a Gracia a la fuerza de la habitación. Eduardo y Carolina vienen caminando por el pasillo y se desconciertan al ver lo que ocurre.


Carolina: ¿Qué está pasando aquí? ¿Qué significa esto?
De repente, Gracia logra zafarse de los enfermeros y sale corriendo a toda prisa del hospital abriéndose paso entre la gente. Los enfermeros van detrás de ella para atraparla.
Carolina: ¡Gracia! ¡Gracia! ¿A dónde vas?
Eduardo: Algo no anda bien. Esa mujer venía de la habitación de Lisa.
Carolina: ¿Crees que pasó algo entre ellas?
Eduardo: No sé. Iré a ver.
Eduardo se dirige a la habitación de Lisa. Carolina lo acompaña.
EXT. / CALLES / NOCHE
Entretanto, Gracia corre a toda prisa sin detenerse por las calles coloniales de Villa Encantada y mirando constantemente hacia atrás.

Gracia: (llorando) No puedo permitir que me atrapen. Puedo ir a la cárcel por lo que intenté hacer y no puedo. No puedo (Muy nerviosa).
Gracia se pone en mitad de la vía para parar a un auto que va pasando y, al lograrlo, se acerca a la ventanilla del conductor.
Gracia: Por favor, señor. Lléveme lejos de aquí. Necesito salir del pueblo urgentemente (Desesperada).
El conductor: Ándele. Súbase atrás.
Gracia asiente desesperada con la cabeza y se sube en los asientos traseros del vehículo. El conductor arranca y se va de allí.
INT. / DEPARTAMENTO DE LUIS ENRIQUE, DORMITORIO / NOCHE
Luis Enrique y Cecilia acaban de tener intimidad. Los dos yacen sobre la cama, cubiertos por las sábanas, estando ella recostada sobre el pecho de él.


Cecilia: Tú siempre tan fogoso, mi amor. Me haces sentir mujer cada vez que lo hacemos y creo que esto nos hacía falta a ambos, ¿no crees? Han sido días de mucho estrés.
Luis Enrique alcanza una copa de licor de la mesita de noche.
Luis Enrique: Demasiado, pero no te preocupes. Muy pronto nos va a cambiar la suerte, querida (Bebe un sorbo).
Cecilia: (emocionada) ¿De verdad?
Luis Enrique: Sí, es en serio. Marissa no podrá salirse con la suya y ya he estado armando nuevos planes. Tengo todo fríamente calculado. Tú nomás espera.
Cecilia: Ay, me da tanto alivio escuchar eso, Luis Enrique. Por eso te amo tanto.
Cecilia le zampa un beso a su amante en los labios, el cual, él corresponde con gran intensidad.
Luis Enrique: Yo también te amo (Acariciándole el rostro). Te prometo que vamos a ser muy felices juntos cuando todo esto acabe. Te voy a convertir en ama y señora de la hacienda de los Román.
Cecilia: Nada me haría más feliz y no te imaginas el gusto que me da pensar que esa maldita mojigata no podrá vencernos, pero cuéntame. ¿Qué tienes en mente? ¿Evitarás que se case don Eduardo?
Luis Enrique: Todo lo contrario. Voy a dejar que se casen. Ellos mismos caerán en su propia trampa de la manera en que menos se esperan.
Cecilia: Pero eso sería clavarte tú mismo el puñal, Luis Enrique. Yo no soportaría que esa desgraciada se convierta en mi patrona. Es que ya me la imagino dando órdenes por doquier. Tú no puedes permitir ese matrimonio.
Luis Enrique: Deberás tener paciencia, quieras o no. Me conviene que esos dos se casen. ¿Que no lo ves? De esa manera, Marissa se estará convirtiendo en bígama. Cometerá un delito ante la ley cuando las autoridades se enteren que está casada con dos hombres al mismo tiempo.
Cecilia: (sorprendida) ¿Me estás diciendo que no piensas divorciarte de ella aún?
Luis Enrique: No hay otra alternativa. Todos pensarán que nos divorciaremos, pero en realidad me encargaré de que sea un divorcio de pantalla. No será real. Voy a seguir casado con ella para que los bienes que Eduardo piensa heredarle pasen a ser míos. ¿No te parece brillante?
Cecilia se recuesta exaltada de la cama cubriendo su busto con la sábana.
Cecilia: (molesto) Pues no me parece brillante en absoluto. Me dijiste que te ibas a deshacer de ella, ¿y ahora me dices que van a seguir casados?
Luis Enrique: Entiéndelo, Cecilia. Va a ser un negocio también. ¿A poco crees que por seguir casados entre Marissa y yo puede haber algo?
Cecilia: No me extrañaría que hasta la sedujeras de nuevo por ambición. Te conozco, Luis Enrique y esta vez ya colmaste mi paciencia. ¡Te exijo que te divorcies de ella de verdad!
Luis Enrique: Por favor, no empieces. Entiende que esto es por nuestro bien. Tú serás la más beneficiada y nuestros hijos ya no serán nunca más parte de la servidumbre.
Cecilia: (poco convencida) No lo sé. Esta situación no me gusta nada y cada vez ocurre algo que te hace cambiar de planes. Estoy harta.
Luis Enrique: Tan solo ten un poco más de paciencia, mi amor (Besándola). Esto pronto terminará. Eduardo me dijo que seré el apoderado de Marissa y aparte de todo, al ser su esposo, tendré derecho a administrar todo el patrimonio de la familia una vez ella esté tras las rejas por bigamia.
Cecilia: ¿Estás seguro que eso funcionará?
Luis Enrique: Por supuesto y en cuanto a Eduardo, pienso deshacerme de él de una manera muy interesante.
Luis Enrique se queda pensativo mirando al vacío al tiempo que sonríe con malicia.
INT. / HOSPITAL DE VILLA ENCANTADA, HABITACIÓN DE LISA / NOCHE
Eduardo y Carolina entran a la habitación de Lisa, a quien el doctor ha terminado de examinar. El hombre se acerca a su hija adoptiva.



Eduardo: (desconcertado) ¿Qué fue lo que pasó aquí?
Lisa: (muy nerviosa) ¡Ay, papi! (Abrazándolo) Me da tanto alivio verte, que bueno que estás aquí. Por un momento pensé que iba a morir.
Eduardo: ¿Por qué dices eso? ¿Qué te ocurrió?
Lisa: Esa vieja loca quería matarme (Rompe a llorar).
Eduardo: ¿A quién te refieres? Doctor, ¿puede usted explicarme qué pasó?
Doctor: Encontramos a una mujer mayor ahorcando a su hija, señor Román. Por fortuna, una enfermera entraba en ese instante y pidió ayuda antes de que fuera demasiado tarde.
Carolina: Entonces, ¿fue Gracia? ¿La mujer que intentó hacerle esto a Lisa fue Gracia? (Impactada).
Lisa: (indiferente) ¿Tú la conoces?
Carolina: Por supuesto. Mira, Lisa. ¿Recuerdas la agencia de modelaje para la que aplicaste?
Lisa: Sí, claro. ¿Tú qué sabes de eso?
Carolina: Yo soy la dueña de esa agencia. Gracia precisamente es mi amiga y mi mano derecha allí.
Lisa: (sorprendida) ¿Qué? ¡Argh!
Lisa se sorprende al punto de que siente que la herida en el abdomen le duele.
Lisa: Eso no puede ser. Qué podrida suerte la mía. De haberlo sabido nunca me habría inscrito.
Eduardo: Es mejor que hablemos de eso después. Lisa, tú necesitas descansar. Voy a hablar con la policía para que detengan a esa mujer y no se vuelva a acercar a ti.
Lisa: Sí, papá. Deben atraparla. Es muy peligrosa y lo peor es que… intentó abusar de mí.
Eduardo y Carolina se miran entre sí bastante sorprendidos.
Carolina: Explícate mejor, Lisa.
Lisa: Ella me convenció de entrar a la agencia y prometió ayudarme a pasar todos los filtros si a cambio le enviaba fotos mías sin ropa (Finge llorar). Como quise negarme a sus propuestas, intentó matarme.
Eduardo: (indignado) Esto es el colmo. ¿Qué clase de persona puede hacer algo así? Lisa aún es menor de edad.
Carolina: Yo estoy tan impactada como tú, Eduardo. Nunca me imaginé algo así de Gracia. Siempre la consideré alguien de confianza.
Lisa: Pues ahí tienes la clase de empleados que trabajan para ti, pero esto no se quedará así. Voy a demandarte para que investiguen esa agencia. Puede que yo no haya sido la única.
Eduardo: Lisa, cálmate. Deja que yo me encargue de esto, además, Carolina no estaba al tanto y tú debiste habernos dicho sobre esto.
Lisa se queda en silencio fingiendo muy bien la indignación que siente.
Carolina: Bueno, si hay algo que investigar, no tengo ningún problema. Pienso cooperar con la policía en todo lo que haga falta para que esto no se quede impune.
INT. / HACIENDA DE LOS ROMÁN, HABITACIÓN DE DANILO / NOCHE
Marissa está sentada junto con Pablo en la cama. Milena está sentada frente a ellos en una silla. Los dos primeros platican, ella tomando las manos de él.



Marissa: Y eso fue exactamente lo que ocurrió, hijo. Después de que descubrí a Luis Enrique en la cama con… (Mira a Milena) la madre de Milena, salí desesperada en el coche y en medio de la tormenta, cuando intenté esquivar un camión, me salí de la vía y paré en el río.
Pablo: Me imagino que ver algo así no fue fácil para ti. Me dijiste que lo querías mucho y te entregaste entera a él.
Marissa: (nostálgica) Y así fue. Cuando recuperes la memoria, vas a darle crédito a mis palabras. ¿Quién diría que vendríamos a encontrarnos tú y yo justo en esta hacienda, y que sería Milena quien nos reuniría de nuevo?
Marissa acaricia de forma fraternal el rostro de Pablo.
Milena: (sonriendo) Por lo menos hice algo bueno y me alegra de todo corazón que se hayan reencontrado. Nunca me imaginé que aparte de ser amigos, Pablo y yo compartiéramos el mismo padre.
Marissa: Me duele decirlo, pero Luis Enrique nunca fue tu padre, Pablo y no lo digo sólo por el hecho de que no sea en realidad tu padre biológico, sino porque nunca se portó como uno.
Pablo: De algo así me platicó Milena cuando me la encontré en este pueblo. Al parecer yo le contaba todo a ella por Internet.
Milena: Así es, señora. Por eso cuando usted me dice hace un rato que tenía un hijo en la Ciudad de México, me puse a atar cabos y me di cuenta que su accidente era exactamente igual al de la madre Pablo, ¿y cómo no si son la misma persona?
Marissa: Mil gracias por eso, Milena y también por haber estado al pendiente de mi hijo estos días. No sé qué habría pasado si tú no hubieras estado a su lado.
Milena: Lo hice con todo gusto. Pablo es un gran amigo para mí y lo quiero reteharto.
En ese momento, Pablo mira a Milena de una forma especial. Ella se da cuenta y le rehúye algo avergonzada los ojos.
Marissa: Lo importante ahora es que estás bien, hijo. Voy a encargarme de buscar a un buen psicólogo para que empieces terapias y vayas recuperando tus recuerdos. En mi caso, fue más fácil cuando yo también perdí la memoria, pero no todos corremos con la misma suerte.
Pablo: Está bien, mamá. Lo que tú digas. Espero pronto poder recordarte y también recordar a Milena. Creo que son las dos personas más importantes en mi vida.
Milena: Cambiando de tema, señora, por ahí los empleados andan diciendo que usted se va a casar con don Eduardo. ¿Es eso cierto?
Marissa: Sí, Milena, pero solo será un matrimonio por conveniencia. Cada uno tenemos nuestras razones para hacerlo y en cuanto todo se solucione, nos divorciaremos.
Pablo: No entiendo. ¿Tú no sigues casada con aquel hombre, con mi papá? ¿Es posible que te cases con otro hombre aun estando casada con él?
Marissa: De hacerlo podría meterme en problemas. Es por eso que el señor Román se encargará de contratarme un buen abogado para divorciarme en cuanto antes de Luis Enrique.
Milena: Pues espero que todo se dé de la manera que están planeando, señora. Por lo poco que la he conocido, sé que usted no merece estar casada con un poco hombre como ese señor que tengo por padre que hasta fue capaz de atentar contra Pablo.
Marissa: Yo sé que ahora debes sentir mucho rencor por haber descubierto esa verdad, Milena y me imagino que tu hermano también, pero pienso es bueno perdonar. Después de todo, es tu padre.
Milena: ¿A poco usted sí le perdonó ya lo que le hizo?
Marissa: Estoy tratando cada día de hacerlo, aunque no por eso pienso detenerme. Luis Enrique debe rendir cuentas por el mal que ha hecho y su codicia es la que lo hará caer cuando menos lo espere.
CONTINUARÁ…
Comentarios
Publicar un comentario