Capítulo 42: Giros decisivos
INT. / HOSTAL, HABITACIÓN DE LISA / DÍA
Lisa y María Helena se encuentran frente a frente. Las dos se ven entre sí sumamente sorprendidas e impactadas por aquel encuentro. Lisa siente que se le corta la respiración y aunque usa una llamativa máscara blanca, sus ojos impresionados resaltan y hablan por sí solos.

Lisa: Tú…
María Helena traga saliva e intenta hablar.
María Helena: Ho… Hola…
Lisa: No puede ser (Niega con la cabeza). Tú no puedes estar aquí.
María Helena: Tengo que hablar contigo.
Lisa: ¿Dónde está Manuel?
María Helena: Escúchame, por favor.
Lisa pierde la paciencia y saca rápidamente una pistola de un buró con la cual le apunta a su hermana. María Helena, aunque se asusta, trata de no perder la calma.
Lisa: ¡Dime dónde está mi tío! ¡Habla!
María Helena: Él no va a venir. Está muerto.
Lisa: (exaltada) ¿De qué estás hablando, bastarda asquerosa?
María Helena: (solloza) Yo lo maté…
Lisa luce totalmente desconcertada y no deja de apuntarle con la pistola.
María Helena: Ayer fue su funeral. Era por eso que no contestaba ninguno de tus mensajes o llamadas…
Lisa respira agitada sin dar crédito a lo que oye.
María Helena: Yo lo maté cuando intentó violarme.
Lisa: Debe ser mentira. ¡Todo esto debe ser una pinche trampa! Pero te vas a arrepentir. Te voy a matar, infeliz.
Lisa le quita el gatillo a la pistola.
María Helena: ¡Te estoy diciendo la verdad! ¡No es ninguna trampa!
Lisa: ¡Cállate!
María Helena: Mátame si quieres, pero ahí sí te vas a meter en un pedo serio cuando rastreen mi ubicación y den con este sitio.
Lisa: ¡Que te calles!
María Helena: Van a descubrir que todo este tiempo has estado viva y te van a refundir en el bote por asesina, manita.
Lisa: (histérica) ¡Basta! ¡No digas ni una sola palabra más o te vuelo la cabeza! ¿Me entendiste?
María Helena gimotea y tiembla intentando contener el llanto.
Lisa: Vas a responder cada una de las preguntas que te voy a hacer y quiero la verdad porque no vas a salir de aquí con vida si me mientes. ¿Escuchaste? Dime quiénes más saben que estoy aquí.
María Helena: Nadie más, te lo juro. Vine yo solita.
Lisa: ¿Y cómo sé que lo que dices es cierto y afuera no está la poli esperando a que salga para atraparme?
María Helena: Es tu problema si no me crees. Pude haber venido con la policía usando como prueba el celular de Manuel, pero no lo hice para no perjudicarnos a ninguna de las dos.
Lisa: ¿Cómo que perjudicarnos? Explícate.
María Helena: Si yo decía algo sobre ti y les daba esta dirección que me enviaste anoche, te habrían detenido y a mí me habrían investigado por tener el celular de Manuel que es este mismito que tengo aquí.
María Helena saca el celular de Manuel de la cartera que cuelga de su hombro y se lo muestra a Lisa. Ésta no baja la guardia y sigue apuntándole sin pestañear.
María Helena: Podrían hasta haber pensado que los tres éramos cómplices y con justa razón porque yo no soy más que una chava que se apareció de la nada diciendo ser una Román.
Lisa: ¿Y qué se supone que haces tú con el celular de mi tío? ¿Qué pasó con él?
María Helena: Ya te lo dije. Yo lo maté (Rompe a llorar). Él me quería violar y no sé cómo, pero me defendí y lo ataqué.
Lisa: (incrédula) ¿Lo atacaste?
María Helena: Todo pasó muy rápido y ni siquiera lo recuerdo. Estaba en shock. De la nada, perdí el conocimiento y cuando me desperté, lo vi ahí, a mi lado, muerto, todo ensangrentado, con los ojos abiertos…
María Helena llora desconsolada al relatar ese momento.
María Helena: El cuerpo me dolía horrible y lo único que hice fue salir corriendo para la hacienda sin saber qué hacer. Me iba a escapar sin decirle nada a nadie de lo asustada que estaba, pero no me dio chance y al día siguiente la policía lo encontró justo donde lo dejé…
Lisa: ¿Y qué pretendías viniendo hasta aquí tú sola si tu intención no era denunciarme?
María Helena: Quiero que nos ayudemos.
Lisa: ¿Ayudarnos?
María Helena: Mira, yo crecí muy tranquila sin saber nada de ustedes con mi mamá Martha. Ella era la…
Lisa: (interrumpiéndola) Sí, sí, lo sé. La chacha de Helena a la que cual te regalaron. Manuel me puso al tanto, así que ni te molestes en explicarme tu aburrida biografía. Ve al punto.
María Helena: Ella ahorita está enferma y si a mí me llevan al bote, la voy a dejar sola y no resistiría verme encerrada. Don Eduardo ni pagaría la operación si se entera que yo fui la que mató a su hermano.
Lisa: Ese es tu pedo, amiga. ¿Qué tengo que ver yo?
María Helena: Tú me podrías ayudar a encubrir lo que hice y a cambio, yo te podría a ayudar a ti a volver a la hacienda ahora que Manuel ya no está.
Lisa se echa a reír de inmediato al escucharla y baja el arma. María Helena solo la mira seria y expectante con los ojos brillantes por las lágrimas.
Lisa: (carcajeando) Ay, no. Neta ahora sí me hiciste reír. De verdad que eres bien pendeja (Continúa carcajeando). ¿Tú ayudarme a mí?
María Helena: Yo sé muy bien que eso es lo que quieres porque estuve revisando varios mensajes y me di cuenta que ustedes dos tramaban algo; algo que incluso me incluía a mí y a don Eduardo que ya me imagino que es.
Lisa: ¿En serio? ¿Y no te apetece la idea? (Sonríe pícara) Mira que nuestro papi es bien fogoso y no te imaginas las cosas que hace con sus manos de macho, con sus labios, lengua. Es todo un semental.
María Helena: Podría ser mi papá. ¿Cómo voy a pensar en tener una relación con él?
Lisa: No seas tan estúpida. Eduardo no es nuestro padre en realidad y eso tú ya lo deberías tener bien clarito.
María Helena: ¿Y a ti quien te garantiza que eso sea verdad?
Lisa: Helena se lo dijo a Manuel y él me lo dijo a mí. Ella admitió que el viejo Epifanio de La Torre era mi padre biológico y también el tuyo para que estés enterada.
María Helena: Pues a nadie le consta y a mí me late más bien que eres bien puerca y nada más has usado eso como excusa para tener el camino libre de metértele por los ojos a don Eduardo. Por eso no dudaste en obligarlo a acostarse contigo.
Lisa: ¿Tú qué sabes? Yo no lo obligué
María Helena: Estaba borracho y tú te aprovechaste. Él ni siquiera quería porque siempre te vio como su hija.
Lisa: Pero puede aprender a amarme y más ahora que ya no soy esa Lisa que él conoció. Eso fue lo que me propuse desde un principio cuando me propuse sacar del camino a esa zorra desgraciada de Helena.
María Helena: (en un hilo de voz) Era nuestra madre…
Lisa: ¡Era una zorra! Una ofrecida que le gustaba acostarse con cuanto hombre se le cruzara en frente sin importar quién fuera; socios, amigos de la familia, hasta peones. ¡Con todos se liaba la muy perra y lo sé porque la veía!
María Helena escucha con atención muy perturbada.
Lisa: Pero lo peor era que engañaba con tanto cinismo a mi papá al que le gustaba poner a dormir con pastillas para salir en la noche a revolcarse con sus amantes y no iba a permitir que mientras ella tenía el privilegio de ser la mujer de mi papá, le hiciera algo tan ruin.
María Helena: ¿Por qué simplemente no la acusaste? ¿Por qué llegar tan lejos?
Lisa: Hay alguien que me propuso matarla para desestabilizar a mi papá e inducirlo en el alcohol. Con Helena fuera del camino y siendo mi papá un alcohólico, me iba a ser más fácil hacerlo mío. Quité del camino a la estorbosa de mi abue que nunca lo hubiera permitido y estaba por lograr mi cometido hasta que se apareció la Marissa Miranda esa (Menciona con odio). ¡Ella me robó el amor de mi papá! (Furiosa)
María Helena: Estás enferma…
Lisa: Enferma no. Enamorada que es otra cosa bien distinta. Eduardo siempre tuvo algo que me llamaba la atención. No sabía bien qué era porque estaba bien chavita y me gustaba cuando me cargaba en sus brazos fuertes; cuando me besaba en la frente; cuando esperaba a que me quedara dormida en mi cuarto y me acariciaba con tanta ternura el rostro…
Lisa recuerda tales momentos con cierta especialidad y un brillo se dibuja en sus ojos al tiempo que sollozan.
Lisa: Era bien especial conmigo y eso me hacía sentir lindo por dentro. Me gustaba más compartir con él que con mi mamá y a medida que fui creciendo, me di cuenta de que sí; que muy en el fondo no era cariño. Era deseo y algo bien intenso.
María Helena niega con la cabeza al conocer tantos detalles de su hermana.
Lisa: Fui ahí donde empecé a observarlo en la ducha; cuando hacía ejercicio; cuando hacía el amor con mi mamá en las noches y ella gemía con tanto placer. Quería estar en el lugar de ella, pero no podía y ahí fue donde no vi de otra que saciar lo que sentía con Manuel…
Lisa derrama varias lágrimas mientras se pasea por la habitación mirando al vacío.
Lisa: (frustrada) Tuve que darle a ese puerco mi virginidad para sentir un poco que estaba con mi papi, pero no lo amaba. Pensaba en Eduardo cuando me acostaba con él. Imaginaba que era Eduardo el que me tocaba y era la única manera que tenía de sentir que yo era suya, no Helena.
María Helena: ¿Y qué pretendías entonces al querer que yo ocupara tu lugar?
Lisa: Yo nada. El del plan era Manuel.
María Helena: ¿Qué quieres decir?
Lisa: Él sabía que eras una amenaza, así que ideó una forma de sacarte provecho para que tú te casaras con Eduardo y, a la vez, quería volverte su amante.
María Helena: (en un hilo de voz) ¿Para qué? ¿Qué ganaba con algo tan turbio?
Lisa: Fácil. Quería usarte para apoderarse del patrimonio de la familia. Buscaba que tú te divorciaras de Eduardo después de un tiempo, le arrebataras todo y se lo dieras a él, algo muy parecido a lo que hizo conmigo.
María Helena se cubre con la boca y gimotea sintiéndose cada vez más perturbada.
Lisa: Lástima que fue tan imbécil y por andar de calenturiento contigo, lo mandó todo por un tubo. ¿Ves? Fue víctima de su propio invento; una rata que cayó en su propio agujero.
María Helena: Yo lo único que quiero es no ir a la cárcel. Tú me tienes que ayudar. Las dos nos necesitamos.
Lisa: Te equivocas. Yo no te necesito. Mírame. Estoy como nueva y con el rostro que tengo, nadie sabrá quién soy. Puedo valerme de ello para infiltrarme a la hacienda sin que tú muevas un dedo.
María Helena: Entonces, no eres tan inteligente como pensé porque, si crees que puedes aparecerte en la hacienda sin que yo diga quién eres, la que está equivocada es otra. No te lo voy a permitir.
Lisa: ¡Estúpida! ¿Olvidas que puedo matarte aquí?
Lisa vuelve a apuntarle con la pistola, pero María Helena permanece firma y se muestra segura.
María Helena: Hazlo, pero ya te dije que, con la ubicación de mi celular, van a rastrear este sitio, van a mirar cámaras y todo su teatrito se te va a caer. Por más que tengas otra cara, sabrán que estás viva y comenzarán a buscarte hasta que te encuentren con pruebas de ADN y huellas.
Lisa, por un momento, parece bajar la guardia al escuchar.
María Helena: Te guste o no, te tengo en mis manos y sabes muy en el fondo que la única que te puede ayudar con tu cometido soy yo, así que ya dime qué vamos a hacer.
Lisa baja el arma finalmente y ambas hermanas se ven de forma retadora.
INT. / RESTAURANTE, TERRAZA / DÍA
Marissa llega junto a Danilo, el cual la escolta como asistente, a un elegante restaurante que se ubica en la terraza de un edificio con buena vista a la ciudad. Luis Enrique espera allí ya sentado y, al verlos llegar, sonríe con hipocresía y se pone de pie. Los dos primeros lucen serios.



Luis Enrique: Marissa…
Marissa: Buenas tardes, Luis Enrique. No esperé que llegaras tan puntual. Ni siquiera es la hora que te dije por mensaje.
Luis Enrique: La puntualidad es mi fuerte y no puedo tomarme el atrevimiento de llegar después de una mujer, y no cualquier mujer, sino mi esposa.
Marissa solo guarda silencio ante tal afirmación.
Luis Enrique: Y no me puedo olvidar de ti, Danilo. Te ves guapo, hijo. Mírate nada más. Me da gusto ver que estás trabajando para Marissa. Ella de seguro te va a tratar mejor de lo que trataron en la hacienda de los Román. Ojalá que no tengas ningún lío de faldas esta vez, eh.
Marissa frunce extrañada el ceño. Danilo guarda silencio, pero siente enfurecer al escuchar a su padre y respira profundo para contenerse.
Danilo: Prefiero que no me dirija la palabra, señor y menos ahorita que estoy en la chamba. Cualquier cosa que tenga que hablar conmigo que sea por fuera de mi horario de trabajo.
Marissa: Danilo tiene razón, Luis Enrique. Él ahora está en calidad de empleado y no hemos venido para tratarnos con tanto protocolo. Danilo, pásame la carpeta y la pluma, por favor.
Danilo le entrega, en efecto, una carpeta de color marrón y un bolígrafo a la mujer. Ella, a su vez, se la da a Luis Enrique.
Marissa: Fuimos esta mañana al despacho de mi abogado para recoger esto y como no tengo tiempo que perder, necesito que firmes de inmediato.
Luis Enrique: Me puedo imaginar de qué se trata. Es la petición de divorcio, ¿no?
Marissa: Te imaginas bien. Mi abogado ya se encargó de redactarla y solo necesita tu firma para que iniciemos con el proceso, así que ahí tienes el documento que te pido que firmes, por favor.
Luis Enrique guarda silencio, no recibe la carpeta y la mira con suspicacia. Marissa solo lo mira con notable recelo.
INT. / HOSPITAL PSIQUIÁTRICO / DÍA
Carolina camina por un largo pasillo. Va acompañada por Cruz y ambas son guiadas por una enfermera hacia una habitación en particular. Cruz mira aterrorizada a sus alrededores.


Cruz: (susurrando) ¿Usted está segura que este es el sitio, señorita?
Carolina: Por supuesto. El GPS no miente.
Cruz: Es que me da muy mala espina, no sé. Hoy en día todo el mundo se fía muy fácil de esos aparatos y una nunca sabe que den mal las direcciones.
Carolina: Pues si tanto terror te da, devuélvete para el coche y espérame allá. No tengo problema.
Cruz: ¿Y perderme el chisme? ¡Claro que no!
Carolina: Ahora que lo mencionas, guarda muchísima confidencialidad, Cruz. Nadie, absolutamente nadie, puede saber sobre esto. ¿Entendiste?
Carolina: Usted sabe que soy como una tumba, señorita. Hartos secretos guardé de don Epifanio, que en paz descanse, y jamás abrí la boca.
Carolina: Pues espero que, en lo que respecta a mí, tampoco la abras y me sigas siendo tan fiel como hasta ahora. Gracia me advirtió que corro peligro. He ahí el por qué te lo digo.
De repente, las mujeres llegan a la habitación.
Enfermera: Es aquí.
La enfermera procede a abrir la puerta y mientras lo hace, les da unas indicaciones.
Enfermera: Como no es horario de visitas, no pueden tardarse demasiado y tampoco traten de alterar a la paciente, por favor.
Carolina: No se preocupe. Ella me conoce bien.
La enfermera termina de abrir. Carolina y Cruz se miran entre sí con indecisión, pero se adentran a la habitación. Gracia, en efecto, está allí adentro y les da la espalda mirando a través de la ventana, la cual se encuentra protegida por una reja.

Enfermera: Estaré aquí afuera por si necesitan algo.
Carolina: Gracias.
La enfermera cierra la puerta. Carolina se acerca lentamente a su amiga y pone su mano en el hombro de ella. Cruz observa a una distancia prudente.
Carolina: ¿Gracia?
Gracia no voltea y continúa ensimismada en sus pensamientos.
Carolina: Gracia, soy yo. Ya estoy aquí.
Poco a poco, la mujer voltea la cabeza y alza la mirada para luego dibujar una notable sonrisa de alivio.
Gracia: Caro… Caro, amiga, eres tú.
Gracia se lanza a abrazarla fuertemente.
Gracia: ¡Qué bueno que sí viniste! No sabes la alegría que me da verte (Rompe a llorar). No tienes ni idea de lo que he pasado y de lo mucho que quise buscarte, amiga.
Las dos se separan de su abrazo y se toman de las manos.
Carolina: Precisamente, por ese motivo vine, Gracia. Tengo la impresión de que tienes mucho qué decir y estoy dispuesta a escucharte largo y tendido.
Gracia: Tengo mucho miedo de que algo me pase si hablo. No me quiero morir, Caro. No me quiero morir (Llora muy asustada).
Carolina: Tranquila. Nada te va a pasar. Confía en mí. Yo te voy a proteger, pero necesito que te sinceres conmigo y me expliques lo que ocurrió contigo. ¿Cómo es que llegaste a este manicomio? ¿Qué tiene que ver Luis Enrique? Cuéntamelo todo, Gracia. ¡Todo!
Gracia mira con duda al escuchar tales cuestionamientos. Cruz, de lejos, continúa siendo una silenciosa pero misteriosa espectadora, pues enarca una ceja y una sutil sonrisa de malicia se dibuja en su rostro.
INT. / RESTAURANTE, TERRAZA / DÍA
Entretanto, Luis Enrique luce dudoso a recibir la carpeta que contiene la petición de divorcio. Marissa lo ve con seriedad.



Marissa: ¿Qué estás esperando? Toma el documento y fírmalo de una vez.
Luis Enrique: Danilo, ¿nos permitirías un momento? Tengo que hablar algo primero con Marissa. No me voy a demorar.
Danilo: ¿Quiere que los deje a solas, señora? (Pregunta con recelo),
Marissa se queda pensativa por algunos segundos y asiente con la cabeza.
Marissa: Sí, Danilo. Déjanos a solas y ya estoy contigo en un rato.
Danilo: Como mande. Cualquier cosa, estaré por allí.
Danilo se aparta a una distancia prudente.
Marissa: ¡Muy bien! Si accedí a hablar contigo, es para que le demos un cierre medianamente “formal” a la farsa de matrimonio que por tanto tiempo tuvimos, así que habla de una vez. ¿Qué me vas a decir?
Luis Enrique: No tienes que portarte tan a la defensiva conmigo, mujer. No soy tu enemigo.
Marissa: (exasperada) Simplemente habla, Luis Enrique. No tengo mucho tiempo. ¿Qué quieres o acaso te vas a arrepentir de firmar la petición por las buenas?
Luis Enrique: No te lo voy a negar. Me arrepiento de haberte dicho que lo haría, pero no por capricho como de seguro estás pensando, sino porque no quiero perderte, Marissa.
Marissa: Tú me perdiste desde hace mucho tiempo y de lo único que debes arrepentirte es de haberme engañado tan vilmente desde un principio. De lo contrario, ahora no estaríamos en esta situación.
Luis Enrique: (acercándose) Y lo hago, créeme. Cada día me pesa como un condenado no haber hecho las cosas bien contigo, pero todavía creo que podemos hacer algo por nosotros.
Marissa: Es tarde. Ya no hay nada que hacer.
Luis Enrique: Sí lo hay si desistes de esta idea de divorciarnos.
Marissa: Pero no lo haré. No pienso echarme para atrás por el contundente hecho de que ya no siento absolutamente nada por ti.
Luis Enrique: ¿Tan rápido me desechaste cuando decías amarme todos los días? (Finge estar dolido)
Marissa: Era una mentira que yo misma me quise creer, pero ya hacía tiempo que te había dejado de amar, Luis Enrique, solo que me negaba a creerlo. Tantos años de maltrato verbal, de abandonado, de desprecio hacia mí y hacia mi hijo, todo eso mató el amor que sentí por ti.
Luis Enrique: (desesperado) ¡Pero quiero reparar mi error, carajo! ¿Qué te cuesta darme una oportunidad?
Marissa: ¡Yo te di muchísimas oportunidades! ¡Muchísimas! (Repite con cierto resentimiento) Pero tú te encargaste de desaprovecharlas todas y ya no voy a caer en el mismo error que cometí.
Luis Enrique: Marissa, te lo pido…
Marissa: Firma el bendito documento y ya está porque si te sigues negando, voy a irme por la ley para denunciarte por fraude notarial.
Marissa lanza la carpeta sobre la mesa y mira hacia otro lado ignorándolo. Luis Enrique se queda en silencio y respira agitado por varios segundos.
Luis Enrique: Espero que no te pese después cuando te des cuenta que soy el único hombre que te conviene e incluso si eso pasa, aquí voy a estar para ti.
Marissa: (indiferente) Firma.
Luis Enrique toma de mala gana el bolígrafo, abre la carpeta y procede a firmar el documento que hay en el interior. Marissa no se da a la espera para tomarla nuevamente y ponérsela debajo del brazo.
Marissa: Esto es todo, Luis Enrique. Hasta aquí llegamos.
Marissa procede a irse del restaurante. Danilo va tras ella no sin antes lanzarle una mirada de desprecio a su padre. Luis Enrique recuesta las manos sobre la mesa e intenta contener la furia que siente.
Luis Enrique: Esto no se va a quedar así, Marissa. No te vas a dar el lujo de rechazarme y humillarme. No, señor… Tú eres mi esposa y así será.
Luis Enrique sonríe forzado tensionando la mandíbula y sintiéndose seguro de sus intenciones.
INT. / HOSPITAL PSIQUIÁTRICO, HABITACIÓN DE GRACIA / DÍA
Carolina se encuentra sentada en la cama. Gracia también lo está a su lado, un poco más tranquila, y ambas siguen tomadas de las manos.



Carolina: ¿Te sientes mejor? Mira que no quiero que te alteres.
Gracia: (esbozando una sonrisa) Estoy bien, Caro. Tranquila. Es solo que la emoción de verte después de tanto tiempo me hizo exaltarme un poco, pero ya pasó.
Carolina: ¿Te sientes lista para hablar?
Gracia mira con desconfianza a Cruz. Carolina lo nota.
Carolina: No te preocupes. Cruz es mi ama de llaves. Es de plena confianza.
Gracia: Después de lo que he pasado, no confío en nadie, Carolina. Si no te molesta, preferiría que estemos a solas.
Carolina se queda pensativa durante un par de segundos.
Carolina: Está bien, como quieras. Cruz…
Cruz da un paso adelante.
Cruz: Dígame, señorita.
Carolina: Creo que ya escuchaste porque tienes los oídos más agudizados que cualquiera, así que espérame afuera.
Cruz: Pues ya ve que no le escuché, señorita.
Cruz mete uno de sus dedos meñiques en una de sus orejas y hurga adentro.
Cruz: Tengo harta cera porque usted aún no me paga y no he tenido cómo limpiarme los oídos.
Carolina: (asqueada) Ay, ya, por favor. Deja de ser tan desagradable.
Cruz: Pero es que…
Carolina: Pero nada. Mejor salte y espérame afuera en el pasillo o el coche, como prefieras. Más tarde te doy tu cheque.
Cruz: (refunfuñando) Eso me lleva diciendo hace siglos y me sigue viendo la cara de mensa…
Carolina: ¿Qué cosa?
Cruz: Ah, que sí, señorita. Como usted ordene. La espero.
Cruz les sonríe con hipocresía y se retira de la habitación cerrando la puerta tras sí.
Carolina: Discúlpame. Cruz ha estado a mi lado más que nunca desde que murió mi papá y hubo el incendio en la mansión.
Gracia: Lo siento mucho. Me puedo imaginar cómo te has sentido. Quise contactarme antes para darte el pésame.
Carolina: (sorprendida) ¿Tú estabas enterada?
Gracia: (asentando) Sí y quise ponerte en sobre aviso innumerables veces, pero no pude. Apenas hoy logré convencer a la enfermera de turno para que me prestara su celular.
Carolina: Gracia, sigo muy confundida. ¿De qué se trata esto? ¿Cómo es que resultaste en este sitio?
Gracia: ¿Recuerdas el día que nos vimos afuera de tu casa?
Carolina hace memoria y, efectivamente, lo recuerda.
FLASHBACK
EXT. / MANSIÓN DE LA TORRE / DÍA
Carolina, por su parte, sale con prisa de la mansión y se dirige a abordar su auto con las llaves en la mano, pero se detiene al vislumbrar en la reja de la entrada a una mujer andrajosa y vistiendo harapos a la que, al parecer, reconoce.
Carolina: ¿Esa no es…?
Carolina se acerca a la reja. La indigente mira a su alrededor como si estuviese confundida y desorientada.
Carolina: ¿Gracia? ¿Gracia, eres tú?
En efecto, se trata de Gracia, quien voltea a ver a Carolina y también la reconoce.
Gracia: ¿Carolina?
Carolina: (impresionada) ¡Dios mío! ¿Qué te pasó? Mírate en las fachas en las que estás. ¿Dónde te habías metido?
Gracia: (exaltada) Carolina, qué bueno que te veo, amiga. Ya decía yo que había estado por este lugar antes (Sonríe desquiciada). Hay una gente que me está buscando y me quieren atrapar.
Carolina: Veo que no estás nada bien. Espérate un momento. Voy a llamar a un empleado para que pases a la mansión, te tomes un baño y comas algo. Voy de salida para otro lugar, pero tengo que hablar contigo luego, ¿va?
Gracia: ¡Espera, Carolina! ¡No te vayas! ¡No te vayas, amiga! (Aferrándose a los barrotes de la reja) Tienes que escucharme. Hay algo muy importante que debo decirte.
Carolina: Puedes decírmelo más tarde. Como te dije, debo arreglar otro asunto importante y…
Gracia: ¿No piensas salvar al amor de tu vida?
Carolina: (extrañada) ¿A qué te refieres?
FIN DEL FLASHBACK
Carolina: Sí, lo recuerdo. Ese día me contaste que habías escuchado a Manuel hablando con Lisa por celular sobre secuestrar a Eduardo durante la boda. Recuerdo también que dejé a cargo a un empleado para que te dejara pasar y comieras algo, pero cuando regresé ya no estabas.
Gracia: Fue porque decidí desaparecer de nuevo. No podía quedarme en tu casa bajo el riesgo de que la policía me arrestara por lo sucedido con Lisa.
Carolina: (pensativa) ¿Es cierto que la acosabas y la chantajeaste con fotos comprometedoras para ayudarla a pasar a mi agencia?
Gracia: Jamás. Lisa fue la que me contactó a mí primero a través de correo preguntándome todo sobre la agencia y los requisitos para pasar. Como era menor de edad, le dije que debía esperar, pero ella insistió, así que le di el chance de enviarme algunas fotos y videos de prueba…
FLASHBACK
INT. / AGENCIA DE MODELAJE / DÍA
Gracia se encuentra sentada frente a su laptop sosteniendo una videollamada con Lisa.

Gracia: Debo reconocer que tienes potencial, muchacha. Posees las características y el porte como para ser modelo.
INT. / HACIENDA DE LOS ROMÁN, HABITACIÓN DE LISA / DÍA
Lisa se encuentra al otro lado de la pantalla usando. Está usando un ajustado pijama negra y una bata del mismo color.

Lisa: Entonces, ¿qué más necesito? ¿Con lo que te envié ya pasé o qué sigue?
Gracia: Antes de cualquier cosa, tengo una duda. ¿Cuántos años tienes?
Lisa: Eh, bueno. Diecisiete, pero ya en unos meses cumplo los dieciocho. Estoy inclusive por terminar la prepa.
Gracia: Entiendo y me lo imaginé, pero en dado caso, es imposible que puedas pasar.
Lisa: (exaltada) ¿Por qué? Te estoy diciendo que ya estoy cerca de ser mayor de edad y de terminar mis estudios. Tú misma me acabas de decir que tengo todo lo que se necesita.
Gracia: La agencia no trabaja con menores, lo siento. Tenemos una política muy estricta respecto a la edad.
Lisa: Ay, anda. Dame una oportunidad. Este es mi momento y no puedo desaprovecharlo. Mi sueño y mi mayor ilusión siempre ha sido ser una estrella de las pasarelas. ¿Qué les cuenta hacer una excepción?
Gracia: Ya nos ha pasado y nos hemos metido en pleitos legales con los padres que se aprovechan de la edad de sus hijas para exigir otras condiciones o demandarnos. Queremos evitar ese tipo de situaciones. Entiéndelo, además, tú ni has terminado de estudiar y ese sería otro gran inconveniente con la ley.
Lisa: Te juro que lo de la prepa lo puedo arreglar. Mi familia tiene mucho poder y algo podrían hacer para que estudie de manera virtual. En cuanto al permiso, lo puedo conseguir y asegurarme de que mis padres no sean un problema, pero ayúdame, ¿sí?
Gracia: Lo siento mucho, nena. No hay nada que pueda hacer.
Lisa: Tal vez sí. Quizá te haga falta que me veas más en acción para que te termines de convencer de que sería una excelente candidata en la agencia para la que trabajas.
Gracia: Es mejor que no insistas, muchacha. Comprende.
Lisa: Puedo dar mucho más. Espérate.
Lisa comienza a reproducir una música de pasarela en su computador, se pone de pie y se quita la bata frente a la pantalla.
Gracia: ¿Qué estás haciendo?
Lisa procede a bajarse el pijama y queda solo en bragas ante la sorpresa de la madura mujer.
Gracia: ¿Te has vuelto loca? Yo no te he pedido que hagas esto.
Pero la chica la ignora y comienza a caminar sensualmente de un lado a otro con un imponente porte de modelo. Gracia se ve incómoda e intenta no ver su pantalla, pero no puede evitar que aquel acto le llame la atención.
FIN DEL FLASHBACK
Gracia acaba de relatar el momento que acaba de recordar. Carolina sigue escuchándola con atención.
Gracia: (llorando) Lisa sabía bien lo que hacía. Comenzó a seguir llamándome una y otra vez. De alguna forma, intuyó cuál era mi orientación sexual y se valió de ello para manipularme la muy perra.
Carolina: No puedo creerlo, aunque no me sorprende. Lisa era bien obstinada.
Gracia: Y no se rindió… Quise parar, pero no se rindió...
FLASHBACK
INT. / AGENCIA DE MODELAJE / DÍA
Gracia camina por los pasillos de la agencia mientras habla por celular y lleva una carpeta. El sonido de sus tacones al caminar se hace sentir.
Gracia: (seria) Mira, chula. El hecho de que te hayas desnudado no quiere decir que vayas a ganar puntos extras o algo por el estilo. Deja de insistir.
INT. / HACIENDA DE LOS ROMÁN, HABITACIÓN DE LISA / DÍA
Lisa habla al otro lado de la línea. Está sobre la cama aplicándose crema hidratante en las piernas y tiene el celular a un lado en altavoz.
Lisa: Te equivocas. No lo hice por ganar puntos, sino para que vieras lo dispuesta y decidida que estoy a ser modelo. Yo sé muy bien que en esta profesión el pudor y la mojigatería no tienen lugar, así que por eso me desnudé frente a ti.
Gracia: Pero no lo vas a hacer de nuevo porque podría meterme en un lío feo con la ley por tu culpa. Es mejor que no me llames más porque me veré obligada a bloquearte o a reportarle lo que sucedió a tus padres.
Lisa: Ay, no seas así. Dime si no estuve increíble y tengo un cuerpo envidiable a la edad que tengo.
Gracia: ¿Quién ha dicho lo contrario? Eres muy bella.
Lisa: ¿Te parece?
Gracia: Claro. Eres simpática, sagaz, osada y tienes un cuerpo envidiable. Debo reconocer que eres muy guapa.
Lisa: (sonriendo con malicia) No sabía que pensabas así de mí, lo que quiere decir que te gustó mi presentación del otro día, ¿no?
Gracia: No lo puedo negar. Una jovencita como tú es una bomba completa.
Lisa: Dime algo, Gracia. Así te llamas, ¿no?
Gracia: Sí, ese es mi nombre.
Lisa: ¿Estás casada? ¿Tienes hijos?
Gracia: ¿A qué vienen esas preguntas?
Lisa: Bueno, a que yo también debo admitir que te me hiciste una mujer muy guapa y bien interesante. Me pregunté si tenías familia porque para tu edad te ves muy bien.
Gracia: (suspicaz) No entiendo a qué viene eso.
Lisa: Nada más digo. Hay que hacerle cumplidos a las personas cuando los sentimos, ¿no crees? ¿Por qué no fijamos otra reunión y hago otro show para convencerte? Estoy segura que podemos hacer muchas cosas grandes si me das la chance.
FIN DEL FLASHBACK
Gracia: Fue así como empezamos a coquetearnos en cada reunión virtual que hacíamos y cuando menos me di cuenta, empecé a sentirme cada vez más atraída por ella hasta que formalizamos nuestra relación. Me gustaba verla bailar, posar sin ropa para mí… Era como un sueño que por fin me sintiera deseada y más por una chica como ella…
Carolina se levanta de la cama en señal de desaprobación a lo que su amiga le cuenta.
Gracia: Pero sé bien que hice mal y que fui una estúpida que se dejó engañar por una mocosa ambiciosa que solo quería usarme.
Carolina: ¿Qué te puedo decir, Gracia? Creo que tú estás bien consciente de la situación y no puedo recriminarte nada, sin embargo, sigo sin entender muchas cosas. ¿En qué parte de tu historia entra Luis Enrique?
Gracia: Yo sé muy bien tú mataste a Helena Montalbán.
Carolina siente que un vacío la invade al escucharla.
Gracia: Pero no te preocupes. Yo tampoco pienso juzgarte. Conozco tus razones y me parece que hiciste lo correcto. Yo también quería acabar con Lisa cuando supe que me engañó y en realidad estaba enamorada de Eduardo Román. Lástima que no lo logré… (Dice con odio)
Carolina: (balbuceando) ¿Co…? ¿Cómo es que sabes lo que hice?
Gracia: Yo siempre estuve merodeando por los alrededores de tu casa y tus empleados me empezaron a llamar “la loquita”. Me daban algo de comida por caridad y siempre aprovechaba para meterme a las habitaciones a robar dinero o alguna cosa de valor que encontrara…
Varias escenas se enfocan de lo que la mujer relata.
Gracia: Estaba hecha una indigente y no podía hacer nada porque temía que la policía me encontrara. Un día de esos, escuché a tu papá hablando en su estudio. Había acabado de llegar de viaje…
FLASHBACK
INT. / MANSIÓN DE LA TORRE, ESTUDIO / NOCHE
Epifanio se encuentra hablando por teléfono mientras mira pensativo a través de la ventana. Gracia escucha detrás de la puerta en un pésimo semblante como si estuviera enloquecida, con el rostro sucio y vistiendo harapos.


Epifanio: Sí, Enzo. Cuídala mucho y administra por el momento su cuenta con el dinero que destiné para ella. Todavía no sé si es mi hija después de lo que descubrí hoy, pero mientras tenga la duda, no la voy a dejar sola.
Gracia decide entreabrir la puerta con sumo cuidado y se sorprende al ver al hombre quien está de espaldas.
Gracia: (susurrando) Don Epifanio, el papá de mi amiga… Es el papá de Carolina…
Epifanio: Por lo pronto, ya llamé a mi abogado de confianza y le indiqué que dejara a Carolina fuera de mi testamento.
Gracia se extraña al escucharlo.
Epifanio: Lo sé. Todavía me debe una buena explicación, pero haya sido por el motivo que haya sido, no pienso acolitarle algo tan atroz como haber matado a Helena.
Gracia se cubre la boca con la mano ante la sorpresa que siente.
Epifanio: Tú que eres mi amigo de confianza sabes lo mucho que amé a esa mujer y desde su muerte, no he tenido paz pensando que fue la misma Lisa quien la mató, pero ya por fin hoy supe la verdad. Carolina no tendrá cómo negármelo con el video que tengo como prueba…
FIN DEL FLASHBACK
Gracia deja de relatarle aquel otro momento. Carolina luce notablemente sorprendida.
Gracia: Ese mismo día me escondí en tu casa. Quería ayudarte porque sabía que ibas a estar en problemas y en la noche escuché toda la conversación que tuviste con tu papá.
Carolina: Entonces… Entonces, ahí fue donde…
Gracia: (asentando) Sí, vi llegar al hombre ese, a Luis Enrique y ahí fue donde supe también que son hermanos.
Carolina exhala fuertemente y se pasa la mano por su cabellera.
Gracia: Lo peor es que confiaste en él para encubrir la muerte de tu papá, pero te equivocaste. Tu hermano no es más que un traidor. Él fue quien provocó el incendio que acabó con tu casa.
Carolina: (impactada) ¿Cómo?
Gracia: Yo misma lo vi cuando le prendió fuego a la entrada y cuando quise detenerlo, me golpeó y me encerró en su departamento para evitar que no hablara. Cuando intenté escapar, me disparó y aquí tienes la prueba…
Gracia sube la manga de su bata de paciente y deja ver una cicatriz de bala en su brazo. Carolina, entonces, recuerda un fragmento de una conversación que tuvo con Luis Enrique días antes.
FLASHBACK


Luis Enrique: No lo sé, Carolina. ¿Cómo podría serte de ayuda esta vez? Y, además, ¿qué gano yo? Ya te ayudé suficiente encubriendo la muerte del vejete de tu padre y de una u otra manera, también te ayudé matando al sucio maloliente ése de Tarcisio.
Carolina: De eso no me tires el agua sucia. Yo no tuve nada que ver. Eso lo hiciste tú por defender a Marissa para ganar puntos con ella.
Luis Enrique: En efecto, pero también lo hice porque sé muy bien que ese imbécil fue el que se encargó de enviarle a tu padre la grabación de la cámara de seguridad.
Luis Enrique va al minibar para servir otros dos vasos de whiskey.
Carolina: (dudosa) ¿Tú crees?
Luis Enrique: ¿Quién más podría haber sido? Recuerda que tú le pagaste para que te entregara la grabación, pero nadie nos garantiza que haya hecho una copia para beneficiarse luego y claro, al tipejo lo movía el interés y de seguro no dudó en entregársela a Epifanio por una buena lana.
Luis Enrique le entrega uno de los vasos a su hermana. Ella lo recibe.
Carolina: Tiene sentido. No lo había pensado.
Luis Enrique: ¿Ves? Te estaba protegiendo. Además, tú no lo sabes, pero el otro día intentaron matarme aquí en mi departamento.
Carolina: (impactada) ¿Matarte? ¿Pero cómo?
Luis Enrique: No sé. De alguna manera lograron entrar. El individuo estaba disfrazado y me estaba esperando, y de no ser porque luego llegó Pablo, ahorita no te estaría echando el cuento y estoy muy seguro que era el mismo imbécil ese.
FIN DEL FLASHBACK
Carolina ata cabos y asocia dicho recuerdo con lo que su amiga le cuenta en el instante.
Carolina: Esto es demasiado, Gracia (Perturbada). Luis Enrique no pudo. ¿Por qué? ¿Por qué me haría una cosa así si somos hermanos?
Gracia: Me dijo que lo hacía para vengarse de ti. Él nunca perdonó a tu padre por los maltratos que sufrió y vino a este pueblo para vengarse desde un principio. Él fue quien también le envió ese video a don Epifanio y no descansará hasta destruirte…
Carolina: (solloza) Claro, ahora todo tiene sentido. Era ese el motivo por el que mató a Tarcisio. De seguro le dio dinero para que le entregara el video de las cámaras de seguridad de la hacienda y lo silenció matándolo para no dejar cabos sueltos.
Gracia: (asentando) Y a mí me encerró en esta casa de locos y les ordena a las enfermeras que me mantengan dopada para que guarde silencio, pero tengo miedo de que en cualquier momento venga a matarme, Carolina (Aterrada). Ese hombre es muy peligroso…
Carolina: Y no sucederá, Gracia. Luis Enrique no podrá hacerte daño. Yo tengo más dinero que él y me voy a encargar de que salgas de aquí hoy mismo para que te vayas lejos.
Gracia: ¿Qué piensas hacer tú aquí sola? Tú también corres peligro.
Carolina: Por mí no te preocupes. Ya algo se me ocurrirá, pero lo cierto es que no permitiré que él me hunda. Vas a ver.
Carolina endurece la mirada como si estuviera planeando algo en contra de su hermano. Gracia la observa con preocupación.
CIUDAD DE MÉXICO
INT. / CASA DE LOS MIRANDA / NOCHE
Ha caído ya el sol. Marissa llega a su casa en auto, pero antes de que se baje y como es de esperarse, Danilo se apresura a abrirle y de forma caballerosa le da la mano.


Marissa: (sonriéndole) ¡Qué galán!
Danilo: Es lo mínimo que puedo hacer, ¿no? Ni modo que me quede sentadote a esperar a que usted salga del coche.
Marissa: De todas maneras, gracias, Danilo. De verdad que me gané la lotería con un empleado como tú. Has sido muy eficiente.
Danilo: (ilusionado) ¿Le parece?
Marissa: Por supuesto. El día de hoy hiciste todo correctamente tal cual como te indiqué. Eso deja mucho qué decir de ti y de lo profesional que eres.
Danilo: Tampoco es que haya sido mucho, señora.
Danilo esboza una sonrisa al tiempo que se frota la parte trasera del cuello.
Danilo: Nada más la llevé y la escolté a todos los sitios que me dijo usando esa cosa del celular. ¿Cómo es que se llama? (Pregunta confundido)
Marissa: (riendo) GPS.
Danilo: ¡Eso mismo! Está bien padre cómo da las direcciones y hasta dice por dónde es que hay que voltear. Hasta avisa si hay tráfico.
Marissa: Sí, son herramientas súper útiles en las que te puedes apoyar para que se te facilite el trabajo y hay más como la del calendario donde me vas a preparar mi agenda diaria.
Danilo: Sí es cierto. De hecho, ahorita apenas llegue al hostal donde me estoy quedando, me voy a sentar a prepararle la agenda de mañana.
Marissa: Está bien, pero trata también de descansar, que por hoy ya terminamos.
Danilo: ¿Sabe que no? Me parece que nos faltó algo.
Marissa: (sorprendida) Ay, no me digas. ¿A poco qué se nos olvidó?
Danilo: Espérese miro.
Danilo saca una tableta del interior de su saco y comienza a buscar algo en ella con mucha concentración.
Danilo: Bueno, pues aquí dice que, al llegar a la casa, tiene programado un beso con su asistente personal (Dice muy serio).
Marissa: (riendo) Ay, sí eres. Me asusté pensando que era algo importante.
Danilo: Y es importante. ¿No cree usted?
Danilo se le acerca a una distancia bastante cerca. Marissa le sonríe con algo de timidez.
Marissa: Bueno, no sé, pero si tú dices que está programado en la agenda, no es justo que me salte la programación.
Es así como ella lo besa repentinamente en la mejilla y le sonríe de forma angelical.
Marissa: Buenas noches.
Marissa se dirige a entrar en la casa, pero él la toma ligeramente del brazo.
Danilo: Yo me refería a otro tipo de beso, señora.
Marissa: Dani…
Danilo la silencia poniendo su dedo pulgar en los labios de ella, los cuales mira con deseo y comienza a acariciarlos.
Danilo: ¿Me va a decir que no le gusto ni tantito?
Marissa: (preocupada) Es que…
Danilo: Respóndame.
Marissa: Tú eres un muchacho muy atractivo. Te lo he dicho infinidad de veces.
Danilo: Eso no es lo que le pregunté.
Marissa: Danilo, yo ya soy una mujer mayor para ti. Tú eres un hombre joven, con un gran camino por recorrer y estoy segura de que cualquier muchacha estaría encantada de ser tu novia. Una relación entre nosotros sería muy complicada.
Danilo: ¿Que acaso porque ya es una mujer madura no tiene derecho a sentir y a saberse deseada?
Marissa guarda silencio y baja la cabeza sin saber qué decir. Danilo, sin embargo, la toma del mentón con delicadeza y le sube la cabeza. Los dos se miran fijamente.
Danilo: Entienda que usted es la única que me interesa y a mí la diferencia de edad me importa un pepino. Yo solo la quiero amar y hacerla sentir como lo que es, una mujer normal.
Marissa no puede evitar que se le forme un nudo en la garganta y habla en un hilo de voz.
Marissa: Me da miedo… Me da muchísimo miedo lanzarme así de plano a otra relación y más contigo que te tengo tanto aprecio.
Danilo: Yo quiero que ese aprecio se transforme en algo más y si usted me da el chance, no la voy a herir como esos patanes. Yo la amo de verdad.
Danilo acerca sus labios a los de ella. Marissa se siente agitada y el corazón le late más rápido de lo normal.
Danilo: (susurrando) Déjeme amarla…
De repente, el muchacho comienza a besarla despacio y ambos cierran los ojos. Marissa se paraliza, pero poco a poco, corresponde a ese beso que se torna más apasionado y dura varios segundos. Eduardo justo mira la escena de lejos con los ojos vidriosos y el rostro desencajado, por lo que no duda en acercarse caminando hacia ellos.

Eduardo: ¡Vaya, vaya!
Marissa y Danilo se separan al escuchar sorprendiéndose al ver al hombre.
Marissa: E… Eduardo…
Eduardo: Pensé por un momento que se trataba de una intriga, pero veo que no. Es más real de lo que me pude imaginar. Todo este tiempo jugaste conmigo mientras te revolcabas con éste. ¿Cómo pudiste ser tan descarada, Marissa? ¿Cómo? (Grita muy dolido)
Marissa no sabe qué decir ante tales acusaciones. Danilo también guarda silencio mirando con recelo a Eduardo y él sólo los mira con gran furia.
VILLA ENCANTADA
EXT. / HOSPITAL PSIQUIÁTRICO, ENTRADA / NOCHE
Es oscuro y se oyen tan solo el cantar de los grillos. Gracia sale del hospital y mira para todos lados cuidando no ser vista por nadie. Hay un auto estacionado en la reja de la entrada principal y ella sube sentándose en uno de los asientos delanteros.

Gracia: Ya hice todo lo que acordamos. Carolina está convencida de todo el cuento que le dije y va a irse en contra de Luis Enrique como querías, así que ya te toca a ti tu parte. ¿Dónde está el dinero para largarme lejos de este país antes de que me descubran?
Tal parece que la otra persona misteriosa dentro del auto, la cual se encuentra en los asientos traseros, guarda silencio y no responde.
Gracia: ¿Qué estás esperando? Dame mi dinero. ¿O vas a seguirme ocupando para que trabaje para ti? Porque ganas no me faltan. Deseo acabar con ese par de gusanos. ¡Lisa y Luis Enrique Escalante no merecen otra cosa que la muerte! (Dice con odio).
De repente, la mujer sienta que le ponen una pistola con silenciador en la cabeza.
Gracia: (impactada) ¿Qué es esto? ¿Qué haces?
Gracia se pone sumamente nerviosa y mira de reojo. Poco a poco, logra verse el rostro de aquella persona.

Cruz: Ni se te ocurra moverte, querida.
Cruz, en una actitud fría y calculadora, irreconocible en ella, le quita el seguro a la pistola.
Gracia: (muy nerviosa) ¿Me vas a matar?
Cruz: Digamos que ya tus servicios no serán más requeridos. Fuiste muy útil, pero ya no te necesitamos.
Gracia: Pensé que teníamos un trato…
Cruz: Trato que tú no cumpliste. Lisa Román y Luis Enrique Escalante tendrían ya que estar muertos. Tuviste el chance de acabar con ellos y en ambas ocasiones, te cacharon y no pudiste cumplir con lo que te ordené.
Gracia: ¡No fue mi culpa! Yo seguí al pie de la letra todo lo que me ordenaste. ¡Incluso maté a Manuel Román!
Cruz: Pero fallaste y hay que pagar un precio, Gracia.
Gracia: ¡Como un carajo! ¡No lo hagas, por favor! (Pide casi temblado)
Pero sin dar más preámbulo, Cruz dispara sin contemplación. Gracia cae muerta con los ojos abiertos y Cruz sopla la punta del silenciador.
Cruz: Adiós, querida.
Cruz procede a hacer una misteriosa llamada y espera unos segundos a ser atendida.
Cruz: Ya está. Podemos quedarnos tranquilitos. Gracia ya no representará ninguna amenaza (Pausa). Sí, usted no se preocupe. Confíe en mí que lo tengo todo bajo control, mi tigre…
Cruz sonríe pícara. Del otro lado de la línea, Epifanio se da la vuelta en un amplio sillón y se encuentra en bata al frente de una chimenea. Parece estar en una acogedora cabaña.

Epifanio: (muy serio) Eso espero, Cruz. Tú fuiste la que inició esto y tú lo debes terminar. No quiero que gente inocente salga lastimada.
Epifanio cuelga la llamada y se queda viendo hacia el vacío un par de segundos para luego alcanzar de un buró una foto enmarcada de Marissa.
Epifanio: Esta vez no voy a fallarte como padre, hija. Morí para el mundo, y tal como un alma en pena, es lo único que puedo hacer para protegerte, aunque sea de esta forma tan brutal…
El hombre luce perturbado al ver aquella foto y la recuesta sobre el buró.
CONTINUARÁ…
Lisa y María Helena se encuentran frente a frente. Las dos se ven entre sí sumamente sorprendidas e impactadas por aquel encuentro. Lisa siente que se le corta la respiración y aunque usa una llamativa máscara blanca, sus ojos impresionados resaltan y hablan por sí solos.

Lisa: Tú…
María Helena traga saliva e intenta hablar.
María Helena: Ho… Hola…
Lisa: No puede ser (Niega con la cabeza). Tú no puedes estar aquí.
María Helena: Tengo que hablar contigo.
Lisa: ¿Dónde está Manuel?
María Helena: Escúchame, por favor.
Lisa pierde la paciencia y saca rápidamente una pistola de un buró con la cual le apunta a su hermana. María Helena, aunque se asusta, trata de no perder la calma.
Lisa: ¡Dime dónde está mi tío! ¡Habla!
María Helena: Él no va a venir. Está muerto.
Lisa: (exaltada) ¿De qué estás hablando, bastarda asquerosa?
María Helena: (solloza) Yo lo maté…
Lisa luce totalmente desconcertada y no deja de apuntarle con la pistola.
María Helena: Ayer fue su funeral. Era por eso que no contestaba ninguno de tus mensajes o llamadas…
Lisa respira agitada sin dar crédito a lo que oye.
María Helena: Yo lo maté cuando intentó violarme.
Lisa: Debe ser mentira. ¡Todo esto debe ser una pinche trampa! Pero te vas a arrepentir. Te voy a matar, infeliz.
Lisa le quita el gatillo a la pistola.
María Helena: ¡Te estoy diciendo la verdad! ¡No es ninguna trampa!
Lisa: ¡Cállate!
María Helena: Mátame si quieres, pero ahí sí te vas a meter en un pedo serio cuando rastreen mi ubicación y den con este sitio.
Lisa: ¡Que te calles!
María Helena: Van a descubrir que todo este tiempo has estado viva y te van a refundir en el bote por asesina, manita.
Lisa: (histérica) ¡Basta! ¡No digas ni una sola palabra más o te vuelo la cabeza! ¿Me entendiste?
María Helena gimotea y tiembla intentando contener el llanto.
Lisa: Vas a responder cada una de las preguntas que te voy a hacer y quiero la verdad porque no vas a salir de aquí con vida si me mientes. ¿Escuchaste? Dime quiénes más saben que estoy aquí.
María Helena: Nadie más, te lo juro. Vine yo solita.
Lisa: ¿Y cómo sé que lo que dices es cierto y afuera no está la poli esperando a que salga para atraparme?
María Helena: Es tu problema si no me crees. Pude haber venido con la policía usando como prueba el celular de Manuel, pero no lo hice para no perjudicarnos a ninguna de las dos.
Lisa: ¿Cómo que perjudicarnos? Explícate.
María Helena: Si yo decía algo sobre ti y les daba esta dirección que me enviaste anoche, te habrían detenido y a mí me habrían investigado por tener el celular de Manuel que es este mismito que tengo aquí.
María Helena saca el celular de Manuel de la cartera que cuelga de su hombro y se lo muestra a Lisa. Ésta no baja la guardia y sigue apuntándole sin pestañear.
María Helena: Podrían hasta haber pensado que los tres éramos cómplices y con justa razón porque yo no soy más que una chava que se apareció de la nada diciendo ser una Román.
Lisa: ¿Y qué se supone que haces tú con el celular de mi tío? ¿Qué pasó con él?
María Helena: Ya te lo dije. Yo lo maté (Rompe a llorar). Él me quería violar y no sé cómo, pero me defendí y lo ataqué.
Lisa: (incrédula) ¿Lo atacaste?
María Helena: Todo pasó muy rápido y ni siquiera lo recuerdo. Estaba en shock. De la nada, perdí el conocimiento y cuando me desperté, lo vi ahí, a mi lado, muerto, todo ensangrentado, con los ojos abiertos…
María Helena llora desconsolada al relatar ese momento.
María Helena: El cuerpo me dolía horrible y lo único que hice fue salir corriendo para la hacienda sin saber qué hacer. Me iba a escapar sin decirle nada a nadie de lo asustada que estaba, pero no me dio chance y al día siguiente la policía lo encontró justo donde lo dejé…
Lisa: ¿Y qué pretendías viniendo hasta aquí tú sola si tu intención no era denunciarme?
María Helena: Quiero que nos ayudemos.
Lisa: ¿Ayudarnos?
María Helena: Mira, yo crecí muy tranquila sin saber nada de ustedes con mi mamá Martha. Ella era la…
Lisa: (interrumpiéndola) Sí, sí, lo sé. La chacha de Helena a la que cual te regalaron. Manuel me puso al tanto, así que ni te molestes en explicarme tu aburrida biografía. Ve al punto.
María Helena: Ella ahorita está enferma y si a mí me llevan al bote, la voy a dejar sola y no resistiría verme encerrada. Don Eduardo ni pagaría la operación si se entera que yo fui la que mató a su hermano.
Lisa: Ese es tu pedo, amiga. ¿Qué tengo que ver yo?
María Helena: Tú me podrías ayudar a encubrir lo que hice y a cambio, yo te podría a ayudar a ti a volver a la hacienda ahora que Manuel ya no está.
Lisa se echa a reír de inmediato al escucharla y baja el arma. María Helena solo la mira seria y expectante con los ojos brillantes por las lágrimas.
Lisa: (carcajeando) Ay, no. Neta ahora sí me hiciste reír. De verdad que eres bien pendeja (Continúa carcajeando). ¿Tú ayudarme a mí?
María Helena: Yo sé muy bien que eso es lo que quieres porque estuve revisando varios mensajes y me di cuenta que ustedes dos tramaban algo; algo que incluso me incluía a mí y a don Eduardo que ya me imagino que es.
Lisa: ¿En serio? ¿Y no te apetece la idea? (Sonríe pícara) Mira que nuestro papi es bien fogoso y no te imaginas las cosas que hace con sus manos de macho, con sus labios, lengua. Es todo un semental.
María Helena: Podría ser mi papá. ¿Cómo voy a pensar en tener una relación con él?
Lisa: No seas tan estúpida. Eduardo no es nuestro padre en realidad y eso tú ya lo deberías tener bien clarito.
María Helena: ¿Y a ti quien te garantiza que eso sea verdad?
Lisa: Helena se lo dijo a Manuel y él me lo dijo a mí. Ella admitió que el viejo Epifanio de La Torre era mi padre biológico y también el tuyo para que estés enterada.
María Helena: Pues a nadie le consta y a mí me late más bien que eres bien puerca y nada más has usado eso como excusa para tener el camino libre de metértele por los ojos a don Eduardo. Por eso no dudaste en obligarlo a acostarse contigo.
Lisa: ¿Tú qué sabes? Yo no lo obligué
María Helena: Estaba borracho y tú te aprovechaste. Él ni siquiera quería porque siempre te vio como su hija.
Lisa: Pero puede aprender a amarme y más ahora que ya no soy esa Lisa que él conoció. Eso fue lo que me propuse desde un principio cuando me propuse sacar del camino a esa zorra desgraciada de Helena.
María Helena: (en un hilo de voz) Era nuestra madre…
Lisa: ¡Era una zorra! Una ofrecida que le gustaba acostarse con cuanto hombre se le cruzara en frente sin importar quién fuera; socios, amigos de la familia, hasta peones. ¡Con todos se liaba la muy perra y lo sé porque la veía!
María Helena escucha con atención muy perturbada.
Lisa: Pero lo peor era que engañaba con tanto cinismo a mi papá al que le gustaba poner a dormir con pastillas para salir en la noche a revolcarse con sus amantes y no iba a permitir que mientras ella tenía el privilegio de ser la mujer de mi papá, le hiciera algo tan ruin.
María Helena: ¿Por qué simplemente no la acusaste? ¿Por qué llegar tan lejos?
Lisa: Hay alguien que me propuso matarla para desestabilizar a mi papá e inducirlo en el alcohol. Con Helena fuera del camino y siendo mi papá un alcohólico, me iba a ser más fácil hacerlo mío. Quité del camino a la estorbosa de mi abue que nunca lo hubiera permitido y estaba por lograr mi cometido hasta que se apareció la Marissa Miranda esa (Menciona con odio). ¡Ella me robó el amor de mi papá! (Furiosa)
María Helena: Estás enferma…
Lisa: Enferma no. Enamorada que es otra cosa bien distinta. Eduardo siempre tuvo algo que me llamaba la atención. No sabía bien qué era porque estaba bien chavita y me gustaba cuando me cargaba en sus brazos fuertes; cuando me besaba en la frente; cuando esperaba a que me quedara dormida en mi cuarto y me acariciaba con tanta ternura el rostro…
Lisa recuerda tales momentos con cierta especialidad y un brillo se dibuja en sus ojos al tiempo que sollozan.
Lisa: Era bien especial conmigo y eso me hacía sentir lindo por dentro. Me gustaba más compartir con él que con mi mamá y a medida que fui creciendo, me di cuenta de que sí; que muy en el fondo no era cariño. Era deseo y algo bien intenso.
María Helena niega con la cabeza al conocer tantos detalles de su hermana.
Lisa: Fui ahí donde empecé a observarlo en la ducha; cuando hacía ejercicio; cuando hacía el amor con mi mamá en las noches y ella gemía con tanto placer. Quería estar en el lugar de ella, pero no podía y ahí fue donde no vi de otra que saciar lo que sentía con Manuel…
Lisa derrama varias lágrimas mientras se pasea por la habitación mirando al vacío.
Lisa: (frustrada) Tuve que darle a ese puerco mi virginidad para sentir un poco que estaba con mi papi, pero no lo amaba. Pensaba en Eduardo cuando me acostaba con él. Imaginaba que era Eduardo el que me tocaba y era la única manera que tenía de sentir que yo era suya, no Helena.
María Helena: ¿Y qué pretendías entonces al querer que yo ocupara tu lugar?
Lisa: Yo nada. El del plan era Manuel.
María Helena: ¿Qué quieres decir?
Lisa: Él sabía que eras una amenaza, así que ideó una forma de sacarte provecho para que tú te casaras con Eduardo y, a la vez, quería volverte su amante.
María Helena: (en un hilo de voz) ¿Para qué? ¿Qué ganaba con algo tan turbio?
Lisa: Fácil. Quería usarte para apoderarse del patrimonio de la familia. Buscaba que tú te divorciaras de Eduardo después de un tiempo, le arrebataras todo y se lo dieras a él, algo muy parecido a lo que hizo conmigo.
María Helena se cubre con la boca y gimotea sintiéndose cada vez más perturbada.
Lisa: Lástima que fue tan imbécil y por andar de calenturiento contigo, lo mandó todo por un tubo. ¿Ves? Fue víctima de su propio invento; una rata que cayó en su propio agujero.
María Helena: Yo lo único que quiero es no ir a la cárcel. Tú me tienes que ayudar. Las dos nos necesitamos.
Lisa: Te equivocas. Yo no te necesito. Mírame. Estoy como nueva y con el rostro que tengo, nadie sabrá quién soy. Puedo valerme de ello para infiltrarme a la hacienda sin que tú muevas un dedo.
María Helena: Entonces, no eres tan inteligente como pensé porque, si crees que puedes aparecerte en la hacienda sin que yo diga quién eres, la que está equivocada es otra. No te lo voy a permitir.
Lisa: ¡Estúpida! ¿Olvidas que puedo matarte aquí?
Lisa vuelve a apuntarle con la pistola, pero María Helena permanece firma y se muestra segura.
María Helena: Hazlo, pero ya te dije que, con la ubicación de mi celular, van a rastrear este sitio, van a mirar cámaras y todo su teatrito se te va a caer. Por más que tengas otra cara, sabrán que estás viva y comenzarán a buscarte hasta que te encuentren con pruebas de ADN y huellas.
Lisa, por un momento, parece bajar la guardia al escuchar.
María Helena: Te guste o no, te tengo en mis manos y sabes muy en el fondo que la única que te puede ayudar con tu cometido soy yo, así que ya dime qué vamos a hacer.
Lisa baja el arma finalmente y ambas hermanas se ven de forma retadora.
INT. / RESTAURANTE, TERRAZA / DÍA
Marissa llega junto a Danilo, el cual la escolta como asistente, a un elegante restaurante que se ubica en la terraza de un edificio con buena vista a la ciudad. Luis Enrique espera allí ya sentado y, al verlos llegar, sonríe con hipocresía y se pone de pie. Los dos primeros lucen serios.



Luis Enrique: Marissa…
Marissa: Buenas tardes, Luis Enrique. No esperé que llegaras tan puntual. Ni siquiera es la hora que te dije por mensaje.
Luis Enrique: La puntualidad es mi fuerte y no puedo tomarme el atrevimiento de llegar después de una mujer, y no cualquier mujer, sino mi esposa.
Marissa solo guarda silencio ante tal afirmación.
Luis Enrique: Y no me puedo olvidar de ti, Danilo. Te ves guapo, hijo. Mírate nada más. Me da gusto ver que estás trabajando para Marissa. Ella de seguro te va a tratar mejor de lo que trataron en la hacienda de los Román. Ojalá que no tengas ningún lío de faldas esta vez, eh.
Marissa frunce extrañada el ceño. Danilo guarda silencio, pero siente enfurecer al escuchar a su padre y respira profundo para contenerse.
Danilo: Prefiero que no me dirija la palabra, señor y menos ahorita que estoy en la chamba. Cualquier cosa que tenga que hablar conmigo que sea por fuera de mi horario de trabajo.
Marissa: Danilo tiene razón, Luis Enrique. Él ahora está en calidad de empleado y no hemos venido para tratarnos con tanto protocolo. Danilo, pásame la carpeta y la pluma, por favor.
Danilo le entrega, en efecto, una carpeta de color marrón y un bolígrafo a la mujer. Ella, a su vez, se la da a Luis Enrique.
Marissa: Fuimos esta mañana al despacho de mi abogado para recoger esto y como no tengo tiempo que perder, necesito que firmes de inmediato.
Luis Enrique: Me puedo imaginar de qué se trata. Es la petición de divorcio, ¿no?
Marissa: Te imaginas bien. Mi abogado ya se encargó de redactarla y solo necesita tu firma para que iniciemos con el proceso, así que ahí tienes el documento que te pido que firmes, por favor.
Luis Enrique guarda silencio, no recibe la carpeta y la mira con suspicacia. Marissa solo lo mira con notable recelo.
INT. / HOSPITAL PSIQUIÁTRICO / DÍA
Carolina camina por un largo pasillo. Va acompañada por Cruz y ambas son guiadas por una enfermera hacia una habitación en particular. Cruz mira aterrorizada a sus alrededores.


Cruz: (susurrando) ¿Usted está segura que este es el sitio, señorita?
Carolina: Por supuesto. El GPS no miente.
Cruz: Es que me da muy mala espina, no sé. Hoy en día todo el mundo se fía muy fácil de esos aparatos y una nunca sabe que den mal las direcciones.
Carolina: Pues si tanto terror te da, devuélvete para el coche y espérame allá. No tengo problema.
Cruz: ¿Y perderme el chisme? ¡Claro que no!
Carolina: Ahora que lo mencionas, guarda muchísima confidencialidad, Cruz. Nadie, absolutamente nadie, puede saber sobre esto. ¿Entendiste?
Carolina: Usted sabe que soy como una tumba, señorita. Hartos secretos guardé de don Epifanio, que en paz descanse, y jamás abrí la boca.
Carolina: Pues espero que, en lo que respecta a mí, tampoco la abras y me sigas siendo tan fiel como hasta ahora. Gracia me advirtió que corro peligro. He ahí el por qué te lo digo.
De repente, las mujeres llegan a la habitación.
Enfermera: Es aquí.
La enfermera procede a abrir la puerta y mientras lo hace, les da unas indicaciones.
Enfermera: Como no es horario de visitas, no pueden tardarse demasiado y tampoco traten de alterar a la paciente, por favor.
Carolina: No se preocupe. Ella me conoce bien.
La enfermera termina de abrir. Carolina y Cruz se miran entre sí con indecisión, pero se adentran a la habitación. Gracia, en efecto, está allí adentro y les da la espalda mirando a través de la ventana, la cual se encuentra protegida por una reja.

Enfermera: Estaré aquí afuera por si necesitan algo.
Carolina: Gracias.
La enfermera cierra la puerta. Carolina se acerca lentamente a su amiga y pone su mano en el hombro de ella. Cruz observa a una distancia prudente.
Carolina: ¿Gracia?
Gracia no voltea y continúa ensimismada en sus pensamientos.
Carolina: Gracia, soy yo. Ya estoy aquí.
Poco a poco, la mujer voltea la cabeza y alza la mirada para luego dibujar una notable sonrisa de alivio.
Gracia: Caro… Caro, amiga, eres tú.
Gracia se lanza a abrazarla fuertemente.
Gracia: ¡Qué bueno que sí viniste! No sabes la alegría que me da verte (Rompe a llorar). No tienes ni idea de lo que he pasado y de lo mucho que quise buscarte, amiga.
Las dos se separan de su abrazo y se toman de las manos.
Carolina: Precisamente, por ese motivo vine, Gracia. Tengo la impresión de que tienes mucho qué decir y estoy dispuesta a escucharte largo y tendido.
Gracia: Tengo mucho miedo de que algo me pase si hablo. No me quiero morir, Caro. No me quiero morir (Llora muy asustada).
Carolina: Tranquila. Nada te va a pasar. Confía en mí. Yo te voy a proteger, pero necesito que te sinceres conmigo y me expliques lo que ocurrió contigo. ¿Cómo es que llegaste a este manicomio? ¿Qué tiene que ver Luis Enrique? Cuéntamelo todo, Gracia. ¡Todo!
Gracia mira con duda al escuchar tales cuestionamientos. Cruz, de lejos, continúa siendo una silenciosa pero misteriosa espectadora, pues enarca una ceja y una sutil sonrisa de malicia se dibuja en su rostro.
INT. / RESTAURANTE, TERRAZA / DÍA
Entretanto, Luis Enrique luce dudoso a recibir la carpeta que contiene la petición de divorcio. Marissa lo ve con seriedad.



Marissa: ¿Qué estás esperando? Toma el documento y fírmalo de una vez.
Luis Enrique: Danilo, ¿nos permitirías un momento? Tengo que hablar algo primero con Marissa. No me voy a demorar.
Danilo: ¿Quiere que los deje a solas, señora? (Pregunta con recelo),
Marissa se queda pensativa por algunos segundos y asiente con la cabeza.
Marissa: Sí, Danilo. Déjanos a solas y ya estoy contigo en un rato.
Danilo: Como mande. Cualquier cosa, estaré por allí.
Danilo se aparta a una distancia prudente.
Marissa: ¡Muy bien! Si accedí a hablar contigo, es para que le demos un cierre medianamente “formal” a la farsa de matrimonio que por tanto tiempo tuvimos, así que habla de una vez. ¿Qué me vas a decir?
Luis Enrique: No tienes que portarte tan a la defensiva conmigo, mujer. No soy tu enemigo.
Marissa: (exasperada) Simplemente habla, Luis Enrique. No tengo mucho tiempo. ¿Qué quieres o acaso te vas a arrepentir de firmar la petición por las buenas?
Luis Enrique: No te lo voy a negar. Me arrepiento de haberte dicho que lo haría, pero no por capricho como de seguro estás pensando, sino porque no quiero perderte, Marissa.
Marissa: Tú me perdiste desde hace mucho tiempo y de lo único que debes arrepentirte es de haberme engañado tan vilmente desde un principio. De lo contrario, ahora no estaríamos en esta situación.
Luis Enrique: (acercándose) Y lo hago, créeme. Cada día me pesa como un condenado no haber hecho las cosas bien contigo, pero todavía creo que podemos hacer algo por nosotros.
Marissa: Es tarde. Ya no hay nada que hacer.
Luis Enrique: Sí lo hay si desistes de esta idea de divorciarnos.
Marissa: Pero no lo haré. No pienso echarme para atrás por el contundente hecho de que ya no siento absolutamente nada por ti.
Luis Enrique: ¿Tan rápido me desechaste cuando decías amarme todos los días? (Finge estar dolido)
Marissa: Era una mentira que yo misma me quise creer, pero ya hacía tiempo que te había dejado de amar, Luis Enrique, solo que me negaba a creerlo. Tantos años de maltrato verbal, de abandonado, de desprecio hacia mí y hacia mi hijo, todo eso mató el amor que sentí por ti.
Luis Enrique: (desesperado) ¡Pero quiero reparar mi error, carajo! ¿Qué te cuesta darme una oportunidad?
Marissa: ¡Yo te di muchísimas oportunidades! ¡Muchísimas! (Repite con cierto resentimiento) Pero tú te encargaste de desaprovecharlas todas y ya no voy a caer en el mismo error que cometí.
Luis Enrique: Marissa, te lo pido…
Marissa: Firma el bendito documento y ya está porque si te sigues negando, voy a irme por la ley para denunciarte por fraude notarial.
Marissa lanza la carpeta sobre la mesa y mira hacia otro lado ignorándolo. Luis Enrique se queda en silencio y respira agitado por varios segundos.
Luis Enrique: Espero que no te pese después cuando te des cuenta que soy el único hombre que te conviene e incluso si eso pasa, aquí voy a estar para ti.
Marissa: (indiferente) Firma.
Luis Enrique toma de mala gana el bolígrafo, abre la carpeta y procede a firmar el documento que hay en el interior. Marissa no se da a la espera para tomarla nuevamente y ponérsela debajo del brazo.
Marissa: Esto es todo, Luis Enrique. Hasta aquí llegamos.
Marissa procede a irse del restaurante. Danilo va tras ella no sin antes lanzarle una mirada de desprecio a su padre. Luis Enrique recuesta las manos sobre la mesa e intenta contener la furia que siente.
Luis Enrique: Esto no se va a quedar así, Marissa. No te vas a dar el lujo de rechazarme y humillarme. No, señor… Tú eres mi esposa y así será.
Luis Enrique sonríe forzado tensionando la mandíbula y sintiéndose seguro de sus intenciones.
INT. / HOSPITAL PSIQUIÁTRICO, HABITACIÓN DE GRACIA / DÍA
Carolina se encuentra sentada en la cama. Gracia también lo está a su lado, un poco más tranquila, y ambas siguen tomadas de las manos.



Carolina: ¿Te sientes mejor? Mira que no quiero que te alteres.
Gracia: (esbozando una sonrisa) Estoy bien, Caro. Tranquila. Es solo que la emoción de verte después de tanto tiempo me hizo exaltarme un poco, pero ya pasó.
Carolina: ¿Te sientes lista para hablar?
Gracia mira con desconfianza a Cruz. Carolina lo nota.
Carolina: No te preocupes. Cruz es mi ama de llaves. Es de plena confianza.
Gracia: Después de lo que he pasado, no confío en nadie, Carolina. Si no te molesta, preferiría que estemos a solas.
Carolina se queda pensativa durante un par de segundos.
Carolina: Está bien, como quieras. Cruz…
Cruz da un paso adelante.
Cruz: Dígame, señorita.
Carolina: Creo que ya escuchaste porque tienes los oídos más agudizados que cualquiera, así que espérame afuera.
Cruz: Pues ya ve que no le escuché, señorita.
Cruz mete uno de sus dedos meñiques en una de sus orejas y hurga adentro.
Cruz: Tengo harta cera porque usted aún no me paga y no he tenido cómo limpiarme los oídos.
Carolina: (asqueada) Ay, ya, por favor. Deja de ser tan desagradable.
Cruz: Pero es que…
Carolina: Pero nada. Mejor salte y espérame afuera en el pasillo o el coche, como prefieras. Más tarde te doy tu cheque.
Cruz: (refunfuñando) Eso me lleva diciendo hace siglos y me sigue viendo la cara de mensa…
Carolina: ¿Qué cosa?
Cruz: Ah, que sí, señorita. Como usted ordene. La espero.
Cruz les sonríe con hipocresía y se retira de la habitación cerrando la puerta tras sí.
Carolina: Discúlpame. Cruz ha estado a mi lado más que nunca desde que murió mi papá y hubo el incendio en la mansión.
Gracia: Lo siento mucho. Me puedo imaginar cómo te has sentido. Quise contactarme antes para darte el pésame.
Carolina: (sorprendida) ¿Tú estabas enterada?
Gracia: (asentando) Sí y quise ponerte en sobre aviso innumerables veces, pero no pude. Apenas hoy logré convencer a la enfermera de turno para que me prestara su celular.
Carolina: Gracia, sigo muy confundida. ¿De qué se trata esto? ¿Cómo es que resultaste en este sitio?
Gracia: ¿Recuerdas el día que nos vimos afuera de tu casa?
Carolina hace memoria y, efectivamente, lo recuerda.
FLASHBACK
EXT. / MANSIÓN DE LA TORRE / DÍA
Carolina, por su parte, sale con prisa de la mansión y se dirige a abordar su auto con las llaves en la mano, pero se detiene al vislumbrar en la reja de la entrada a una mujer andrajosa y vistiendo harapos a la que, al parecer, reconoce.
Carolina: ¿Esa no es…?
Carolina se acerca a la reja. La indigente mira a su alrededor como si estuviese confundida y desorientada.
Carolina: ¿Gracia? ¿Gracia, eres tú?
En efecto, se trata de Gracia, quien voltea a ver a Carolina y también la reconoce.
Gracia: ¿Carolina?
Carolina: (impresionada) ¡Dios mío! ¿Qué te pasó? Mírate en las fachas en las que estás. ¿Dónde te habías metido?
Gracia: (exaltada) Carolina, qué bueno que te veo, amiga. Ya decía yo que había estado por este lugar antes (Sonríe desquiciada). Hay una gente que me está buscando y me quieren atrapar.
Carolina: Veo que no estás nada bien. Espérate un momento. Voy a llamar a un empleado para que pases a la mansión, te tomes un baño y comas algo. Voy de salida para otro lugar, pero tengo que hablar contigo luego, ¿va?
Gracia: ¡Espera, Carolina! ¡No te vayas! ¡No te vayas, amiga! (Aferrándose a los barrotes de la reja) Tienes que escucharme. Hay algo muy importante que debo decirte.
Carolina: Puedes decírmelo más tarde. Como te dije, debo arreglar otro asunto importante y…
Gracia: ¿No piensas salvar al amor de tu vida?
Carolina: (extrañada) ¿A qué te refieres?
FIN DEL FLASHBACK
Carolina: Sí, lo recuerdo. Ese día me contaste que habías escuchado a Manuel hablando con Lisa por celular sobre secuestrar a Eduardo durante la boda. Recuerdo también que dejé a cargo a un empleado para que te dejara pasar y comieras algo, pero cuando regresé ya no estabas.
Gracia: Fue porque decidí desaparecer de nuevo. No podía quedarme en tu casa bajo el riesgo de que la policía me arrestara por lo sucedido con Lisa.
Carolina: (pensativa) ¿Es cierto que la acosabas y la chantajeaste con fotos comprometedoras para ayudarla a pasar a mi agencia?
Gracia: Jamás. Lisa fue la que me contactó a mí primero a través de correo preguntándome todo sobre la agencia y los requisitos para pasar. Como era menor de edad, le dije que debía esperar, pero ella insistió, así que le di el chance de enviarme algunas fotos y videos de prueba…
FLASHBACK
INT. / AGENCIA DE MODELAJE / DÍA
Gracia se encuentra sentada frente a su laptop sosteniendo una videollamada con Lisa.

Gracia: Debo reconocer que tienes potencial, muchacha. Posees las características y el porte como para ser modelo.
INT. / HACIENDA DE LOS ROMÁN, HABITACIÓN DE LISA / DÍA
Lisa se encuentra al otro lado de la pantalla usando. Está usando un ajustado pijama negra y una bata del mismo color.

Lisa: Entonces, ¿qué más necesito? ¿Con lo que te envié ya pasé o qué sigue?
Gracia: Antes de cualquier cosa, tengo una duda. ¿Cuántos años tienes?
Lisa: Eh, bueno. Diecisiete, pero ya en unos meses cumplo los dieciocho. Estoy inclusive por terminar la prepa.
Gracia: Entiendo y me lo imaginé, pero en dado caso, es imposible que puedas pasar.
Lisa: (exaltada) ¿Por qué? Te estoy diciendo que ya estoy cerca de ser mayor de edad y de terminar mis estudios. Tú misma me acabas de decir que tengo todo lo que se necesita.
Gracia: La agencia no trabaja con menores, lo siento. Tenemos una política muy estricta respecto a la edad.
Lisa: Ay, anda. Dame una oportunidad. Este es mi momento y no puedo desaprovecharlo. Mi sueño y mi mayor ilusión siempre ha sido ser una estrella de las pasarelas. ¿Qué les cuenta hacer una excepción?
Gracia: Ya nos ha pasado y nos hemos metido en pleitos legales con los padres que se aprovechan de la edad de sus hijas para exigir otras condiciones o demandarnos. Queremos evitar ese tipo de situaciones. Entiéndelo, además, tú ni has terminado de estudiar y ese sería otro gran inconveniente con la ley.
Lisa: Te juro que lo de la prepa lo puedo arreglar. Mi familia tiene mucho poder y algo podrían hacer para que estudie de manera virtual. En cuanto al permiso, lo puedo conseguir y asegurarme de que mis padres no sean un problema, pero ayúdame, ¿sí?
Gracia: Lo siento mucho, nena. No hay nada que pueda hacer.
Lisa: Tal vez sí. Quizá te haga falta que me veas más en acción para que te termines de convencer de que sería una excelente candidata en la agencia para la que trabajas.
Gracia: Es mejor que no insistas, muchacha. Comprende.
Lisa: Puedo dar mucho más. Espérate.
Lisa comienza a reproducir una música de pasarela en su computador, se pone de pie y se quita la bata frente a la pantalla.
Gracia: ¿Qué estás haciendo?
Lisa procede a bajarse el pijama y queda solo en bragas ante la sorpresa de la madura mujer.
Gracia: ¿Te has vuelto loca? Yo no te he pedido que hagas esto.
Pero la chica la ignora y comienza a caminar sensualmente de un lado a otro con un imponente porte de modelo. Gracia se ve incómoda e intenta no ver su pantalla, pero no puede evitar que aquel acto le llame la atención.
FIN DEL FLASHBACK
Gracia acaba de relatar el momento que acaba de recordar. Carolina sigue escuchándola con atención.
Gracia: (llorando) Lisa sabía bien lo que hacía. Comenzó a seguir llamándome una y otra vez. De alguna forma, intuyó cuál era mi orientación sexual y se valió de ello para manipularme la muy perra.
Carolina: No puedo creerlo, aunque no me sorprende. Lisa era bien obstinada.
Gracia: Y no se rindió… Quise parar, pero no se rindió...
FLASHBACK
INT. / AGENCIA DE MODELAJE / DÍA
Gracia camina por los pasillos de la agencia mientras habla por celular y lleva una carpeta. El sonido de sus tacones al caminar se hace sentir.
Gracia: (seria) Mira, chula. El hecho de que te hayas desnudado no quiere decir que vayas a ganar puntos extras o algo por el estilo. Deja de insistir.
INT. / HACIENDA DE LOS ROMÁN, HABITACIÓN DE LISA / DÍA
Lisa habla al otro lado de la línea. Está sobre la cama aplicándose crema hidratante en las piernas y tiene el celular a un lado en altavoz.
Lisa: Te equivocas. No lo hice por ganar puntos, sino para que vieras lo dispuesta y decidida que estoy a ser modelo. Yo sé muy bien que en esta profesión el pudor y la mojigatería no tienen lugar, así que por eso me desnudé frente a ti.
Gracia: Pero no lo vas a hacer de nuevo porque podría meterme en un lío feo con la ley por tu culpa. Es mejor que no me llames más porque me veré obligada a bloquearte o a reportarle lo que sucedió a tus padres.
Lisa: Ay, no seas así. Dime si no estuve increíble y tengo un cuerpo envidiable a la edad que tengo.
Gracia: ¿Quién ha dicho lo contrario? Eres muy bella.
Lisa: ¿Te parece?
Gracia: Claro. Eres simpática, sagaz, osada y tienes un cuerpo envidiable. Debo reconocer que eres muy guapa.
Lisa: (sonriendo con malicia) No sabía que pensabas así de mí, lo que quiere decir que te gustó mi presentación del otro día, ¿no?
Gracia: No lo puedo negar. Una jovencita como tú es una bomba completa.
Lisa: Dime algo, Gracia. Así te llamas, ¿no?
Gracia: Sí, ese es mi nombre.
Lisa: ¿Estás casada? ¿Tienes hijos?
Gracia: ¿A qué vienen esas preguntas?
Lisa: Bueno, a que yo también debo admitir que te me hiciste una mujer muy guapa y bien interesante. Me pregunté si tenías familia porque para tu edad te ves muy bien.
Gracia: (suspicaz) No entiendo a qué viene eso.
Lisa: Nada más digo. Hay que hacerle cumplidos a las personas cuando los sentimos, ¿no crees? ¿Por qué no fijamos otra reunión y hago otro show para convencerte? Estoy segura que podemos hacer muchas cosas grandes si me das la chance.
FIN DEL FLASHBACK
Gracia: Fue así como empezamos a coquetearnos en cada reunión virtual que hacíamos y cuando menos me di cuenta, empecé a sentirme cada vez más atraída por ella hasta que formalizamos nuestra relación. Me gustaba verla bailar, posar sin ropa para mí… Era como un sueño que por fin me sintiera deseada y más por una chica como ella…
Carolina se levanta de la cama en señal de desaprobación a lo que su amiga le cuenta.
Gracia: Pero sé bien que hice mal y que fui una estúpida que se dejó engañar por una mocosa ambiciosa que solo quería usarme.
Carolina: ¿Qué te puedo decir, Gracia? Creo que tú estás bien consciente de la situación y no puedo recriminarte nada, sin embargo, sigo sin entender muchas cosas. ¿En qué parte de tu historia entra Luis Enrique?
Gracia: Yo sé muy bien tú mataste a Helena Montalbán.
Carolina siente que un vacío la invade al escucharla.
Gracia: Pero no te preocupes. Yo tampoco pienso juzgarte. Conozco tus razones y me parece que hiciste lo correcto. Yo también quería acabar con Lisa cuando supe que me engañó y en realidad estaba enamorada de Eduardo Román. Lástima que no lo logré… (Dice con odio)
Carolina: (balbuceando) ¿Co…? ¿Cómo es que sabes lo que hice?
Gracia: Yo siempre estuve merodeando por los alrededores de tu casa y tus empleados me empezaron a llamar “la loquita”. Me daban algo de comida por caridad y siempre aprovechaba para meterme a las habitaciones a robar dinero o alguna cosa de valor que encontrara…
Varias escenas se enfocan de lo que la mujer relata.
Gracia: Estaba hecha una indigente y no podía hacer nada porque temía que la policía me encontrara. Un día de esos, escuché a tu papá hablando en su estudio. Había acabado de llegar de viaje…
FLASHBACK
INT. / MANSIÓN DE LA TORRE, ESTUDIO / NOCHE
Epifanio se encuentra hablando por teléfono mientras mira pensativo a través de la ventana. Gracia escucha detrás de la puerta en un pésimo semblante como si estuviera enloquecida, con el rostro sucio y vistiendo harapos.


Epifanio: Sí, Enzo. Cuídala mucho y administra por el momento su cuenta con el dinero que destiné para ella. Todavía no sé si es mi hija después de lo que descubrí hoy, pero mientras tenga la duda, no la voy a dejar sola.
Gracia decide entreabrir la puerta con sumo cuidado y se sorprende al ver al hombre quien está de espaldas.
Gracia: (susurrando) Don Epifanio, el papá de mi amiga… Es el papá de Carolina…
Epifanio: Por lo pronto, ya llamé a mi abogado de confianza y le indiqué que dejara a Carolina fuera de mi testamento.
Gracia se extraña al escucharlo.
Epifanio: Lo sé. Todavía me debe una buena explicación, pero haya sido por el motivo que haya sido, no pienso acolitarle algo tan atroz como haber matado a Helena.
Gracia se cubre la boca con la mano ante la sorpresa que siente.
Epifanio: Tú que eres mi amigo de confianza sabes lo mucho que amé a esa mujer y desde su muerte, no he tenido paz pensando que fue la misma Lisa quien la mató, pero ya por fin hoy supe la verdad. Carolina no tendrá cómo negármelo con el video que tengo como prueba…
FIN DEL FLASHBACK
Gracia deja de relatarle aquel otro momento. Carolina luce notablemente sorprendida.
Gracia: Ese mismo día me escondí en tu casa. Quería ayudarte porque sabía que ibas a estar en problemas y en la noche escuché toda la conversación que tuviste con tu papá.
Carolina: Entonces… Entonces, ahí fue donde…
Gracia: (asentando) Sí, vi llegar al hombre ese, a Luis Enrique y ahí fue donde supe también que son hermanos.
Carolina exhala fuertemente y se pasa la mano por su cabellera.
Gracia: Lo peor es que confiaste en él para encubrir la muerte de tu papá, pero te equivocaste. Tu hermano no es más que un traidor. Él fue quien provocó el incendio que acabó con tu casa.
Carolina: (impactada) ¿Cómo?
Gracia: Yo misma lo vi cuando le prendió fuego a la entrada y cuando quise detenerlo, me golpeó y me encerró en su departamento para evitar que no hablara. Cuando intenté escapar, me disparó y aquí tienes la prueba…
Gracia sube la manga de su bata de paciente y deja ver una cicatriz de bala en su brazo. Carolina, entonces, recuerda un fragmento de una conversación que tuvo con Luis Enrique días antes.
FLASHBACK


Luis Enrique: No lo sé, Carolina. ¿Cómo podría serte de ayuda esta vez? Y, además, ¿qué gano yo? Ya te ayudé suficiente encubriendo la muerte del vejete de tu padre y de una u otra manera, también te ayudé matando al sucio maloliente ése de Tarcisio.
Carolina: De eso no me tires el agua sucia. Yo no tuve nada que ver. Eso lo hiciste tú por defender a Marissa para ganar puntos con ella.
Luis Enrique: En efecto, pero también lo hice porque sé muy bien que ese imbécil fue el que se encargó de enviarle a tu padre la grabación de la cámara de seguridad.
Luis Enrique va al minibar para servir otros dos vasos de whiskey.
Carolina: (dudosa) ¿Tú crees?
Luis Enrique: ¿Quién más podría haber sido? Recuerda que tú le pagaste para que te entregara la grabación, pero nadie nos garantiza que haya hecho una copia para beneficiarse luego y claro, al tipejo lo movía el interés y de seguro no dudó en entregársela a Epifanio por una buena lana.
Luis Enrique le entrega uno de los vasos a su hermana. Ella lo recibe.
Carolina: Tiene sentido. No lo había pensado.
Luis Enrique: ¿Ves? Te estaba protegiendo. Además, tú no lo sabes, pero el otro día intentaron matarme aquí en mi departamento.
Carolina: (impactada) ¿Matarte? ¿Pero cómo?
Luis Enrique: No sé. De alguna manera lograron entrar. El individuo estaba disfrazado y me estaba esperando, y de no ser porque luego llegó Pablo, ahorita no te estaría echando el cuento y estoy muy seguro que era el mismo imbécil ese.
FIN DEL FLASHBACK
Carolina ata cabos y asocia dicho recuerdo con lo que su amiga le cuenta en el instante.
Carolina: Esto es demasiado, Gracia (Perturbada). Luis Enrique no pudo. ¿Por qué? ¿Por qué me haría una cosa así si somos hermanos?
Gracia: Me dijo que lo hacía para vengarse de ti. Él nunca perdonó a tu padre por los maltratos que sufrió y vino a este pueblo para vengarse desde un principio. Él fue quien también le envió ese video a don Epifanio y no descansará hasta destruirte…
Carolina: (solloza) Claro, ahora todo tiene sentido. Era ese el motivo por el que mató a Tarcisio. De seguro le dio dinero para que le entregara el video de las cámaras de seguridad de la hacienda y lo silenció matándolo para no dejar cabos sueltos.
Gracia: (asentando) Y a mí me encerró en esta casa de locos y les ordena a las enfermeras que me mantengan dopada para que guarde silencio, pero tengo miedo de que en cualquier momento venga a matarme, Carolina (Aterrada). Ese hombre es muy peligroso…
Carolina: Y no sucederá, Gracia. Luis Enrique no podrá hacerte daño. Yo tengo más dinero que él y me voy a encargar de que salgas de aquí hoy mismo para que te vayas lejos.
Gracia: ¿Qué piensas hacer tú aquí sola? Tú también corres peligro.
Carolina: Por mí no te preocupes. Ya algo se me ocurrirá, pero lo cierto es que no permitiré que él me hunda. Vas a ver.
Carolina endurece la mirada como si estuviera planeando algo en contra de su hermano. Gracia la observa con preocupación.
CIUDAD DE MÉXICO
INT. / CASA DE LOS MIRANDA / NOCHE
Ha caído ya el sol. Marissa llega a su casa en auto, pero antes de que se baje y como es de esperarse, Danilo se apresura a abrirle y de forma caballerosa le da la mano.


Marissa: (sonriéndole) ¡Qué galán!
Danilo: Es lo mínimo que puedo hacer, ¿no? Ni modo que me quede sentadote a esperar a que usted salga del coche.
Marissa: De todas maneras, gracias, Danilo. De verdad que me gané la lotería con un empleado como tú. Has sido muy eficiente.
Danilo: (ilusionado) ¿Le parece?
Marissa: Por supuesto. El día de hoy hiciste todo correctamente tal cual como te indiqué. Eso deja mucho qué decir de ti y de lo profesional que eres.
Danilo: Tampoco es que haya sido mucho, señora.
Danilo esboza una sonrisa al tiempo que se frota la parte trasera del cuello.
Danilo: Nada más la llevé y la escolté a todos los sitios que me dijo usando esa cosa del celular. ¿Cómo es que se llama? (Pregunta confundido)
Marissa: (riendo) GPS.
Danilo: ¡Eso mismo! Está bien padre cómo da las direcciones y hasta dice por dónde es que hay que voltear. Hasta avisa si hay tráfico.
Marissa: Sí, son herramientas súper útiles en las que te puedes apoyar para que se te facilite el trabajo y hay más como la del calendario donde me vas a preparar mi agenda diaria.
Danilo: Sí es cierto. De hecho, ahorita apenas llegue al hostal donde me estoy quedando, me voy a sentar a prepararle la agenda de mañana.
Marissa: Está bien, pero trata también de descansar, que por hoy ya terminamos.
Danilo: ¿Sabe que no? Me parece que nos faltó algo.
Marissa: (sorprendida) Ay, no me digas. ¿A poco qué se nos olvidó?
Danilo: Espérese miro.
Danilo saca una tableta del interior de su saco y comienza a buscar algo en ella con mucha concentración.
Danilo: Bueno, pues aquí dice que, al llegar a la casa, tiene programado un beso con su asistente personal (Dice muy serio).
Marissa: (riendo) Ay, sí eres. Me asusté pensando que era algo importante.
Danilo: Y es importante. ¿No cree usted?
Danilo se le acerca a una distancia bastante cerca. Marissa le sonríe con algo de timidez.
Marissa: Bueno, no sé, pero si tú dices que está programado en la agenda, no es justo que me salte la programación.
Es así como ella lo besa repentinamente en la mejilla y le sonríe de forma angelical.
Marissa: Buenas noches.
Marissa se dirige a entrar en la casa, pero él la toma ligeramente del brazo.
Danilo: Yo me refería a otro tipo de beso, señora.
Marissa: Dani…
Danilo la silencia poniendo su dedo pulgar en los labios de ella, los cuales mira con deseo y comienza a acariciarlos.
Danilo: ¿Me va a decir que no le gusto ni tantito?
Marissa: (preocupada) Es que…
Danilo: Respóndame.
Marissa: Tú eres un muchacho muy atractivo. Te lo he dicho infinidad de veces.
Danilo: Eso no es lo que le pregunté.
Marissa: Danilo, yo ya soy una mujer mayor para ti. Tú eres un hombre joven, con un gran camino por recorrer y estoy segura de que cualquier muchacha estaría encantada de ser tu novia. Una relación entre nosotros sería muy complicada.
Danilo: ¿Que acaso porque ya es una mujer madura no tiene derecho a sentir y a saberse deseada?
Marissa guarda silencio y baja la cabeza sin saber qué decir. Danilo, sin embargo, la toma del mentón con delicadeza y le sube la cabeza. Los dos se miran fijamente.
Danilo: Entienda que usted es la única que me interesa y a mí la diferencia de edad me importa un pepino. Yo solo la quiero amar y hacerla sentir como lo que es, una mujer normal.
Marissa no puede evitar que se le forme un nudo en la garganta y habla en un hilo de voz.
Marissa: Me da miedo… Me da muchísimo miedo lanzarme así de plano a otra relación y más contigo que te tengo tanto aprecio.
Danilo: Yo quiero que ese aprecio se transforme en algo más y si usted me da el chance, no la voy a herir como esos patanes. Yo la amo de verdad.
Danilo acerca sus labios a los de ella. Marissa se siente agitada y el corazón le late más rápido de lo normal.
Danilo: (susurrando) Déjeme amarla…
De repente, el muchacho comienza a besarla despacio y ambos cierran los ojos. Marissa se paraliza, pero poco a poco, corresponde a ese beso que se torna más apasionado y dura varios segundos. Eduardo justo mira la escena de lejos con los ojos vidriosos y el rostro desencajado, por lo que no duda en acercarse caminando hacia ellos.

Eduardo: ¡Vaya, vaya!
Marissa y Danilo se separan al escuchar sorprendiéndose al ver al hombre.
Marissa: E… Eduardo…
Eduardo: Pensé por un momento que se trataba de una intriga, pero veo que no. Es más real de lo que me pude imaginar. Todo este tiempo jugaste conmigo mientras te revolcabas con éste. ¿Cómo pudiste ser tan descarada, Marissa? ¿Cómo? (Grita muy dolido)
Marissa no sabe qué decir ante tales acusaciones. Danilo también guarda silencio mirando con recelo a Eduardo y él sólo los mira con gran furia.
VILLA ENCANTADA
EXT. / HOSPITAL PSIQUIÁTRICO, ENTRADA / NOCHE
Es oscuro y se oyen tan solo el cantar de los grillos. Gracia sale del hospital y mira para todos lados cuidando no ser vista por nadie. Hay un auto estacionado en la reja de la entrada principal y ella sube sentándose en uno de los asientos delanteros.

Gracia: Ya hice todo lo que acordamos. Carolina está convencida de todo el cuento que le dije y va a irse en contra de Luis Enrique como querías, así que ya te toca a ti tu parte. ¿Dónde está el dinero para largarme lejos de este país antes de que me descubran?
Tal parece que la otra persona misteriosa dentro del auto, la cual se encuentra en los asientos traseros, guarda silencio y no responde.
Gracia: ¿Qué estás esperando? Dame mi dinero. ¿O vas a seguirme ocupando para que trabaje para ti? Porque ganas no me faltan. Deseo acabar con ese par de gusanos. ¡Lisa y Luis Enrique Escalante no merecen otra cosa que la muerte! (Dice con odio).
De repente, la mujer sienta que le ponen una pistola con silenciador en la cabeza.
Gracia: (impactada) ¿Qué es esto? ¿Qué haces?
Gracia se pone sumamente nerviosa y mira de reojo. Poco a poco, logra verse el rostro de aquella persona.

Cruz: Ni se te ocurra moverte, querida.
Cruz, en una actitud fría y calculadora, irreconocible en ella, le quita el seguro a la pistola.
Gracia: (muy nerviosa) ¿Me vas a matar?
Cruz: Digamos que ya tus servicios no serán más requeridos. Fuiste muy útil, pero ya no te necesitamos.
Gracia: Pensé que teníamos un trato…
Cruz: Trato que tú no cumpliste. Lisa Román y Luis Enrique Escalante tendrían ya que estar muertos. Tuviste el chance de acabar con ellos y en ambas ocasiones, te cacharon y no pudiste cumplir con lo que te ordené.
Gracia: ¡No fue mi culpa! Yo seguí al pie de la letra todo lo que me ordenaste. ¡Incluso maté a Manuel Román!
Cruz: Pero fallaste y hay que pagar un precio, Gracia.
Gracia: ¡Como un carajo! ¡No lo hagas, por favor! (Pide casi temblado)
Pero sin dar más preámbulo, Cruz dispara sin contemplación. Gracia cae muerta con los ojos abiertos y Cruz sopla la punta del silenciador.
Cruz: Adiós, querida.
Cruz procede a hacer una misteriosa llamada y espera unos segundos a ser atendida.
Cruz: Ya está. Podemos quedarnos tranquilitos. Gracia ya no representará ninguna amenaza (Pausa). Sí, usted no se preocupe. Confíe en mí que lo tengo todo bajo control, mi tigre…
Cruz sonríe pícara. Del otro lado de la línea, Epifanio se da la vuelta en un amplio sillón y se encuentra en bata al frente de una chimenea. Parece estar en una acogedora cabaña.

Epifanio: (muy serio) Eso espero, Cruz. Tú fuiste la que inició esto y tú lo debes terminar. No quiero que gente inocente salga lastimada.
Epifanio cuelga la llamada y se queda viendo hacia el vacío un par de segundos para luego alcanzar de un buró una foto enmarcada de Marissa.
Epifanio: Esta vez no voy a fallarte como padre, hija. Morí para el mundo, y tal como un alma en pena, es lo único que puedo hacer para protegerte, aunque sea de esta forma tan brutal…
El hombre luce perturbado al ver aquella foto y la recuesta sobre el buró.
CONTINUARÁ…
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