Capítulo 38: Gran confusión

CIUDAD DE MÉXICO

INT. / CASA DE LOS ESCALANTE, ESTUDIO / NOCHE


Marissa se encuentra hablando por teléfono sentada frente al escritorio.



Marissa: Sí, licenciado, se lo agradecería mucho (Pausa). Claro que sí. Espero que pueda conseguir alguna información al respecto. De verdad me urge averiguar si es cierto o sólo se trata de una treta de mi exesposo para indisponerse (Pausa).

Tocan la puerta. Marissa cubre un poco el altavoz del teléfono.

Marissa: Sí, adelante.

La empleada de servicio doméstico entra. Marissa sigue hablando.

Marissa: Perfecto. Quedamos así, licenciado. Gracias de nuevo y disculpe la hora (Pausa). Muy bien. Hasta luego.

Marissa cuelga la llamada y pone el teléfono en el escritorio.

Marissa: Dime, Rosita.

Empleada: Disculpe que la haya interrumpido, señora. Venía para notificarle que hay alguien que la busca y me dice que necesita hablar urgentemente con usted.

Marissa: (seria) Si es Luis Enrique, ni lo dejes pasar. Dile que no quiero hablar con él.

Danilo hace aparición en ese preciso instante.



Danilo: No, señora. Soy yo.

Marissa se impresiona al verlo. El muchacho sólo le sonríe y baja con timidez la cabeza por haberse presentado de improviso.

INT. / BAR / NOCHE

Luis Enrique bebe algo de licor en la barra. Parece algo ebrio ya y ve con lascivia a dos mujeres a lo lejos que le sonríen de manera muy sensual.



Luis Enrique: Esta noche como que voy por partida doble. Va a ser como tener a Marissa y a Cecilia en mi cama a la misma vez.

El hombre sonríe de forma muy pervertida, pero de repente, recibe una llamada y ve en la pantalla de su celular de quién se trata.

Luis Enrique: (contestando fastidiado) ¿Qué quieres ahora, Carolina? Estoy ocupado.

VILLA ENCANTADA

INT. / HOTEL, HABITACIÓN / NOCHE


Carolina, en efecto, es la persona al otro lado de la línea. Está en bata y escucha la fuerte música del bar de fondo. Las escenas de ambos se intercalan al hablar.



Carolina: (incrédula) ¿Ocupado dices? No parece.

Luis Enrique: No me molestes. Soy un hombre y necesito salir a divertirme de vez en cuando.

Carolina: Nuestros objetivos son mucho más importantes que tu diversión, “mi querido hermano” (Dice en tono sarcástico).

Luis Enrique: Bueno, ya está. Habla. ¿Para qué llamas si ya quedamos en algo?

Carolina: Pues ni tanto. Te dije que me llamaras para contarme en qué vas y ni eso hiciste.

Luis Enrique: No hay mucho qué contar. Como me dijiste ayer cuando fuiste a mi departamento, Marissa decidió romper su compromiso con Eduardo.

Carolina: (interesada) ¿De verdad? ¿Ella te lo confirmó?

Luis Enrique: Algo así. Regresó a la ciudad y por lo que me alcanzó a decir, ahora se siente libre y no necesita del amor de ningún hombre para ser feliz la muy patética (Bebe un sorbo de licor).

Carolina: Vaya que sí es patética mi queridísima otra hermana. Es el discurso trillado de toda mujer fracasada. Bueno, ¿y cómo hablaste con ella? ¿Que acaso tú…?

Luis Enrique: Efectivamente. Estoy en el DF. Me imaginé que Marissa vendría para acá después de saber que Eduardo te embarazó y para mi suerte, acerté. Me la encontré justo en la casa donde solíamos vivir.

Carolina: Sí que tienes instinto de sabueso.

Luis Enrique: ¿Dudabas de mis capacidades después de todo lo que has visto de mí?

Carolina: Para nada. Yo sé muy bien que tengo por hermano a un genio y es por eso que también te llamo. Hay algo que pasó y si no somos cuidadosos, puede complicarnos todo.

Luis Enrique: ¿Qué cosa?

Carolina: Eduardo descubrió que lo drogué para acostarme con él.

Luis Enrique se echa a reír a carcajadas.

Luis Enrique: No me digas. No te duró nada tu teatro barato.

Carolina: Esto es serio, Luis Enrique. Tal parece que Eduardo nunca me creyó y fue al restaurante donde cenamos esa noche para revisar las cámaras de seguridad.

Luis Enrique: Nada mal para venir de un ingenuo y un estúpido como él al que siempre todo el mundo manipuló.

Carolina: Esta vez es diferente. Me corrió de la hacienda y ya no quiere saber nada más de mí. ¿Te das cuenta?

Luis Enrique: Si Eduardo te saca de su vida, es tu problema. Te lo dije también ayer. No tengo que ver en tus asuntos amorosos con ese monigote.

Carolina: Esto también te afecta a ti. Eduardo perfectamente podría buscar a Marissa para aclarar todo el malentendido y podrían volver a estar juntos.

Luis Enrique: Eso si yo lo permito. Marissa legalmente sigue siendo mi esposa.

Carolina: (confundida) ¿Tu esposa? ¿De qué hablas si ya te divorciaste de ella?

Luis Enrique: Me dijiste hace un momento que era un genio, ¿no? Y tanto como un genio, no lo creo, pero sí soy un profesional del engaño.

Luis Enrique torna su mirada a una oscura y siniestra.

Carolina: (extrañada) ¿Qué hiciste que no estoy enterada?

Luis Enrique: Mi divorcio sólo fue un montaje que organicé para hacerle pensar a Marissa que la había dejado libre, pero no. Quería esperar el momento en que se casara con Eduardo para acusarla de bígama y así sus propiedades hubieran pasado a ser mías.

Carolina: Qué bien te lo tenías guardado. No me lo esperaba a decir verdad.

Luis Enrique: ¿Viste? No hay situación que se me salga de las manos y pienso usar esto para recuperarla. Llevo las de ganar como puedes ver.

Carolina: Marissa podría demandarte y te meterías en un pleito legal con ella si te niegas a darle el divorcio. ¿Qué ganarías con eso?

Luis Enrique: Tiempo para reconquistarla y mostrarle que soy un hombre nuevo que sólo quiere recuperar su matrimonio en crisis.

Carolina: Yo no estoy tan segura de que eso funcione. Eduardo seguirá siendo una piedra en el zapato para ti si se reivindica con Marissa mientras que tú la engañaste por años. ¿A quién crees que ella preferirá de los dos?

Luis Enrique: Ya algo se me ocurrirá para deshacerme de Eduardo y hacerlo quedar como el peor de los tipejos. Después de todo, él sólo quiere casarse con Marissa por interés.

Luis Enrique recuerda aquella vez que se citó con Manuel en un restaurante, justo el día después de la llegada de María Helena a Villa Encantada.

FLASHBACK



Luis Enrique: Lo que quiere decir que estoy en lo cierto. Eduardo sólo está utilizando a Marissa.

Manuel: No te lo voy a negar. Da igual y no tiene caso. Él ve en ella a una segunda Helena para salvarse de la crisis por la que estamos pasando, con la diferencia de que esta vez está muy consciente de lo que hace y de las intenciones que tiene. La primera vez fue un tonto enamorado.

Luis Enrique: Me lo debí haber imaginado. Eso es lo que siempre ha pretendido. Él no la ama en verdad.

FIN DEL FLASHBACK

Luis Enrique deja de contarle a Carolina lo que acaba de recordar.

Luis Enrique: Nada más estoy esperando que el imbécil ese me envíe la grabación que le pedí en donde Eduardo confiese que sólo desea a Marissa para recuperarse de la quiebra y ya está. Como ves, lo tengo todo bajo control y fríamente calculado.

Carolina: ¿Y qué me dirías si te digo que yo ya tengo esa dichosa grabación en mi poder?

Luis Enrique: (extrañado) ¿Qué quieres decir?

Carolina: Manuel también habló conmigo al respecto y me enseñó la grabación. Incluso me la envió. Él quiere que sea yo la que me case con Eduardo y no Marissa, supongo porque sabe que tengo más dinero que ella.

Luis Enrique: ¡Desgraciado! (Pega un puño a la barra) Entonces ya la tenía y no me la había enviado. Está jugándome doble.

Carolina: Manuel no quería ni a su propia madre. ¿Qué te hizo pensar que podías tenerlo como tu lavaperros o confiar en él?

Luis Enrique: Bueno, ya da igual. Lo importante es que tú la tienes y supongo que puedo contar contigo para que me la envíes.

Carolina: No tienes ni qué decirlo. Los dos hacemos un equipo maravilloso y nos necesitamos entre sí como siempre debió ser.

Luis Enrique en el bar, es abordado por las dos mujeres que hacía rato estaba viendo. Él las ve fascinado.

Luis Enrique: Bueno, te dejo. Envíame la grabación en cuanto antes para no perder el tiempo y te mantengo informada.

Carolina: Eso espero. No me hagas tener que llamarte de nuevo.

Luis Enrique cuelga la llamada.

Luis Enrique: Buenas noches, señoritas.

Cada una de las chicas se sienta a su lado y no dejan de sonreírle de manera muy sensual. Una le acaricia el cabello y la otra se atreve a ponerle la mano en la pierna.

Luis Enrique: ¿Les apetece tomar algo?

Carolina, por su parte, también ha colgado la llamada.

Carolina: Espero que Luis Enrique use bien la grabación. Marissa y Eduardo no pueden estar juntos; no pueden después de lo lejos que he llegado para estar con él.

La mujer se queda pensativa durante algunos y reacciona al recordar algo.

Carolina: ¡La prueba! Ya se me estaba olvidando.

Carolina se dirige al baño que incluye su habitación de hotel y toma una prueba de embarazo, sin embargo, se desanima al ver que es negativa.

Carolina: (negando con la cabeza) No puede ser. Debe ser un error. Estoy segura de que estoy embarazada. Estaba en mis días. Eduardo tuvo que haberme hecho un hijo.

Carolina tira la prueba por el retrete y baja la tapa sintiéndose frustrada.

Carolina: Debo hacerme un examen médico para estar segura. Tengo que estar embarazada. ¡Tengo que estarlo!

Carolina intenta tranquilizarse y se mira en el espejo mientras acaricia su vientre.

VILLA ENCANTADA



INT. / HACIENDA DE LOS ROMÁN / NOCHE

Es tarde y la mayoría de las luces de la hacienda se encuentran apagadas. María Helena entra con sigilo a su habitación intentando hacer el menor ruido posible. Una vez lo hace, cierra la puerta y se dirige con prontitud al baño en donde se lava las manos desenfrenadamente.



María Helena: Tengo que salir de aquí. En cuanto lo descubran van a saber que yo lo maté y me van a meter al bote por quién sabe cuántos años y no… Eso no… No lo puedo permitir. No puedo dejar a mi mamá sola.

María Helena aprovecha para lavarse la cara, pero en cuanto levanta la cabeza, ve en el reflejo del espejo a Manuel sonriéndole de manera burlona.



Manuel: ¿Estás contenta ahora que por fin te deshiciste de mí, Malenita?

Exaltada, la joven se da la vuelta y se percata de que sólo era una visión.

María Helena: Desgraciado… (Rompe a llorar) Esto es tu culpa. Tú me obligaste. Yo no quería y tú me forzaste a hacerlo. ¡Es tu culpa!

María Helena se derrumba en el piso llorando muy asustada y aún sin dar crédito a lo que vivió. Intenta hacer memoria y sólo logra recordar una parte de lo sucedido.

FLASHBACK

Manuel: Voy a demostrarte que lo que necesitas es un hombre de verdad que te domine, Malenita. Vas a pedirme tanto como me lo pedía Lisa.

María Helena niega con la cabeza negándose a besarlo y se revuelve.

María Helena: ¡No, por favor! ¡Se lo suplico, señor! ¡Deténgase!

Manuel: ¡Ya, no te muevas!

María Helena, dispuesta a evitar tal vejación, le pega una patada en los genitales a Manuel. Éste grita adolorido y la libera, por lo que ella intenta salir corriendo nuevamente.

FIN DEL FLASHBACK

María Helena: ¿En qué momento? ¿En qué momento lo hice? ¿En qué momento lo maté?

La joven continúa esforzándose y sólo llegan las imágenes del forcejeo.

FLASHBACK

Manuel la alcanza jalándola del pelo.

María Helena: (gritando desgarrada) ¡Déjeme!

Manuel: ¡Tú lo quisiste por las malas!

Manuel pierde la paciencia y todavía teniéndola agarrada de la cabellera, la entra a la fuerza al cobertizo.

María Helena: (llorando) ¡Por lo que más quiera, don Manuel! Haré lo que me pida. ¡Por favor!

Manuel: ¿Ah, sí? ¿Harás lo que yo quiera? ¿Qué me dirías entonces si te digo que esto es justo lo que quiero, estúpida?

Manuel la lanza brutalmente al piso y, en el acto, la joven se golpea la frente contra una mesa. María Helena cae inconsciente.

FIN DEL FLASHBACK

María Helena: ¿Y si no lo maté? ¿Y si no fui yo? Porque entonces lo recordaría, pero todo pasó tan rápido que ya ni sé. A lo mejor sí lo hice, pero de la impresión y el golpe que me di no lo recuerdo.

María Helena llora y se agarra incluso del cabello, pero es inútil y no tiene más memoria.

María Helena: ¡Dios mío! ¿Qué voy a hacer? Dime qué voy a hacer (Repite desesperada). Ayúdame a recordarlo.

La joven sólo sigue llorando en el piso, impotente y sin saber qué camino tomar.

CIUDAD DE MÉXICO

INT. / CASA DE LOS ESCALANTE, SALA / NOCHE


Entretanto, la empleada de servicio doméstico termina de servirles a Marissa y a Danilo un poco de té.



Marissa: Gracias, Rosita. Puedes retirarte ya a descansar.

Empleada: ¿No se les ofrece nada más?

Marissa: No creo. Con el té es suficiente. Mejor ve a dormir que ya es algo tarde.

Empleada: Está bien. Entonces los dejo a solas. Buenas noches.

Marissa y Danilo: (al unísono) Buenas noches.

La empleada se retira. Marissa y Danilo se quedan a solas. Él bebe un poco de té y pone la taza sobre la mesa.

Marissa: De verdad que no me esperaba tu visita, Danilo. Todavía estoy muy impresionada de que estés aquí frente a mí en mi casa y a esta hora. ¿Ocurrió algo en Villa Encantada? ¿Pasó algo con Pablo? (Se angustia).

Danilo: No, señora. Todo anda bien. Quise venir porque no podía quedarme en el pueblo tan campante sabiendo que usted se había ido después de lo duro que fui la última vez.

Marissa: ¿Viniste sólo por eso? Porque si es así, no tenías que hacerlo. El haberme ido no fue por ti.

Danilo: Yo sé. Lo hizo porque ya no se va a casar con Eduardo, ¿no es así?

Marissa: ¿Pablo te lo dijo?

Danilo: (asentando) Sí.

Marissa: Me lo imaginé como también me imagino que él fue quien te dio dinero para viajar. ¿O me equivoco?

Danilo: Yo se lo pienso pagar. Le dije a él que es un préstamo.

Marissa: No se trata de si le vas a pagar o no el dinero. Es el hecho de que hayas venido a una ciudad tan grande, solo y por primera vez. ¿Qué tal si te hubiera pasado algo?

Danilo: (sonriéndole) Me parece que ya estoy muy grandecito como para no saber cuidarme solo, ¿no cree?

Marissa: La edad no importa. Nadie está exento de que alguna mala cosa le pase. A eso me refiero y tú nunca habías venido a una ciudad tan grande. Te habrías podido perder.

Danilo: Pero no fue así y lo importante es que estoy aquí por fin para pedirle que me perdone por haberla tratado tan mal la última vez que hablamos.

Marissa: (sonriéndole) No hace falta, Danilo. Entiendo que lo sucedido con tu mamá no fue fácil. Tuviste una reacción completamente natural.

Danilo: Claro que hace falta porque dije cosas muy hirientes que ahorita me pesan un montón y no se las merecía, no usted que es la mujer que más he amado en mi vida, señora.

Marissa hace una breve pausa y bebe un poco de té.

Marissa: ¿Qué te puedo decir? Hemos hablado tanto de lo mismo que ya siento que no tengo más palabras para…

Danilo: (interrumpiéndola) Tranquila. No me tiene que decir nada. Ya no pienso seguirme lamentando. Esta vez es muy distinto y he ahí el por qué hice este viaje.

Marissa: (confundida) ¿A qué te refieres?

Danilo se inclina un poco hacia adelante y, sin dejar de mirarla muy enamorado a los ojos, se atreve a tomarla de las manos.

Danilo: Quiero decir que esta vez voy a luchar por ganarme su amor, señora.

Marissa se sorprende al escucharlo.

Danilo: Voy a hacer todo lo que esté a mi alcance para que aprenda a quererme y no como un hijo como ya usted me lo ha dejado ver antes, sino como hombre.

Marissa: (incómoda) Danilo, escucha, yo…

Danila: Esta vez va a ser diferente y no le voy a insistir o a llorar como menso. Voy a hacer que las cosas sean muy diferentes y si me permite (Le acaricia el rostro con delicadeza) me voy a esforzar en ser el indicado para usted, el que sane todas esas heridas que ya le han causado.

Marissa no puede evitar estremecerse ante tales palabras. Danilo sólo le sonríe con ternura y se pone de pie.

Danilo: Y ya me voy. Nada más quería venir primero a su casa para serle muy directo y que sepa mis intenciones, pero no la importuno más que ha de estar cansada.

Marissa: (levantándose) Espera. No te puedo dejar ir así sin que me digas en dónde te vas a hospedar.

Danilo: No sé. Pensaba buscar un hostal o algo barato mientras.

Marissa: ¿Por qué no…? (Dudosa) ¿Por qué no te quedas y ya mañana buscas otro sitio? Es muy tarde y no se me hace seguro que andes por ahí afuera. No debes conocer mucho.

Danilo: No hace falta, no se preocupe. Voy a estar bien.

Marissa: (poco convencida) ¿Estás seguro?

Danilo: (asentando) Sí. Usted esté tranquila y mejor váyase a descansar. Yo me las puedo arreglar sin problema.

Danilo se retira dejando a Marissa muy consternada, pero justo un paso antes de salir de la sala se detiene.

Danilo: ¡Ah! Y algo más… Sobre la oferta de trabajo que me hizo una vez le quería preguntar… ¿Todavía necesita un asistente o ya tiene alguien para el puesto?

Marissa: ¿Por qué lo preguntas? ¿Te interesa?

Danilo: ¿Por qué no? La mera verdad es que sí me gustaría harto trabajar para usted. Nada más dígame cuando empiezo y aquí estaré.

Marissa: Ven mañana entonces y hablamos mejor al respecto.

Danilo: Como usted diga. Buenas noches. Cuídese mucho.

Danilo se va finalmente sin dejar de sonreír tranquilamente y con una actitud diferente a la que solía tomar antes al sentirse rechazado por Marissa. Ella sólo se queda pensativa sin saber cómo reaccionar y se asoma por la ventana.

Marissa: Tú también cuídate mucho, Danilo. Mucho, mucho…

Marissa lo ve irse aún consternada por la conversación.

VILLA ENCANTADA

INT. / HACIENDA DE LOS ROMÁN, COCINA / NOCHE


María Helena aprovecha que es tarde y la oscuridad de la hacienda para huir. Carga un pequeño bolso en la espalda y se dirige a la cocina con la intención de salir por ese lado.



María Helena: Me debo pintar de aquí. No me puedo quedar un minuto más o me van a cachar.

Con prontitud, la chica entra a la cocina y justo cuando pone la mano en el picaporte de la puerta trasera alguien prende la luz y la detiene llamándola por su nombre.



Eduardo: ¿María Helena?

La joven se exalta y se queda paralizada. En efecto, Eduardo está justo en el umbral de la entrada de la cocina. Tiene el torso descubierto y sólo usa un pantalón como pijama. María Helena, por su parte, traga saliva y sin quitar la mano del picaporte, siente el impulso de salir corriendo.

Eduardo: (extrañado) ¿Vas a algún lado?

María Helena no responde y cierra los ojos fuertemente.

Eduardo: ¿María Helena?

María Helena se da despacio la vuelta para encararlo e intenta contener los nervios que la invaden.

María Helena: (balbuceando) Bue… Buenas noches, don Eduardo.

Eduardo: ¿Estás bien? Te noto pálida.

María Helena: Lo que pasa es que… (Hace una pausa) Me sentí un poco mareada y quería salir a tomar un poco de aire, nada más.

Eduardo: ¿Estás segura? ¿Por qué traes un bolso entonces? Parece que fueras para lejos.

Maria Helena: Ah, el bolso. Bueno, es que… Llevo ahí mi teléfono y un poco de agua, usted sabe, por si me da sed. Últimamente ha hecho reteharto calor y por eso me sofoqué y me mareé. ¿Quién sabe?

Eduardo: Me imagino. Estamos en la época más calurosa del año y a ti que vienes de la ciudad ha de afectarte más el cambio de clima.

María Helena: (incómoda) Ni que lo diga.

Eduardo: ¿Cómo seguiste del esguince, por cierto? Ayer tuve tantas cosas en la cabeza que ni pasé por tu cuarto a preguntarte cómo estabas. Perdóname.

María Helena: No se preocupe. Estoy bien. Me tomé la medicina que me recetó el doc y ya la inflamación está pasando.

Eduardo: Me alegra. También tengo pendiente hacer el pago de la cirugía de tu mamá. No vayas a creer que lo olvidé. Es solo que he tenido mil y un problemas.

María Helena: Supongo que por eso no podía dormir.

Eduardo: Supones bien. Vine justo por un vaso de agua.

Eduardo toma un vaso y se sirve agua de un dispensador para luego beber.

Eduardo: Estaba dando vueltas en la cama pensando en todos los problemas que ha habido últimamente con Marissa y Carolina, más las dificultades financieras de la hacienda y no es fácil, ¿sabes? En ocasiones me siento con ganas de tirar la toalla.

María Helena: Usted es un hombre muy fuerte por lo que he podido conocer. Yo sé que con un tantito más de paciencia todo se va a solucionar.

Eduardo: Eso espero. No quiero volver a caer en el alcohol como lo hice justo después de la muerte de Helena.

María Helena: ¿Usted la amaba mucho?

Eduardo mira al vacío recordando con nostalgia.

Eduardo: Como no tienes idea. Pensé tener la familia perfecta, la que con todo hombre soñaría, pero qué va. Helena resultó ser una completa desconocida, mi mamá una manipuladora, mi hermano un ambicioso…

María Helena baja la mirada al escuchar la referencia a Manuel.

Eduardo: Mientras que la que creí que era mi hija se desquició e hizo cosas horribles llevada por esa obsesión enfermiza que sintió por mí.

María Helena: Entonces, ¿es cierto que usted y ella…?

Eduardo: Si quieres saber la verdad, desgraciadamente sí. Me acosté con ella (Baja avergonzado la cabeza).

María Helena se sorprende levemente al confirmar dicha información. Eduardo nota la sorpresa de la chica y la mira con los ojos destrozados.

Eduardo. Pero te ruego que no pienses mal de mí. Mi alcoholismo en ese entonces me encegueció por completo y no sabía lo que hacía, pero te juro que jamás tomé a Lisa como amante. Jamás…

Eduardo no puede evitar ponerse sollozo sintiéndose aún afectado al recordar.

Eduardo: Era mi hija y así no fuera su verdadero padre, seguía viéndola como tal. Nunca hubiera podido verla de otra manera.

María Helena lo mira con algo de pena.

Eduardo: Lástima que no la pude ayudar a tiempo y terminó como terminó, pero al menos me da algo de esperanza tenerte a ti que eres su hermana.

María Helena no sabe qué decir ante ello.

Eduardo: Como ya te dije antes, no me importa si la prueba de sangre arroja que no soy tu padre. Tenerte aquí y ganarme tu cariño sería más que suficiente para mí, María Helena (Esboza una sonrisa). Espero que podamos compartir mucho más tiempo juntos.

María Helena: Ay, don Eduardo, yo…

María Helena rompe a llorar, pero se contiene y se cubre la boca con una de las manos.

Eduardo: ¿Qué te ocurre?

María Helena: Es que yo… Yo hice algo muy malo.

Eduardo: No te entiendo. ¿De qué estás hablando?

María Helena respira hondo intentando tomar la valentía de decirle a Eduardo lo que le ocurrió cuando, de repente, ambos son interrumpidos por una llamada al celular de él.

Eduardo: Es de madrugada. ¿Quién podrá ser?

Eduardo toma el celular, pero ve en la pantalla que es un número desconocido y se extraña.

Eduardo: Dame un momento. Debe tratarse de alguna equivocación (Contesta). ¿Sí? ¿Bueno?

María Helena siente que un gran vacío la invade porque cree saber de qué tipo de llamada se trata.

Eduardo: (impactado) ¿Es una broma? (Pausa) Carajo, no puede ser. ¿Dónde lo encontraron? ¿Cómo pasó?

La joven escucha aterrada confirmando su mayor miedo y es que al parecer han llamado a Eduardo para notificarle del asesinato de Manuel. El terror que siente es tanto que comienza a respirar agitada.

Eduardo: Está bien (Cierra los ojos y traga saliva). Iré de inmediato para allá.

Eduardo cuelga la llamada notablemente afectado e incluso pálido.

María Helena: (en un hilo de voz) ¿Qu…? ¿Qué pasó, don Eduardo? ¿Por qué puso esa cara?

Eduardo: Es Manuel…

María Helena sigue respirando cada vez más agitada. Eduardo mira al vacío como si no diera crédito a la noticia que recibió.

Eduardo: Era la policía para informarme que lo hallaron muerto en una cabaña cerca de aquí.

María Helena siente que tal descubrimiento le cae como un baldado de agua fría y su respiración se pone tan pesada que comienza a hiperventilarse. Eduardo lo nota.

Eduardo: María Helena (Se acerca a ella). María Helena, ¿qué tienes?

Pero la joven no puede decir nada y tiene dificultad para respirar. Está ahogándose.

Eduardo: (preocupado) Dime algo, por Dios. ¿Qué te ocurre?

Eduardo la sostiene para evitar que se caiga, pero ella no logra estabilizar su respiración y termina desmayándose.

Eduardo: ¡María Helena! ¡María Helena, por favor! ¡Ayuda! (Gritando) ¡Que alguien me ayude! ¡Es una emergencia!

Eduardo intenta hacerla reaccionar pegándole levemente en las mejillas.

Eduardo: María Helena, despierta, por favor. Reacciona.

Pero es inútil y ella continúa inconsciente. Pablo viene en auxilio.



Pablo: (alarmado) ¡Eduardo! ¿Qué está pasando? (Ve a la chica) ¿Qué le pasó a María Helena? (Preocupado).

Eduardo: Menos mal viniste. Se desmayó así de repente y no sé qué tiene.

Pablo: ¿Y qué estamos esperando? Hay que llevarla al hospital del pueblo de inmediato.

Eduardo: Llévala a mi auto. Voy a subir rápido a vestirme y ya bajo.

Pablo carga a María Helena en sus brazos y la saca con prontitud de allí mientras que Eduardo se apresura a organizarse para salir de emergencia con ella cuanto antes.

CIUDAD DE MÉXICO



INT. / RESTAURANTE / DÍA

Es un nuevo día. Marissa espera sentada en un elegante restaurante de la ciudad mientras bebe algo de café. Luis Enrique llega en ese momento y se sienta frente a ella sonriéndole.



Luis Enrique: Qué bella te ves. Volver a la ciudad te ha hecho cambiar de semblante. Estás preciosa.

Marissa: Déjate de galanterías, Luis Enrique. No lo necesito.

Luis Enrique: ¿Hay algo de malo en querer resaltar la belleza de mi esposa?

Marissa lo mira de mala forma al decir tal cosa.

Luis Enrique: ¿Por qué me miras así? Es la verdad, ¿no?

Marissa: Mira, si te cité aquí temprano, es para que me expliques largo y tendido a qué te referías ayer cuando me dijiste que seguimos casados.

Luis Enrique: No hay mucho qué te pueda explicar. Eres una mujer inteligente y estoy seguro que me entendiste perfectamente.

Marissa: ¡No juegues conmigo! Quiero la verdad y la quiero ahora, así que habla. ¿Cómo es que seguimos casados si los dos firmamos el acta de divorcio? ¿De qué se trata todo esto?

Luis Enrique: Fue un montaje.

Marissa se sorprende al escucharlo.

Luis Enrique: El acta, el notario, todo fue algo que yo organicé para hacerte pensar que nos habíamos divorciado, pero no, Marissa. Tú aún eres mi esposa.

Marissa queda atónita ante tal revelación y niega con la cabeza sintiéndose profundamente decepcionada. Él solo la ve con picardía.

VILLA ENCANTADA



INT. / DESPACHO / DÍA

Carolina se encuentra sentada frente al escritorio del abogado de su padre. Éste le entrega una carpeta negra.



Licenciado Mantilla: Aquí tiene lo que me pidió, señorita de La Torre. Es el testamento de Epifanio con las modificaciones que usted me solicitó.

Carolina sonríe satisfecha y abre la carpeta leyendo entre líneas el contenido.

Carolina: Me alegra mucho haber hecho negocios con usted, licenciado. Ha sido muy eficiente.

Licenciado Mantilla: No podía hacer menos por usted, aunque espero también que se acuerde de lo que me prometió.

Carolina: Claro que me acuerdo, así que no se preocupe. Con la fortuna de mi papá ahora en mis manos podré montarle el bufete que quiera, pero este no será el único favor que voy a pedirle.

Licenciado Mantilla: Usted dirá. Soy todo oídos.

Carolina: Como le comenté brevemente ese día de la lectura, mi intención es pagar la hipoteca que pesa sobre la hacienda de Eduardo Román. ¿Cree usted que sea posible?

Licenciado Mantilla: Lo es, pero sepa que el banco no le entregará a usted las escrituras de la hacienda. Por ley seguirá siendo propiedad del señor Román.

Carolina: (pensativa) Me lo imaginé, pero supongo que, pagando la hipoteca, Eduardo quedaría en deuda conmigo y de no pagarme, podría tomar acciones legales contra él, ¿no es así?

Licenciado Mantilla: Efectivamente. Lo que podría hacer sería ampararse bajo un gravamen sobre la propiedad como una forma de garantizar el dinero que pagó por la hipoteca, sin embargo, sería pleito legal algo extenso.

Carolina: ¿Cree usted que podría ganar?

Licenciado Mantilla: Recogiendo las pruebas necesarias, creo que sí. La ley fallaría a su favor y se procedería a un traspaso de propiedad, pero como le dije sería un proceso largo y algo tedioso.

Carolina: Es ahí donde usted entra, licenciado Mantilla. Voy a necesitarlo a mi lado para que le diga a Eduardo esto mismo que usted me está diciendo el día que me presente en la hacienda.

Licenciado Mantilla: Entiendo. Va a amenazarlo con interponer una demanda.

Carolina: (sonriendo con malicia) Exactamente. Con su asesoría voy a tener más credibilidad y el pobre no tendrá más opción que dejarme vivir en la hacienda si no quiere meterse en un pleito legal conmigo del cual saldrá perdiendo.

Licenciado Mantilla: De ser así, cuente conmigo para ello.

Carolina: Gracias. Créame que me será de mucha utilidad. Con su pequeña ayuda voy a tener a Eduardo comiendo de mi mano.

Carolina se queda pensativa sin dejar de sonreír triunfante ante los planes que tiene en mente.

CIUDAD DE MÉXICO

INT. / RESTAURANTE / DÍA


Entretanto, Marissa continúa muy sorprendida al escuchar la confesión de Luis Enrique. Él sólo sonríe con cinismo como si aquello no fuese grave.



Marissa: Esto es increíble. Es que no lo termino de asimilar. Todavía sigo pensando que es una treta de tu parte para buscar de mí no sé qué cosa. Es que no puedo…

Luis Enrique: Marissa…

Marissa: (lo interrumpe) ¡No me digas nada! No hables porque no sé de lo que sea capaz y no quiero perder los estribos en un lugar público como este.

Luis Enrique: ¿Qué puedes hacer? ¿Cachetearme? ¿Echarme tu café encima? Hazlo entonces si crees que te hará sentir mejor, pero con eso no cambiarás el hecho de que sigues siendo mía.

Marissa: (muy molesta) ¡Cállate!

Marissa golpea la mesa con un puño y llama la atención de los comensales, algo de lo cual se da cuenta. Muy frustrada, se pone de pie y toma su bolso.

Marissa: Lo mejor es que me vaya.

Luis Enrique: Marissa, espera… (Intenta detenerla).

Marissa: ¡No me toques! No quiero que me vuelvas a poner un dedo encima, Luis Enrique Escalante.

Luis Enrique: ¿Te vas sin ni siquiera darme la oportunidad de escucharme?

Marissa: ¿Para qué? ¿Para engatusarme y manipularme como siempre lo has hecho?

Luis Enrique: Marissa, si hice lo que hice fue para proteger nuestro matrimonio. Entiéndelo.

Marissa: (incrédula) No me vengas ahora con eso. Yo sé muy bien que preparaste todo este montaje para seguir sonsacándome de dinero y llenarte los bolsillos mientras seguías legalmente casado conmigo. ¡Reconócelo!

Luis Enrique: Te equivocas. Lo hice porque te amo y no quería perderte. No podía permitir que te casaras con Eduardo para que te usara.

Marissa: ¿Qué vas a inventar ahora para justificarte?

Luis Enrique: Tú también lo sabes. No finjas. Eduardo nunca te ha amado. Él sí ha querido usarte como un cobarde para llenarse los bolsillos y tú te has prestado para ello. ¿Vas a negarlo?

Marissa: No pienso perder más mi tiempo hablando contigo. Entiéndete con mis abogados.

Marissa intenta irse, pero es nuevamente detenida por el hombre quien la toma del brazo.

Marissa: ¡Déjame!

Luis Enrique: Tienes que escucharme, Marissa, te lo ruego. Hazlo por los años que hemos estado casados, por nuestro hijo. ¡Por favor! (Desesperado).

Marissa: ¿Ahora sí te importa Pablo?

Luis Enrique: Siempre me ha importado. ¿Cómo crees que podría odiarlo si incluso le permití tener una relación con mi hija?

Marissa: Dudo mucho que lo hicieras de corazón, porque darme cuenta de que me engañaste una vez más me hace ver que eres el rey de la mentira y del cinismo, y un completo miserable.

Luis Enrique: Está bien. Entiendo que estés enojada y muy decepcionada. Pégame, insúltame, dime lo que quieras, pero te juro que, si me das la oportunidad de sentarte a hablar conmigo, voy a firmar el divorcio sin trampas. Te lo juro.

Marissa lo ve con suspicacia y una profunda desconfianza mientras él la ve con los ojos suplicantes fingiendo gran desespero.

VILLA ENCANTADA

INT. / HOSPITAL DE VILLA ENCANTADA, HABITACIÓN / DÍA


Un doctor termina de tomarle la presión a María Helena quien está medio recostada en la cama, consciente y con la mirada ida. Pablo está presente.



Pablo: ¿Cómo sigue, doctor?

Doctor: Mucho mejor (Quita el tensiómetro). Tal parece que la reacción que tuvo la joven y los síntomas que ustedes me describieron corresponden a los de un ataque de pánico.

Pablo: (confundido) ¿Un ataque de pánico? ¿Por qué?

Doctor: Puede suceder cuando un individuo se siente tremendamente amenazado y en peligro de muerte ante una situación de estrés real o incluso imaginaria.

Pablo: Chale. Pues qué buen susto nos dio. En mi vida había presenciado a alguien sufriendo un ataque así.

Doctor: Lo mejor es conservar la calma y ayudar a la persona que lo sufre a controlar la respiración. Es muy importante hacerle sentir que todo está bien y nada malo va a pasarle, y en caso de que se desmaye, cuidarle para que no se golpee al caer.

Pablo: Súper útiles las recomendaciones, doctor. Voy a tenerlas en cuenta. Muchas gracias.

Doctor: No hay de qué, joven. Cualquier cosa que necesiten solicítenlo a la enfermera. Con su permiso.

Pablo: Propio.

El doctor se retira y los deja a solas. Pablo se acerca a la cama, pero María Helena evita mirarlo y se muestra distante.

Pablo: Supongo que el dichoso ataque de pánico te dio después de escuchar la noticia, ¿no? Eduardo me la dijo mientras veníamos camino para acá.

María Helena no responde.

Pablo: A mí la verdad también me impresionó mucho saber que al sangrón ese lo habían asesinado así tan de repente, aunque no me extraña. Hartos enemigos debía tener.

María Helena se sigue mostrando distante. Pablo se extraña.

Pablo: Malena…

María Helena: Déjame sola, Pablo, por favor.

Pablo: ¿Cómo?

María Helena: (se irrita) ¡Que me dejes sola! No quiero hablar con nadie.

Pablo hace una pausa durante un par de segundos y asiente con la cabeza.

Pablo: Está bien. Trata de descansar un poco. Voy a estar aquí afuera por si necesitas algo. Eduardo tuvo que ir a reconocer el cuerpo, pero ya no debe tardar en llegar para que te lleve de vuelta a la hacienda.

Pablo sale de la habitación y cierra la puerta tras sí. María Helena, a solas, no aguanta más y rompe a llorar.

María Helena: ¿Qué voy a hacer? No van a tardar en descubrir que yo fui la que lo maté. ¿Qué voy a hacer, Dios mío? ¿Qué voy a hacer? (Repite muy angustiada).

La joven sólo continúa llorando impotente y a solas en aquella habitación.

INT. / MORGUE / DÍA

Eduardo, entretanto, es guiado por un policía hacia una habitación en particular sobre la que reposa un cuerpo sin vida cubierto por una sábana blanca. Hay un forense presente en la habitación también.



Eduardo: ¿Es él?

Policía: Es lo que vamos a comprobar una vez usted nos diga si efectivamente se trata de su hermano o no.

Eduardo se mira preocupado con el policía y el forense. Da unos pasos hacia la camilla donde reposa el cuerpo y el forense procede a descubrir el rostro del occiso. Una vez lo ve, Eduardo se echa hacia atrás exaltado e impresionado, por lo que evita mirar más.

Eduardo: Sí, es él. Es mi hermano Manuel.

Eduardo empuña una mano y se cubre la boca sin dar crédito a lo que acaba de ver. El forense cubre nuevamente el rostro del occiso.

Policía: Lo lamento mucho, señor Román. Vamos a iniciar con las respectivas investigaciones cuanto antes para dar con el paradero del asesino.

Eduardo se queda pensativo. Pese a que no llevaba una buena relación con Manuel se ve que su muerte le ha afectado.

Eduardo: (pensativo) Me dijo por teléfono que lo encontraron en los predios de mi hacienda, ¿no? ¿Quién les avisó?

Policía: Fue una llamada anónima. No quiso decirnos su nombre, pero vamos a buscar en la base de datos para rastrear el número y así obtener más detalles.

Eduardo: Me pregunto quién lo pudo haber hecho. ¿Quién pudo matarlo de esa forma con tanta saña?

Policía: Es lo que vamos a investigar.

Eduardo: (asentando) Está bien. Estaré muy pendiente. Gracias, oficial.

Minutos después, Eduardo camina a paso lento por los pasillos de la morgue del hospital. En un momento dado, se recuesta en la pared y se deja caer.

Eduardo: Cuánto lo siento, Manuel. Te juro que nunca quise que terminaras así. Nunca lo quise… (Repite muy triste).

Eduardo no puede evitar derramar una lágrima y se queda en la misma posición, sentado, en el piso, mirando hacia el vacío.

CONTINUARÁ…

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