Capítulo 4: Perdida en la noche
INT. / HACIENDA DE LOS ROMÁN, HABITACIÓN DE DANILO / NOCHE
Cae la noche en Villa Encantada y una fuerte tormenta empieza a caer. Casimira, por su parte, toca la puerta de la habitación de Danilo al tiempo que sostiene una bandeja.

Casimira: (en voz baja) Doña, acá le traigo la cena para que coma.
Casimira se extraña al no recibir respuesta y vuelva a tocar.
Casimira: ¿Doña?
El ama de llaves decide entrar a la habitación, pero deja caer la bandeja, impactada, al ver que Marissa no está en la habitación y la cama se encuentra vacía.
Casimira: ¡Ay, Dios! No está. Aquí no hay nadie. La señora no está (Repite muy preocupada).
Casimira decide retirarse de allí con prisa.
INT. / HACIENDA DE LOS ROMÁN, CABALLERIZAS / NOCHE
Danilo se encuentra en las caballerizas de la hacienda cerrando uno de los portones para evitar que alguno de los caballos salga. Casimira llega en ese momento notablemente inquieta.


Casimira: ¡Danilo! ¡Danilo, mijo!
Danilo: ¿Qué pasa, Casimira? ¿Qué te traes?
Casimira: La señora no está en su cuarto y ya la busqué en el baño, pero tampoco la vi.
Danilo: (impactado) ¿Estás segura?
Casimira: Claro. Tal parece que salió, sabrá Dios a dónde, y en medio de esta tormenta.
Danilo: Qué necia. Le dije muchas veces que no saliera y que si necesitaba algo te lo pidiera.
Casimira: ¿Qué vamos a hacer? Ella no recuerda nada y lo que le pase por ahí va a ser nuestra culpa.
Danilo: Voy a irla a buscar afuera de la hacienda. Tú échale un ojo a ver si la ves merodeando por los alrededores. Enseguida vuelvo.
Danilo sale corriendo de las caballerizas en medio de la lluvia. Casimira se persigna sintiéndose muy preocupada.
EXT. / BOSQUE / NOCHE
Entretanto, Marissa se ve caminando descalza y con un vestido corto por el camino que lleva a la hacienda, pues no está muy lejos. En un momento dado, la mujer se derrumba en el piso débilmente y se ensucia de lodo mientras jadea.

Marissa: Dios mío, me duelen demasiado los pies. Ya no me siento capaz de seguir…
Marissa intenta levantarse del suelo y seguir caminando. Un auto viene en esa dirección y precisamente en él se encuentran Eduardo y Luis Enrique. El primero es quien conduce mientras que el segundo va en el asiento de copiloto.


Luis Enrique: Gracias por llevarme hasta el pueblo, Eduardo. Lástima que mi auto se quedó sin gasolina. Mañana voy a primera hora por él a la hacienda.
Eduardo: Tranquilo. Pasa por él cuando puedas. Pienso ir al bar y quedarme un rato allá. ¿Me acompañas?
Luis Enrique: ¿Otra vez vas a beber?
Eduardo: ¿Tú también me lo vas a reprochar?
Luis Enrique: Para nada. Es tu vida y si beber te calma, allá tú. Yo no soy quién para decirte lo que debes hacer.
Eduardo: Pero no puedo conducir borracho. Tendré que quedarme en un hotel hasta mañana a que se me pase la resaca por lo menos.
Luis Enrique: ¿Qué le vas a decir a tu mamá cuando te pregunte dónde pasaste la noche?
Eduardo: No sé y no quiero pensar en ella. Quiero olvidarme de todo por esta noche.
Luis Enrique: Yo que tú me andaría con cuidado, Eduardo. No vaya a ser que a doña Lucrecia le dé por quitarte todo para dárselo a tu hermano.
Eduardo: Manuel es un bueno para nada, mucho más que yo y no creo que mi madre sea tan poco inteligente para hacer algo como eso, además, no puede. Todo está a mi nombre y en el fondo ella sabe que no hay nadie mejor que yo para administrar el patrimonio de la familia.
Luis Enrique: Yo no me confiaría tanto. Tu madre es astuta y puede tener un as bien oculto bajo la manga.
Marissa corre sin parar por allí, pero empieza a sentirse desorientada y mareada al punto de que se cruza en la mitad del camino. Eduardo la ilumina con las luces delanteros y ambos hombres se sorprenden.
Luis Enrique: (asustado) ¡Eduardo, cuidado!
Marissa ve venir el auto en su dirección y se queda paraliza, pero Eduardo logra frenar a tiempo. La mujer alza el rostro empapado por el lodo y la lluvia cruzando miradas con él. Luis Enrique, por su parte, desencaja el rostro al reconocerla.
Luis Enrique: (impávido) No puede ser.
Eduardo: Creo que le hice daño.
Eduardo se baja del auto rápidamente en medio de la lluvia y se cubre el rostro con el brazo para no mojarse demasiado.
Eduardo: ¿Estás bien?
Marissa luce desconcertada. Ella y Eduardo se miran fijamente a los ojos durante varios segundos sintiendo una fuerte impresión que les invade.
Eduardo: Respóndeme. ¿Te hice algo?
Luis Enrique, por su parte, también se baja del auto. Marissa fija su mirada en él sin decir nada y una secuencia de recuerdos comienza a pasar por su cabeza. Parece que también lo ha reconocido y niega con la cabeza.
Marissa: ¡Tú, no…! ¡No!
Marissa se exalta y sale corriendo de allí a toda prisa adentrándose en el bosque.
Eduardo: ¡Oye! ¡Espera!
Luis Enrique: Voy por ella. Parece que está mal. Tú quédate aquí.
Luis Enrique sale corriendo detrás de Marissa y también se adentra en el bosque. La lluvia es torrencial, como si el cielo se hubiese roto.
CIUDAD DE MÉXICO
INT. / CASA DE LOS ESCALANTE, HABITACIÓN DE PABLO / NOCHE
Paralelamente, Pablo se encuentra en su habitación, recostado en la cama y hablando por celular con alguien a la distancia.

Pablo: Hace ya un mes que mi mamá desapareció. La policía no encontró su cuerpo y la dieron por muerta, pero en el fondo todavía tengo la esperanza de que está bien, ¿sabes?
VILLA ENCANTADA
INT. / HACIENDA DE LOS ROMÁN, HABITACIÓN DE MILENA / NOCHE
Milena es la otra persona con la que Pablo habla. Las escenas de ambos se intercalan al hablar.

Milena: Me pone muy mal escucharte tan triste. Es que, si tan solo pudiera viajar, iría hasta la capital para darte un abrazo.
Pablo: (sonriendo levemente) Gracias, Mile. Créeme que a mí también me encantaría tenerte aquí conmigo. Me he sentido muy solo, a veces siento que ya todo perdió sentido para mí desde que mi mamá no está.
Milena: Ay, no digas eso. Yo sé que donde esté tu mamá, ella solo quiere tu bienestar y verte feliz.
Pablo (sollozo) Para mí esa palabra ni siquiera existe. Todos me ven como un bicho raro. Por eso ni amigos tengo y sigo soltero. Tú has sido la única con la que he podido desahogarme y eso fue porque aceptaste ser mi amiga en una red social.
Milena: Pablo, aunque no te conozco en persona, sé que eres un chavo a todo dar y me has caído muy bien.
Pablo: ¿De verdad no te molesta que te llame o te escriba?
Milena: (sonriendo) Para nada y cada vez que necesites a alguien con quien hablar, aquí me tienes, así estemos lejos.
Pablo: Gracias por tu apoyo.
Milena: De nada y recuérdalo. Tienes que ser fuerte. Hazlo por tu mamá y por ti. Vas a ver que luego las cosas van a mejorar.
Pablo: Me gustaría que así fuera, pero no sé qué hacer. Me siento como una carga para mi papá y quisiera desligarme de él para no tener que depender de su dinero o más bien del dinero de mi mamá que él está administrando.
Milena: Tal vez te haga falta hablar con un abogado para que hagan una repartición de la lana y esas cosas, ¿no?
Pablo: Tienes razón. No lo había pensado. Ya ves que soy medio menso a veces.
Milena: (riendo) Para mí no. Tú eres muy inteligente y tienes muchas cualidades. Espero y más adelante tengamos oportunidad de conocernos.
Pablo: (sonriendo) Sí y me encantaría eso. Me dijiste que vives en Villa Encantada, ¿no?
Milena: Sí, no es un pueblo muy grande, pero es retebonito. Yo sé que si vienes te va a gustar.
Pablo: (pensativo) Hum, ahora que lo recuerdo, mi mamá venía de allá cuando tuvo el accidente en su coche.
Milena: (sorprendida) ¿De veras?
Pablo: Sí y no me había dado cuenta que esa noche, mi papá también estaba allá en un supuesto viaje de negocios. Los dos coincidieron en el mismo lugar.
Milena: Eso sí que está raro. ¿Crees que pudieron haberse visto?
Pablo: Sí, pero no estoy muy seguro. Me late que algo pasó entre ellos y ahí fue cuando ocurrió el accidente. Yo te conté que ellos no se llevaban bien y mi mamá estaba muy extraña esa noche. Recuerdo que hasta me pareció escucharla llorar en su cuarto.
Milena: (agobiada) ¿Y tú crees que tu papá haya tenido que ver con el accidente?
Pablo: De él me puedo esperar cualquier cosa.
Milena: Ay, Dios. Entonces, ¿qué piensas hacer?
Pablo: No sé, pero de lo que sí estoy seguro es que no me voy a quedar de brazos cruzados. Voy a investigar qué hubo detrás de ese accidente y ya se me está ocurriendo algo.
Pablo se queda pensativo. Milena lo escucha con atención.
EXT. / BOSQUE / NOCHE
Todavía continúa cayendo aquella misma fuerte tormenta en todo el pueblo. Marissa corre sin parar, pero en un momento dado, se tropieza con algo y cae, jadeando. De lejos escucha el eco de la voz de Luis Enrique llamándola.


Luis Enrique: ¡Marissa! ¡Marissa!
Marissa se esconde detrás de un árbol e intenta que él no la vea.
Luis Enrique: ¡Marissa, sé que estás cerca! (Gritando) ¡Tenemos que hablar, mujer! ¡Yo sé que eres tú!
Marissa se cubre la boca con las manos. Luis Enrique está muy cerca de ella y pasa por allí, pero no la ve.
Luis Enrique: Dime por qué te has estado escondiendo. ¿Qué pretendes? (Gritando furioso) ¡Tú deberías estar muerta! ¡Muerta pudriéndote en el infierno! ¿Me oyes?
Marissa hace silencio y un gran temor se apodera de ella al punto de que incluso tiembla.
Luis Enrique: ¡¡Marissa!!
Luis Enrique mira a su alrededor, pero sólo ve árboles y se resigna.
Luis Enrique: Donde quiera que estés, te voy a encontrar. ¿Me escuchaste? ¡Te voy a encontrar!
El hombre se va de allí y vuelve a la carretera. Marissa lo observa con cautela y al ver que se retira, suspira aliviada.
Marissa: (en un hilo de voz) Luis Enrique…
Marissa se pasa las manos por la cabeza.
Marissa: Puedo recordarlo. Él era el hombre con el que discutía antes del accidente.
Marissa rompe a llorar desesperada.
Marissa: Claro. Ahora lo recuerdo todo. Esa noche lo descubrí con su amante en la cama y ahí fue cuando salí y…
De forma fugaz, la mujer recuerda el momento exacto en el que iba conduciendo por la vía y se desvió para evitar ser golpeada por un camión que venía en la dirección contraria. Marissa gime adolorida y cada vez más desesperada.
Marissa: Debí haber obedecido a Danilo cuando me dijo que no saliera de la hacienda. Hubiera sido mejor así (Llorando). ¿Qué hago ahora?
Luis Enrique, por su parte, vuelve a la carretera. Eduardo lo espera dentro del auto y se sube empapado al asiento de copiloto.

Eduardo: ¿Qué pasó? ¿No la alcanzaste?
Luis Enrique: (un poco nervioso) No, no pude. La perdí de vista y se internó en el bosque, pero creo que está bien. Solo andaba asustada.
Eduardo: (pensativo) ¿Quién podrá ser? ¿Por qué anda en medio de la noche en esas fachas?
Luis Enrique: ¿Qué importa quién haya sido? Tal vez es una loca que vive en los bosques. ¿Qué no viste las fachas que traía?
Eduardo: (poco convencido) Sí. Tal vez…
Eduardo enciende el auto, pero sigue pensativo.
INT. / HACIENDA DE LOS ROMÁN, HABITACIÓN DE LISA / NOCHE

Lisa se encuentra acostada en su cama con su celular entre las manos revisando las redes sociales. Manuel entra con cautela a su habitación y cierra la puerta tras sí.


Manuel: Hola, sobrina.
Lisa: (cortante) ¿Qué quieres?
Manuel: Hace frío esta noche y no sé. Estaba pensando que sería rico bien sentir tu calor un rato. Hace varios días no me complaces, chiquita.
Lisa: Puedes irte por donde viniste porque hoy no estoy de humor. Me tratas como un objeto sexual y ya me estoy cansando de esa situación.
Manuel: (sarcástico) Tú también me has usado para calmar tus necesidades. Te recuerdo que la que se me insinuó desde un principio cuando cumpliste quince años fuiste tú y te me aparecías desnuda en la ducha pidiéndome que te hiciera mía. ¿Ya se te olvidó?
Lisa: Vete. Hoy simplemente no estoy para ti.
Manuel: ¿Qué pasa? ¿Ya no te gustan maduros como me decías en ese entonces?
Lisa: (furiosa) ¡Te estoy diciendo que te vayas! ¡Quiero estar sola! ¿Qué no lo entiendes?
Manuel: Está bien, está bien. Tranquilízate.
Manuel se sienta en la cama y comienza a acariciarle las piernas.
Manuel: Dime mejor qué te tiene tan estresada.
Lisa: (pensativa) Es por mi abuela. Me aceptaron en una agencia de modelaje en la capital y cuando fui para contárselo, la muy estúpida me aseguró que nunca podré ser modelo porque, según ella, no es un trabajo decente para una Román.
Manuel: Mi mamá siempre tan recatada. Tú ya deberías estar acostumbrada a su temperamento y a sus ideales. Para ella el apellido es lo más importante.
Lisa: ¡Pues no! Puede meterse sus ideales en donde quiera. Me enfurece que incluso me amenazara con convencer a mi papá de no darme el permiso para viajar.
Manuel: ¿Por qué no hacemos algo? Yo podría convencerla de que cambie de opinión.
Lisa: ¿De veras harías eso?
Manuel: Claro, mi amor (Acariciándole el rostro). Por ti hago lo que sea para que estés feliz. Tú eres mi sobrina, ¿no? Y en secreto, eres mi mujer.
Manuel besa impulsivamente a la joven. Ella le corresponde, pero luego se aparta.
Lisa: ¿Qué tengo que hacer? Porque sé muy bien que no lo harás de gratis.
Manuel sonríe con picardía y se queda en silencio. Lisa luce expectante frente a lo que le va a decir él.
INT. / HACIENDA DE LOS ROMÁN, COCINA / NOCHE
Danilo entra a la cocina por la puerta trasera en donde Casimira aguarda impacientemente. El joven llega empapado y jadeando bastante cansado.


Casimira: ¡Ay, mijo! ¿Qué pasó? ¿Lograste encontrarla?
Danilo: Nada, no pude. Fui al pueblo y recorrí el bosque, pero tú bien sabes que es inmenso y con esta lluvia siendo de noche se me hace imposible.
Casimira: Entonces, ¿qué vamos a hacer? La señora puede estar corriendo peligro. Ella no recuerda nada. Está confundida y algo malo le puede ocurrir por ahí.
Danilo: (desesperado) Lo sé, Casimira. Lo sé, pero no puedo hacer nada más. Créeme que yo ando más preocupado que tú y si algo malo le pasa, no me lo perdonaría. Ella es muy importante para mí.
Casimira: (mirándolo con los ojos entrecerrados) Dime algo, Danilo. ¿Te gusta ella?
Danilo: ¿Qué dices? (Dándole la espalda).
Casimira: No soy tonta. He notado cómo la miras y lo mucho que te preocupas por ella. Hasta tu habitación le cediste y prefieres dormir en las caballerizas para que esté cómoda. ¿Te enamoraste de ella?
Danilo: Bueno y si fue así, ¿qué? (Voltea a verla de nuevo). ¿Hay algo de malo?
Casimira: ¿Cómo puedes preguntar eso, muchacho? Pos claro que hay algo de malo. Tú no sabes quién es, ni cómo se llama, ni dónde viene. Es probable que esté casada y tenga una familia, además, no tiene tu edad.
Danilo: (serio) Como sea, no voy a hablar de eso contigo.
Cecilia entra a la cocina en ese momento y percibe que ambos discuten.

Cecilia: ¿Qué pasa? ¿De qué hablan?
Danilo y Casimira se quedan en silencio sin saber qué decir.
Cecilia: ¿Estás discutiendo con Casimira, hijo?
EXT. / BOSQUE / NOCHE
La lluvia ha cesado ya. Marissa, por su parte, sigue caminando en medio del bosque a paso lento, sintiéndose mareada y desorientada.

Marissa: ¿Dónde estoy? Llevo dando vueltas no sé desde hace cuánto…
Marissa se apoya en un árbol, pues cada vez se siente más débil.
Marissa: (gimiendo) Ah, no puedo más. Ya no aguanto, Dios mío…
En ese momento la mujer se desvanece de rodillas en el suelo y termina por desmayarse. Tarcisio merodea por allí, pues aquel terreno baldío hace parte de las hectáreas de la hacienda y alcanza a vislumbrar a Marissa a lo lejos yaciendo en el suelo.

Tarcisio: (extrañado) Esa parece que es una mujer. ¿Qué hace allá?
El capataz se dirige hacia allí y al llegar se encuentra con Marissa, quien está inconsciente. Tarcisio se inclina y la mueve.
Tarcisio: Oye, tú…
Tarcisio le pega unas palmadas suaves en la cara para que reaccione. Marissa abre levemente los ojos, pero se encuentra demasiado débil.
Marissa: Ayúdeme, por favor…
Marissa vuelve a cerrar los ojos y Tarcisio se incorpora sintiendo el impulso de dejarla allí tirada.
Tarcisio: No debería dejarla aquí. Después de todo, está en los predios de la hacienda.
Tarcisio guarda silencio mientras piensa detenidamente qué hacer, por lo que, al final, carga a Marissa entre sus brazos y se la lleva.
INT. / HACIENDA DE LOS ROMÁN, COCINA / NOCHE
Cecilia ha interrumpido a Danilo y a Casimira justo cuando estos estaban discutiendo sobre la repentina desaparición de Marissa.



Cecilia: ¿Y ahora? ¿Qué les pasó que se quedaron callados? ¿O acaso estaban hablando de algo que no debo saber?
Danilo: No es nada, mamá. Hablaba con ella de una amiga de la prepa que anda desaparecida y le prometí a su mamá que la ayudaría a buscarla (Miente).
Cecilia: (sorprendida) ¿Por eso llegas así todo mojado?
Danilo: Eh, sí. Casimira me regañaba por eso y me decía que me iba a dar un resfriado por menso, pero yo le decía que no era nada de lo qué preocuparse.
Casimira: Sí, Ceci. Ya ves tú estos muchachos tan necios que nunca oyen a sus mayores (Habla con cierto reproche).
Cecilia: Bueno, mejor no discutan que es tarde y tú, Danilo, ve a cambiarte esa ropa que Casimira tiene razón y te puede agarrar un catarro luego.
Danilo: Sí, a eso iba, ma’. Buenas noches.
Danilo besa en la frente a su madre y se retira.
Casimira: ¿Y tú qué haces despierta? ¿Qué no deberías estar durmiendo tú también o ya te vas a ver a escondidas con…?
Cecilia: (alertada) ¡Sh! ¡Cállate que te pueden oír!
Casimira: Entonces estoy en lo cierto. Te vas a ir a ver con tu amante (Mirándola con los ojos entrecerrados).
Cecilia: Luis Enrique no es mi amante. Te he dicho muchas veces que no le digas así.
Casimira: ¿Ah, no lo es? Entonces, ¿cómo llamas el hecho de que se hayan estado viendo a escondidas durante más de veinte años y que se lo ocultes a tus hijos?
Cecilia: Bueno, eso es porque ellos no pueden saber la verdad. Nunca le perdonarían si supieran que no vive en el extranjero, sino que mantuvo una farsa de matrimonio con otra mujer y que por eso no ha vivido con nosotros.
Casimira: Pues no sé tú, pero a ojos de cualquier persona, tú siempre serás la otra. Ese hombre ha estado casado legalmente con otra mujer, no contigo.
Cecilia: Pero es mi hombre. Conmigo tuvo dos hijos en cambio con ésa no tuvo ninguno. Hasta tuvieron que adoptar.
Casimira: ¿Y de qué te ha servido eso? Tú solo has recibido las sobras de ese dichoso trato que hicieron cuando él se casó. ¿Tú crees que lo hicieron está bien?
Cecilia: (fastidiada) Ay, mira. No tengo tiempo para tus estúpidos sermones de siempre. Mejor me voy a dormir.
Cecilia sale de la cocina. Casimira se cruza de brazos y niega con la cabeza.
INT. / HACIENDA DE LOS ROMÁN, HABITACIÓN DE EDUARDO / AL DÍA SIGUIENTE

Es un nuevo día particularmente veraniego en el pueblo a pesar de la fuerte lluvia que cayó la noche anterior. Eduardo entra a su habitación sintiendo un fuerte dolor de cabeza y se tumba sobre la cama. Lucrecia entra tras él.


Lucrecia: (muy seria) ¿Puedo saber por qué llegas a esta hora de la mañana? ¿Dónde carajos pasaste la noche, Eduardo?
Eduardo: Tengo mucha resaca, mamá. Más tarde hablamos.
Lucrecia: (riendo incrédula) Esto es de no creer. ¿Cómo tienes la desfachatez de decirme eso después de todo? Hasta la vergüenza has perdido.
Eduardo: (cubriéndose los ojos) ¿Terminaste?
Lucrecia: Te advierto algo. Si no empiezas a buscarle una solución a los problemas económicos en los que tú nos metiste, tendré que hablar con mi abogado para quitártelo todo.
Eduardo se sienta en la cama y mira también muy serio a su madre.
Eduardo: Todo está a mi nombre, la hacienda, los terrenos, los negocios. ¿De verdad crees que puedes hacer eso?
Lucrecia: Tiéntame. Puedo levantar una demanda formal en tu contra para que todo me sea devuelto a mí y nombrar a Manuel como mi apoderado.
Eduardo: Manuel nunca sería capaz de recuperar el patrimonio de la familia. Es un inútil. Él sí terminaría por perderlo todo de la noche a la mañana.
Lucrecia: Tú ya no te diferencias mucho de él. Manuel es ávido y astuto. Tiene el potencial en cuanto a ti, ya no queda ni la sombra de lo que eras antes de la muerte de Helena. Estás advertido.
Lucrecia sale de la habitación tirando un portazo. Eduardo se aturde un poco por el sonido y suspira frustrado.
INT. / HACIENDA DE LOS ROMÁN, PASILLOS DEL PRIMER PISO / DÍA
Cecilia se encuentra en un pasillo apartado de la hacienda, ubicado en el primer piso. La mujer atiende una llamada en su celular sin percatarse de que es espiada en secreto por Milena.


Cecilia: (contestando) ¿Qué pasa, Luis Enrique? ¿Por qué me llamas cuando sabes que estoy trabajando?
INT. / DEPARTAMENTO DE LUIS ENRIQUE / DIA
Luis Enrique está al otro lado de la línea también hablando por celular en el departamento que recientemente compró. Las escenas de ambos se intercalan al hablar.

Luis Enrique: Tenemos que hablar. Ocurrió algo y tengo que pedirte un favor.
Cecilia: (extrañada) ¿De qué se trata?
Luis Enrique: Aquí en el departamento te explico. Ven ya mismo y no te tardes.
Luis Enrique cuelga el celular súbitamente dejando extrañada a Cecilia. Milena sale de su escondiste y la encara antes de que se vaya.
Milena: ¿Para dónde vas, mamá?
Cecilia: Eh, voy a salir. Tengo un asuntito que atender en el pueblo y ya regreso.
Milena: Pensé que hablabas con mi papá. Oí muy bien cuando te referías a él como Luis Enrique.
Cecilia: (molesta) ¿Me estabas espiando? ¿Qué no te he enseñado a no andar escuchando conversaciones ajenas?
Milena: ¿Y por qué te pones así? Parece como si estuvieras ocultando algo.
Cecilia: ¿Qué podría estar ocultando? Mejor vete para tu trabajo y no me andes cuestionando.
Cecilia se retira de allí y Milena se queda mirándola con suspicacia.
EXT. / PLAZA PRINCIPAL DE VILLA ENCANTADA / DÍA

Entretanto, Pablo ha llegado al pueblo y sale de la terminal de autobuses. El joven arrastra su maleta y tiene en sus manos un pedazo de papel.

Pablo: (pensativo) Voy a descubrir qué estás ocultando, papá. Aquí tengo la dirección del departamento que compraste que averigüé directamente en la inmobiliaria.
Pablo para un pequeño auto parecido a un taxi y se sube en los asientos de atrás. Luego de hacerlo, le entrega al conductor el papel que tenía en las manos.
Pablo: Lléveme a esta dirección, señor, por favor.
INT. / HACIENDA DE LOS ROMÁN, HABITACIÓN DE TARCISIO / DÍA

Tarcisio sale del baño de su habitación luego de haberse duchado, cubriendo su cuerpo con una toalla del torso para abajo. En su cama se encuentra Marissa durmiendo plácidamente y ajena a la mirada lasciva del hombre quien clava sus ojos en las piernas descubiertas de ella.


Tarcisio: La mugrosa que encontré en los predios de la hacienda no está nada mal.
El capataz se sienta en la cama y no duda en pasar su mano por una de las piernas de Marissa.
Tarcisio: Hasta tiene la piel tersa como me gusta, ja, ja, ja. ¿Quién diría que me iba a encontrar con un angelito como éste, ah?
Tarcisio se inclina y le acaricia con delicadeza las mejillas sin despegarle la mirada.
Tarcisio: Y hace tanto que no estoy con ninguna mujer que bien podría hacerla mía en este momento.
Tarcisio no se da a la espera y le roba un beso en los labios. Marissa abre los ojos poco a poco en ese momento y al percatarse se aparta asustada.
Marissa: ¿Quién es usted?
Tarcisio se sorprende al ver que ella ha recuperado la consciencia.
Marissa: (alterada) ¿Qué pensaba hacerme?
Tarcisio la mira de arriba hacia abajo con una cierta sonrisa burlona.
INT. / DEPARTAMENTO DE LUIS ENRIQUE, DORMITORIO / DÍA
Luis Enrique acaba de tener un encuentro íntimo con Cecilia. Los dos amantes respiran agitados al tiempo que sudan y se cubren con las sábanas.


Cecilia: (sonriendo satisfecha) ¿Para esto me querías ver?
Cecilia se recuesta sobre el pecho de Luis Enrique quien se ve pensativo.
Luis Enrique: Quería olvidarme por un momento del mundo contigo y de un trago bien amargo que pasé anoche después de que salí de la hacienda.
Cecilia: (extrañada) ¿Qué quieres decir? ¿Cómo que un trago amargo, mi amor?
Luis Enrique: Cecilia, anoche iba en el auto con Eduardo, tu patrón y él por poco atropella una mujer.
Cecilia: (riendo) Pero no la atropelló. Dijiste que “por poco”. ¿Era esa tontería lo que te tenía tan mortificado? (Besándolo en los labios).
Luis Enrique: El problema no es si la atropelló o no. Esa no era cualquier mujer. Era Marissa.
Cecilia se exalta al escucharlo y se sienta en la cama cubriéndose el busto con la sábana.
Cecilia: ¿Me estás hablando en serio?
Luis Enrique: Por supuesto. Era ella. La muy imbécil está viva y la reconocí de inmediato. Andaba como una loca pordiosera por el bosque, sucia, llena de lodo, pero era ella.
Cecilia: (pensativa) No puede ser. Se supone que se había muerto en el accidente. Tú me dijiste que…
Luis Enrique: (interrumpiéndola) Yo sé muy bien lo que te dije, pero eso fue lo que pensamos todos, incluso la policía. Marissa está viva y es un hecho que todo este tiempo se escondió aquí en Villa Encantada.
Cecilia: (molesta) Maldita sea. Qué suerte tuvo para salir bien librada. Cuando pensé que por fin me había deshecho de ella, llega y aparece como si nada.
Luis Enrique: (extrañada) ¿Qué quieres decir? Hablas como si hubieras tenido algo que ver con el accidente.
Cecilia: Claro que no, Luis Enrique. ¿Cómo crees? Me refiero a que creí que todo iba a ser diferente con ella muerta sin que fuera un estorbo en nuestras vidas nunca más.
Luis Enrique: Pues eso es lo que tenía para decirte. Con razón nunca encontraron su cuerpo en el río ni en ninguna parte. Está viva, ¿y sabes lo que significa eso?
Cecilia: Claro, sigues casado con ella. Tienes que hacer algo. No podemos permitir que interfiera entre nosotros. Tú eres mío y no me quiero hacer a la idea de compartirte de nuevo con ella.
Luis Enrique: ¿Crees que Marissa seguiría casada conmigo después de que se enteró que tú y yo somos amantes y que para colmo tenemos dos hijos?
Cecilia: Entonces piensa en una estrategia para quitarle todo antes de que aparezca para reclamarte. Debes dejarla en la calle sin un peso.
De repente, tocan la puerta del departamento. Los dos se miran extrañados.
Cecilia: ¿Estás esperando a alguien?
Luis Enrique: (extrañado) No, pero quédate aquí. Iré a ver quién es.
Luis Enrique busca su ropa interior para ponérsela y luego se pone una bata. El hombre sale del dormitorio para dirigirse a abrir y Cecilia se queda mirándolo con suspicacia.
Luis Enrique: ¡Ya voy, hombre! Un momento.
La puerta sigue siendo tocada. Luis Enrique abre y se encuentra en primer plano con Pablo, quien lo mira muy serio.

Luis Enrique: (sorprendido) ¡Pablo!
El joven entra al departamento sin mediar palabra ni pedir permiso. Luis Enrique cierra la puerta.
Luis Enrique: ¿Qué estás haciendo aquí? ¿Cómo me encontraste?
Pablo: Vine para que hablemos de hombre a hombre y para que me expliques qué fue lo que le hiciste a mi mamá, así que empieza a hablar.
Pablo mira decidido a su padre adoptivo, quien no sabe qué decir.
CONTINUARÁ…
Cae la noche en Villa Encantada y una fuerte tormenta empieza a caer. Casimira, por su parte, toca la puerta de la habitación de Danilo al tiempo que sostiene una bandeja.

Casimira: (en voz baja) Doña, acá le traigo la cena para que coma.
Casimira se extraña al no recibir respuesta y vuelva a tocar.
Casimira: ¿Doña?
El ama de llaves decide entrar a la habitación, pero deja caer la bandeja, impactada, al ver que Marissa no está en la habitación y la cama se encuentra vacía.
Casimira: ¡Ay, Dios! No está. Aquí no hay nadie. La señora no está (Repite muy preocupada).
Casimira decide retirarse de allí con prisa.
INT. / HACIENDA DE LOS ROMÁN, CABALLERIZAS / NOCHE
Danilo se encuentra en las caballerizas de la hacienda cerrando uno de los portones para evitar que alguno de los caballos salga. Casimira llega en ese momento notablemente inquieta.


Casimira: ¡Danilo! ¡Danilo, mijo!
Danilo: ¿Qué pasa, Casimira? ¿Qué te traes?
Casimira: La señora no está en su cuarto y ya la busqué en el baño, pero tampoco la vi.
Danilo: (impactado) ¿Estás segura?
Casimira: Claro. Tal parece que salió, sabrá Dios a dónde, y en medio de esta tormenta.
Danilo: Qué necia. Le dije muchas veces que no saliera y que si necesitaba algo te lo pidiera.
Casimira: ¿Qué vamos a hacer? Ella no recuerda nada y lo que le pase por ahí va a ser nuestra culpa.
Danilo: Voy a irla a buscar afuera de la hacienda. Tú échale un ojo a ver si la ves merodeando por los alrededores. Enseguida vuelvo.
Danilo sale corriendo de las caballerizas en medio de la lluvia. Casimira se persigna sintiéndose muy preocupada.
EXT. / BOSQUE / NOCHE
Entretanto, Marissa se ve caminando descalza y con un vestido corto por el camino que lleva a la hacienda, pues no está muy lejos. En un momento dado, la mujer se derrumba en el piso débilmente y se ensucia de lodo mientras jadea.

Marissa: Dios mío, me duelen demasiado los pies. Ya no me siento capaz de seguir…
Marissa intenta levantarse del suelo y seguir caminando. Un auto viene en esa dirección y precisamente en él se encuentran Eduardo y Luis Enrique. El primero es quien conduce mientras que el segundo va en el asiento de copiloto.


Luis Enrique: Gracias por llevarme hasta el pueblo, Eduardo. Lástima que mi auto se quedó sin gasolina. Mañana voy a primera hora por él a la hacienda.
Eduardo: Tranquilo. Pasa por él cuando puedas. Pienso ir al bar y quedarme un rato allá. ¿Me acompañas?
Luis Enrique: ¿Otra vez vas a beber?
Eduardo: ¿Tú también me lo vas a reprochar?
Luis Enrique: Para nada. Es tu vida y si beber te calma, allá tú. Yo no soy quién para decirte lo que debes hacer.
Eduardo: Pero no puedo conducir borracho. Tendré que quedarme en un hotel hasta mañana a que se me pase la resaca por lo menos.
Luis Enrique: ¿Qué le vas a decir a tu mamá cuando te pregunte dónde pasaste la noche?
Eduardo: No sé y no quiero pensar en ella. Quiero olvidarme de todo por esta noche.
Luis Enrique: Yo que tú me andaría con cuidado, Eduardo. No vaya a ser que a doña Lucrecia le dé por quitarte todo para dárselo a tu hermano.
Eduardo: Manuel es un bueno para nada, mucho más que yo y no creo que mi madre sea tan poco inteligente para hacer algo como eso, además, no puede. Todo está a mi nombre y en el fondo ella sabe que no hay nadie mejor que yo para administrar el patrimonio de la familia.
Luis Enrique: Yo no me confiaría tanto. Tu madre es astuta y puede tener un as bien oculto bajo la manga.
Marissa corre sin parar por allí, pero empieza a sentirse desorientada y mareada al punto de que se cruza en la mitad del camino. Eduardo la ilumina con las luces delanteros y ambos hombres se sorprenden.
Luis Enrique: (asustado) ¡Eduardo, cuidado!
Marissa ve venir el auto en su dirección y se queda paraliza, pero Eduardo logra frenar a tiempo. La mujer alza el rostro empapado por el lodo y la lluvia cruzando miradas con él. Luis Enrique, por su parte, desencaja el rostro al reconocerla.
Luis Enrique: (impávido) No puede ser.
Eduardo: Creo que le hice daño.
Eduardo se baja del auto rápidamente en medio de la lluvia y se cubre el rostro con el brazo para no mojarse demasiado.
Eduardo: ¿Estás bien?
Marissa luce desconcertada. Ella y Eduardo se miran fijamente a los ojos durante varios segundos sintiendo una fuerte impresión que les invade.
Eduardo: Respóndeme. ¿Te hice algo?
Luis Enrique, por su parte, también se baja del auto. Marissa fija su mirada en él sin decir nada y una secuencia de recuerdos comienza a pasar por su cabeza. Parece que también lo ha reconocido y niega con la cabeza.
Marissa: ¡Tú, no…! ¡No!
Marissa se exalta y sale corriendo de allí a toda prisa adentrándose en el bosque.
Eduardo: ¡Oye! ¡Espera!
Luis Enrique: Voy por ella. Parece que está mal. Tú quédate aquí.
Luis Enrique sale corriendo detrás de Marissa y también se adentra en el bosque. La lluvia es torrencial, como si el cielo se hubiese roto.
CIUDAD DE MÉXICO
INT. / CASA DE LOS ESCALANTE, HABITACIÓN DE PABLO / NOCHE
Paralelamente, Pablo se encuentra en su habitación, recostado en la cama y hablando por celular con alguien a la distancia.

Pablo: Hace ya un mes que mi mamá desapareció. La policía no encontró su cuerpo y la dieron por muerta, pero en el fondo todavía tengo la esperanza de que está bien, ¿sabes?
VILLA ENCANTADA
INT. / HACIENDA DE LOS ROMÁN, HABITACIÓN DE MILENA / NOCHE
Milena es la otra persona con la que Pablo habla. Las escenas de ambos se intercalan al hablar.

Milena: Me pone muy mal escucharte tan triste. Es que, si tan solo pudiera viajar, iría hasta la capital para darte un abrazo.
Pablo: (sonriendo levemente) Gracias, Mile. Créeme que a mí también me encantaría tenerte aquí conmigo. Me he sentido muy solo, a veces siento que ya todo perdió sentido para mí desde que mi mamá no está.
Milena: Ay, no digas eso. Yo sé que donde esté tu mamá, ella solo quiere tu bienestar y verte feliz.
Pablo (sollozo) Para mí esa palabra ni siquiera existe. Todos me ven como un bicho raro. Por eso ni amigos tengo y sigo soltero. Tú has sido la única con la que he podido desahogarme y eso fue porque aceptaste ser mi amiga en una red social.
Milena: Pablo, aunque no te conozco en persona, sé que eres un chavo a todo dar y me has caído muy bien.
Pablo: ¿De verdad no te molesta que te llame o te escriba?
Milena: (sonriendo) Para nada y cada vez que necesites a alguien con quien hablar, aquí me tienes, así estemos lejos.
Pablo: Gracias por tu apoyo.
Milena: De nada y recuérdalo. Tienes que ser fuerte. Hazlo por tu mamá y por ti. Vas a ver que luego las cosas van a mejorar.
Pablo: Me gustaría que así fuera, pero no sé qué hacer. Me siento como una carga para mi papá y quisiera desligarme de él para no tener que depender de su dinero o más bien del dinero de mi mamá que él está administrando.
Milena: Tal vez te haga falta hablar con un abogado para que hagan una repartición de la lana y esas cosas, ¿no?
Pablo: Tienes razón. No lo había pensado. Ya ves que soy medio menso a veces.
Milena: (riendo) Para mí no. Tú eres muy inteligente y tienes muchas cualidades. Espero y más adelante tengamos oportunidad de conocernos.
Pablo: (sonriendo) Sí y me encantaría eso. Me dijiste que vives en Villa Encantada, ¿no?
Milena: Sí, no es un pueblo muy grande, pero es retebonito. Yo sé que si vienes te va a gustar.
Pablo: (pensativo) Hum, ahora que lo recuerdo, mi mamá venía de allá cuando tuvo el accidente en su coche.
Milena: (sorprendida) ¿De veras?
Pablo: Sí y no me había dado cuenta que esa noche, mi papá también estaba allá en un supuesto viaje de negocios. Los dos coincidieron en el mismo lugar.
Milena: Eso sí que está raro. ¿Crees que pudieron haberse visto?
Pablo: Sí, pero no estoy muy seguro. Me late que algo pasó entre ellos y ahí fue cuando ocurrió el accidente. Yo te conté que ellos no se llevaban bien y mi mamá estaba muy extraña esa noche. Recuerdo que hasta me pareció escucharla llorar en su cuarto.
Milena: (agobiada) ¿Y tú crees que tu papá haya tenido que ver con el accidente?
Pablo: De él me puedo esperar cualquier cosa.
Milena: Ay, Dios. Entonces, ¿qué piensas hacer?
Pablo: No sé, pero de lo que sí estoy seguro es que no me voy a quedar de brazos cruzados. Voy a investigar qué hubo detrás de ese accidente y ya se me está ocurriendo algo.
Pablo se queda pensativo. Milena lo escucha con atención.
EXT. / BOSQUE / NOCHE
Todavía continúa cayendo aquella misma fuerte tormenta en todo el pueblo. Marissa corre sin parar, pero en un momento dado, se tropieza con algo y cae, jadeando. De lejos escucha el eco de la voz de Luis Enrique llamándola.


Luis Enrique: ¡Marissa! ¡Marissa!
Marissa se esconde detrás de un árbol e intenta que él no la vea.
Luis Enrique: ¡Marissa, sé que estás cerca! (Gritando) ¡Tenemos que hablar, mujer! ¡Yo sé que eres tú!
Marissa se cubre la boca con las manos. Luis Enrique está muy cerca de ella y pasa por allí, pero no la ve.
Luis Enrique: Dime por qué te has estado escondiendo. ¿Qué pretendes? (Gritando furioso) ¡Tú deberías estar muerta! ¡Muerta pudriéndote en el infierno! ¿Me oyes?
Marissa hace silencio y un gran temor se apodera de ella al punto de que incluso tiembla.
Luis Enrique: ¡¡Marissa!!
Luis Enrique mira a su alrededor, pero sólo ve árboles y se resigna.
Luis Enrique: Donde quiera que estés, te voy a encontrar. ¿Me escuchaste? ¡Te voy a encontrar!
El hombre se va de allí y vuelve a la carretera. Marissa lo observa con cautela y al ver que se retira, suspira aliviada.
Marissa: (en un hilo de voz) Luis Enrique…
Marissa se pasa las manos por la cabeza.
Marissa: Puedo recordarlo. Él era el hombre con el que discutía antes del accidente.
Marissa rompe a llorar desesperada.
Marissa: Claro. Ahora lo recuerdo todo. Esa noche lo descubrí con su amante en la cama y ahí fue cuando salí y…
De forma fugaz, la mujer recuerda el momento exacto en el que iba conduciendo por la vía y se desvió para evitar ser golpeada por un camión que venía en la dirección contraria. Marissa gime adolorida y cada vez más desesperada.
Marissa: Debí haber obedecido a Danilo cuando me dijo que no saliera de la hacienda. Hubiera sido mejor así (Llorando). ¿Qué hago ahora?
Luis Enrique, por su parte, vuelve a la carretera. Eduardo lo espera dentro del auto y se sube empapado al asiento de copiloto.

Eduardo: ¿Qué pasó? ¿No la alcanzaste?
Luis Enrique: (un poco nervioso) No, no pude. La perdí de vista y se internó en el bosque, pero creo que está bien. Solo andaba asustada.
Eduardo: (pensativo) ¿Quién podrá ser? ¿Por qué anda en medio de la noche en esas fachas?
Luis Enrique: ¿Qué importa quién haya sido? Tal vez es una loca que vive en los bosques. ¿Qué no viste las fachas que traía?
Eduardo: (poco convencido) Sí. Tal vez…
Eduardo enciende el auto, pero sigue pensativo.
INT. / HACIENDA DE LOS ROMÁN, HABITACIÓN DE LISA / NOCHE

Lisa se encuentra acostada en su cama con su celular entre las manos revisando las redes sociales. Manuel entra con cautela a su habitación y cierra la puerta tras sí.


Manuel: Hola, sobrina.
Lisa: (cortante) ¿Qué quieres?
Manuel: Hace frío esta noche y no sé. Estaba pensando que sería rico bien sentir tu calor un rato. Hace varios días no me complaces, chiquita.
Lisa: Puedes irte por donde viniste porque hoy no estoy de humor. Me tratas como un objeto sexual y ya me estoy cansando de esa situación.
Manuel: (sarcástico) Tú también me has usado para calmar tus necesidades. Te recuerdo que la que se me insinuó desde un principio cuando cumpliste quince años fuiste tú y te me aparecías desnuda en la ducha pidiéndome que te hiciera mía. ¿Ya se te olvidó?
Lisa: Vete. Hoy simplemente no estoy para ti.
Manuel: ¿Qué pasa? ¿Ya no te gustan maduros como me decías en ese entonces?
Lisa: (furiosa) ¡Te estoy diciendo que te vayas! ¡Quiero estar sola! ¿Qué no lo entiendes?
Manuel: Está bien, está bien. Tranquilízate.
Manuel se sienta en la cama y comienza a acariciarle las piernas.
Manuel: Dime mejor qué te tiene tan estresada.
Lisa: (pensativa) Es por mi abuela. Me aceptaron en una agencia de modelaje en la capital y cuando fui para contárselo, la muy estúpida me aseguró que nunca podré ser modelo porque, según ella, no es un trabajo decente para una Román.
Manuel: Mi mamá siempre tan recatada. Tú ya deberías estar acostumbrada a su temperamento y a sus ideales. Para ella el apellido es lo más importante.
Lisa: ¡Pues no! Puede meterse sus ideales en donde quiera. Me enfurece que incluso me amenazara con convencer a mi papá de no darme el permiso para viajar.
Manuel: ¿Por qué no hacemos algo? Yo podría convencerla de que cambie de opinión.
Lisa: ¿De veras harías eso?
Manuel: Claro, mi amor (Acariciándole el rostro). Por ti hago lo que sea para que estés feliz. Tú eres mi sobrina, ¿no? Y en secreto, eres mi mujer.
Manuel besa impulsivamente a la joven. Ella le corresponde, pero luego se aparta.
Lisa: ¿Qué tengo que hacer? Porque sé muy bien que no lo harás de gratis.
Manuel sonríe con picardía y se queda en silencio. Lisa luce expectante frente a lo que le va a decir él.
INT. / HACIENDA DE LOS ROMÁN, COCINA / NOCHE
Danilo entra a la cocina por la puerta trasera en donde Casimira aguarda impacientemente. El joven llega empapado y jadeando bastante cansado.


Casimira: ¡Ay, mijo! ¿Qué pasó? ¿Lograste encontrarla?
Danilo: Nada, no pude. Fui al pueblo y recorrí el bosque, pero tú bien sabes que es inmenso y con esta lluvia siendo de noche se me hace imposible.
Casimira: Entonces, ¿qué vamos a hacer? La señora puede estar corriendo peligro. Ella no recuerda nada. Está confundida y algo malo le puede ocurrir por ahí.
Danilo: (desesperado) Lo sé, Casimira. Lo sé, pero no puedo hacer nada más. Créeme que yo ando más preocupado que tú y si algo malo le pasa, no me lo perdonaría. Ella es muy importante para mí.
Casimira: (mirándolo con los ojos entrecerrados) Dime algo, Danilo. ¿Te gusta ella?
Danilo: ¿Qué dices? (Dándole la espalda).
Casimira: No soy tonta. He notado cómo la miras y lo mucho que te preocupas por ella. Hasta tu habitación le cediste y prefieres dormir en las caballerizas para que esté cómoda. ¿Te enamoraste de ella?
Danilo: Bueno y si fue así, ¿qué? (Voltea a verla de nuevo). ¿Hay algo de malo?
Casimira: ¿Cómo puedes preguntar eso, muchacho? Pos claro que hay algo de malo. Tú no sabes quién es, ni cómo se llama, ni dónde viene. Es probable que esté casada y tenga una familia, además, no tiene tu edad.
Danilo: (serio) Como sea, no voy a hablar de eso contigo.
Cecilia entra a la cocina en ese momento y percibe que ambos discuten.

Cecilia: ¿Qué pasa? ¿De qué hablan?
Danilo y Casimira se quedan en silencio sin saber qué decir.
Cecilia: ¿Estás discutiendo con Casimira, hijo?
EXT. / BOSQUE / NOCHE
La lluvia ha cesado ya. Marissa, por su parte, sigue caminando en medio del bosque a paso lento, sintiéndose mareada y desorientada.

Marissa: ¿Dónde estoy? Llevo dando vueltas no sé desde hace cuánto…
Marissa se apoya en un árbol, pues cada vez se siente más débil.
Marissa: (gimiendo) Ah, no puedo más. Ya no aguanto, Dios mío…
En ese momento la mujer se desvanece de rodillas en el suelo y termina por desmayarse. Tarcisio merodea por allí, pues aquel terreno baldío hace parte de las hectáreas de la hacienda y alcanza a vislumbrar a Marissa a lo lejos yaciendo en el suelo.

Tarcisio: (extrañado) Esa parece que es una mujer. ¿Qué hace allá?
El capataz se dirige hacia allí y al llegar se encuentra con Marissa, quien está inconsciente. Tarcisio se inclina y la mueve.
Tarcisio: Oye, tú…
Tarcisio le pega unas palmadas suaves en la cara para que reaccione. Marissa abre levemente los ojos, pero se encuentra demasiado débil.
Marissa: Ayúdeme, por favor…
Marissa vuelve a cerrar los ojos y Tarcisio se incorpora sintiendo el impulso de dejarla allí tirada.
Tarcisio: No debería dejarla aquí. Después de todo, está en los predios de la hacienda.
Tarcisio guarda silencio mientras piensa detenidamente qué hacer, por lo que, al final, carga a Marissa entre sus brazos y se la lleva.
INT. / HACIENDA DE LOS ROMÁN, COCINA / NOCHE
Cecilia ha interrumpido a Danilo y a Casimira justo cuando estos estaban discutiendo sobre la repentina desaparición de Marissa.



Cecilia: ¿Y ahora? ¿Qué les pasó que se quedaron callados? ¿O acaso estaban hablando de algo que no debo saber?
Danilo: No es nada, mamá. Hablaba con ella de una amiga de la prepa que anda desaparecida y le prometí a su mamá que la ayudaría a buscarla (Miente).
Cecilia: (sorprendida) ¿Por eso llegas así todo mojado?
Danilo: Eh, sí. Casimira me regañaba por eso y me decía que me iba a dar un resfriado por menso, pero yo le decía que no era nada de lo qué preocuparse.
Casimira: Sí, Ceci. Ya ves tú estos muchachos tan necios que nunca oyen a sus mayores (Habla con cierto reproche).
Cecilia: Bueno, mejor no discutan que es tarde y tú, Danilo, ve a cambiarte esa ropa que Casimira tiene razón y te puede agarrar un catarro luego.
Danilo: Sí, a eso iba, ma’. Buenas noches.
Danilo besa en la frente a su madre y se retira.
Casimira: ¿Y tú qué haces despierta? ¿Qué no deberías estar durmiendo tú también o ya te vas a ver a escondidas con…?
Cecilia: (alertada) ¡Sh! ¡Cállate que te pueden oír!
Casimira: Entonces estoy en lo cierto. Te vas a ir a ver con tu amante (Mirándola con los ojos entrecerrados).
Cecilia: Luis Enrique no es mi amante. Te he dicho muchas veces que no le digas así.
Casimira: ¿Ah, no lo es? Entonces, ¿cómo llamas el hecho de que se hayan estado viendo a escondidas durante más de veinte años y que se lo ocultes a tus hijos?
Cecilia: Bueno, eso es porque ellos no pueden saber la verdad. Nunca le perdonarían si supieran que no vive en el extranjero, sino que mantuvo una farsa de matrimonio con otra mujer y que por eso no ha vivido con nosotros.
Casimira: Pues no sé tú, pero a ojos de cualquier persona, tú siempre serás la otra. Ese hombre ha estado casado legalmente con otra mujer, no contigo.
Cecilia: Pero es mi hombre. Conmigo tuvo dos hijos en cambio con ésa no tuvo ninguno. Hasta tuvieron que adoptar.
Casimira: ¿Y de qué te ha servido eso? Tú solo has recibido las sobras de ese dichoso trato que hicieron cuando él se casó. ¿Tú crees que lo hicieron está bien?
Cecilia: (fastidiada) Ay, mira. No tengo tiempo para tus estúpidos sermones de siempre. Mejor me voy a dormir.
Cecilia sale de la cocina. Casimira se cruza de brazos y niega con la cabeza.
INT. / HACIENDA DE LOS ROMÁN, HABITACIÓN DE EDUARDO / AL DÍA SIGUIENTE

Es un nuevo día particularmente veraniego en el pueblo a pesar de la fuerte lluvia que cayó la noche anterior. Eduardo entra a su habitación sintiendo un fuerte dolor de cabeza y se tumba sobre la cama. Lucrecia entra tras él.


Lucrecia: (muy seria) ¿Puedo saber por qué llegas a esta hora de la mañana? ¿Dónde carajos pasaste la noche, Eduardo?
Eduardo: Tengo mucha resaca, mamá. Más tarde hablamos.
Lucrecia: (riendo incrédula) Esto es de no creer. ¿Cómo tienes la desfachatez de decirme eso después de todo? Hasta la vergüenza has perdido.
Eduardo: (cubriéndose los ojos) ¿Terminaste?
Lucrecia: Te advierto algo. Si no empiezas a buscarle una solución a los problemas económicos en los que tú nos metiste, tendré que hablar con mi abogado para quitártelo todo.
Eduardo se sienta en la cama y mira también muy serio a su madre.
Eduardo: Todo está a mi nombre, la hacienda, los terrenos, los negocios. ¿De verdad crees que puedes hacer eso?
Lucrecia: Tiéntame. Puedo levantar una demanda formal en tu contra para que todo me sea devuelto a mí y nombrar a Manuel como mi apoderado.
Eduardo: Manuel nunca sería capaz de recuperar el patrimonio de la familia. Es un inútil. Él sí terminaría por perderlo todo de la noche a la mañana.
Lucrecia: Tú ya no te diferencias mucho de él. Manuel es ávido y astuto. Tiene el potencial en cuanto a ti, ya no queda ni la sombra de lo que eras antes de la muerte de Helena. Estás advertido.
Lucrecia sale de la habitación tirando un portazo. Eduardo se aturde un poco por el sonido y suspira frustrado.
INT. / HACIENDA DE LOS ROMÁN, PASILLOS DEL PRIMER PISO / DÍA
Cecilia se encuentra en un pasillo apartado de la hacienda, ubicado en el primer piso. La mujer atiende una llamada en su celular sin percatarse de que es espiada en secreto por Milena.


Cecilia: (contestando) ¿Qué pasa, Luis Enrique? ¿Por qué me llamas cuando sabes que estoy trabajando?
INT. / DEPARTAMENTO DE LUIS ENRIQUE / DIA
Luis Enrique está al otro lado de la línea también hablando por celular en el departamento que recientemente compró. Las escenas de ambos se intercalan al hablar.

Luis Enrique: Tenemos que hablar. Ocurrió algo y tengo que pedirte un favor.
Cecilia: (extrañada) ¿De qué se trata?
Luis Enrique: Aquí en el departamento te explico. Ven ya mismo y no te tardes.
Luis Enrique cuelga el celular súbitamente dejando extrañada a Cecilia. Milena sale de su escondiste y la encara antes de que se vaya.
Milena: ¿Para dónde vas, mamá?
Cecilia: Eh, voy a salir. Tengo un asuntito que atender en el pueblo y ya regreso.
Milena: Pensé que hablabas con mi papá. Oí muy bien cuando te referías a él como Luis Enrique.
Cecilia: (molesta) ¿Me estabas espiando? ¿Qué no te he enseñado a no andar escuchando conversaciones ajenas?
Milena: ¿Y por qué te pones así? Parece como si estuvieras ocultando algo.
Cecilia: ¿Qué podría estar ocultando? Mejor vete para tu trabajo y no me andes cuestionando.
Cecilia se retira de allí y Milena se queda mirándola con suspicacia.
EXT. / PLAZA PRINCIPAL DE VILLA ENCANTADA / DÍA

Entretanto, Pablo ha llegado al pueblo y sale de la terminal de autobuses. El joven arrastra su maleta y tiene en sus manos un pedazo de papel.

Pablo: (pensativo) Voy a descubrir qué estás ocultando, papá. Aquí tengo la dirección del departamento que compraste que averigüé directamente en la inmobiliaria.
Pablo para un pequeño auto parecido a un taxi y se sube en los asientos de atrás. Luego de hacerlo, le entrega al conductor el papel que tenía en las manos.
Pablo: Lléveme a esta dirección, señor, por favor.
INT. / HACIENDA DE LOS ROMÁN, HABITACIÓN DE TARCISIO / DÍA

Tarcisio sale del baño de su habitación luego de haberse duchado, cubriendo su cuerpo con una toalla del torso para abajo. En su cama se encuentra Marissa durmiendo plácidamente y ajena a la mirada lasciva del hombre quien clava sus ojos en las piernas descubiertas de ella.


Tarcisio: La mugrosa que encontré en los predios de la hacienda no está nada mal.
El capataz se sienta en la cama y no duda en pasar su mano por una de las piernas de Marissa.
Tarcisio: Hasta tiene la piel tersa como me gusta, ja, ja, ja. ¿Quién diría que me iba a encontrar con un angelito como éste, ah?
Tarcisio se inclina y le acaricia con delicadeza las mejillas sin despegarle la mirada.
Tarcisio: Y hace tanto que no estoy con ninguna mujer que bien podría hacerla mía en este momento.
Tarcisio no se da a la espera y le roba un beso en los labios. Marissa abre los ojos poco a poco en ese momento y al percatarse se aparta asustada.
Marissa: ¿Quién es usted?
Tarcisio se sorprende al ver que ella ha recuperado la consciencia.
Marissa: (alterada) ¿Qué pensaba hacerme?
Tarcisio la mira de arriba hacia abajo con una cierta sonrisa burlona.
INT. / DEPARTAMENTO DE LUIS ENRIQUE, DORMITORIO / DÍA
Luis Enrique acaba de tener un encuentro íntimo con Cecilia. Los dos amantes respiran agitados al tiempo que sudan y se cubren con las sábanas.


Cecilia: (sonriendo satisfecha) ¿Para esto me querías ver?
Cecilia se recuesta sobre el pecho de Luis Enrique quien se ve pensativo.
Luis Enrique: Quería olvidarme por un momento del mundo contigo y de un trago bien amargo que pasé anoche después de que salí de la hacienda.
Cecilia: (extrañada) ¿Qué quieres decir? ¿Cómo que un trago amargo, mi amor?
Luis Enrique: Cecilia, anoche iba en el auto con Eduardo, tu patrón y él por poco atropella una mujer.
Cecilia: (riendo) Pero no la atropelló. Dijiste que “por poco”. ¿Era esa tontería lo que te tenía tan mortificado? (Besándolo en los labios).
Luis Enrique: El problema no es si la atropelló o no. Esa no era cualquier mujer. Era Marissa.
Cecilia se exalta al escucharlo y se sienta en la cama cubriéndose el busto con la sábana.
Cecilia: ¿Me estás hablando en serio?
Luis Enrique: Por supuesto. Era ella. La muy imbécil está viva y la reconocí de inmediato. Andaba como una loca pordiosera por el bosque, sucia, llena de lodo, pero era ella.
Cecilia: (pensativa) No puede ser. Se supone que se había muerto en el accidente. Tú me dijiste que…
Luis Enrique: (interrumpiéndola) Yo sé muy bien lo que te dije, pero eso fue lo que pensamos todos, incluso la policía. Marissa está viva y es un hecho que todo este tiempo se escondió aquí en Villa Encantada.
Cecilia: (molesta) Maldita sea. Qué suerte tuvo para salir bien librada. Cuando pensé que por fin me había deshecho de ella, llega y aparece como si nada.
Luis Enrique: (extrañada) ¿Qué quieres decir? Hablas como si hubieras tenido algo que ver con el accidente.
Cecilia: Claro que no, Luis Enrique. ¿Cómo crees? Me refiero a que creí que todo iba a ser diferente con ella muerta sin que fuera un estorbo en nuestras vidas nunca más.
Luis Enrique: Pues eso es lo que tenía para decirte. Con razón nunca encontraron su cuerpo en el río ni en ninguna parte. Está viva, ¿y sabes lo que significa eso?
Cecilia: Claro, sigues casado con ella. Tienes que hacer algo. No podemos permitir que interfiera entre nosotros. Tú eres mío y no me quiero hacer a la idea de compartirte de nuevo con ella.
Luis Enrique: ¿Crees que Marissa seguiría casada conmigo después de que se enteró que tú y yo somos amantes y que para colmo tenemos dos hijos?
Cecilia: Entonces piensa en una estrategia para quitarle todo antes de que aparezca para reclamarte. Debes dejarla en la calle sin un peso.
De repente, tocan la puerta del departamento. Los dos se miran extrañados.
Cecilia: ¿Estás esperando a alguien?
Luis Enrique: (extrañado) No, pero quédate aquí. Iré a ver quién es.
Luis Enrique busca su ropa interior para ponérsela y luego se pone una bata. El hombre sale del dormitorio para dirigirse a abrir y Cecilia se queda mirándolo con suspicacia.
Luis Enrique: ¡Ya voy, hombre! Un momento.
La puerta sigue siendo tocada. Luis Enrique abre y se encuentra en primer plano con Pablo, quien lo mira muy serio.

Luis Enrique: (sorprendido) ¡Pablo!
El joven entra al departamento sin mediar palabra ni pedir permiso. Luis Enrique cierra la puerta.
Luis Enrique: ¿Qué estás haciendo aquí? ¿Cómo me encontraste?
Pablo: Vine para que hablemos de hombre a hombre y para que me expliques qué fue lo que le hiciste a mi mamá, así que empieza a hablar.
Pablo mira decidido a su padre adoptivo, quien no sabe qué decir.
CONTINUARÁ…
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