Capítulo 49: El secreto de Cruz
INT. / ESTACIÓN DE POLICÍA DE VILLA ENCANTADA / NOCHE
Marissa siente el impulso de abofetearlo, pero se contiene.
Danilo: (sollozo) Pégueme. Ándele. Es lo que siempre hacen las ardidas, ¿no?
Marissa: No vale la pena que me ensucie más con basuras de hombres como tú. ¡Qué equivocada estuve! Y me duele cómo no tienes idea porque pensé que eras diferente y te tenía un cariño enorme, pero… ¿Qué podía esperar del hijo de Luis Enrique y Cecilia?
Danilo no dice nada e intenta contener las ganas de llorar para no dañar su actuación.
Marissa: Hasta lástima me das porque solo puedes sentirte hombre utilizando a cuanta mujer se te da la gana, pero déjame decirte algo, Danilo… ¡Jamás serás un hombre! ¡No eres más que un miserable! ¡Un enfermo! Pero el mundo gira y algún día vas a pagarlo.
Marissa sale de allí sumamente furiosa y devastada tanto que ni se da cuenta de que María Helena había escuchado todo. Danilo respira agitado al verse a solas y se da al llanto al punto de gritar fuertemente ante la impotencia. Una enfermera se le acerca.
Enfermera: Joven, no puede gritar así. Es un hospital.
Danilo: (llorando) ¡Déjeme!
Enfermera: Tranquilícese, por favor o voy a tener que sedarlo.
Danilo solo sigue llorando desconsolado por lo que acaba de hacer. Marissa, por su parte, también se encuentra desconsolada y se dirige a la salida del hospital a pasos apresurados. Milena intenta alcanzarla impulsado por sí misma la silla de ruedas.


Milena: ¡Suegra! ¡Suegra, espere! ¿Qué pasó? ¿Cómo está Danilo?
Marissa se detiene y voltea a ver a la joven.
Marissa: Tu hermano no es más que un asqueroso. ¡Tus padres! ¡Toda tu familia! Ustedes no han hecho más que hacerme daño.
Milena: (desconcertada) No le estoy entendiendo.
Marissa: Pregúntale a Danilo a ver si tiene los pantalones de reconocer frente a ti sus actos tan bajos y nada más espero que tú seas diferente porque una cosa te diré, Milena.
Marissa se le acerca un poco mirándola fulminante.
Marissa: Si tu matrimonio con mi hijo no fue más que una farsa para engatusarlo, no me quedaré tan tranquila y lo alejaré de ti.
Milena: Yo amo a Pablo. Jamás haría algo así.
Marissa: Pues ya veremos. A saber si lo de Martina no fue una trampa para luego meterle una demanda por infidelidad y sacarle dinero.
Milena: (confundida) ¿Quién es Martina? ¿De qué habla?
Marissa no le responde y solo abandona el hospital dejando desconcertada a la joven. María Helena también sale de la sala de urgencias rápidamente.
Milena: ¿Que acaso esa no era la gemela de Lisa? ¿Qué hacía allá adentro ella también? ¡Ay, ya me hice bolas! (Preocupada)
EXT. / HOSPITAL DE VILLA ENCANTADA / NOCHE
María Helena intenta alcanzar a Marissa quien baja la cabeza y llora en silencio.


María Helena: ¡Doña Marissa! ¡Doña Marissa, un momento!
Marissa se sorprende al verla, pero intenta controlar el llanto y no la encara.
Marissa: María Helena…
María Helena: ¿Me permite hablar con usted?
Marissa: Yo también quisiera hablar contigo, pero ahora no tengo los ánimos. Discúlpame. ¿Te parece si te pasas mañana por el café que queda en la plaza del pueblo a eso de las ocho? Es sobre tu amiga, la tal Martina.
María Helena: Sí, ya sé que armó un escándalo en el hotel culpando a Pablo dizque de haber intentado abusar de ella.
Marissa: Entonces dile que retire esa absurda denuncia. Tú conoces a mi hijo. Pablo jamás sería capaz de algo tan atroz. Él es un caballero y no un patán como…
María Helena: ¿Como Danilo?
Marissa guarda silencio.
María Helena: Doña Marissa, yo lo escuché todo y perdóneme lo indiscreta, pero como me encontré también con Luis Enrique, él me contó que a Danilo lo habían atropellado y me escabullí en la sala de urgencias para verlo, y ahí la escuché a usted hablando con él.
Marissa: No sé qué decir (Dolida).
María Helena: No creo que tenga que decir nada. Créame que lo siento mucho. No me imagino cómo se debe estar sintiendo.
Marissa: Me siento avergonzada, María Helena. Sucia, burlada, como si no valiera nada para ningún hombre. Primero mi exmarido, luego fue Eduardo y ahora Danilo. ¿Qué han ganado con pisotearme cómo lo han hecho, ah?
Marissa rompe a llorar amargamente.
Marissa: Esto no lo merece nadie, no lo merezco yo que solo he intentado amar y sentirme un poquito amada, pero ¿qué he recibido a cambio? (Muy dolida)
María Helena: Sé que no es el momento, pero ¿por qué terminó usted con mi papá?
Marissa: Eduardo jugó conmigo, María Helena. Cuando nos conocimos, me propuso que nos casáramos para despistar a Manuel y a Luis Enrique que solo querían apoderarse del patrimonio de su familia.
María Helena: (confundida) Entonces si todo era un montaje, ¿por qué usted y mi papá actúan como si hubieran tenido una relación de verdad?
Marissa: Porque él me enamoró, me sedujo. Tenía miedo de que cuando Lisa murió y Manuel se fue al extranjero un tiempo, yo rompiera el trato al ver que ya no era necesario un matrimonio de mentiras. Eduardo nunca me amó.
María Helena: Perdóneme, doña Marissa, pero con todo respeto, usted está equivocada. Mi papá no ha hecho más que sufrir desde que usted rompió con él. Mi papá la quiere.
Marissa: No es tu padre. No hace falta que lo defiendas. No lo conoces si no de hace unas semanas.
María Helena: De hecho sí lo es. Hay unas pruebas que lo confirman.
Marissa: Me da gusto por ti, pero no intentes negar lo innegable. Yo misma escuché una grabación en la que él y Manuel lo planeaban todo, además Eduardo se acostó con Carolina. ¡Pretendía hacer con ella lo mismo que conmigo! La diferencia es que a Carolina no le importa.
María Helena: Carolina es una pinche loca que no ha hecho más que acosarlo tanto o más que mi mentada hermana gemela. Yo he sido testigo, se lo juro. Nada más hoy intentó matarlo y ahorita está en ese hospital debatiéndose entre la vida y la muerte.
Marissa se sorprende al escucharla.
María Helena: Doña Marissa, mi papá la ama y le ha dolido muchísimo toda esta situación. Le prometo que voy a convencer a Martina de retirar la denuncia, pero a cambio, por favor, hable con él en cuanto pueda y aclaren las cosas. Yo sé que todo tiene una explicación.
Marissa guarda silencio ante tal proposición. María Helena la ve con los ojos suplicantes.
INT. / AUTO DE LUIS ENRIQUE / NOCHE
Luis Enrique, entretanto, conduce su auto mientras intenta hacer una llamada. Es de notar que usa auriculares.

Luis Enrique: (desesperado) ¡Contesta, Carolina! ¡Contesta, maldita sea!
EXT. / HACIENDA DE LOS ROMÁN, PISCINA / NOCHE
Carolina camina con sumo cuidado para no ser vista. Llega a la piscina de la casa principal y ve que su hermano la llama con insistencia, por lo que decide tomar la llamada.

Carolina: Lograste vengarte de mí. ¿Estás contento?
Las escenas de ambos se intercalan al hablar.
Luis Enrique: ¿De qué mierda hablas? ¿Dónde estás? ¿Qué fue eso de que intentaste matar a Eduardo? Me acabo de encontrar con María Helena y me lo dijo todo.
Carolina: Fue un accidente que tú provocaste. Por tu culpa lastimé al amor de mi vida. Tú le enviaste los resultados de las prueba de ADN y el video que me incrimina de la muerte de Helena, y has sido el que me ha estado acosando todo este tiempo para destruirme. Fue por eso que hasta me aconsejaste olvidarme de Eduardo, ¿no?
Luis Enrique: Carolina, cálmate. No sé de qué estás hablando. Yo no he hecho absolutamente nada y si te aconsejé alejarte de Eduardo, era por tu bien. Hay algo que tú no sabes sobre Lisa.
Carolina: No intentes confundirme, Luis Enrique. Gracia me lo contó. Tú le enviaste ese maldito video a mi padre. Sabías que tenía una salud frágil y no lo resistiría, y yo como una imbécil te llamé para pedirte ayuda y ahí fue donde me aconsejaste dejarlo morir. ¡Todo era una trampa! ¡Una cochina trampa de tu parte!
Luis Enrique: Estás desvariando, mujer. Yo no le envié nada al viejo Epifanio. ¿Por qué haría algo así si hasta maté a Tarcisio para protegerte? Él era el que quería chantajearte.
Carolina: (exaltada) ¡No me trates como pendeja! Sé muy bien que Tarcisio era tu cómplice. Le pagaste para que te diera una copia del video antes que a mí y claro, para no dejar cabos sueltos, lo mataste con la excusa barata de protegerme.
Luis Enrique: Mira, Carolina. No sé quién sea esa tal Gracia ni cómo logró lavarte el cerebro, pero te juro que soy inocente. Eres mi hermana. ¿Cómo podría intentar hacerte daño?
Carolina: Porque me odias y estás resentido por lo que mi papá te hizo pasar cuando eras niño. Es por eso que has querido vengarte de mi familia y lo lograste. Hasta quemaste mi casa y a Gracia le recluíste en un sanatorio.
Luis Enrique: (desesperado) ¡Te estoy diciendo que no estoy involucrado en nada de eso! No sé quién quiera destruirte, pero no soy yo. ¡Debes creerme!
Carolina: Nada de lo que digas me hará cambiar de opinión, pero no me hundiré sola, Luis Enrique. Voy a escapar y a proteger a Gracia antes de que tú la mates. Ella será testigo de todo lo que has hecho. ¡No me voy a la cárcel sola!
Luis Enrique: Dime dónde estás para recogerte y así hablamos con calma.
Carolina: ¡Ni loca me vería contigo para que me mates y me calles! No me vas a detener, pero ¿sabes qué es lo mejor?
Carolina sonríe fuera de sí y algo trastornada.
Carolina: Que yo ya me adelanté y pienso hacerte pagar.
FLASHBACK
Carolina: (sonriendo con malicia) En la guerra y en el amor todo se vale, Luis Enrique. Tu hijo no puede pasar por encima de ti.
Luis Enrique: (exasperado) ¿Y qué sugieres que haga?
Carolina: Fácil. Quítalo del camino.
Luis Enrique: ¡No voy a matar a mi hijo! ¿Te has vuelto loca? No soy un asesino a sueldo. ¿Por quién me tomas?
Carolina: Yo no digo que llegues hasta ese extremo, pero tengo un plan que te puede funcionar. Tú solo escucha y haz lo que te digo para que todo nos salga bien.
Luis Enrique mira intrigado a Carolina. Ella, por su parte, no deja de sonreír con malicia.
FIN DEL FLASHBACK
Carolina: Cuando te sugerí atropellar a Danilo y chantajearlo, no fue para ayudarte a quitarlo de tu camino y así recuperar a Marissa. ¡Para nada! Fue algo que planée para que cayeras en una trampa que te tengo preparada.
Luis Enrique: ¿A qué te refieres?
Carolina: Hasta nunca, maldito infeliz.
Carolina cuelga la llamada.
Luis Enrique: ¡Carolina, espera! ¡Carolina!
Luis Enrique se da cuenta de que ella ha colgado y golpea furioso el volante.
Luis Enrique: ¡Como un demonio! (Se queda pensativo) Alguien la puso en mi contra. Tarcisio ya está muerto. No pudo ser él. Cecilia está la cárcel y además no sabía nada de mi pasado. De seguro fue Lisa. ¡Fue esa perra! No hay de otra.
Carolina, por su parte, recibe otra llamada y se apresura a contestarla.
Carolina: ¡Cruz! ¡Por fin llamas! ¿Trajiste el otro coche como te pedí?
EXT. / CARRETERA / NOCHE
Cruz, en efecto, se encuentra dentro de un auto a las afueras de la hacienda y le hace señas con la mano a dos policías armados.

Cruz: Sí, señorita. Me estacioné justo a un kilómetro de la hacienda como me dijo y le traje ropa para que se camufle.
Carolina: Perfecto. Voy a escapar por el bosque. Es muy espeso y no creo que me atrapen por ahí. Tú espérame y no te muevas.
De repente, la mujer escucha una voz detrás.

Lisa: Yo siendo tú no sería tan estúpida de caer en esa trampa.
Carolina, exaltada, se da la vuelta. Cruz alcanza a escuchar esa voz en el teléfono y se pone nerviosa.
Lisa: Toda la hacienda tiene policías alrededor y si estás hablando con una pinche ruca desagradable que vino conduciendo un coche rojo, déjame decirte que la escuché hace rato planeando con ellos la manera de atraparte.
FLASHBACK
Cruz se encuentra hablando con varios policías en la entrada principal de la hacienda dentro de un auto. Lisa escucha escondida tras unos arbustos.
Cruz: Sí, oficiales. Ella me llamó hace rato para pedirme que la ayude a huir. Todavía sigue adentro y está escondida.
Comisario: Tenemos la hacienda rodeada, señora. Mis hombres ya se están encargando y pedí refuerzos. Le recomiendo que no intervenga por si debemos recurrir a la fuerza.
Cruz: Discúlpeme usted, mi comisario querido, pero ya he visto esta misma situación en indignidad de novelas y películas. Para nadie es un secreto que ustedes son unos inútiles, buenos para nada, a los que se les escapa matar hasta una cucaracha.
Los policías se miran entre sí sorprendidos por la forma despectiva en que la mujer se refiere a ellos.
Cruz: Déjeme ayudarlos. La señorita Carolina confía muchísimo en mí y así les será más fácil atraparla. Podemos hasta negociar una recompensa.
Cruz les guiña un ojo.
FIN DEL FLASHBACK
Carolina guarda silencio ante lo que acaba de contarle Lisa y la ve con suspicacia.
Cruz: (alertada) ¡Señorita! ¡Señorita, no escuche a esa mujer! ¡Usted sabe que yo jamás la traicionaría!
Carolina: ¿Cómo sabe entonces esta tipa que te pedí venir en el coche rojo si se suponía que no vendrías a buscarme directamente a la hacienda? Ella te vio.
Cruz cierra los ojos sin saber qué responder. Lisa sonríe con malicia.
Lisa: ¿Lo ves? Te están engañando.
Carolina: Eres una maldita traidora, Cruz. ¿Cómo pudiste? (Furiosa)
Cruz: Pues ya no tiene caso que siga fingiendo. Es mejor que te entregues y no hagas esto más difícil.
Carolina: ¡Hipócrita! ¿Es así cómo me pagas, mordiendo la mano de la que te dio de comer, desgraciada?
Cruz: (seria) Yo solo estoy poniendo en orden el desastre que provocó don Epifanio desde que se volvió amante de Helena Montalbán y ya es hora de que usted pague por haberla asesinado.
Carolina: Tú no eres quién para hacer algo así. No eres más que una sirvienta.
Cruz: Una sirvienta que está haciendo justicia y en el fondo solo quiere tu bien.
Carolina: (incrédula) ¿Mi bien? Yo te conté mis razones para haber matado a Helena. Ella lo merecía. ¡Pensé que me habías entendido!
Cruz cierra los ojos ante lo que va a decir y aunque lo duda, respira profundo y lo dice.
Cruz: Helena… (Hace una pausa) Helena era mi hija.
Carolina abre los ojos como platos al oírla.
Carolina: ¡Mentira! No puede ser. Debes estar mintiendo. ¡Es una mentira tuya!
Cruz: Usted no lo sabe, pero antes de ser una sirvienta, tuve una buena vida, solo que mi familia entró en bancarrota.
Cruz quiebra un poco la voz al relatar tan secreto y en forma sepia, se puede ver lo que relata mientras su voz suena de fondo.
Cruz: Mi madre y yo, para sobrevivir, no tuvimos de otra que prostituirnos. Trabajaba de día como sirvienta para los Montalbán y de noche… Usted sabe. Resulté embarazada no sé de quién y como los Montalbán no podían tener hijos, me ofrecieron mucho dinero a cambio de Helena.
En dichos recuerdos difusos, una joven Cruz, llorando, les entrega su bebé a una pareja. Luego, un mayordomo le da un sobre de dinero el cual ella toma.
Cruz: Yo lo acepté para vivir decentemente con mi madre unos meses y me corrieron, por supuesto, para evitar que estuviera cerca de Helena y ahí fue donde contrataron a Martha Quintana, la que adoptó a María Helena cuando también nació Lisa.
Cruz deja de recordar y derrama varias lágrimas.
Cruz: Tiempo después llegué a casa de don Epifanio y yo seguí con mi vida normal, tratando de olvidar que alguna vez tuve una hija, pero el destino es cruel, señorita.
Carolina escucha atentamente también derramando lágrimas. Lisa solo la observa con seriedad y deja ver un cuchillo. Carolina retrocede asustada.
Cruz: (llorando) Helena llegó a mi vida de nuevo cuando se hizo su amiga y la amante de don Epifanio; justo se volvió la amante del hombre que yo amaba.
Carolina: Entonces… ¿Las gemelas…?
Cruz: Son mis nietas, sí. Mucho antes de que usted me contara la verdad, yo ya sabía de antemano la relación tan tensa entre usted y Helena. Las escuché en varias ocasiones discutiendo y la noche que usted la mató, sabía que algo malo sucedería y yo la seguí. Quería impedir que usted cometiera una locura… Después de todo, Helena era mi propia sangre aunque la hubiera vendido, y a usted… A usted siempre le tuve muchísimo aprecio…
Carolina llora fuertemente sin poder creer lo que oye y retrocede al ver que Lisa se le está acercando.
Lisa: ¡Cuelga ya, imbécil!
Cruz continúa hablando.
Cruz: Yo fui yo la que le pagó a Tarcisio para que me diera la grabación original de las cámaras de seguridad e hice una copia.
Carolina: Esa… (Pensando) Esa fue la copia que me dio Tarcisio…
Cruz: Sí. Yo fui la que le envió a don Epifanio ese video y la misma que le robó a usted los resultados de la prueba de ADN que realizó en secreto, así como lo hice hoy enviándole todo a Eduardo Román.
Carolina tiembla al enterarse de tantas revelaciones. Incluso se está acercando a la piscina sin darse cuenta.
Carolina: Entonces Luis Enrique es inocente y Gracia…
Cruz: Gracia trabajaba para mí. Todo lo del hospital psiquiátrico fue un montaje que yo organicé para que usted pensara que era Luis Enrique el que estaba detrás de todo.
Carolina: No lo puedo creer (Desesperada). Me pusiste en contra de mi propio hermano.
Cruz: Ese era el plan. ¿Recuerda cuando le sugerí que usted podía hablar con Cecilia para que ella lo matara?
Carolina tiene un recuerdo de unos días atrás.
FLASHBACK
Carolina: No sé que voy a hacer. Con todo siento que me voy a enloquecer (Desesperada).
Cruz guarda silencio durante un instante.
Cruz: No pasará nada si usted está un paso delante de él.
Carolina: (confundida) ¿Qué quieres decir?
Cruz se pone nuevamente de pie y se la acerca acariciándole el cabello.
Cruz: Que a veces hay que encontrarle el punto débil al enemigo para saber cómo pelear, señorita Carolina.
Carolina: No te estoy entendiendo. Yo no tengo nada para contraatacar a Luis Enrique si es lo que te refieres.
Cruz: ¿Segura? Porque a mí me parece que sí hay algo que podemos hacer ahora que lo pienso bien.
Carolina: ¿De qué se trata?
Carolina la mira intrigada. Cruz solo sigue sonriendo con malicia. Tal parece que está sabiendo jugar bien sus cartas.
FIN DEL FLASHBACK
Carolina: (dejando de recordar) No puede ser. Cecilia va a acabar con él y si algo le pasa a Luis Enrique nunca te lo voy a perdonar, Cruz. ¡Nunca debí dejarme convencer de ti! ¿Cómo pude ser tan imbécil?
Cruz: Puede ser que él no la haya traicionado como yo le hice creer, pero es de mala entraña y merece que también pague. Por ahora hágame caso y entréguese. ¡Esa mujer que está ahí con usted es Lisa Román y es muy peligrosa!
Lisa pierde la paciencia y le arrebata el celular a Carolina para luego lanzarlo a la piscina.
Cruz: ¡Carolina! ¡Señorita Carolina! ¡Dígame algo!
El comisario se acerca al auto.
Comisario: ¿Qué está pasando, señora?
Cruz: (saliendo del auto) Tienen que ir a la hacienda. Carolina está corriendo peligro. ¡Vayan pronto para la hacienda, por favor! (Desesperada)
CONTINUARÁ…
Marissa llega angustiada y se dirige de inmediato a la celda en la que ha sido puesto su hijo adoptivo.


Marissa: ¡Pablo, hijo!
Pablo al verla se acerca y se aferra a los barrotes.
Pablo: ¡Mamá! ¡Te juro que no hice nada! ¡Me tienes que creer! ¡No hice nada! (Desesperado).
Marissa: Te creo. De verdad que te creo, pero tienes que explicarme qué fue lo que pasó. Te están acusando de haberte sobrepasado con Martina. Te puso una denuncia. ¿Qué pasó, Pablo? ¿Qué hacía esa muchacha en tu habitación? (Desconcertada)
Pablo: Te juro que no le toqué ni un pelo. Ella vino a traerme una camisa nueva dizque para reponerme la otra. Me insistió que me la probara y mientras lo hacía, se me empezó a insinuar y pedirme que me tuviera sexo casual con ella.
Marissa suelta un suspiro de frustración y se pasa la mano por la cabellera.
Pablo: Intenté rechazarla, pero después salió como loca a pedir ayuda y a decir que la había intentado violar.
Marissa: Tengo que hablar con ella y pedirle que retire esa absurda denuncia. Es ilógico de lo que te acusa. Con razón no me inspiró confianza y se me hizo más raro cuando me preguntó por tu talla.
Pablo: ¿Sabes dónde encontrarla? ¿Te dio su dirección o algo?
Marissa: No, no me dijo nada, pero supuestamente es amiga de María Helena. Ella de seguro nos puede decir dónde está.
Pablo: No me quiero quedar aquí, ma’. No quiero que Milena se entere.
Marissa: No te preocupes. Voy a arreglar esto. Además, tampoco sería conveniente que Milena se enterara después de lo que pasó a Danilo. No es bueno preocuparla más.
Pablo: (extrañado) ¿De qué hablas? ¿Qué le pasó a Danilo?
Marissa: Un coche lo atropelló
Pablo: (sorprendido) ¿Y cómo está? ¿Fue grave?
Marissa: No sé. Milena no me dijo mucho cuando me llamó. Precisamente voy para el hospital.
Pablo: ¿Qué pasa? (Frustrado) ¿Por qué todo se complica así de la nada si íbamos tan bien? Nada más ayer me casé con Milena y hoy esto.
Marissa: Tranquilízate, Pablo. Nada ganas con ponerte así. Yo también estoy muy nerviosa, pero tengo que estar tranquila para sacarte de aquí y pensar las cosas con cabeza fría.
Marissa mete las manos a la celda y acaricia el rostro de su hijo.
Marissa: Necesito que tengas tantito de paciencia en cuanto arreglo tu situación, ¿sí?
Pablo: ¿Y cuánto se va a demorar eso?
Marissa: Dame hasta mañana, mi amor. Voy a localizar a esa mujer por cielo y tierra, y no me voy a quedar tranquila hasta que venga ella misma a retirar la denuncia.
Pablo: (poco convencido) Está bien, pero tenme al tanto, por favor.
Marissa: Tranquilo. Eso haré. Y toma, te traje al menos una cobija para el frío. Solo será por esta noche porque mañana me encargo de que salgas.
Marissa le pasa una bolsa por en medio de los barrotes.
Pablo: Gracias, mamá.
Marissa solloza un poco y se limpia los ojos con delicadeza.
Pablo: Vete tranquila. Voy a estar bien. No quiero que dejes sola a Milena. Debe estar muy afectada. Hazme ese favor ya que yo no puedo.
Marissa: Así lo haré, hijo. No te preocupes. Nos vemos mañana bien temprano. Dios te bendiga.
Marissa le da la bendición al joven y se va. Pablo solo cierra los ojos y suspira sintiéndose impotente ante lo que está pasando.
INT. / HACIENDA DE LOS ROMÁN, ESTUDIO / NOCHE

Carolina le ha disparado a Eduardo justo cuando ambos forcejeaban. Eduardo cae desplomado en el piso mientras ella, aterrada, suelta la pistola. María Helena corre hacia él.



María Helena: ¡Papá!
Carolina: (consternada) No puede ser. ¿Qué hice?
Carolina da un paso hacia atrás mirando la escena con los ojos desorbitados. Eduardo comienza a perder sangre y María Helena lo recuesta en su regazo.
Eduardo: (en un hilo de voz) Ma… María Helena…
María Helena: Por favor aguanta. No vayas a cerrar los ojos. Quédate conmigo, por favor.
Carolina: Eduardo, perdóname. Yo no quise. Lo hice sin pensar, yo…
María Helena: (furiosa) ¡No digas nada más, desgraciada, loca! ¡Vete! ¡Lárgate antes de que te atrapen por asesina! Si algo le pasa a mi papá, va a ser tu culpa.
Carolina: No puedo dejarlo. Tengo que estar con él. ¡Tengo que estar contigo, mi amor!
Carolina intenta acercarse, pero la muchacha toma la pistola rápidamente y le apunta.
María Helena: ¡Ni se te ocurra!
Eduardo: María Helena, no… Baja eso.
María Helena: Das un paso y soy capaz de cualquier cosa.
Carolina: (llorando) Tú no eres nadie para impedirme que esté con él.
María Helena: Es mi padre y por defenderlo puedo hacer lo que sea, así que ya lárgate.
Carolina se queda pensativa y llora desconsolada.
Carolina: Voy a volver por ti, Eduardo. ¡Te lo prometo!
María Helena: ¡Que te vayas!
Carolina sale corriendo del estudio. María Helena suelta la pistola y acaricia el rostro de Eduardo.
María Helena: ¡Auxilio, por favor! (Grita desesperada) ¡Que alguien llame una ambulancia!
Eduardo: Malena, escúchame.
María Helena: No te esfuerces hablando, papá. Vas a estar bien y te vas a recuperar.
Eduardo: Si me muero ahora, en medio de todo, no sabes la alegría que me da saber que sí eres mi hija de verdad.
María Helena: (llorando) No me digas eso. No te vas a morir.
Eduardo: Lisa se fue, pero viniste tú y todo ese amor y ese cariño que sentí por ella ahora lo siento por ti.
María Helena: Yo en este tiempo que he compartido contigo también te he agarrado muchísimo cariño y ya pasé muchos años sin un padre como para que te me vayas, papá. ¡Aguanta, por favor! Tenemos mucho que compartir; mucho que vivir…
Eduardo le sonríe con calidez
Eduardo: Siempre te voy a llevar conmigo, María Helena. Eres lo mejor que me pudo pasar.
Eduardo cierra los ojos y pierde irremediablemente el conocimiento,
María Helena: ¡Papá! ¡Papá, despierta! ¡No me dejes! ¡Abre los ojos, te lo suplico!
En ese momento entran los policías al estudio.
María Helena: ¡Llamen a una ambulancia rápido! La asesina se acaba de escapar. No debe estar lejos.
Uno de los policías se comunica por su radio para pedir con urgencia una ambulancia y otros dos salen en busca de Carolina.
INT. / HOSPITAL DE VILLA ENCANTADA, HABITACIÓN DE URGENCIAS / NOCHE
Danilo reposa sobre una cama en una habitación donde hay otros heridos y personas enfermas. Todos están separados por cortinas. El joven tiene una venda sobre la cabeza y empieza a abrir los ojos al escuchar una voz que lo llama.


Luis Enrique: Danilo… Despierta, mijo. Tenemos que hablar.
Danilo se siente confundido y en primer plano se encuentra con el rostro de Luis Enrique.
Luis Enrique: ¿Despertaste? ¿Te sientes bien o todavía te duele el golpe?
Danilo: (aturdido) ¿Do… Dónde estoy?
Danilo mira a su alrededor y al verse en el hospital, se recuesta exaltado.
Danilo: ¿Qué me pasó? ¿Qué hace usted aquí?
Luis Enrique: Te atropellaron cuando ibas con Milena. ¿Lo olvidaste?
Danilo hace memoria y en efecto recuerda tal momento.
Luis Enrique: (cínico) O bueno, tal vez haga falta decir que fui yo quien te atropelló.
Danilo: (confundido) ¿De qué está hablando?
Luis Enrique: Mira, mijito…
Luis Enrique se acerca a él y le habla en voz baja.
Luis Enrique: Para serte muy sincero, no me ha caído mucho en gracia que te estés revolcando con mi mujer y no pienso permitir que me la arrebates. Marissa es mía y siempre lo fue.
Danilo: (furioso) ¡Desgraciado!
Danilo lo jala de la camisa con ánimo de golpearlo.
Luis Enrique: No te conviene que te pongas así. Hablemos de hombre a hombre, nada de escándalos y menos aquí. ¿O acaso deseas que grite a los cuatro vientos que mataste a Helena?
Danilo se impacta al escucharlo, pero aún no lo suelta.
Luis Enrique: ¿Quieres parar en la cárcel así como la estúpida de tu madre y que tu hermana sepa la clase de persona que eres? ¿Quieres que ella sepa que eres un gigoló que buscaba escalar alto acostándose con la mujer de su patrón a la que mató luego?
Danilo lo suelta y lo ve con los ojos desorbitados.
Danilo: Yo no maté, Helena. ¡Usted lo sabe bien! ¡Fue usted el que lo hizo!
Luis Enrique: Yo tampoco fui, aunque no me creas y como no hay pruebas, bien podría ir a la policía a acusarte. Podrían investigar entre los empleados de la hacienda que siempre fueron testigos de que algo te traías con Helena y no te iría nada bien si hago eso.
Danilo: ¿Qué quiere de mí? ¿Por qué mierda me está haciendo esto?
Luis Enrique: (serio) Porque te metiste en donde nadie te había llamado desde el día que rescataste a Marissa del accidente. Te enamoraste de ella y no contento, fuiste su perro faldero hasta que la sedujiste y te la llevaste a la cama. ¡Los vi anoche! (Furioso)
Danilo: Yo la amo y no voy a renunciar a ella aunque me pase su coche por encima. ¿Entendió? Si lo que quiere es amedrentarme, no lo va a lograr.
Luis Enrique: Como quieras. ¿De veras crees que Marissa va a seguir contigo después de enterarse de que sólo la estabas utilizando así como utilizaste a Helena? No seas ingenuo, hijo. Abre los ojos.
Danilo comienza a sollozar ante la impotencia que siente. Luis Enrique, de forma cínica, le frota el cabello.
Luis Enrique: Yo no te quiero ver en la cárcel pagando por un crimen que no cometiste y solo por un tonto capricho. No arruines tu vida así. Hazle caso a tu padre. Eres joven, guapo. Puedes tener a la mujer que quieras y si no te gusta ninguna, hasta yo te pago una cariñosa bien barata para que te quites las ganas. ¡Fácil!
Danilo endurece la mandíbula y tiembla ante la furia que siente al punto de que las lágrimas deslizan por su rostro.
Luis Enrique: Pero a Marissa, déjala para mí. ¿Estamos?
Danilo: ¿Cómo es que siendo su hijo me hace esto? (Pregunta muy dolido) ¿No le remuerde la consciencia después de que me abandonó a mí y a Milena?
Luis Enrique: Esto lo estoy haciendo por tu bien, Danilo (Pone su mano en el hombro de él). Como tu papá que soy y que te quiere, solo te estoy reprendiendo y alejando de un camino que no te conviene, mijo. Entiende, así que dime. ¿Hay trato?
Danilo guarda silencio.
Luis Enrique: Piensa lo que hay de por medio. ¿Hay trato o no? Tú dime.
Danilo sigue sin responder.
INT. / HOSPITAL DE VILLA ENCANTADA, SALA DE ESPERA / NOCHE
Marissa llega al hospital notablemente preocupada. Milena aguarda en la sala de espera gimoteando.


Marissa: ¡Milena!
Milena: ¡Ay, suegra!
Milena se suelta a llorar cuando Marissa se inclina un poco para abrazarla.
Marissa: ¿Cómo está Danilo? ¿Qué te han dicho?
Marissa se sienta en una silla frente a ella.
Milena: Todavía nada. Parece que nadie en este hospital se molesta en darme noticias. Me ignoran seguro por ser inválida y no me dicen nada.
Marissa: Tranquilízate. Yo ya voy a ir a averiguar y vengo a traerte información. ¿Fue grave el accidente?
Milena: No fue un accidente. Un tipo venía manejando y lo atropelló a propósito.
Marissa: (sorprendida) ¿Estás segura?
Milena: Sí porque no se molestó en frenar y ni siquiera se bajó del coche para atenderlo. Salió huyendo.
Marissa: Es muy extraño, Milena. ¿Por qué alguien querría atropellar justo a Danilo?
Milena: No sé. Lo mismo me pregunto yo. No es como mi hermano tenga enemigos. Usted lo conoce. Usted sabe que él es más bueno que el pan. Espero que no sea grave.
Marissa: Danilo es fuerte. Estoy segura de que va a salir de esto así como hace meses cuando lo apuñaló Tarcisio. Ten fe (La toma de las manos).
Milena: Eso espero. ¿Y Pablo? Pensé que iba a venir con usted porque intenté llamarlo y no contestó el celular.
Marissa: Bueno… Pablo… Pablo tuvo que viajar, Milena. Fue a ver el departamento que le regalé para ir acomodando todo para cuando se muden ustedes dos.
Milena: (sorprendida) ¿Cómo? ¿Así nomás? ¿Y por qué no me dijo?
Marissa: Quería que fuera una sorpresa y de hecho piensa volver mañana temprano. No te preocupes. Me llamó para avisarme para que te dijera a ti.
Milena guarda silencio poco convencida de la mentira. Luis Enrique viene en ese momento y se acerca.

Luis Enrique: Marissa…
Marissa se pone de pie y se extraña al verlo.
Marissa: ¿Cómo te enteraste?
Luis Enrique: Es mi hijo. No podía dejar de venir después de enterarme de lo que le pasó.
Milena: Yo lo llamé, suegra. Como Pablo no me contestaba, solo se me ocurrió llamarlo a él y después a usted. ¿Cómo sigue Danilo? (Le pregunta a Luis Enrique)
Luis Enrique: Mejor, mucho mejor. Ya despertó. Tal parece que solo fue un golpe sin mucha importancia en la cabeza y en las costillas, pero no tiene nada roto. Tranquilas.
Marissa y Milena suspiran aliviadas.
Marissa: ¿Será que podemos pasar a verlo? ¿Qué dijo el doctor?
Luis Enrique: Sí, sí pueden, solo que…
Milena: ¿Qué pasa?
Luis Enrique: Me pidió que te avisara a ti, Marissa y que solo tú pasaras a verlo cuando llegaras. No quiere ver a nadie más por el momento.
Milena: (desconcertada) ¿Por qué? ¿Que acaso no sabe que yo también estoy aquí? Estaba conmigo cuando lo atropellaron.
Luis Enrique: Lo sé, Milena, pero nada más les estoy diciendo lo que él me pidió. No me atreví a contrariarlo porque ya lo conocen. Es terco y tampoco soy mucho de su agrado. Ustedes lo saben.
Milena: No entiendo. ¿Qué onda con Danilo? ¿Por qué me hace esto si casi me muero del susto?
Marissa: Deja que vaya a verlo, Milena. Quédate tranquila aquí con Luis Enrique y luego lo convenzo de que te vea. Tal vez no te quiera preocupar.
Milena: Está bien y dígale también que apenas entre, le voy a caer a coscorrones por dejarme esperando.
Marissa: (riendo) Pierde cuidado. Se lo diré también.
Marissa pasa a la sala de urgencias. Luis Enrique se queda viéndolo con cierta malicia y de lejos, al fondo del pasillo, alcanza a distinguir a María Helena caminando de un lado a otro.

Luis Enrique. (extrañado) ¿Qué hace esa chamaca aquí?
Milena: ¿De quién hablas?
Luis Enrique: De María Helena Quintana, Román o cómo se llame.
Milena voltea a ver hacia la dirección en la que están apuntados los ojos de Luis Enrique y se sorprende al ver a María Helena.
Milena: Ah, sí. Es la gemela de Lisa. Pablo me habló de ella, creo. Nunca la había visto y vaya que sí es muy parecida.
Luis Enrique: Nada más por fuera porque por dentro son muy diferentes. ¿Me esperarías acá, Milena? Me gustaría ir a saludarla.
Milena: Está bien. De igual estoy acá pendiente de qué salga doña Marissa para entrar a ver a Danilo.
Luis Enrique: Ya vuelvo entonces.
Luis Enrique se dirige hacia María Helena, quien está gimoteando y luce notablemente preocupada.
Luis Enrique: ¿María Helena?
María Helena voltea a verlo, aunque no le hace mucha gracia encontrarse con el hombre.
María Helena: (indiferente) ¿Cómo está, señor?
Luis Enrique: Bien, pero no puedo decir lo mismo de ti. ¿Qué tienes? ¿Qué te ocurre?
María Helena: Mi papá está mal. Carolina de La Torre intentó matarlo y le disparó.
Luis Enrique: (impactado) ¿Cómo? ¿Cuándo pasó?
María Helena: Hace rato ya. Ojalá la policía haya logrado atrapar a esa maniática. Es que si algo le pasa a mi papá por culpa de ella, no sé ni de lo que sea capaz.
Luis Enrique: Imagino cómo te sientes, muchacha, pero no entiendo. Se supone que Carolina siempre ha estado enamorada de Eduardo. ¿Por qué intentó matarlo?
María Helena: Porque mi papá la rechazó después de enterarse de que todos estos años ella supo que Helena lo engañaba y hasta le fue infiel con ese señor, el tal Epifanio, tanto que hasta hizo unas dizque pruebas de ADN hace dieciocho años para saber quién era el padre de Lisa y nunca dijo nada.
Luis Enrique se sorprende al escucharla y finge no saber lo que le cuenta.
Luis Enrique: Increíble. ¿Qué salió en las pruebas?
María Helena: Que Eduardo sí es padre de Lisa y, por lo tanto, el mío también. Era por eso que él estaba tan indignado con Carolina.
Luis Enrique: Claro. Puedo imaginar lo mal que estuvo al saber que sí se acostó con su propia hija cuando todos pensaron que no lo era.
María Helena: Sí, pobre de él (Niega con la cabeza). Pero lo peor fue enterarse de que Carolina fue la que mató a Helena. Esa sí fue la gota que colmó el vaso.
Luis Enrique: (sorprendido) ¿Carolina se lo confesó?
María Helena: No hubo necesidad. No sé quién, según oí, envió una correspondencia con las pruebas de ADN y un video de las cámaras de seguridad.
Luis Enrique se queda silencio sintiéndose nervioso de que su hermana pueda hablar e implicarlo. María Helena lo mira con suspicacia.
María Helena: Ojalá que se haga justicia pronto y todos los implicados paguen para que se pudran en el bote.
Luis Enrique: Sí, claro. Tienes toda la razón (Habla medio distraído). Discúlpame, María Helena. Debo retirarme. Nada más vine por mi hijo, pero ya me voy sabiendo que está bien.
María Helena: (extrañada) ¿Qué le pasó a Danilo?
Luis Enrique: Un coche lo atropelló, pero no fue grave y a propósito de eso, no pensé que supieras que Danilo es mi…
María Helena: (lo interrumpe) Sí, su hijo. Pablo me lo contó. Él me dijo que usted estuvo casado con doña Marissa y mientras era amante de Cecilia. De ahí nacieron Danilo y Milena, creo que se llama, y que preciso es la novia de Pablo.
Luis Enrique: (incómodo) Veo que estás bien enterada.
María Helena: Uf, de un resto de cosas que ni se imagina, señor.
Luis Enrique se extraña por aquel comentario.
Luis Enrique: Bueno, te dejo. Si necesitas algo, no dudes en contactarme. Eduardo fue mi socio por muchos años y mi amigo también.
María Helena: Lo tendré en cuenta. Gracias.
Luis Enrique le esboza una sonrisa y se apresura a retirarse. María Helena, con seriedad y cruzada de brazos, lo ve irse
INT. / HOSPITAL DE VILLA ENCANTADA, SALA DE URGENCIAS / NOCHE
Marissa ha pasado a ver a Danilo, quien reposa sobre la cama mirando hacia un lado y con una expresión dura en el rostro.


Marissa: (aliviada) Danilo, qué bueno ver que estás bien. ¿Cómo te sientes?
Danilo: (cortante) Bien, gracias. No fue nada. ¿Mi hermana está afuera?
Marissa: Sí y está muy preocupada por ti. De hecho hasta me mandó a decirte que te va a dar coscorrones por dejarla esperando (Se ríe). Ese humor de ustedes es único.
Danilo no se ríe y se porta notablemente indiferente, cosa que extraña a Marissa.
Marissa: ¿De verdad te sientes bien?
Danilo: Tengo que hablar con usted, señora.
Marissa: Para el tono con el que lo dices, supongo que es serio. Hasta me estás tratando de usted otra vez. ¿Qué pasa? ¿Fue por eso que pediste que entrara primero?
Danilo: (asentando) Tengo que ser muy sincero con usted y muy directo.
Marissa: Me estás preocupando, Danilo. ¿Qué tienes?
Danilo toma aire, pero evita mirarla.
Danilo: Ya no quiero tener nada con usted.
Marissa: (confundida) ¿Qué?
Danilo: Pasa que ya tuve lo que quería y usted ya me lo dio.
Marissa niega con la cabeza y esboza una sonrisa de confusión.
Marissa: No te estoy entendiendo.
Danilo: Todo este tiempo solo busqué algo, señora. Quería hacerla mía. Quería tenerla en la cama. He ahí el porqué le insistía tanto. ¿Que nunca se dio cuenta?
Marissa se aleja y da un paso hacia atrás sin dar crédito a lo que oye.
Marissa: ¿Estás bromeando conmigo? ¿Es eso? Porque déjame decirte que no me gusta nada este tipo de bromas de mal gusto.
Danilo: Estoy hablando muy en serio. Usted sabe que soy hombre y desde que la rescaté del accidente, me fue muy difícil controlarme, especialmente cuando la veía ligera de ropa.
Marissa niega con la cabeza.
Danilo: La veía dormida y no se imagina todo lo que se me pasaba por la cabeza y las ganas que le traía.
Marissa respira un tanto exaltada y un amargo nudo se le forma en la garganta. Danilo sigue sin mirarla directamente a los ojos.
Danilo: Solo que usted siempre se me hizo la difícil y eso más ganas me daba, ¿sabe? Antes de usted, no había mujer que se me resistiera, ni siquiera doña Helena Montalbán.
Marissa: (en un hilo) ¿Fuiste…? ¿Fuiste amante de Helena?
Danilo: Sí, ¿y le digo algo? Ella me hacía sentir bien hombre.
Marissa no puede evitar que sus ojos se llenen de lágrimas y sigue cubriéndose la boca.
Danilo: Y anoche usted me devolvió esa hombría; esa misma hombría que usted me quitaba por sus pinches rechazos.
Marissa: Basta ya, por favor…
Danilo: Solo que me la imaginaba, no sé, más fogosa. Pensé que podía ser como Helena y me equivoqué. Por eso ni vale la pena que me siga haciendo el menso enamorado de una mujer como usted.
Marissa: (gritando) ¡Ya cállate!
Marissa lo dice tan fuerte que llama la atención de otras personas en la sala.
Marissa: (llorando) ¿Cómo pudiste, Danilo? ¿Cómo pudiste hacerme esto si tú sabes mejor que nadie todo lo que he pasado con otros hombres? ¿Por qué hacerme lo mismo y humillarme así? (Pregunta muy dolida)
Danilo: Pos porque así somos los hombres, doña. Que usted sea tan pendeja como para no darse cuenta, es asunto suyo.


Marissa: ¡Pablo, hijo!
Pablo al verla se acerca y se aferra a los barrotes.
Pablo: ¡Mamá! ¡Te juro que no hice nada! ¡Me tienes que creer! ¡No hice nada! (Desesperado).
Marissa: Te creo. De verdad que te creo, pero tienes que explicarme qué fue lo que pasó. Te están acusando de haberte sobrepasado con Martina. Te puso una denuncia. ¿Qué pasó, Pablo? ¿Qué hacía esa muchacha en tu habitación? (Desconcertada)
Pablo: Te juro que no le toqué ni un pelo. Ella vino a traerme una camisa nueva dizque para reponerme la otra. Me insistió que me la probara y mientras lo hacía, se me empezó a insinuar y pedirme que me tuviera sexo casual con ella.
Marissa suelta un suspiro de frustración y se pasa la mano por la cabellera.
Pablo: Intenté rechazarla, pero después salió como loca a pedir ayuda y a decir que la había intentado violar.
Marissa: Tengo que hablar con ella y pedirle que retire esa absurda denuncia. Es ilógico de lo que te acusa. Con razón no me inspiró confianza y se me hizo más raro cuando me preguntó por tu talla.
Pablo: ¿Sabes dónde encontrarla? ¿Te dio su dirección o algo?
Marissa: No, no me dijo nada, pero supuestamente es amiga de María Helena. Ella de seguro nos puede decir dónde está.
Pablo: No me quiero quedar aquí, ma’. No quiero que Milena se entere.
Marissa: No te preocupes. Voy a arreglar esto. Además, tampoco sería conveniente que Milena se enterara después de lo que pasó a Danilo. No es bueno preocuparla más.
Pablo: (extrañado) ¿De qué hablas? ¿Qué le pasó a Danilo?
Marissa: Un coche lo atropelló
Pablo: (sorprendido) ¿Y cómo está? ¿Fue grave?
Marissa: No sé. Milena no me dijo mucho cuando me llamó. Precisamente voy para el hospital.
Pablo: ¿Qué pasa? (Frustrado) ¿Por qué todo se complica así de la nada si íbamos tan bien? Nada más ayer me casé con Milena y hoy esto.
Marissa: Tranquilízate, Pablo. Nada ganas con ponerte así. Yo también estoy muy nerviosa, pero tengo que estar tranquila para sacarte de aquí y pensar las cosas con cabeza fría.
Marissa mete las manos a la celda y acaricia el rostro de su hijo.
Marissa: Necesito que tengas tantito de paciencia en cuanto arreglo tu situación, ¿sí?
Pablo: ¿Y cuánto se va a demorar eso?
Marissa: Dame hasta mañana, mi amor. Voy a localizar a esa mujer por cielo y tierra, y no me voy a quedar tranquila hasta que venga ella misma a retirar la denuncia.
Pablo: (poco convencido) Está bien, pero tenme al tanto, por favor.
Marissa: Tranquilo. Eso haré. Y toma, te traje al menos una cobija para el frío. Solo será por esta noche porque mañana me encargo de que salgas.
Marissa le pasa una bolsa por en medio de los barrotes.
Pablo: Gracias, mamá.
Marissa solloza un poco y se limpia los ojos con delicadeza.
Pablo: Vete tranquila. Voy a estar bien. No quiero que dejes sola a Milena. Debe estar muy afectada. Hazme ese favor ya que yo no puedo.
Marissa: Así lo haré, hijo. No te preocupes. Nos vemos mañana bien temprano. Dios te bendiga.
Marissa le da la bendición al joven y se va. Pablo solo cierra los ojos y suspira sintiéndose impotente ante lo que está pasando.
INT. / HACIENDA DE LOS ROMÁN, ESTUDIO / NOCHE

Carolina le ha disparado a Eduardo justo cuando ambos forcejeaban. Eduardo cae desplomado en el piso mientras ella, aterrada, suelta la pistola. María Helena corre hacia él.



María Helena: ¡Papá!
Carolina: (consternada) No puede ser. ¿Qué hice?
Carolina da un paso hacia atrás mirando la escena con los ojos desorbitados. Eduardo comienza a perder sangre y María Helena lo recuesta en su regazo.
Eduardo: (en un hilo de voz) Ma… María Helena…
María Helena: Por favor aguanta. No vayas a cerrar los ojos. Quédate conmigo, por favor.
Carolina: Eduardo, perdóname. Yo no quise. Lo hice sin pensar, yo…
María Helena: (furiosa) ¡No digas nada más, desgraciada, loca! ¡Vete! ¡Lárgate antes de que te atrapen por asesina! Si algo le pasa a mi papá, va a ser tu culpa.
Carolina: No puedo dejarlo. Tengo que estar con él. ¡Tengo que estar contigo, mi amor!
Carolina intenta acercarse, pero la muchacha toma la pistola rápidamente y le apunta.
María Helena: ¡Ni se te ocurra!
Eduardo: María Helena, no… Baja eso.
María Helena: Das un paso y soy capaz de cualquier cosa.
Carolina: (llorando) Tú no eres nadie para impedirme que esté con él.
María Helena: Es mi padre y por defenderlo puedo hacer lo que sea, así que ya lárgate.
Carolina se queda pensativa y llora desconsolada.
Carolina: Voy a volver por ti, Eduardo. ¡Te lo prometo!
María Helena: ¡Que te vayas!
Carolina sale corriendo del estudio. María Helena suelta la pistola y acaricia el rostro de Eduardo.
María Helena: ¡Auxilio, por favor! (Grita desesperada) ¡Que alguien llame una ambulancia!
Eduardo: Malena, escúchame.
María Helena: No te esfuerces hablando, papá. Vas a estar bien y te vas a recuperar.
Eduardo: Si me muero ahora, en medio de todo, no sabes la alegría que me da saber que sí eres mi hija de verdad.
María Helena: (llorando) No me digas eso. No te vas a morir.
Eduardo: Lisa se fue, pero viniste tú y todo ese amor y ese cariño que sentí por ella ahora lo siento por ti.
María Helena: Yo en este tiempo que he compartido contigo también te he agarrado muchísimo cariño y ya pasé muchos años sin un padre como para que te me vayas, papá. ¡Aguanta, por favor! Tenemos mucho que compartir; mucho que vivir…
Eduardo le sonríe con calidez
Eduardo: Siempre te voy a llevar conmigo, María Helena. Eres lo mejor que me pudo pasar.
Eduardo cierra los ojos y pierde irremediablemente el conocimiento,
María Helena: ¡Papá! ¡Papá, despierta! ¡No me dejes! ¡Abre los ojos, te lo suplico!
En ese momento entran los policías al estudio.
María Helena: ¡Llamen a una ambulancia rápido! La asesina se acaba de escapar. No debe estar lejos.
Uno de los policías se comunica por su radio para pedir con urgencia una ambulancia y otros dos salen en busca de Carolina.
INT. / HOSPITAL DE VILLA ENCANTADA, HABITACIÓN DE URGENCIAS / NOCHE
Danilo reposa sobre una cama en una habitación donde hay otros heridos y personas enfermas. Todos están separados por cortinas. El joven tiene una venda sobre la cabeza y empieza a abrir los ojos al escuchar una voz que lo llama.


Luis Enrique: Danilo… Despierta, mijo. Tenemos que hablar.
Danilo se siente confundido y en primer plano se encuentra con el rostro de Luis Enrique.
Luis Enrique: ¿Despertaste? ¿Te sientes bien o todavía te duele el golpe?
Danilo: (aturdido) ¿Do… Dónde estoy?
Danilo mira a su alrededor y al verse en el hospital, se recuesta exaltado.
Danilo: ¿Qué me pasó? ¿Qué hace usted aquí?
Luis Enrique: Te atropellaron cuando ibas con Milena. ¿Lo olvidaste?
Danilo hace memoria y en efecto recuerda tal momento.
Luis Enrique: (cínico) O bueno, tal vez haga falta decir que fui yo quien te atropelló.
Danilo: (confundido) ¿De qué está hablando?
Luis Enrique: Mira, mijito…
Luis Enrique se acerca a él y le habla en voz baja.
Luis Enrique: Para serte muy sincero, no me ha caído mucho en gracia que te estés revolcando con mi mujer y no pienso permitir que me la arrebates. Marissa es mía y siempre lo fue.
Danilo: (furioso) ¡Desgraciado!
Danilo lo jala de la camisa con ánimo de golpearlo.
Luis Enrique: No te conviene que te pongas así. Hablemos de hombre a hombre, nada de escándalos y menos aquí. ¿O acaso deseas que grite a los cuatro vientos que mataste a Helena?
Danilo se impacta al escucharlo, pero aún no lo suelta.
Luis Enrique: ¿Quieres parar en la cárcel así como la estúpida de tu madre y que tu hermana sepa la clase de persona que eres? ¿Quieres que ella sepa que eres un gigoló que buscaba escalar alto acostándose con la mujer de su patrón a la que mató luego?
Danilo lo suelta y lo ve con los ojos desorbitados.
Danilo: Yo no maté, Helena. ¡Usted lo sabe bien! ¡Fue usted el que lo hizo!
Luis Enrique: Yo tampoco fui, aunque no me creas y como no hay pruebas, bien podría ir a la policía a acusarte. Podrían investigar entre los empleados de la hacienda que siempre fueron testigos de que algo te traías con Helena y no te iría nada bien si hago eso.
Danilo: ¿Qué quiere de mí? ¿Por qué mierda me está haciendo esto?
Luis Enrique: (serio) Porque te metiste en donde nadie te había llamado desde el día que rescataste a Marissa del accidente. Te enamoraste de ella y no contento, fuiste su perro faldero hasta que la sedujiste y te la llevaste a la cama. ¡Los vi anoche! (Furioso)
Danilo: Yo la amo y no voy a renunciar a ella aunque me pase su coche por encima. ¿Entendió? Si lo que quiere es amedrentarme, no lo va a lograr.
Luis Enrique: Como quieras. ¿De veras crees que Marissa va a seguir contigo después de enterarse de que sólo la estabas utilizando así como utilizaste a Helena? No seas ingenuo, hijo. Abre los ojos.
Danilo comienza a sollozar ante la impotencia que siente. Luis Enrique, de forma cínica, le frota el cabello.
Luis Enrique: Yo no te quiero ver en la cárcel pagando por un crimen que no cometiste y solo por un tonto capricho. No arruines tu vida así. Hazle caso a tu padre. Eres joven, guapo. Puedes tener a la mujer que quieras y si no te gusta ninguna, hasta yo te pago una cariñosa bien barata para que te quites las ganas. ¡Fácil!
Danilo endurece la mandíbula y tiembla ante la furia que siente al punto de que las lágrimas deslizan por su rostro.
Luis Enrique: Pero a Marissa, déjala para mí. ¿Estamos?
Danilo: ¿Cómo es que siendo su hijo me hace esto? (Pregunta muy dolido) ¿No le remuerde la consciencia después de que me abandonó a mí y a Milena?
Luis Enrique: Esto lo estoy haciendo por tu bien, Danilo (Pone su mano en el hombro de él). Como tu papá que soy y que te quiere, solo te estoy reprendiendo y alejando de un camino que no te conviene, mijo. Entiende, así que dime. ¿Hay trato?
Danilo guarda silencio.
Luis Enrique: Piensa lo que hay de por medio. ¿Hay trato o no? Tú dime.
Danilo sigue sin responder.
INT. / HOSPITAL DE VILLA ENCANTADA, SALA DE ESPERA / NOCHE
Marissa llega al hospital notablemente preocupada. Milena aguarda en la sala de espera gimoteando.


Marissa: ¡Milena!
Milena: ¡Ay, suegra!
Milena se suelta a llorar cuando Marissa se inclina un poco para abrazarla.
Marissa: ¿Cómo está Danilo? ¿Qué te han dicho?
Marissa se sienta en una silla frente a ella.
Milena: Todavía nada. Parece que nadie en este hospital se molesta en darme noticias. Me ignoran seguro por ser inválida y no me dicen nada.
Marissa: Tranquilízate. Yo ya voy a ir a averiguar y vengo a traerte información. ¿Fue grave el accidente?
Milena: No fue un accidente. Un tipo venía manejando y lo atropelló a propósito.
Marissa: (sorprendida) ¿Estás segura?
Milena: Sí porque no se molestó en frenar y ni siquiera se bajó del coche para atenderlo. Salió huyendo.
Marissa: Es muy extraño, Milena. ¿Por qué alguien querría atropellar justo a Danilo?
Milena: No sé. Lo mismo me pregunto yo. No es como mi hermano tenga enemigos. Usted lo conoce. Usted sabe que él es más bueno que el pan. Espero que no sea grave.
Marissa: Danilo es fuerte. Estoy segura de que va a salir de esto así como hace meses cuando lo apuñaló Tarcisio. Ten fe (La toma de las manos).
Milena: Eso espero. ¿Y Pablo? Pensé que iba a venir con usted porque intenté llamarlo y no contestó el celular.
Marissa: Bueno… Pablo… Pablo tuvo que viajar, Milena. Fue a ver el departamento que le regalé para ir acomodando todo para cuando se muden ustedes dos.
Milena: (sorprendida) ¿Cómo? ¿Así nomás? ¿Y por qué no me dijo?
Marissa: Quería que fuera una sorpresa y de hecho piensa volver mañana temprano. No te preocupes. Me llamó para avisarme para que te dijera a ti.
Milena guarda silencio poco convencida de la mentira. Luis Enrique viene en ese momento y se acerca.

Luis Enrique: Marissa…
Marissa se pone de pie y se extraña al verlo.
Marissa: ¿Cómo te enteraste?
Luis Enrique: Es mi hijo. No podía dejar de venir después de enterarme de lo que le pasó.
Milena: Yo lo llamé, suegra. Como Pablo no me contestaba, solo se me ocurrió llamarlo a él y después a usted. ¿Cómo sigue Danilo? (Le pregunta a Luis Enrique)
Luis Enrique: Mejor, mucho mejor. Ya despertó. Tal parece que solo fue un golpe sin mucha importancia en la cabeza y en las costillas, pero no tiene nada roto. Tranquilas.
Marissa y Milena suspiran aliviadas.
Marissa: ¿Será que podemos pasar a verlo? ¿Qué dijo el doctor?
Luis Enrique: Sí, sí pueden, solo que…
Milena: ¿Qué pasa?
Luis Enrique: Me pidió que te avisara a ti, Marissa y que solo tú pasaras a verlo cuando llegaras. No quiere ver a nadie más por el momento.
Milena: (desconcertada) ¿Por qué? ¿Que acaso no sabe que yo también estoy aquí? Estaba conmigo cuando lo atropellaron.
Luis Enrique: Lo sé, Milena, pero nada más les estoy diciendo lo que él me pidió. No me atreví a contrariarlo porque ya lo conocen. Es terco y tampoco soy mucho de su agrado. Ustedes lo saben.
Milena: No entiendo. ¿Qué onda con Danilo? ¿Por qué me hace esto si casi me muero del susto?
Marissa: Deja que vaya a verlo, Milena. Quédate tranquila aquí con Luis Enrique y luego lo convenzo de que te vea. Tal vez no te quiera preocupar.
Milena: Está bien y dígale también que apenas entre, le voy a caer a coscorrones por dejarme esperando.
Marissa: (riendo) Pierde cuidado. Se lo diré también.
Marissa pasa a la sala de urgencias. Luis Enrique se queda viéndolo con cierta malicia y de lejos, al fondo del pasillo, alcanza a distinguir a María Helena caminando de un lado a otro.

Luis Enrique. (extrañado) ¿Qué hace esa chamaca aquí?
Milena: ¿De quién hablas?
Luis Enrique: De María Helena Quintana, Román o cómo se llame.
Milena voltea a ver hacia la dirección en la que están apuntados los ojos de Luis Enrique y se sorprende al ver a María Helena.
Milena: Ah, sí. Es la gemela de Lisa. Pablo me habló de ella, creo. Nunca la había visto y vaya que sí es muy parecida.
Luis Enrique: Nada más por fuera porque por dentro son muy diferentes. ¿Me esperarías acá, Milena? Me gustaría ir a saludarla.
Milena: Está bien. De igual estoy acá pendiente de qué salga doña Marissa para entrar a ver a Danilo.
Luis Enrique: Ya vuelvo entonces.
Luis Enrique se dirige hacia María Helena, quien está gimoteando y luce notablemente preocupada.
Luis Enrique: ¿María Helena?
María Helena voltea a verlo, aunque no le hace mucha gracia encontrarse con el hombre.
María Helena: (indiferente) ¿Cómo está, señor?
Luis Enrique: Bien, pero no puedo decir lo mismo de ti. ¿Qué tienes? ¿Qué te ocurre?
María Helena: Mi papá está mal. Carolina de La Torre intentó matarlo y le disparó.
Luis Enrique: (impactado) ¿Cómo? ¿Cuándo pasó?
María Helena: Hace rato ya. Ojalá la policía haya logrado atrapar a esa maniática. Es que si algo le pasa a mi papá por culpa de ella, no sé ni de lo que sea capaz.
Luis Enrique: Imagino cómo te sientes, muchacha, pero no entiendo. Se supone que Carolina siempre ha estado enamorada de Eduardo. ¿Por qué intentó matarlo?
María Helena: Porque mi papá la rechazó después de enterarse de que todos estos años ella supo que Helena lo engañaba y hasta le fue infiel con ese señor, el tal Epifanio, tanto que hasta hizo unas dizque pruebas de ADN hace dieciocho años para saber quién era el padre de Lisa y nunca dijo nada.
Luis Enrique se sorprende al escucharla y finge no saber lo que le cuenta.
Luis Enrique: Increíble. ¿Qué salió en las pruebas?
María Helena: Que Eduardo sí es padre de Lisa y, por lo tanto, el mío también. Era por eso que él estaba tan indignado con Carolina.
Luis Enrique: Claro. Puedo imaginar lo mal que estuvo al saber que sí se acostó con su propia hija cuando todos pensaron que no lo era.
María Helena: Sí, pobre de él (Niega con la cabeza). Pero lo peor fue enterarse de que Carolina fue la que mató a Helena. Esa sí fue la gota que colmó el vaso.
Luis Enrique: (sorprendido) ¿Carolina se lo confesó?
María Helena: No hubo necesidad. No sé quién, según oí, envió una correspondencia con las pruebas de ADN y un video de las cámaras de seguridad.
Luis Enrique se queda silencio sintiéndose nervioso de que su hermana pueda hablar e implicarlo. María Helena lo mira con suspicacia.
María Helena: Ojalá que se haga justicia pronto y todos los implicados paguen para que se pudran en el bote.
Luis Enrique: Sí, claro. Tienes toda la razón (Habla medio distraído). Discúlpame, María Helena. Debo retirarme. Nada más vine por mi hijo, pero ya me voy sabiendo que está bien.
María Helena: (extrañada) ¿Qué le pasó a Danilo?
Luis Enrique: Un coche lo atropelló, pero no fue grave y a propósito de eso, no pensé que supieras que Danilo es mi…
María Helena: (lo interrumpe) Sí, su hijo. Pablo me lo contó. Él me dijo que usted estuvo casado con doña Marissa y mientras era amante de Cecilia. De ahí nacieron Danilo y Milena, creo que se llama, y que preciso es la novia de Pablo.
Luis Enrique: (incómodo) Veo que estás bien enterada.
María Helena: Uf, de un resto de cosas que ni se imagina, señor.
Luis Enrique se extraña por aquel comentario.
Luis Enrique: Bueno, te dejo. Si necesitas algo, no dudes en contactarme. Eduardo fue mi socio por muchos años y mi amigo también.
María Helena: Lo tendré en cuenta. Gracias.
Luis Enrique le esboza una sonrisa y se apresura a retirarse. María Helena, con seriedad y cruzada de brazos, lo ve irse
INT. / HOSPITAL DE VILLA ENCANTADA, SALA DE URGENCIAS / NOCHE
Marissa ha pasado a ver a Danilo, quien reposa sobre la cama mirando hacia un lado y con una expresión dura en el rostro.


Marissa: (aliviada) Danilo, qué bueno ver que estás bien. ¿Cómo te sientes?
Danilo: (cortante) Bien, gracias. No fue nada. ¿Mi hermana está afuera?
Marissa: Sí y está muy preocupada por ti. De hecho hasta me mandó a decirte que te va a dar coscorrones por dejarla esperando (Se ríe). Ese humor de ustedes es único.
Danilo no se ríe y se porta notablemente indiferente, cosa que extraña a Marissa.
Marissa: ¿De verdad te sientes bien?
Danilo: Tengo que hablar con usted, señora.
Marissa: Para el tono con el que lo dices, supongo que es serio. Hasta me estás tratando de usted otra vez. ¿Qué pasa? ¿Fue por eso que pediste que entrara primero?
Danilo: (asentando) Tengo que ser muy sincero con usted y muy directo.
Marissa: Me estás preocupando, Danilo. ¿Qué tienes?
Danilo toma aire, pero evita mirarla.
Danilo: Ya no quiero tener nada con usted.
Marissa: (confundida) ¿Qué?
Danilo: Pasa que ya tuve lo que quería y usted ya me lo dio.
Marissa niega con la cabeza y esboza una sonrisa de confusión.
Marissa: No te estoy entendiendo.
Danilo: Todo este tiempo solo busqué algo, señora. Quería hacerla mía. Quería tenerla en la cama. He ahí el porqué le insistía tanto. ¿Que nunca se dio cuenta?
Marissa se aleja y da un paso hacia atrás sin dar crédito a lo que oye.
Marissa: ¿Estás bromeando conmigo? ¿Es eso? Porque déjame decirte que no me gusta nada este tipo de bromas de mal gusto.
Danilo: Estoy hablando muy en serio. Usted sabe que soy hombre y desde que la rescaté del accidente, me fue muy difícil controlarme, especialmente cuando la veía ligera de ropa.
Marissa niega con la cabeza.
Danilo: La veía dormida y no se imagina todo lo que se me pasaba por la cabeza y las ganas que le traía.
Marissa respira un tanto exaltada y un amargo nudo se le forma en la garganta. Danilo sigue sin mirarla directamente a los ojos.
Danilo: Solo que usted siempre se me hizo la difícil y eso más ganas me daba, ¿sabe? Antes de usted, no había mujer que se me resistiera, ni siquiera doña Helena Montalbán.
Marissa: (en un hilo) ¿Fuiste…? ¿Fuiste amante de Helena?
Danilo: Sí, ¿y le digo algo? Ella me hacía sentir bien hombre.
Marissa no puede evitar que sus ojos se llenen de lágrimas y sigue cubriéndose la boca.
Danilo: Y anoche usted me devolvió esa hombría; esa misma hombría que usted me quitaba por sus pinches rechazos.
Marissa: Basta ya, por favor…
Danilo: Solo que me la imaginaba, no sé, más fogosa. Pensé que podía ser como Helena y me equivoqué. Por eso ni vale la pena que me siga haciendo el menso enamorado de una mujer como usted.
Marissa: (gritando) ¡Ya cállate!
Marissa lo dice tan fuerte que llama la atención de otras personas en la sala.
Marissa: (llorando) ¿Cómo pudiste, Danilo? ¿Cómo pudiste hacerme esto si tú sabes mejor que nadie todo lo que he pasado con otros hombres? ¿Por qué hacerme lo mismo y humillarme así? (Pregunta muy dolida)
Danilo: Pos porque así somos los hombres, doña. Que usted sea tan pendeja como para no darse cuenta, es asunto suyo.
Marissa siente el impulso de abofetearlo, pero se contiene.
Danilo: (sollozo) Pégueme. Ándele. Es lo que siempre hacen las ardidas, ¿no?
Marissa: No vale la pena que me ensucie más con basuras de hombres como tú. ¡Qué equivocada estuve! Y me duele cómo no tienes idea porque pensé que eras diferente y te tenía un cariño enorme, pero… ¿Qué podía esperar del hijo de Luis Enrique y Cecilia?
Danilo no dice nada e intenta contener las ganas de llorar para no dañar su actuación.
Marissa: Hasta lástima me das porque solo puedes sentirte hombre utilizando a cuanta mujer se te da la gana, pero déjame decirte algo, Danilo… ¡Jamás serás un hombre! ¡No eres más que un miserable! ¡Un enfermo! Pero el mundo gira y algún día vas a pagarlo.
Marissa sale de allí sumamente furiosa y devastada tanto que ni se da cuenta de que María Helena había escuchado todo. Danilo respira agitado al verse a solas y se da al llanto al punto de gritar fuertemente ante la impotencia. Una enfermera se le acerca.
Enfermera: Joven, no puede gritar así. Es un hospital.
Danilo: (llorando) ¡Déjeme!
Enfermera: Tranquilícese, por favor o voy a tener que sedarlo.
Danilo solo sigue llorando desconsolado por lo que acaba de hacer. Marissa, por su parte, también se encuentra desconsolada y se dirige a la salida del hospital a pasos apresurados. Milena intenta alcanzarla impulsado por sí misma la silla de ruedas.


Milena: ¡Suegra! ¡Suegra, espere! ¿Qué pasó? ¿Cómo está Danilo?
Marissa se detiene y voltea a ver a la joven.
Marissa: Tu hermano no es más que un asqueroso. ¡Tus padres! ¡Toda tu familia! Ustedes no han hecho más que hacerme daño.
Milena: (desconcertada) No le estoy entendiendo.
Marissa: Pregúntale a Danilo a ver si tiene los pantalones de reconocer frente a ti sus actos tan bajos y nada más espero que tú seas diferente porque una cosa te diré, Milena.
Marissa se le acerca un poco mirándola fulminante.
Marissa: Si tu matrimonio con mi hijo no fue más que una farsa para engatusarlo, no me quedaré tan tranquila y lo alejaré de ti.
Milena: Yo amo a Pablo. Jamás haría algo así.
Marissa: Pues ya veremos. A saber si lo de Martina no fue una trampa para luego meterle una demanda por infidelidad y sacarle dinero.
Milena: (confundida) ¿Quién es Martina? ¿De qué habla?
Marissa no le responde y solo abandona el hospital dejando desconcertada a la joven. María Helena también sale de la sala de urgencias rápidamente.
Milena: ¿Que acaso esa no era la gemela de Lisa? ¿Qué hacía allá adentro ella también? ¡Ay, ya me hice bolas! (Preocupada)
EXT. / HOSPITAL DE VILLA ENCANTADA / NOCHE
María Helena intenta alcanzar a Marissa quien baja la cabeza y llora en silencio.


María Helena: ¡Doña Marissa! ¡Doña Marissa, un momento!
Marissa se sorprende al verla, pero intenta controlar el llanto y no la encara.
Marissa: María Helena…
María Helena: ¿Me permite hablar con usted?
Marissa: Yo también quisiera hablar contigo, pero ahora no tengo los ánimos. Discúlpame. ¿Te parece si te pasas mañana por el café que queda en la plaza del pueblo a eso de las ocho? Es sobre tu amiga, la tal Martina.
María Helena: Sí, ya sé que armó un escándalo en el hotel culpando a Pablo dizque de haber intentado abusar de ella.
Marissa: Entonces dile que retire esa absurda denuncia. Tú conoces a mi hijo. Pablo jamás sería capaz de algo tan atroz. Él es un caballero y no un patán como…
María Helena: ¿Como Danilo?
Marissa guarda silencio.
María Helena: Doña Marissa, yo lo escuché todo y perdóneme lo indiscreta, pero como me encontré también con Luis Enrique, él me contó que a Danilo lo habían atropellado y me escabullí en la sala de urgencias para verlo, y ahí la escuché a usted hablando con él.
Marissa: No sé qué decir (Dolida).
María Helena: No creo que tenga que decir nada. Créame que lo siento mucho. No me imagino cómo se debe estar sintiendo.
Marissa: Me siento avergonzada, María Helena. Sucia, burlada, como si no valiera nada para ningún hombre. Primero mi exmarido, luego fue Eduardo y ahora Danilo. ¿Qué han ganado con pisotearme cómo lo han hecho, ah?
Marissa rompe a llorar amargamente.
Marissa: Esto no lo merece nadie, no lo merezco yo que solo he intentado amar y sentirme un poquito amada, pero ¿qué he recibido a cambio? (Muy dolida)
María Helena: Sé que no es el momento, pero ¿por qué terminó usted con mi papá?
Marissa: Eduardo jugó conmigo, María Helena. Cuando nos conocimos, me propuso que nos casáramos para despistar a Manuel y a Luis Enrique que solo querían apoderarse del patrimonio de su familia.
María Helena: (confundida) Entonces si todo era un montaje, ¿por qué usted y mi papá actúan como si hubieran tenido una relación de verdad?
Marissa: Porque él me enamoró, me sedujo. Tenía miedo de que cuando Lisa murió y Manuel se fue al extranjero un tiempo, yo rompiera el trato al ver que ya no era necesario un matrimonio de mentiras. Eduardo nunca me amó.
María Helena: Perdóneme, doña Marissa, pero con todo respeto, usted está equivocada. Mi papá no ha hecho más que sufrir desde que usted rompió con él. Mi papá la quiere.
Marissa: No es tu padre. No hace falta que lo defiendas. No lo conoces si no de hace unas semanas.
María Helena: De hecho sí lo es. Hay unas pruebas que lo confirman.
Marissa: Me da gusto por ti, pero no intentes negar lo innegable. Yo misma escuché una grabación en la que él y Manuel lo planeaban todo, además Eduardo se acostó con Carolina. ¡Pretendía hacer con ella lo mismo que conmigo! La diferencia es que a Carolina no le importa.
María Helena: Carolina es una pinche loca que no ha hecho más que acosarlo tanto o más que mi mentada hermana gemela. Yo he sido testigo, se lo juro. Nada más hoy intentó matarlo y ahorita está en ese hospital debatiéndose entre la vida y la muerte.
Marissa se sorprende al escucharla.
María Helena: Doña Marissa, mi papá la ama y le ha dolido muchísimo toda esta situación. Le prometo que voy a convencer a Martina de retirar la denuncia, pero a cambio, por favor, hable con él en cuanto pueda y aclaren las cosas. Yo sé que todo tiene una explicación.
Marissa guarda silencio ante tal proposición. María Helena la ve con los ojos suplicantes.
INT. / AUTO DE LUIS ENRIQUE / NOCHE
Luis Enrique, entretanto, conduce su auto mientras intenta hacer una llamada. Es de notar que usa auriculares.

Luis Enrique: (desesperado) ¡Contesta, Carolina! ¡Contesta, maldita sea!
EXT. / HACIENDA DE LOS ROMÁN, PISCINA / NOCHE
Carolina camina con sumo cuidado para no ser vista. Llega a la piscina de la casa principal y ve que su hermano la llama con insistencia, por lo que decide tomar la llamada.

Carolina: Lograste vengarte de mí. ¿Estás contento?
Las escenas de ambos se intercalan al hablar.
Luis Enrique: ¿De qué mierda hablas? ¿Dónde estás? ¿Qué fue eso de que intentaste matar a Eduardo? Me acabo de encontrar con María Helena y me lo dijo todo.
Carolina: Fue un accidente que tú provocaste. Por tu culpa lastimé al amor de mi vida. Tú le enviaste los resultados de las prueba de ADN y el video que me incrimina de la muerte de Helena, y has sido el que me ha estado acosando todo este tiempo para destruirme. Fue por eso que hasta me aconsejaste olvidarme de Eduardo, ¿no?
Luis Enrique: Carolina, cálmate. No sé de qué estás hablando. Yo no he hecho absolutamente nada y si te aconsejé alejarte de Eduardo, era por tu bien. Hay algo que tú no sabes sobre Lisa.
Carolina: No intentes confundirme, Luis Enrique. Gracia me lo contó. Tú le enviaste ese maldito video a mi padre. Sabías que tenía una salud frágil y no lo resistiría, y yo como una imbécil te llamé para pedirte ayuda y ahí fue donde me aconsejaste dejarlo morir. ¡Todo era una trampa! ¡Una cochina trampa de tu parte!
Luis Enrique: Estás desvariando, mujer. Yo no le envié nada al viejo Epifanio. ¿Por qué haría algo así si hasta maté a Tarcisio para protegerte? Él era el que quería chantajearte.
Carolina: (exaltada) ¡No me trates como pendeja! Sé muy bien que Tarcisio era tu cómplice. Le pagaste para que te diera una copia del video antes que a mí y claro, para no dejar cabos sueltos, lo mataste con la excusa barata de protegerme.
Luis Enrique: Mira, Carolina. No sé quién sea esa tal Gracia ni cómo logró lavarte el cerebro, pero te juro que soy inocente. Eres mi hermana. ¿Cómo podría intentar hacerte daño?
Carolina: Porque me odias y estás resentido por lo que mi papá te hizo pasar cuando eras niño. Es por eso que has querido vengarte de mi familia y lo lograste. Hasta quemaste mi casa y a Gracia le recluíste en un sanatorio.
Luis Enrique: (desesperado) ¡Te estoy diciendo que no estoy involucrado en nada de eso! No sé quién quiera destruirte, pero no soy yo. ¡Debes creerme!
Carolina: Nada de lo que digas me hará cambiar de opinión, pero no me hundiré sola, Luis Enrique. Voy a escapar y a proteger a Gracia antes de que tú la mates. Ella será testigo de todo lo que has hecho. ¡No me voy a la cárcel sola!
Luis Enrique: Dime dónde estás para recogerte y así hablamos con calma.
Carolina: ¡Ni loca me vería contigo para que me mates y me calles! No me vas a detener, pero ¿sabes qué es lo mejor?
Carolina sonríe fuera de sí y algo trastornada.
Carolina: Que yo ya me adelanté y pienso hacerte pagar.
FLASHBACK
Carolina: (sonriendo con malicia) En la guerra y en el amor todo se vale, Luis Enrique. Tu hijo no puede pasar por encima de ti.
Luis Enrique: (exasperado) ¿Y qué sugieres que haga?
Carolina: Fácil. Quítalo del camino.
Luis Enrique: ¡No voy a matar a mi hijo! ¿Te has vuelto loca? No soy un asesino a sueldo. ¿Por quién me tomas?
Carolina: Yo no digo que llegues hasta ese extremo, pero tengo un plan que te puede funcionar. Tú solo escucha y haz lo que te digo para que todo nos salga bien.
Luis Enrique mira intrigado a Carolina. Ella, por su parte, no deja de sonreír con malicia.
FIN DEL FLASHBACK
Carolina: Cuando te sugerí atropellar a Danilo y chantajearlo, no fue para ayudarte a quitarlo de tu camino y así recuperar a Marissa. ¡Para nada! Fue algo que planée para que cayeras en una trampa que te tengo preparada.
Luis Enrique: ¿A qué te refieres?
Carolina: Hasta nunca, maldito infeliz.
Carolina cuelga la llamada.
Luis Enrique: ¡Carolina, espera! ¡Carolina!
Luis Enrique se da cuenta de que ella ha colgado y golpea furioso el volante.
Luis Enrique: ¡Como un demonio! (Se queda pensativo) Alguien la puso en mi contra. Tarcisio ya está muerto. No pudo ser él. Cecilia está la cárcel y además no sabía nada de mi pasado. De seguro fue Lisa. ¡Fue esa perra! No hay de otra.
Carolina, por su parte, recibe otra llamada y se apresura a contestarla.
Carolina: ¡Cruz! ¡Por fin llamas! ¿Trajiste el otro coche como te pedí?
EXT. / CARRETERA / NOCHE
Cruz, en efecto, se encuentra dentro de un auto a las afueras de la hacienda y le hace señas con la mano a dos policías armados.

Cruz: Sí, señorita. Me estacioné justo a un kilómetro de la hacienda como me dijo y le traje ropa para que se camufle.
Carolina: Perfecto. Voy a escapar por el bosque. Es muy espeso y no creo que me atrapen por ahí. Tú espérame y no te muevas.
De repente, la mujer escucha una voz detrás.

Lisa: Yo siendo tú no sería tan estúpida de caer en esa trampa.
Carolina, exaltada, se da la vuelta. Cruz alcanza a escuchar esa voz en el teléfono y se pone nerviosa.
Lisa: Toda la hacienda tiene policías alrededor y si estás hablando con una pinche ruca desagradable que vino conduciendo un coche rojo, déjame decirte que la escuché hace rato planeando con ellos la manera de atraparte.
FLASHBACK
Cruz se encuentra hablando con varios policías en la entrada principal de la hacienda dentro de un auto. Lisa escucha escondida tras unos arbustos.
Cruz: Sí, oficiales. Ella me llamó hace rato para pedirme que la ayude a huir. Todavía sigue adentro y está escondida.
Comisario: Tenemos la hacienda rodeada, señora. Mis hombres ya se están encargando y pedí refuerzos. Le recomiendo que no intervenga por si debemos recurrir a la fuerza.
Cruz: Discúlpeme usted, mi comisario querido, pero ya he visto esta misma situación en indignidad de novelas y películas. Para nadie es un secreto que ustedes son unos inútiles, buenos para nada, a los que se les escapa matar hasta una cucaracha.
Los policías se miran entre sí sorprendidos por la forma despectiva en que la mujer se refiere a ellos.
Cruz: Déjeme ayudarlos. La señorita Carolina confía muchísimo en mí y así les será más fácil atraparla. Podemos hasta negociar una recompensa.
Cruz les guiña un ojo.
FIN DEL FLASHBACK
Carolina guarda silencio ante lo que acaba de contarle Lisa y la ve con suspicacia.
Cruz: (alertada) ¡Señorita! ¡Señorita, no escuche a esa mujer! ¡Usted sabe que yo jamás la traicionaría!
Carolina: ¿Cómo sabe entonces esta tipa que te pedí venir en el coche rojo si se suponía que no vendrías a buscarme directamente a la hacienda? Ella te vio.
Cruz cierra los ojos sin saber qué responder. Lisa sonríe con malicia.
Lisa: ¿Lo ves? Te están engañando.
Carolina: Eres una maldita traidora, Cruz. ¿Cómo pudiste? (Furiosa)
Cruz: Pues ya no tiene caso que siga fingiendo. Es mejor que te entregues y no hagas esto más difícil.
Carolina: ¡Hipócrita! ¿Es así cómo me pagas, mordiendo la mano de la que te dio de comer, desgraciada?
Cruz: (seria) Yo solo estoy poniendo en orden el desastre que provocó don Epifanio desde que se volvió amante de Helena Montalbán y ya es hora de que usted pague por haberla asesinado.
Carolina: Tú no eres quién para hacer algo así. No eres más que una sirvienta.
Cruz: Una sirvienta que está haciendo justicia y en el fondo solo quiere tu bien.
Carolina: (incrédula) ¿Mi bien? Yo te conté mis razones para haber matado a Helena. Ella lo merecía. ¡Pensé que me habías entendido!
Cruz cierra los ojos ante lo que va a decir y aunque lo duda, respira profundo y lo dice.
Cruz: Helena… (Hace una pausa) Helena era mi hija.
Carolina abre los ojos como platos al oírla.
Carolina: ¡Mentira! No puede ser. Debes estar mintiendo. ¡Es una mentira tuya!
Cruz: Usted no lo sabe, pero antes de ser una sirvienta, tuve una buena vida, solo que mi familia entró en bancarrota.
Cruz quiebra un poco la voz al relatar tan secreto y en forma sepia, se puede ver lo que relata mientras su voz suena de fondo.
Cruz: Mi madre y yo, para sobrevivir, no tuvimos de otra que prostituirnos. Trabajaba de día como sirvienta para los Montalbán y de noche… Usted sabe. Resulté embarazada no sé de quién y como los Montalbán no podían tener hijos, me ofrecieron mucho dinero a cambio de Helena.
En dichos recuerdos difusos, una joven Cruz, llorando, les entrega su bebé a una pareja. Luego, un mayordomo le da un sobre de dinero el cual ella toma.
Cruz: Yo lo acepté para vivir decentemente con mi madre unos meses y me corrieron, por supuesto, para evitar que estuviera cerca de Helena y ahí fue donde contrataron a Martha Quintana, la que adoptó a María Helena cuando también nació Lisa.
Cruz deja de recordar y derrama varias lágrimas.
Cruz: Tiempo después llegué a casa de don Epifanio y yo seguí con mi vida normal, tratando de olvidar que alguna vez tuve una hija, pero el destino es cruel, señorita.
Carolina escucha atentamente también derramando lágrimas. Lisa solo la observa con seriedad y deja ver un cuchillo. Carolina retrocede asustada.
Cruz: (llorando) Helena llegó a mi vida de nuevo cuando se hizo su amiga y la amante de don Epifanio; justo se volvió la amante del hombre que yo amaba.
Carolina: Entonces… ¿Las gemelas…?
Cruz: Son mis nietas, sí. Mucho antes de que usted me contara la verdad, yo ya sabía de antemano la relación tan tensa entre usted y Helena. Las escuché en varias ocasiones discutiendo y la noche que usted la mató, sabía que algo malo sucedería y yo la seguí. Quería impedir que usted cometiera una locura… Después de todo, Helena era mi propia sangre aunque la hubiera vendido, y a usted… A usted siempre le tuve muchísimo aprecio…
Carolina llora fuertemente sin poder creer lo que oye y retrocede al ver que Lisa se le está acercando.
Lisa: ¡Cuelga ya, imbécil!
Cruz continúa hablando.
Cruz: Yo fui yo la que le pagó a Tarcisio para que me diera la grabación original de las cámaras de seguridad e hice una copia.
Carolina: Esa… (Pensando) Esa fue la copia que me dio Tarcisio…
Cruz: Sí. Yo fui la que le envió a don Epifanio ese video y la misma que le robó a usted los resultados de la prueba de ADN que realizó en secreto, así como lo hice hoy enviándole todo a Eduardo Román.
Carolina tiembla al enterarse de tantas revelaciones. Incluso se está acercando a la piscina sin darse cuenta.
Carolina: Entonces Luis Enrique es inocente y Gracia…
Cruz: Gracia trabajaba para mí. Todo lo del hospital psiquiátrico fue un montaje que yo organicé para que usted pensara que era Luis Enrique el que estaba detrás de todo.
Carolina: No lo puedo creer (Desesperada). Me pusiste en contra de mi propio hermano.
Cruz: Ese era el plan. ¿Recuerda cuando le sugerí que usted podía hablar con Cecilia para que ella lo matara?
Carolina tiene un recuerdo de unos días atrás.
FLASHBACK
Carolina: No sé que voy a hacer. Con todo siento que me voy a enloquecer (Desesperada).
Cruz guarda silencio durante un instante.
Cruz: No pasará nada si usted está un paso delante de él.
Carolina: (confundida) ¿Qué quieres decir?
Cruz se pone nuevamente de pie y se la acerca acariciándole el cabello.
Cruz: Que a veces hay que encontrarle el punto débil al enemigo para saber cómo pelear, señorita Carolina.
Carolina: No te estoy entendiendo. Yo no tengo nada para contraatacar a Luis Enrique si es lo que te refieres.
Cruz: ¿Segura? Porque a mí me parece que sí hay algo que podemos hacer ahora que lo pienso bien.
Carolina: ¿De qué se trata?
Carolina la mira intrigada. Cruz solo sigue sonriendo con malicia. Tal parece que está sabiendo jugar bien sus cartas.
FIN DEL FLASHBACK
Carolina: (dejando de recordar) No puede ser. Cecilia va a acabar con él y si algo le pasa a Luis Enrique nunca te lo voy a perdonar, Cruz. ¡Nunca debí dejarme convencer de ti! ¿Cómo pude ser tan imbécil?
Cruz: Puede ser que él no la haya traicionado como yo le hice creer, pero es de mala entraña y merece que también pague. Por ahora hágame caso y entréguese. ¡Esa mujer que está ahí con usted es Lisa Román y es muy peligrosa!
Lisa pierde la paciencia y le arrebata el celular a Carolina para luego lanzarlo a la piscina.
Cruz: ¡Carolina! ¡Señorita Carolina! ¡Dígame algo!
El comisario se acerca al auto.
Comisario: ¿Qué está pasando, señora?
Cruz: (saliendo del auto) Tienen que ir a la hacienda. Carolina está corriendo peligro. ¡Vayan pronto para la hacienda, por favor! (Desesperada)
CONTINUARÁ…
Comentarios
Publicar un comentario