Capítulo 50: Cara a cara con la verdad
EXT. / HACIENDA DE LOS ROMÁN, PISCINA / NOCHE

Carolina acaba de enterarse de que Cruz era quien había estado detrás de los correos anónimos y amenazantes que recibía, pues todo se trató de un montaje organizado por el ama de llaves para hacer creer que Luis Enrique era el culpable. Lisa le ha arrebatado el teléfono a la primera lanzándolo a la piscina y la amenaza con un cuchillo. Carolina luce temerosa.


Lisa: No entendí muy bien de qué se tratan tus pedos con tu chacha, pero por lo visto todo este tiempo te estuvo traicionando y tú ni enterada. Por lo que oí hasta te puso en contra de Luis Enrique que es tu hermano. ¡Mira tú! Eso sí que no lo esperaba.
Carolina: (temblando) ¿Eres Lisa?
Lisa: No sé cómo lo supo la ruca esa, pero de ella me encargo luego. Esta noche me voy a encargar de ti.
Carolina: (impactada) ¿Entonces es cierto?
Lisa: Ay, Carito. Tú trabajas con una agencia de modelos. Deberías saber que existe la cirugía plástica y esto se lo debo al vejete de tu padre. ¡Qué ingenuo, de veras!
Carolina respira agitada pues Lisa la acaricia de arriba a abajo con el cuchillo.
Lisa: Como pensó que yo era su hija bastarda, me rescató antes de que terminara de morir quemada entre la chatarra del coche en el que me accidenté y hasta yo también pensé que era así. Siempre creí que él era mi padre ya que Manuel me lo dijo porque Helena se lo confesó, pero ya me doy cuenta que no. ¡Todos estaban equivocados y tú sabías la verdad!
Lisa endurece el rostro de una manera macabra que podría inspirar miedo a cualquiera.
Carolina: No sé si sea cierto, pero déjame ir, Lisa. No me hagas daño.
Lisa: ¿Por qué debería tener piedad contigo?
Lisa la agarra con brusquedad del pelo. Carolina gime adolorida y la joven amenaza con degollarla.
Lisa: (solloza) Por tu culpa y la de Helena, me enamoré de mi propio padre. ¡Incluso hasta me hizo suya!
Carolina: No fue mi culpa que te fijaras en Eduardo. ¡La enferma eres tú!
Lisa: (furiosa) ¡Cállate, maldita!
Lisa comienza a enterrar la punta del cuchillo en el cuello de la atemorizada mujer.
Lisa: Ya Eduardo te lo dijo. Si hubieras hablado y destapado las infidelidades de Helena desde un principio, hubieran determinado más fácilmente quién era mi padre y así yo nunca hubiera pensado que era hija de Epifanio.
Carolina: (llorando) Te lo suplico. Déjame huir. Te juro que me voy a ir del país y no voy a volver nunca más. No le diré a nadie que sigues con vida. ¡Por favor! Hay cámaras alrededor. ¡Sabrán que me mataste!
Lisa ríe de forma escandalosa entre las lágrimas.
Lisa: Viví toda mi vida en esta hacienda. Conozco cada rincón de la misma y ya me encargué de apagar todo el sistema de seguridad.
Carolina: ¡Te lo imploro! ¡Suéltame!
Lisa: No, Carolina. No pienso perdonarte. Me arruinaste la vida e indirectamente me llevaste a enamorarme de mi propio padre. Ya ni siquiera sé qué pensar ni qué hacer con todo este amor que me vuelve loca por él. ¿Cómo van a ser las cosas ahora para mí, ah? ¿Cómo?
Lisa llora desconsolada y notablemente trastornada.
Lisa: Todo lo que siento es producto de una mentira, de un engaño. ¿Qué voy a hacer? (Pregunta gritando) ¡Dímelo! ¿Cómo voy a seguir amando a Eduardo sabiendo que es mi papá, que él mismo me engendró y que me acosté con él? ¡Dímelo! (Grita fuertemente)
Carolina: Eres joven. Tienes otro rostro. Huye de aquí junto conmigo. Te prometo que voy a ayudarte, Lisa, por favor (Temblando).
Lisa: No voy a huir con mi enemiga porque eso siempre fuiste. Una zorra más que se le metía por los ojos a mi papi, pero ¿sabes algo? Muy en el fondo, mucho antes de creer que Epifanio era mi padre, yo ya sentía cosas por Eduardo, sí…
Lisa habla en un hilo de voz mirando al vacío y sonríe con nostalgia. Carolina luce aterrada sintiendo el filo de la punta de aquel cuchillo en su cuello, traga saliva e incluso suda.
Lisa: Todo mi cariño por él no era sino amor y deseo, y cuando me enteré de que supuestamente no era mi padre, ya no vi ningún impedimento para saciar lo que sentía y ahí empezó mi infierno, mi perdición. ¡Eso es lo que es Eduardo para mí!
Carolina: Lisa, te lo suplico…
Lisa: (ignorándola) Quizá mi vida no hubiera vuelto un infierno de haber sabido que Eduardo era mi padre biológico, pero no… Tú y Helena son las culpables de ser lo que soy y por eso no te puedo perdonar.
Carolina: ¡Lisa, no!
Lisa, sin piedad alguna, degolla a la mujer y la empuja a la piscina. Carolina intenta chapotear, pero es inútil y no tarda en desangrarse. Lisa solo mira de forma macabra y con un profundo desprecio aquella escena. Escucha ruidos y decide retirarse rápidamente hacia allí por otro camino. Varios policías llegan a la piscina y uno de ellos alcanza a vislumbrar a Carolina.
Policía: ¡Hey! ¡Rápido! ¡Por aquí!
Carolina ha dejado de moverse y su cuerpo comienza a flotar.
Policía: ¡Hay que sacarla! ¡Pronto!
Los demás policías se tiran para intentar auxiliarla, pero es tarde. Carolina ha muerto de una manera que recuerda a la misma forma en que ella asesinó a Helena varios meses atrás.
INT. / PATRULLA / NOCHE
Entretanto, el comisario se encuentra sentado en los asientos traseros. Cruz está a su lado un policía conduce la patrulla rápidamente.

Cruz: ¡Rápido, por favor! (Angustiada) ¡Tenemos que llegar antes de que sea demasiado tarde! ¡Dele a ese pedal, oficial!
Comisario: Ya le comuniqué a mis hombres que inspeccionen cada rincón de la hacienda, señora. Quédese tranquila.
Cruz: ¡Es que usted no entiende, mi comisario! Si no hacen algo, van a matar a la señorita.
Comisario: ¿Quién la va a matar? (Desconcertado)
Cruz se queda en silencio, pues sabe que no puede dar información de más.
Comisario: (suspicaz) ¿Acaso sabe algo?
Cruz: (nerviosa) A lo que me refiero es que ella misma se va a matar. Antes de que colgara la llamada, la señorita me dijo que se sentía acorralada y tengo miedo de que cometa una locura. Es eso.
Uno de los policías en la hacienda se comunica por medio del radio con el comisario.
Policía: Comisario, atención.
Comisario: ¿Qué ocurre?
Policía: Tenemos que informarle que encontramos a una mujer muerta en la piscina de la hacienda.
Cruz siente un gran vacío que la invade al escuchar tal noticia.
Policía: Cuando llegamos aún seguía con vida, pero no pudimos hacer nada. Se desangró.
Comisario: Llamen al servicio forense. Voy para allá. Cambio y fuera.
El comisario cuelga el radio y mira a Cruz, quien se ve devastada y cuyos ojos sollozan. Puede verse cómo al rato el servicio forense ya se encuentra en la hacienda, han montado el cuerpo de Carolina sobre una camilla y la han cubierto por una sábana blanca. Cruz llega en ese instante acompañada del comisario.
Cruz: ¡Déjenme ver, por favor! ¡Tengo que reconocerla!
El comisario les hace una seña a los empleados del servicio forense para que le permitan al ama de llaves ver el cuerpo. Uno de ellos descubre el rostro. Cruz se derrumba en el piso al ver que, en efecto, se trata de Carolina.
Cruz: Yo lo sabía… Yo sabía que esto iba a pasar (Llorando) ¡Ay, señorita! ¡Perdóneme! Yo no quería. ¡Yo no quería que usted terminara así, se lo juro! ¡Es mi culpa! ¡Es mi culpa! (Repite dándose golpes en el pecho)
Un empleado vuelve a cubrir el rostro y prosiguen llevándose el cuerpo.
Comisario: Tiene que acompañarme a la comisaría, señora. Es necesario que declare y nos cuenta lo que habló con la occisa antes de terminar la llamada.
Cruz, sin embargo, lo ignora y llora amargamente sintiéndose sumamente culpable.
EXT. / BOSQUE / NOCHE
Entretanto, Lisa corre sin rumbo fijo en el espeso bosque cerca de los predios de la hacienda. Jadea y suda aparatosamente hasta que, en un momento dado, tropieza y cae levemente. La joven respira agitada y grita con todas sus fuerzas al tiempo que rompe a llorar.

Lisa: ¿Por qué? ¿Por qué tenían que ser las cosas así? ¿Por qué me tuvo que tocar esta vida de mierda? ¿Por qué? (Repita desconsolada)
Lisa chilla y patalea ante la impotencia que siente al punto de enterrar las uñas en la tierra.
INT. / HOSPITAL DE VILLA ENCANTADA, HABITACIÓN / DÍA
Entretanto, Marissa ha pasado a ver a Eduardo, quien se encuentra inconsciente y aún delicado a pesar de ya haber salido de cirugía. Está conectado a un electrocardiograma y a un suero intravenoso. Marissa se acerca al hombre y lo mira afligida. Es de notar que ella usa una bata, cubrebocas, gorro y guantes desechables para evitar alguna infección por el contacto.


Marissa: Ay, Eduardo. No sé ni qué decir. Lo único que espero es que puedas salir de esto. María Helena insistió tanto en entrar a verte y yo en el fondo también me sentí por un momento sumamente angustiada cuando me dijo de tu estado que no me pude negar…
Marissa siente un nudo en la garganta y toma una mano de él.
Marissa: Si me escuchas, recupérate, ¿sí? Necesito que hablemos. Quizá te he juzgado mal o quizá no. Es que ya ni sé qué creer porque siempre he vivido rodeada de mentiras. Pero ¿sabes una cosa? Por más que me cuesta aceptarlo y aunque me lo niegue, yo te amo.
Marissa derrama una lágrima discreta.
Marissa: Te amo y me fue imposible no haberme enamorado de tu caballerosidad, de tu ternura, de tus ojos… Quería también ayudarte a sanar todas tus heridas y así sanar las mías. Cuando te conocí, te veías tan indefenso, tan vulnerable. Eras como un reflejo de mí.
Eduardo sigue inconsciente como ajeno a todo lo que la mujer habla.
Marissa: Pensé que por fin iba a ser feliz, pero no sé si de verdad me amaste o todo fue parte de tu plan. Es que no lo sé… Lo que sí tengo claro es que te amo, aunque quisiera no hacerlo…
Marissa rompe a llorar amargamente.
Marissa: Te amo y he sido una estúpida que siempre se entrega por amor y a la que siempre terminan engañando.
Marissa sigue sumida en su llanto y sin espérarselo, siente que toman su mano.
Eduardo: (en un hilo) Marissa…
Marissa se exalta al oírlo. Eduardo, aunque débil, la mira de forma apacible.
Marissa: ¡Eduardo! ¡Ay! ¡Gracias a Dios despertaste!
Eduardo: Dime que no estoy soñando. Dime que de verdad sí estás aquí conmigo, mi amor.
Marissa: Espérate, voy a llamar a tu doctor.
Eduardo: No te vayas, te lo pido. Quédate.
Marissa: No hables. No te sobreesfuerces. Todavía estás muy delicado.
Eduardo: ¿De verdad…? (Habla con dificultad) ¿De verdad me amas?
Marissa guarda silencio mirándola muy acongojada.
Eduardo: Dime si no lo escuché mal o si todo esto es un sueño porque no me quiero morir sin oírtelo decir otra vez.
Marissa sigue sin decir nada e intenta retener el llanto. Eduardo respira con dificultad y habla con la voz un tanto carrasposa.
Eduardo: Dime. ¿Me amas?
Marissa finalmente asiente con la cabeza al tiempo que lágrimas caen de sus ojos.
Marissa: Sí, Eduardo. Te amo.
Eduardo esboza una muy leve sonrisa.
Marissa: ¿Cómo podría dejar de amarte así tan pronto? ¿Cómo podría? (Repite muy dolida) Y me duele cómo no tienes idea. Me duele reconocerlo después de que tú también me engañaste.
Eduardo: Yo nunca te he engañado. Carolina… Ella…
Eduardo se agita y el electrocardiograma aumenta de nivel.
Marissa: (alertada) Deja de hablar. Esto no te hace bien.
Eduardo: Te tengo que explicar porque a lo mejor no aguante mucho y no me quiero ir sabiendo que me odias.
Marissa: Tú no te vas a morir, Eduardo. No digas eso. Tienes que resistir.
Marissa toma la mano de él de nuevo y la presiona fuertemente. Eduardo habla cada vez más débil.
Eduardo: Escúchame… Carolina mató a Helena.
Marissa se impacta al enterarse de tal revelación.
Eduardo: Siempre quiso quedarse conmigo y la mató por celos. Todo este tiempo…
Eduardo corta la oración y respira con fuerza pues con cada palabra se agita más. Marissa lo ve temiéndose lo peor.
Marissa: Para, es suficiente. ¡Doctor! ¡Enfermera! (Grita fuertemente) Necesito una persona aquí. ¡Por favor! ¡Que venga alguien!
Eduardo: Todo este tiempo ella me persiguió y me acechó, y si nos acostamos fue porque me drogó y luego te dijo que estaba embarazada para deshacerse de ti como hizo con Helena… Tienes… Tienes que creerme.
Marissa solo llora al escucharlo.
Eduardo: Yo nunca… (Hace una pausa para tomar aire) Yo nunca te he engañado. Todo lo contrario, mi amor. Te amo y… (Toma otra pausa) Y me voy feliz sabiendo que tú también.
Eduardo dibuja una leve sonrisa que a los pocos segundos se apaga y termina por perder el conocimiento.
Marissa: ¡Eduardo! ¡Eduardo, despierta! ¡No te vayas, te lo suplico! (Desesperada) ¡Auxilio, por favor! ¡Ayuda! ¡Doctor!
Pronto, un doctor entra acompañado de dos enfermeras jóvenes.
Marissa: ¡Tienen que hacer algo! ¡Se los pido, sálvenlo!
El doctor, con prontitud, revisa los signos vitales de Eduardo.
Doctor: Desfibrilador, rápido. ¡Lo estamos perdiendo!
Mientras la enfermera alcanza el desfibrilador, la otra intenta se dirige a Marissa.
Enfermera 1: Por favor retírese. No puede estar aquí.
Marissa: ¡No lo vayan a dejar morir por lo que más quieran! ¡Tienen que salvarlo!
Enfermera 1: Salga, por favor.
Marissa da pasos hacia atrás dirigiéndose a la salida sin dejar de mirar con suma impotencia y desespero. El doctor intenta reanimar a Eduardo a través del desfibrilador, pero parece ser inútil.
Doctor: ¡Necesitamos más carga! ¡Súbanla!
La enfermera asistente incrementa la carga eléctrica del desfibrilador y el doctor continúa con el procedimiento. Marissa intenta seguir viendo, pero al final, la otra enfermera cierra la puerta de la habitación.
Marissa: Tienes que resistir, Eduardo.
La mujer recuesta su frente en la puerta
Marissa: Tienes que resistir, por tu hija, por mí…
Marissa se cubre la boca con el dorso de la mano sin dejar de llorar.
INT. / HOSPITAL DE VILLA ENCANTADA, SALA DE URGENCIAS / AL DÍA SIGUIENTE
Es un nuevo día. Milena se encuentra en su silla de ruedas al lado de la cama en la que su hermano reposa. Este desayuna en silencio, aunque lo hace sin muchos ánimos.


Milena: ¿Y entonces? ¿Que acaso no me piensas decir nada?
Danilo la ignora y mastica despacio.
Milena: ¿Qué onda contigo. Danilo? ¿El golpe te dejó atolondrado o qué pedo? Te estoy hablando.
Danilo: Y yo te estoy escuchando, pero ahorita no estoy de humor, Milena. Piérdete.
Milena: ¿Cómo me dices eso cuando no pegué el ojo en toda la noche? De no ser porque me metí aquí sin que me cacharan, esta sería la hora en la que todavía estaría esperando allá afuera para verte porque tú ni siquiera habías querido que entrara. ¿Qué te pasa?
Danilo: Nada. No me pasa nada y ya déjame. ¿No te acabas de casar? Deberías estar con tu marido y no andarme fastidiando.
Milena: ¿Todavía te estoy acompañando para no que estés tan solo y me tratas así?
Danilo: Pues no me hace falta que me acompañes. Estoy bien y probablemente me den de alta hoy o mañana. Tú vete al hotel a descansar y despreocúpate.
Milena: ¡Pues no! No me voy hasta que me expliques qué pasa y no me digas que nada porque mensa no soy. Doña Marissa salió anoche muy enojada de aquí y llorando. Me dijo cosas muy feas. ¿Peleaste con ella o qué fue?
Danilo: (serio) No quiero hablar de eso y menos contigo.
Milena: ¿Es neta, Danilo? ¿Desde cuándo ya no me tienes confianza? Soy tu hermana, no una desconocida.
Danilo: Hay cosas que es mejor no contar. Entiéndeme (Deja la bandeja de la comida a un lado).
Milena: La verdad no puedo. Algo estás ocultando y tengo el feo presentimiento de que no es nada bueno.
Danilo: Tú quédate tranquila y confórmate con saber que ya lo de Marissa y yo no va más. ¿Contenta? Ahora salte.
Danilo se recuesta en la cama y le da la espalda a su hermana, quien niega con la cabeza en señal de reproche por su actitud.
INT. / DEPARTAMENTO DE LUIS ENRIQUE / DÍA
Entretanto, Luis Enrique está duchándose, sin embargo, se ve notablemente agobiado y mientras enjabona su cuerpo dejando que el agua caiga, tiene un recuerdo.
FLASHBACK


Carolina: Nada de lo que digas me hará cambiar de opinión, pero no me hundiré sola, Luis Enrique. Voy a escapar y a proteger a Gracia antes de que tú la mates. Ella será testigo de todo lo que has hecho. ¡No me voy a la cárcel sola!
Luis Enrique: Dime dónde estás para recogerte y así hablamos con calma.
Carolina: ¡Ni loca me vería contigo para que me mates y me calles! No me vas a detener, pero ¿sabes qué es lo mejor?
Carolina sonríe fuera de sí y algo trastornada.
Carolina: Que yo ya me adelanté… Cuando te sugerí atropellar a Danilo y chantajearlo, no fue para ayudarte a quitarlo de tu camino y así recuperar a Marissa. ¡Para nada! Fue algo que planée para que cayeras en una trampa que te tengo preparada.
Luis Enrique: ¿A qué te refieres?
Carolina: Hasta nunca, maldito infeliz.
Carolina cuelga la llamada.
FIN DEL FLASHBACK
Luis Enrique: (dejando de recordar) Tengo que hablar con Carolina y tratar de tranquilizarla antes de que mande todo a la mierda por culpa del malentendido que tiene sobre mí, pero ¿dónde carajos la voy a encontrar? Ni siquiera contesta mis llamadas.
De repente, el hombre se ve abruptamente interrumpido de sus pensamientos al escuchar el timbre del departamento que comienza a sonar con insistencia.
Luis Enrique: Puede ser ella, aunque no creo que quiera verme. Estaba como loca pensando que quería hacerle daño.
Luis Enrique cierra el grifo, abre la mampara y alcanza una toalla.
Luis Enrique: (gritando) ¡Ya voy!
Un par de minutos después, el hombre se dirige a abrir la puerta vestido de ropa casual (camisa de cuadros a medio abotonar y un jean), no sin antes buscar algo en un buró.
Luis Enrique: ¿Dónde mierda la dejé? Estoy seguro de que la puse por acá.
Luis Enrique sigue buscando con cierto desespero entre varios cajones y el timbre sigue sonando con insistencia.
Luis Enrique: (exasperado) ¡Como un carajo! ¡Un momento!
Luis Enrique se rinde y sin percatarse, parece estar siendo observado por alguien dentro del mismo departamento; alguien que vigila todos su movimientos.
Luis Enrique: Tengo que buscarla luego. Es la única maldita pistola que tengo y más me vale andar prevenido. ¿Quién es? (Pregunta a su visita)
Lisa: (desde afuera) ¿Quién más puede ser? ¡Soy yo, imbécil! ¡Ábreme!
Finalmente, el hombre decide abrir la puerta encontrándose en primer plano con Lisa, la cual, con una mirada muy seria pasa y se choca con él de hombro.

Lisa: Tenemos que hablar.
Luis Enrique: (cerrando la puerta) Me leíste el pensamiento porque justo estaba por llamarte para que vinieras, así que dime qué mierda le dijiste de mí a Carolina.
Luis Enrique le dice aquello agarrándola de un brazo.
Lisa: ¿De qué mierda estás hablando? (Se suelta de mala gana)
Luis Enrique: Anoche la llamé después de enterarme que le había disparado a Eduardo y estaba muy alterada. Me dijo que siempre había querido destruirla y me echó la culpa de que Eduardo se enterara de que ella había sido la que mató a Helena y…
Luis Enrique se detiene abruptamente. Lisa enarca una ceja.
Lisa: ¿Y qué más?
Luis Enrique guarda silencio.
Lisa: ¿Qué pasa? ¿Qué más querías decir?
Luis Enrique: ¡Nada! No me hagas caso.
Lisa: Déjame adivinar. ¿Es sobre lo perra que fue tu hermana al ocultarle a todo el mundo que Eduardo sí era mi padre biológico? ¿Es lo que querías decir?
Luis Enrique: Entonces ya lo sabías.
Lisa, frunce el ceño cambiando su expresión a una muy oscura y en cuestión de segundos, le lanza una sonora cachetada a Luis Enrique.
Luis Enrique: (furioso) ¿Qué te pasa, zorra? ¿Quién te crees?
Luis Enrique la toma con brusquedad del brazo. Ninguno se espera que están siendo misteriosamente grabados por alguien más a través de un celular.
Lisa: ¡No me toques, animal! (Se suelta) Una cachetada es una caricia para lo que se merece un gusano, una rata como tú. Debiste haberme dicho la verdad desde antes. Debiste haberme dicho que Eduardo sí era mi padre de verdad. ¿Por qué cerraste la pinche boca?
Luis Enrique: ¿Por qué actúas como si te indignara saberlo si por lo visto ya estabas enterada?
Lisa: Pues no. No tenía la menor idea y fue anoche que lo supe, por ende deja de lado tus acusaciones que no puse a la mosca muerta de tu hermana en contra tuya como estás pensando. De hecho, de ella ya me encargué.
Luis Enrique: (desconcertado) ¿Qué estás diciendo?
Lisa: ¿De veras tu poco coeficiente intelectual no te permite entenderlo?
Luis Enrique: (alterado) ¿Qué le hiciste a Carolina?
Lisa: ¡Muy simple! La maté. La maté como la cucaracha miserable que era.
Lisa sonríe con cierta amargura como si aquello le causara alegría. Luis Enrique se siente atónito al escucharla y respira agitado sin dar crédito.
Luis Enrique: No pudiste… Dime que no.
Luis Enrique, se altera y toma con brusquedad a la joven de los hombros al tiempo que la zarandea.
Luis Enrique: ¡Dime que no le hiciste nada, chingada madre! ¡Dime que no te atreviste!
Lisa: ¿Todavía te indignas después de que por culpa de ella me volví un monstruo? ¡Porque eso es lo que soy! ¡Un monstruo!
Lisa sonríe con amargura en medio de los sollozos que hacen brillar sus ojos ante las ganas de llorar.
Lisa: Por culpa de ella y de Helena me enamoré de Eduardo.
Lisa derrama varias lágrimas que se deshacen en sus labios, sintiéndose sumamente dolida.
Lisa: Me enamoré de mi propio padre. ¡Me acosté con él! (Grita desgarrada) Él me hizo suya y me está quemando por dentro el solo hecho de pensar que, aún así, no puedo dejar de amarlo y lo peor es que ya no me siento capaz de detenerme, ya no…Hasta yo misma me doy asco.
Luis Enrique solo la mira con los ojos desorbitados y la va soltando poco a poco.
Luis Enrique: Eres una puta loca…
Luis Enrique retrocede y trata de reponerse, pero no puede evitar un nudo en la garganta.
Lisa: Sí, a lo mejor ya haya terminado de volverme loca, pero nada ha sido mi culpa. ¡Yo he sido la única víctima aquí! ¡Fue a mí a la que engañaron, a la que le mintieron!
Luis Enrique: Carolina era mi hermana. No merecía terminar así.
Lisa: ¿Y qué hay de mí? ¿Yo sí lo merecía? Nada más me hice justicia porque Carolina, sabiendo la verdad sobre mi padre, se calló pudiendo evitar que me volviera esto que soy. Ella y Helena que propagó la mentira de que Epifanio era mi padre son las únicas culpables.
Luis Enrique: Si debes culpar a alguien, culpa a Helena que siempre fue una prostituta disfrazada de dama de alta sociedad, casada con un hacendado rico. Carolina también fue víctima de ella. Era lo único bueno que tenía (Quiebra la voz).
Lisa: No me hagas reír. Tú tampoco distas mucho de ser un monstruo pero no por amor como yo, sino por ambición. ¿O a poco ya se te olvidó todo lo que has hecho?
Luis Enrique: ¡Yo sí tengo sentimientos!
Lisa: ¿Sentimientos? (Pregunta con incredulidad) Dudo mucho que tener sentimientos incluya el querer atropellar a tu hijo para sacarlo del camino y quedarte con tu ex.
Luis Enrique se sorprende al ver que Lisa conoce tal información. La joven sonríe y se limpia las lágrimas con delicadeza.
Lisa: Y sí, antes de que me lo preguntes, lo escuché de la misma Carolina cuando la llamaste y discutieron. Ella al parecer fue la que te sugirió el plan. ¡Y qué poca de tu parte, de veras! ¿Qué clase de padre hace eso por ambición? (Niega con la cabeza de forma sarcástica)
Luis Enrique: No pensaba matar a Danilo. El plan era darle un susto. ¡No tergiverses las cosas!
Lisa: Da igual si era un susto o no. Le tiraste el coche encima, pero no vine para discutir contigo quién de los dos es peor. No es un reality show de malvados, mi amor. Nada más vine para que te andes con cuidado.
Luis Enrique: ¿A qué te refieres?
Lisa: Hay una tal Cruz que al parecer es, o bueno, era la chacha de tu hermana.
Luis Enrique: ¿Qué hay con ella?
Lisa: Resulta que la vieja siempre supo toda la verdad sobre Carolina (Luis Enrique se sorprende). No entendí muy bien la conversación porque estaban hablando por llamada, pero sí sé que fue ella la que planeó todo para que Carolina pensara que tú te querías vengar. Según escuché, hasta a Gracia la involucró en el montaje.
Luis Enrique: Ya sabía yo que alguien la había envenenado en mi contra. ¡Fue esa vieja bruja! (Furioso) Lo que no entiendo es el porqué Carolina mencionaba a una tal Gracia.
Lisa: Es una ruca desagradable que me hizo el favorcito de que me aceptaran en la agencia de modelaje de Carolina y que se enamoró de mí. Incluso intentó matarme en el hospital una vez y se escapó. Imagino que la chacha la puso de su lado.
Luis Enrique: Ya decía que esa Cruz no era de fiar. Se lo dije a Carolina en una ocasión cuando la vieja le contó que había sido yo el que había acabado con Tarcisio.
Lisa: ¿Mataste a Tarcisio? Claro, con razón no lo vi más en la hacienda.
Luis Enrique: Pensé que era el que nos estaba chantajeando a Carolina y a mí, y también el que me había intentado matar ya una vez disfrazado con una capa y una ridícula máscara.
Lisa: (pensativa) A mí también me intentaron matar en una ocasión mientras estuve internada en el hospital aún recuperándome de las quemaduras y esa descripción me suena familiar. También era un tipo o tipa disfrazado, no sé.
Luis Enrique: Tuvo que ser Cruz. Ella es la que está detrás de todo.
Lisa: Tiene sentido, aunque no entiendo qué busca de nosotros la miserable sirvienta esa. ¿Qué gana con atacarnos y cómo es que sabe tanto? De hecho hasta recuerdo que en una ocasión me la encontré en el pueblo y me hizo ciertas insinuaciones.
FLASHBACK
Justo cuando Lisa se da la vuelta, se tropieza con Cruz, quien deja caer una canasta con productos del mercado.


Lisa: (molesta) ¿Por qué no se fija por dónde camina, señora?
Cruz: Tú fuiste la que no se fijó por dónde iba. Ándale. Recoge lo que por tu culpa dejé caer.
Lisa: (indignada) ¿Perdón? ¿Que acaso no sabe quién soy yo?
Cruz se queda mirando con fijación a Lisa y se sorprende al reconocerla.
Cruz: ¿Li… Lisa Román?
Lisa: Sí, tal como lo dijo, así que recoja usted su mugrosa canasta. Yo soy una Román y no tengo por qué someterme a órdenes de pueblerinos o de viejas atrevidas.
Cruz: (petulante) Pues ni tan Román. No andes por ahí alardeando tu apellido con tanto orgullo. La vida da muchas vueltas, muchachita.
Lisa: (extrañada) ¿A qué se refiere? ¿Qué sabe usted de mí?
Cruz: Averígualo tú. Yo no tengo por qué darle explicaciones a una muchachita malcriada y engreída. Ja, faltaba más.
FIN DEL FLASHBACK
Lisa: (dejando de recordar) Ella me insinuó que yo no era hija de Eduardo. También estaba al tanto de la mentira que propagó Helena.
Luis Enrique: No me extraña que le guardara el secreto al viejo Epifanio que pensó que tú eras su hija ni tampoco me extraña que supiera sobre la relación que tenía con Carolina. Después de todo, ella me conoció de niño.
Lisa: No sé, pero está raro. Eduardo recibió ayer un sobre con los resultados de ADN y el video donde salía Carolina asesinando a Helena. Epifanio también tenía ese video en su poder y me lo mostró antes de morirse. Para mí que la chacha tenía todo ese material en su poder. No hay de otra.
Luis Enrique: Tenemos que encontrarla y actuar antes de que ella acabe con nosotros. Sabe demasiado.
Lisa: Ha de estar escondida. Ella le contó a Carolina minutos antes de terminar la llamada que yo era Lisa, así que no creo que sea tan estúpida como para andar en la calle después de que su teatro se le cayó. Lo mejor que podemos hacer es irnos de este pueblo inmundo.
Luis Enrique: ¿Vas a abandonar a Eduardo tan fácilmente ahora que sabes que es tu padre?
Lisa: Por supuesto que no. Ya te dije que no me voy a detener y voy a ir hasta el final.
Luis Enrique: ¿Qué tienes pensado hacer?
Lisa: Largarme para hacer mi vida con Eduardo. Después de todo, él no sabe quién soy yo. Va a terminar amándome. Estoy segura.
Luis Enrique: Después de saber la verdad, podrías irte lejos tú sola con todo el dinero que heredaste del cirujano ese con el que te casaste. Tú y yo podríamos incluso…
Lisa: (lo interrumpe) ¿Qué? ¿Huir juntos? Ni lo pienses. Mi lugar está con Eduardo y el tuyo con Marissa.
Luis Enrique: Es lo que quiero pero no me puedo arriesgar a que la policía me atrape en cualquier momento. Prefiero estar en otro país y renunciar a Marissa antes de pasar el resto de mis días en una maldita cárcel.
Lisa: Cruz no nos denunciará. Si no lo hizo antes, era porque quería que nos destruyéramos entre sí. Por eso puso a Carolina en tu contra. Quería usarla para acabar contigo y le envió el sobre a Eduardo para que él la denunciara con la policía sin verse implicada.
Luis Enrique: ¿A qué te refieres? ¿Cómo que acabar conmigo?
Lisa: Tu amante, Cecilia, la otra chacha de la hacienda, al parecer fue contactada por Carolina por sugerencia de Cruz para que te mate.
Luis Enrique: (sorprendido) ¿Estás segura?
Lisa: Es lo que escuché, pero no me preguntes detalles porque hasta allá no sé.
Luis Enrique: (pensativo) Cecilia está en la cárcel. Es imposible que salga a no ser que… (Hace una pausa) Carolina la haya ayudado a escapar.
Lisa: Y con lo inepta que es la policía de este pueblo, no dudo que ande por ahí esperando a atacarte, así que cuídate la espalda.
Luis Enrique: ¡Me lleva! (Frustrado) Nada más esto me faltaba.
Lisa: ¿Por qué simplemente no aceleramos las cosas?
Luis Enrique: ¿A qué te refieres?
Lisa: Tengo un plan que nos va a beneficiar a ambos; un plan muy divertido que se me está ocurriendo. Nada más voy a necesitar que me traigas a Marissa.
Luis Enrique: (confundido) ¿Cómo que traerla? No pensarás matarla.
Lisa: En absoluto. Si algo tengo muy claro es que quiero ver sufriendo en vida a esa imbécil. Tú ocúpate de llevarla hasta mí y yo me ocupo de Eduardo, además voy a necesitar que me ayudes para ponerle un alto a María Helena.
Luis Enrique: ¿Que no trabajaban juntas en esto?
Lisa: No confío en ella (Pensativa). De hecho hasta estoy segura de que la muy mustia es cómplice de Cruz. La muerte de Manuel fue muy extraña. Él era el único que sabía de mi paradero y el día que iba a verme con él, apareció la naca esa en el hotel asegurando que ella era la que había matado a Manuel.
Luis Enrique: No me habías dicho nada de eso. Sí supe lo de Manuel, pero siempre pensé que andaba en negocios turbios el idiota.
Lisa: Tampoco necesitabas saberlo. El punto es que me tendieron una trampa. Querían que llegara a la hacienda así facilito no sé con qué intención, pero no les daré el gusto de atraparme. ¡Claro que no! Voy a ir un paso delante de ellas, así que consíguete un tipejo de esos de barrio que se creen malotes. Tengo en algo mente.
Luis Enrique: ¿Por quién me tomas? No tengo contactos con ese tipo de gente.
Lisa: ¡Pues consíguelo! Te recuerdo que ahora nos tenemos que unir si no quieres acabar en prisión, o peor aún, con un tiro en la cabeza por parte de tu examante gracias a la imbécil de tu hermana por la que tanto te lamentaste..
Lisa mira con suma seriedad a Luis Enrique, quien luce algo indeciso.
INT. / CABAÑA DE EPIFANIO / DÍA
Cruz abre sin mucho ánimo la puerta. Epifanio aguarda dentro, sentado en su sillón, frente a la chimenea que se encuentra encendida. El ama de llaves se ve notablemente dolida y con muestras de haber llorado tanto así que no se atreve a decir una palabra.


Epifanio: (muy serio) ¿Qué pasó?
Cruz no responde y traga saliva.
Epifanio: ¿Qué? ¿No te vas a dignar a responderme nada?
Cruz: Don Epifanio, yo…
Epifanio: Creo que no necesito que ni siquiera me respondas. Más bien debo reformular mi pregunta, así que anda y dime. ¿Quién fue tu víctima esta vez?
Epifanio alcanza su bastón y se pone de pie para encararla. Cruz baja la cabeza incapaz de mirarlo a los ojos.
Epifanio: ¿Quién, ah? Porque así es como hablas, ¿no? Dices que hay que sacrificar lombrices para atrapar a los peces gordos. Primero Manuel Román, después Gracia, ¿y ahora quién?
Cruz respira profundo y derrama un par de lágrimas discretas con una cara inmutable, dura, tratando de no quebrarse.
Cruz: Le juro que no esperé que las cosas se fueran a poner así. Hice lo que pude y jamás quise que ella… (Hace una pausa) Que ella terminara así.
Epifanio solo la mira con profunda decepción y vuelve a tomar asiento sin fuerzas como a punto de desmayarse.
Cruz: (preocupada) Don Epifanio…
Epifanio: No te me acerques.
Cruz cierra los ojos fuertemente derramando más lágrimas, pues le duele tal actitud. Epifanio solo mira devastado y con fijación el fuego de la chimenea.
Epifanio: Te dije tanto que no quería más muertos. Te lo insistí tanto y mira… Me fallaste. Ni siquiera tengo que escucharlo directamente porque es de esperarse que esta vez tu carnada fue mi hija, mi Carolina…
Cruz: Déjeme explicarle, por favor.
Epifanio: ¿Qué vas a explicar si tú ni siquiera tienes consciencia ni sentimientos?
Cruz: (dolida) No me diga eso. Usted sabe que lo amo y no puede echarme toda el agua sucia después de todo lo que hecho para ayudarlo.
Epifanio: ¡Basura! ¡Pura basura! Si fuera para ayudarme, habrías protegido a mi hija.
Cruz: Lo intenté. ¡Se lo juro! (Desesperada)
Epifanio: ¡Y fallaste! Carolina cometió un gravísimo error ocultando la verdad sobre la paternidad de Lisa y matando a Helena, pero no merecía terminar de esta forma (Se lamenta muy dolido). Tú también siempre lo supiste todo y te callaste como ella. ¿Qué las diferencia a ambas? Mi hija está muerta mientras que tú estás aquí con vida.
Cruz: Por lo visto, le parece muy injusto que yo esté aquí viva mientras su hija no por haber ocultado una verdad de la que yo también estaba al tanto, ¿no?
Epifanio: Ya tú misma te respondiste. Tú sabías que Helena era una mala mujer que maltrataba a Carolina y tenía más amantes aparte de mí, y también sabías que Eduardo Román era el padre de Lisa y no yo. Sabías que hasta Carolina había matado a Helena.
Epifanio se pone sollozo sin dejar de mirar el fuego.
Epifanio: Es que si hubieras hablado conmigo a tiempo, se habría evitado tantas tragedias, pero no… Tu soberbia fue mayor.
Cruz: No callé por soberbia.
Epifanio: (gritando) ¡Deja de mentir!
Epifanio vuelve a ponerse de pie apoyándose de su bastón y mirando con sumo reproche a su ama de llaves.
Epifanio: Admite que morías de celos al ver que hice a Helena mi amante y no me fijé en ti después de que mi esposa murió porque eso querías, ¿no? Fue por eso que me contaste que Luis Enrique no era mi hijo, sino del chofer. Deseabas que me divorciara para tomarte a ti como esposa, pero no se te dio como esperabas.
Cruz: ¡Pues no! ¡Se equivoca como siempre se ha equivocado! Si no hablé con usted y le conté la clase de mujer que era Helena, no fue por celos o resentimiento como cree. Era mucho más que eso.
Cruz hace una pausa e inhala profundamente.
Cruz: Helena era mi hija.
Epifanio se impacta al escucharla.
Cruz: Helena fue producto de una de mis tantas noches de prostitución y se la vendí a los señores Montalbán para los que trabajaba antes de llegar a su mansión.
Epifanio: Debe ser mentira. ¡Tiene que ser una mentira, una patraña tuya!
Cruz: Justo fue lo que confesé a la señorita Carolina por celular antes de que Lisa Román acabara con ella anoche. Helena fue una parte de mi sucio pasado que quise olvidar por completo y creí que así era hasta que Carolina la presentó como su amiga hace dieciocho años.
Epifanio guarda silencio intentando reponerse de aquella nueva revelación.
Cruz: Luego usted y ella se volvieron amantes, y yo… (Hace una pausa llorando) Yo me sentía enloquecer al ver que el hombre que amaba, usted precisamente, y la hija que vendí tenían una relación a escondidas.
Epifanio: (en un hilo de voz) ¿Cómo pudiste? ¿Cómo pudiste callar algo así?
Cruz: ¿Con qué criterio y moral iba yo a desenmascarar a mi propia hija con usted? Yo la vendí una vez y sacar a la luz todo lo malo que ella hacía era como venderla una segunda vez y no podía. ¡No podía relevar ese secreto que me unía a ella! (Habla desesperada y llorando) ¿Puede entender si quiera como me sentí durante todos esos años? ¿Puede?
Epifanio no dice nada, pero se ve sumamente perturbado. Cruz llora desconsolada.
Cruz: Porque yo no creo… No creo que nadie me pueda entender y la noche que Carolina salió tarde para asesinar a Helena, la seguí para evitarlo, pero fue tarde cuando llegué. Como mucho pude pagarle a Tarcisio para que me entregara la copia original de las cámaras de seguridad antes de que se la diera a alguien más.
Epifanio: Y luego utilizaste esa misma grabación para enseñármela y desenmascarar a mi hija. Ahora lo entiendo. Todo esto, lo de hacerme pasar por muerto y el ponerla a ella en contra de Luis Enrique, todo fue una venganza de tu parte para que ella terminara así.
Cruz: ¡Jamás! Piense lo que quiera de mí, pero jamás se le ocurra decir que fue por venganza. Carolina era también como una hija para mí.
Epifanio: (furioso) ¡Mentira!
Epifanio alza su bastón con ánimo de golpear a la mujer.
Epifanio: ¡Deja de hablar porque soy capaz de…!
Cruz: Hágalo. Pégueme o máteme si quiere. Yo no tengo nada que perder.
Epifanio respira agitado y poco a poco, baja el bastón.
Cruz: Y si comencé todo este juego de ajedrez, no solo fue para ayudarlo a usted, sino porque en parte me carcome la culpa…
Epifanio toma asiento despacio. Cruz sigue hablando.
Cruz: La culpa de haber vendido una hija a la que años después vi de nuevo convertida en una mujer mala, sin escrúpulos, una vagabunda, pero que no dejaba de ser mi hija…
Cruz limpia sus lágrimas y endurece su rostro para seguir hablando.
Cruz: Así que, si callé, espero que pueda entender ahora mis razones y si por eso usted cree que merezco morir, máteme.
Cruz saca de su bolso una pistola con silenciador, se acerca a Epifanio y la pone sobre las piernas de él.
Cruz: Tómela y desde ese sillón en el que está sentado, dispare y haga justicia a ver si dejo de penar en vida porque eso es lo único que hecho en estos dieciocho años.
Epifanio toma la pistola y se queda viéndola fijamente.
Epifanio: Te compadezco, Cruz. Yo solo fui amante de una mujer casada e hice pasar por muerta a una muchachita loca, pero ahora es que veo que tu culpa es mucho peor que la mía. Y pensar que yo pensaba que era el que había desatado toda esta historia, pero fuiste tú…
Cruz solo permanece seria escuchando con atención, aunque notablemente afectada.
Epifanio: Ya decía yo que si te habías involucrado en esto no era solo por un ridículo amor hacia mí. Te sentías culpable por tu silencio y querías arreglarlo todo. Pecaste de omisión. ¡Y qué pecado! De seguro también te sientes culpable porque Luis Enrique se convirtió por ti en un tipo ambicioso y resentido capaz de matar. Admítelo.
Cruz: Yo no decidí que él se convirtiera en un tipo de tan baja calaña.
Epifanio: Pero tú lo condenaste a eso cuando revelaste que no era mi hijo legítimo, sino un bastardo de mi esposa y de haber sido distintas las cosas, quizá hoy en día seguiría pensando que es mi hijo y él sería un hombre de bien. En cuanto a Helena…
Epifanio hace una pausa.
Epifanio: Tal vez si hubieras hablado con la verdad a tiempo, si me hubieras dicho que Lisa Román no era mi hija como Helena me hacía creer, yo jamás hubiera sido amante de ella al descubrir la clase de mujer que era; la hubiera alejado y Carolina jamás la hubiera tenido que matarla porque si lo hizo fue por la impotencia que sintió al ver que Helena nos engañaba a Eduardo Román y a mí.
Epifanio se lamenta con profundo dolor y una lágrimas se desliza de uno de sus ojos.
Epifanio: Todo sería tan distinto…
Cruz: ¿Preferiría seguir viviendo con mentiras? ¿Preferiría creer que Luis Enrique es su hijo y que Helena era una mujer buena, pura y sin mancha?
Epifanio: Destapar todas esas verdades tan tarde trajo consigo más sufrimiento.
Cruz: Lo sé y he ahí el porqué quise solucionar lo que yo provoqué con mi silencio. ¿Se acuerda de la noche en la que desaparecí y le dejé aquella nota?
Epifanio, en efecto, recuerda tal momento.
FLASHBACK
Epifanio se dirige fastidiado a salir de la habitación, pero justo cuando pasa junto a la cama, ve una hoja de papel sobre ella que llama su atención. El hombre se extraña y no tarda en tomar entre sus manos aquella hoja que al parecer es una carta. Comienza a leerla y se oye en voz en off la voz de la excéntrica ama de llaves.
Cruz: Estoy escribiéndole esta nota antes de irme porque sé que me buscará para preguntarme sobre lo que le dije y para demostrarle un último acto de amor y fidelidad de mi parte, debo confesarle la verdad…
Epifanio: (leyendo) Lisa Román no es su hija en verdad. Helena lo engañó.
Epifanio abre los ojos como platos y se exalta al leer aquellas líneas.
Cruz: (voz en off) El verdadero padre de Lisa siempre ha sido y será Eduardo Román, tal como todos piensan y si necesita pruebas, mañana mismo las recibirá, pero le advierto… Descubrirá cosas muy turbias que estaba mejor sin saber.
Epifanio siente una gran impresión al punto de que se sienta sobre la cama y arruga la hoja de papel sobre la que tan impactante información fue escrita.
FIN DEL FLASHBACK
Epifanio: ¿Cómo olvidar esa nota que me puso de cabeza? Y al otro día me dejaste con una de las empleadas el video de Carolina asesinando a Helena.
Cruz: Así es y lo hice porque quería que se enterara de la verdad de una vez.
Epifanio: Bien pudiste enviar ese video anónimamente a la policía y hasta haberles reportado el paradero de Lisa. Tú ya sabías que yo la escondía y hasta le ordenaste en una ocasión a Gracia que acabara con ella. Ni siquiera necesitábamos todo este circo barato de hacerme pasar por muerto.
Cruz: Gracia no logró acabarla esa noche como se lo pedí y tiene razón. Yo perfectamente hubiera podido enviarle a la policía el video de Carolina y avisarles dónde estaba Lisa, pero usted se hubiera visto implicado por haber hecho pasar por muerta a la muchacha y eso no lo quería, y a usted tampoco le convenía…
Cruz da unos pasos hacia adelante y se hinca ante Epifanio, quien permanece sentado. Ella, con algo de indecisión, lo toma de una mano afectuosamente.
Cruz: Quería protegerlo y por eso le sugerí hacerse pasar por muerto, para que usted no parara en la cárcel. Además, lo de su supuesta muerte era también la forma de empezar con el plan para acabar con Luis Enrique Escalante y ganar tiempo para poner a Carolina en contra de él.
Epifanio solo mira pensativo y con los ojos sollozos hacia la ventana.
Cruz: Yo sabía que esa noche que usted se desmayó, Carolina iba a llamar a Luis Enrique y él la iba a convencer de dejarlo morir. Justo de ahí quería agarrarme para lograr ponerla a ella en contra de él. Quería que ella pensara que era Luis Enrique el que la quería destruir y que incluso lo de su muerte era una venganza por parte de él.
Cruz hace una pausa, se limpia las lágrimas y se pone de pie dándole la espalda al hombre.
Cruz: Y Las cosas hubieran podido terminar tan bien, pero usted lo complicó todo dejando a Lisa al cargo de su amigo el cirujano para que le diera otro rostro.
Epifanio sigue guardando silencio y baja la cabeza como si asintiera ante lo que ella dice.
Cruz: Mi intención, antes de que usted se hiciera pasar por muerto, era que grabara un video confesando el haber hecho pasar por muerta a Lisa Román e indicando dónde la escondía para que la policía fuera por ella, y con usted muerto para todo el mundo, no habría tenido ningún problema.
Cruz continúa hablándole de espaldas.
Cruz: Así, Lisa estaría en la cárcel y jamás hubiera vuelto a Villa Encantada, y lo que es aún más, la señorita Carolina estaría viva y como mucho también estaría en la cárcel pagando por haber matado a Helena mientras que Luis Enrique hubiera sido ultimado por Cecilia tal y como se lo sugerí a Carolina cuando ella se creyó todo el montaje que preparé con Gracia.
Cruz se da la vuelta y mira a Epifanio con cierto reproche.
Cruz: ¿Lo ve? Si bien yo fallé, la muerte de su hija no es solo mi culpa, sino también el resultado de sus acciones, don Epifanio.
Epifanio cierra los ojos fuertemente y derrama las lágrimas. Parece darle la razón a su ama de llaves.
Cruz: Los dos somos igualmente culpables y lo justo ahora es que detenga a Lisa por su error.
Epifanio: ¿Y cómo si lo que debí haber hecho no lo hice en su momento?
Cruz: Cuando envié a la hacienda los resultados de ADN, lo hice con la intención de que Lisa también se enterara de que Eduardo era su padre biológico. Necesitaba que estuviera en la hacienda y fue por eso que le ordené a María Helena que la ayudara a infiltrarse.
Epifanio: ¿Crees que con eso Lisa se detendrá y renunciará a Eduardo Román?
Cruz: No. Sé bien que la muchacha está tan empecinada con él que ni aún sabiendo que es su padre biológico se detendrá. Va a querer tenerlo ahora más que nunca y es ahí donde hay que atacarla.
Epifanio: Debo admitir que aún con toda la maldad de esa muchachita, hasta siento lástima por ella. No ha sido más que un resultado de los errores de los demás.
Cruz: Helena fue quien la convirtió en un monstruo, en un clon suyo, pero es mi nieta y si no detuve a Helena, tengo que detenerla a ella al menos. Después…
Epifanio: ¿Después qué?
Cruz toma la mano de Epifanio con la cual él sostiene la pistola y la pone de tal modo que él le apunta al pecho.
Cruz: Después podrá acabar conmigo, don Epifanio.
Epifanio la ve desconcertado.
Cruz: Cuando todo esto termine, máteme. Es el trato final que le propongo para que salde cuentas ya que después de todo usted tiene razón y solo le arruiné la vida a usted y a tantas personas con mi silencio al no haber detenido a tiempo a Helena. Quiero que sea usted el que me dé mi fin.
Epifanio y Cruz se miran fijamente con sumo dolor ante tantos errores cometidos que los han llevado al punto en el que están.
CONTINUARÁ…

Carolina acaba de enterarse de que Cruz era quien había estado detrás de los correos anónimos y amenazantes que recibía, pues todo se trató de un montaje organizado por el ama de llaves para hacer creer que Luis Enrique era el culpable. Lisa le ha arrebatado el teléfono a la primera lanzándolo a la piscina y la amenaza con un cuchillo. Carolina luce temerosa.


Lisa: No entendí muy bien de qué se tratan tus pedos con tu chacha, pero por lo visto todo este tiempo te estuvo traicionando y tú ni enterada. Por lo que oí hasta te puso en contra de Luis Enrique que es tu hermano. ¡Mira tú! Eso sí que no lo esperaba.
Carolina: (temblando) ¿Eres Lisa?
Lisa: No sé cómo lo supo la ruca esa, pero de ella me encargo luego. Esta noche me voy a encargar de ti.
Carolina: (impactada) ¿Entonces es cierto?
Lisa: Ay, Carito. Tú trabajas con una agencia de modelos. Deberías saber que existe la cirugía plástica y esto se lo debo al vejete de tu padre. ¡Qué ingenuo, de veras!
Carolina respira agitada pues Lisa la acaricia de arriba a abajo con el cuchillo.
Lisa: Como pensó que yo era su hija bastarda, me rescató antes de que terminara de morir quemada entre la chatarra del coche en el que me accidenté y hasta yo también pensé que era así. Siempre creí que él era mi padre ya que Manuel me lo dijo porque Helena se lo confesó, pero ya me doy cuenta que no. ¡Todos estaban equivocados y tú sabías la verdad!
Lisa endurece el rostro de una manera macabra que podría inspirar miedo a cualquiera.
Carolina: No sé si sea cierto, pero déjame ir, Lisa. No me hagas daño.
Lisa: ¿Por qué debería tener piedad contigo?
Lisa la agarra con brusquedad del pelo. Carolina gime adolorida y la joven amenaza con degollarla.
Lisa: (solloza) Por tu culpa y la de Helena, me enamoré de mi propio padre. ¡Incluso hasta me hizo suya!
Carolina: No fue mi culpa que te fijaras en Eduardo. ¡La enferma eres tú!
Lisa: (furiosa) ¡Cállate, maldita!
Lisa comienza a enterrar la punta del cuchillo en el cuello de la atemorizada mujer.
Lisa: Ya Eduardo te lo dijo. Si hubieras hablado y destapado las infidelidades de Helena desde un principio, hubieran determinado más fácilmente quién era mi padre y así yo nunca hubiera pensado que era hija de Epifanio.
Carolina: (llorando) Te lo suplico. Déjame huir. Te juro que me voy a ir del país y no voy a volver nunca más. No le diré a nadie que sigues con vida. ¡Por favor! Hay cámaras alrededor. ¡Sabrán que me mataste!
Lisa ríe de forma escandalosa entre las lágrimas.
Lisa: Viví toda mi vida en esta hacienda. Conozco cada rincón de la misma y ya me encargué de apagar todo el sistema de seguridad.
Carolina: ¡Te lo imploro! ¡Suéltame!
Lisa: No, Carolina. No pienso perdonarte. Me arruinaste la vida e indirectamente me llevaste a enamorarme de mi propio padre. Ya ni siquiera sé qué pensar ni qué hacer con todo este amor que me vuelve loca por él. ¿Cómo van a ser las cosas ahora para mí, ah? ¿Cómo?
Lisa llora desconsolada y notablemente trastornada.
Lisa: Todo lo que siento es producto de una mentira, de un engaño. ¿Qué voy a hacer? (Pregunta gritando) ¡Dímelo! ¿Cómo voy a seguir amando a Eduardo sabiendo que es mi papá, que él mismo me engendró y que me acosté con él? ¡Dímelo! (Grita fuertemente)
Carolina: Eres joven. Tienes otro rostro. Huye de aquí junto conmigo. Te prometo que voy a ayudarte, Lisa, por favor (Temblando).
Lisa: No voy a huir con mi enemiga porque eso siempre fuiste. Una zorra más que se le metía por los ojos a mi papi, pero ¿sabes algo? Muy en el fondo, mucho antes de creer que Epifanio era mi padre, yo ya sentía cosas por Eduardo, sí…
Lisa habla en un hilo de voz mirando al vacío y sonríe con nostalgia. Carolina luce aterrada sintiendo el filo de la punta de aquel cuchillo en su cuello, traga saliva e incluso suda.
Lisa: Todo mi cariño por él no era sino amor y deseo, y cuando me enteré de que supuestamente no era mi padre, ya no vi ningún impedimento para saciar lo que sentía y ahí empezó mi infierno, mi perdición. ¡Eso es lo que es Eduardo para mí!
Carolina: Lisa, te lo suplico…
Lisa: (ignorándola) Quizá mi vida no hubiera vuelto un infierno de haber sabido que Eduardo era mi padre biológico, pero no… Tú y Helena son las culpables de ser lo que soy y por eso no te puedo perdonar.
Carolina: ¡Lisa, no!
Lisa, sin piedad alguna, degolla a la mujer y la empuja a la piscina. Carolina intenta chapotear, pero es inútil y no tarda en desangrarse. Lisa solo mira de forma macabra y con un profundo desprecio aquella escena. Escucha ruidos y decide retirarse rápidamente hacia allí por otro camino. Varios policías llegan a la piscina y uno de ellos alcanza a vislumbrar a Carolina.
Policía: ¡Hey! ¡Rápido! ¡Por aquí!
Carolina ha dejado de moverse y su cuerpo comienza a flotar.
Policía: ¡Hay que sacarla! ¡Pronto!
Los demás policías se tiran para intentar auxiliarla, pero es tarde. Carolina ha muerto de una manera que recuerda a la misma forma en que ella asesinó a Helena varios meses atrás.
INT. / PATRULLA / NOCHE
Entretanto, el comisario se encuentra sentado en los asientos traseros. Cruz está a su lado un policía conduce la patrulla rápidamente.

Cruz: ¡Rápido, por favor! (Angustiada) ¡Tenemos que llegar antes de que sea demasiado tarde! ¡Dele a ese pedal, oficial!
Comisario: Ya le comuniqué a mis hombres que inspeccionen cada rincón de la hacienda, señora. Quédese tranquila.
Cruz: ¡Es que usted no entiende, mi comisario! Si no hacen algo, van a matar a la señorita.
Comisario: ¿Quién la va a matar? (Desconcertado)
Cruz se queda en silencio, pues sabe que no puede dar información de más.
Comisario: (suspicaz) ¿Acaso sabe algo?
Cruz: (nerviosa) A lo que me refiero es que ella misma se va a matar. Antes de que colgara la llamada, la señorita me dijo que se sentía acorralada y tengo miedo de que cometa una locura. Es eso.
Uno de los policías en la hacienda se comunica por medio del radio con el comisario.
Policía: Comisario, atención.
Comisario: ¿Qué ocurre?
Policía: Tenemos que informarle que encontramos a una mujer muerta en la piscina de la hacienda.
Cruz siente un gran vacío que la invade al escuchar tal noticia.
Policía: Cuando llegamos aún seguía con vida, pero no pudimos hacer nada. Se desangró.
Comisario: Llamen al servicio forense. Voy para allá. Cambio y fuera.
El comisario cuelga el radio y mira a Cruz, quien se ve devastada y cuyos ojos sollozan. Puede verse cómo al rato el servicio forense ya se encuentra en la hacienda, han montado el cuerpo de Carolina sobre una camilla y la han cubierto por una sábana blanca. Cruz llega en ese instante acompañada del comisario.
Cruz: ¡Déjenme ver, por favor! ¡Tengo que reconocerla!
El comisario les hace una seña a los empleados del servicio forense para que le permitan al ama de llaves ver el cuerpo. Uno de ellos descubre el rostro. Cruz se derrumba en el piso al ver que, en efecto, se trata de Carolina.
Cruz: Yo lo sabía… Yo sabía que esto iba a pasar (Llorando) ¡Ay, señorita! ¡Perdóneme! Yo no quería. ¡Yo no quería que usted terminara así, se lo juro! ¡Es mi culpa! ¡Es mi culpa! (Repite dándose golpes en el pecho)
Un empleado vuelve a cubrir el rostro y prosiguen llevándose el cuerpo.
Comisario: Tiene que acompañarme a la comisaría, señora. Es necesario que declare y nos cuenta lo que habló con la occisa antes de terminar la llamada.
Cruz, sin embargo, lo ignora y llora amargamente sintiéndose sumamente culpable.
EXT. / BOSQUE / NOCHE
Entretanto, Lisa corre sin rumbo fijo en el espeso bosque cerca de los predios de la hacienda. Jadea y suda aparatosamente hasta que, en un momento dado, tropieza y cae levemente. La joven respira agitada y grita con todas sus fuerzas al tiempo que rompe a llorar.

Lisa: ¿Por qué? ¿Por qué tenían que ser las cosas así? ¿Por qué me tuvo que tocar esta vida de mierda? ¿Por qué? (Repita desconsolada)
Lisa chilla y patalea ante la impotencia que siente al punto de enterrar las uñas en la tierra.
INT. / HOSPITAL DE VILLA ENCANTADA, HABITACIÓN / DÍA
Entretanto, Marissa ha pasado a ver a Eduardo, quien se encuentra inconsciente y aún delicado a pesar de ya haber salido de cirugía. Está conectado a un electrocardiograma y a un suero intravenoso. Marissa se acerca al hombre y lo mira afligida. Es de notar que ella usa una bata, cubrebocas, gorro y guantes desechables para evitar alguna infección por el contacto.


Marissa: Ay, Eduardo. No sé ni qué decir. Lo único que espero es que puedas salir de esto. María Helena insistió tanto en entrar a verte y yo en el fondo también me sentí por un momento sumamente angustiada cuando me dijo de tu estado que no me pude negar…
Marissa siente un nudo en la garganta y toma una mano de él.
Marissa: Si me escuchas, recupérate, ¿sí? Necesito que hablemos. Quizá te he juzgado mal o quizá no. Es que ya ni sé qué creer porque siempre he vivido rodeada de mentiras. Pero ¿sabes una cosa? Por más que me cuesta aceptarlo y aunque me lo niegue, yo te amo.
Marissa derrama una lágrima discreta.
Marissa: Te amo y me fue imposible no haberme enamorado de tu caballerosidad, de tu ternura, de tus ojos… Quería también ayudarte a sanar todas tus heridas y así sanar las mías. Cuando te conocí, te veías tan indefenso, tan vulnerable. Eras como un reflejo de mí.
Eduardo sigue inconsciente como ajeno a todo lo que la mujer habla.
Marissa: Pensé que por fin iba a ser feliz, pero no sé si de verdad me amaste o todo fue parte de tu plan. Es que no lo sé… Lo que sí tengo claro es que te amo, aunque quisiera no hacerlo…
Marissa rompe a llorar amargamente.
Marissa: Te amo y he sido una estúpida que siempre se entrega por amor y a la que siempre terminan engañando.
Marissa sigue sumida en su llanto y sin espérarselo, siente que toman su mano.
Eduardo: (en un hilo) Marissa…
Marissa se exalta al oírlo. Eduardo, aunque débil, la mira de forma apacible.
Marissa: ¡Eduardo! ¡Ay! ¡Gracias a Dios despertaste!
Eduardo: Dime que no estoy soñando. Dime que de verdad sí estás aquí conmigo, mi amor.
Marissa: Espérate, voy a llamar a tu doctor.
Eduardo: No te vayas, te lo pido. Quédate.
Marissa: No hables. No te sobreesfuerces. Todavía estás muy delicado.
Eduardo: ¿De verdad…? (Habla con dificultad) ¿De verdad me amas?
Marissa guarda silencio mirándola muy acongojada.
Eduardo: Dime si no lo escuché mal o si todo esto es un sueño porque no me quiero morir sin oírtelo decir otra vez.
Marissa sigue sin decir nada e intenta retener el llanto. Eduardo respira con dificultad y habla con la voz un tanto carrasposa.
Eduardo: Dime. ¿Me amas?
Marissa finalmente asiente con la cabeza al tiempo que lágrimas caen de sus ojos.
Marissa: Sí, Eduardo. Te amo.
Eduardo esboza una muy leve sonrisa.
Marissa: ¿Cómo podría dejar de amarte así tan pronto? ¿Cómo podría? (Repite muy dolida) Y me duele cómo no tienes idea. Me duele reconocerlo después de que tú también me engañaste.
Eduardo: Yo nunca te he engañado. Carolina… Ella…
Eduardo se agita y el electrocardiograma aumenta de nivel.
Marissa: (alertada) Deja de hablar. Esto no te hace bien.
Eduardo: Te tengo que explicar porque a lo mejor no aguante mucho y no me quiero ir sabiendo que me odias.
Marissa: Tú no te vas a morir, Eduardo. No digas eso. Tienes que resistir.
Marissa toma la mano de él de nuevo y la presiona fuertemente. Eduardo habla cada vez más débil.
Eduardo: Escúchame… Carolina mató a Helena.
Marissa se impacta al enterarse de tal revelación.
Eduardo: Siempre quiso quedarse conmigo y la mató por celos. Todo este tiempo…
Eduardo corta la oración y respira con fuerza pues con cada palabra se agita más. Marissa lo ve temiéndose lo peor.
Marissa: Para, es suficiente. ¡Doctor! ¡Enfermera! (Grita fuertemente) Necesito una persona aquí. ¡Por favor! ¡Que venga alguien!
Eduardo: Todo este tiempo ella me persiguió y me acechó, y si nos acostamos fue porque me drogó y luego te dijo que estaba embarazada para deshacerse de ti como hizo con Helena… Tienes… Tienes que creerme.
Marissa solo llora al escucharlo.
Eduardo: Yo nunca… (Hace una pausa para tomar aire) Yo nunca te he engañado. Todo lo contrario, mi amor. Te amo y… (Toma otra pausa) Y me voy feliz sabiendo que tú también.
Eduardo dibuja una leve sonrisa que a los pocos segundos se apaga y termina por perder el conocimiento.
Marissa: ¡Eduardo! ¡Eduardo, despierta! ¡No te vayas, te lo suplico! (Desesperada) ¡Auxilio, por favor! ¡Ayuda! ¡Doctor!
Pronto, un doctor entra acompañado de dos enfermeras jóvenes.
Marissa: ¡Tienen que hacer algo! ¡Se los pido, sálvenlo!
El doctor, con prontitud, revisa los signos vitales de Eduardo.
Doctor: Desfibrilador, rápido. ¡Lo estamos perdiendo!
Mientras la enfermera alcanza el desfibrilador, la otra intenta se dirige a Marissa.
Enfermera 1: Por favor retírese. No puede estar aquí.
Marissa: ¡No lo vayan a dejar morir por lo que más quieran! ¡Tienen que salvarlo!
Enfermera 1: Salga, por favor.
Marissa da pasos hacia atrás dirigiéndose a la salida sin dejar de mirar con suma impotencia y desespero. El doctor intenta reanimar a Eduardo a través del desfibrilador, pero parece ser inútil.
Doctor: ¡Necesitamos más carga! ¡Súbanla!
La enfermera asistente incrementa la carga eléctrica del desfibrilador y el doctor continúa con el procedimiento. Marissa intenta seguir viendo, pero al final, la otra enfermera cierra la puerta de la habitación.
Marissa: Tienes que resistir, Eduardo.
La mujer recuesta su frente en la puerta
Marissa: Tienes que resistir, por tu hija, por mí…
Marissa se cubre la boca con el dorso de la mano sin dejar de llorar.
INT. / HOSPITAL DE VILLA ENCANTADA, SALA DE URGENCIAS / AL DÍA SIGUIENTE
Es un nuevo día. Milena se encuentra en su silla de ruedas al lado de la cama en la que su hermano reposa. Este desayuna en silencio, aunque lo hace sin muchos ánimos.


Milena: ¿Y entonces? ¿Que acaso no me piensas decir nada?
Danilo la ignora y mastica despacio.
Milena: ¿Qué onda contigo. Danilo? ¿El golpe te dejó atolondrado o qué pedo? Te estoy hablando.
Danilo: Y yo te estoy escuchando, pero ahorita no estoy de humor, Milena. Piérdete.
Milena: ¿Cómo me dices eso cuando no pegué el ojo en toda la noche? De no ser porque me metí aquí sin que me cacharan, esta sería la hora en la que todavía estaría esperando allá afuera para verte porque tú ni siquiera habías querido que entrara. ¿Qué te pasa?
Danilo: Nada. No me pasa nada y ya déjame. ¿No te acabas de casar? Deberías estar con tu marido y no andarme fastidiando.
Milena: ¿Todavía te estoy acompañando para no que estés tan solo y me tratas así?
Danilo: Pues no me hace falta que me acompañes. Estoy bien y probablemente me den de alta hoy o mañana. Tú vete al hotel a descansar y despreocúpate.
Milena: ¡Pues no! No me voy hasta que me expliques qué pasa y no me digas que nada porque mensa no soy. Doña Marissa salió anoche muy enojada de aquí y llorando. Me dijo cosas muy feas. ¿Peleaste con ella o qué fue?
Danilo: (serio) No quiero hablar de eso y menos contigo.
Milena: ¿Es neta, Danilo? ¿Desde cuándo ya no me tienes confianza? Soy tu hermana, no una desconocida.
Danilo: Hay cosas que es mejor no contar. Entiéndeme (Deja la bandeja de la comida a un lado).
Milena: La verdad no puedo. Algo estás ocultando y tengo el feo presentimiento de que no es nada bueno.
Danilo: Tú quédate tranquila y confórmate con saber que ya lo de Marissa y yo no va más. ¿Contenta? Ahora salte.
Danilo se recuesta en la cama y le da la espalda a su hermana, quien niega con la cabeza en señal de reproche por su actitud.
INT. / DEPARTAMENTO DE LUIS ENRIQUE / DÍA
Entretanto, Luis Enrique está duchándose, sin embargo, se ve notablemente agobiado y mientras enjabona su cuerpo dejando que el agua caiga, tiene un recuerdo.
FLASHBACK


Carolina: Nada de lo que digas me hará cambiar de opinión, pero no me hundiré sola, Luis Enrique. Voy a escapar y a proteger a Gracia antes de que tú la mates. Ella será testigo de todo lo que has hecho. ¡No me voy a la cárcel sola!
Luis Enrique: Dime dónde estás para recogerte y así hablamos con calma.
Carolina: ¡Ni loca me vería contigo para que me mates y me calles! No me vas a detener, pero ¿sabes qué es lo mejor?
Carolina sonríe fuera de sí y algo trastornada.
Carolina: Que yo ya me adelanté… Cuando te sugerí atropellar a Danilo y chantajearlo, no fue para ayudarte a quitarlo de tu camino y así recuperar a Marissa. ¡Para nada! Fue algo que planée para que cayeras en una trampa que te tengo preparada.
Luis Enrique: ¿A qué te refieres?
Carolina: Hasta nunca, maldito infeliz.
Carolina cuelga la llamada.
FIN DEL FLASHBACK
Luis Enrique: (dejando de recordar) Tengo que hablar con Carolina y tratar de tranquilizarla antes de que mande todo a la mierda por culpa del malentendido que tiene sobre mí, pero ¿dónde carajos la voy a encontrar? Ni siquiera contesta mis llamadas.
De repente, el hombre se ve abruptamente interrumpido de sus pensamientos al escuchar el timbre del departamento que comienza a sonar con insistencia.
Luis Enrique: Puede ser ella, aunque no creo que quiera verme. Estaba como loca pensando que quería hacerle daño.
Luis Enrique cierra el grifo, abre la mampara y alcanza una toalla.
Luis Enrique: (gritando) ¡Ya voy!
Un par de minutos después, el hombre se dirige a abrir la puerta vestido de ropa casual (camisa de cuadros a medio abotonar y un jean), no sin antes buscar algo en un buró.
Luis Enrique: ¿Dónde mierda la dejé? Estoy seguro de que la puse por acá.
Luis Enrique sigue buscando con cierto desespero entre varios cajones y el timbre sigue sonando con insistencia.
Luis Enrique: (exasperado) ¡Como un carajo! ¡Un momento!
Luis Enrique se rinde y sin percatarse, parece estar siendo observado por alguien dentro del mismo departamento; alguien que vigila todos su movimientos.
Luis Enrique: Tengo que buscarla luego. Es la única maldita pistola que tengo y más me vale andar prevenido. ¿Quién es? (Pregunta a su visita)
Lisa: (desde afuera) ¿Quién más puede ser? ¡Soy yo, imbécil! ¡Ábreme!
Finalmente, el hombre decide abrir la puerta encontrándose en primer plano con Lisa, la cual, con una mirada muy seria pasa y se choca con él de hombro.

Lisa: Tenemos que hablar.
Luis Enrique: (cerrando la puerta) Me leíste el pensamiento porque justo estaba por llamarte para que vinieras, así que dime qué mierda le dijiste de mí a Carolina.
Luis Enrique le dice aquello agarrándola de un brazo.
Lisa: ¿De qué mierda estás hablando? (Se suelta de mala gana)
Luis Enrique: Anoche la llamé después de enterarme que le había disparado a Eduardo y estaba muy alterada. Me dijo que siempre había querido destruirla y me echó la culpa de que Eduardo se enterara de que ella había sido la que mató a Helena y…
Luis Enrique se detiene abruptamente. Lisa enarca una ceja.
Lisa: ¿Y qué más?
Luis Enrique guarda silencio.
Lisa: ¿Qué pasa? ¿Qué más querías decir?
Luis Enrique: ¡Nada! No me hagas caso.
Lisa: Déjame adivinar. ¿Es sobre lo perra que fue tu hermana al ocultarle a todo el mundo que Eduardo sí era mi padre biológico? ¿Es lo que querías decir?
Luis Enrique: Entonces ya lo sabías.
Lisa, frunce el ceño cambiando su expresión a una muy oscura y en cuestión de segundos, le lanza una sonora cachetada a Luis Enrique.
Luis Enrique: (furioso) ¿Qué te pasa, zorra? ¿Quién te crees?
Luis Enrique la toma con brusquedad del brazo. Ninguno se espera que están siendo misteriosamente grabados por alguien más a través de un celular.
Lisa: ¡No me toques, animal! (Se suelta) Una cachetada es una caricia para lo que se merece un gusano, una rata como tú. Debiste haberme dicho la verdad desde antes. Debiste haberme dicho que Eduardo sí era mi padre de verdad. ¿Por qué cerraste la pinche boca?
Luis Enrique: ¿Por qué actúas como si te indignara saberlo si por lo visto ya estabas enterada?
Lisa: Pues no. No tenía la menor idea y fue anoche que lo supe, por ende deja de lado tus acusaciones que no puse a la mosca muerta de tu hermana en contra tuya como estás pensando. De hecho, de ella ya me encargué.
Luis Enrique: (desconcertado) ¿Qué estás diciendo?
Lisa: ¿De veras tu poco coeficiente intelectual no te permite entenderlo?
Luis Enrique: (alterado) ¿Qué le hiciste a Carolina?
Lisa: ¡Muy simple! La maté. La maté como la cucaracha miserable que era.
Lisa sonríe con cierta amargura como si aquello le causara alegría. Luis Enrique se siente atónito al escucharla y respira agitado sin dar crédito.
Luis Enrique: No pudiste… Dime que no.
Luis Enrique, se altera y toma con brusquedad a la joven de los hombros al tiempo que la zarandea.
Luis Enrique: ¡Dime que no le hiciste nada, chingada madre! ¡Dime que no te atreviste!
Lisa: ¿Todavía te indignas después de que por culpa de ella me volví un monstruo? ¡Porque eso es lo que soy! ¡Un monstruo!
Lisa sonríe con amargura en medio de los sollozos que hacen brillar sus ojos ante las ganas de llorar.
Lisa: Por culpa de ella y de Helena me enamoré de Eduardo.
Lisa derrama varias lágrimas que se deshacen en sus labios, sintiéndose sumamente dolida.
Lisa: Me enamoré de mi propio padre. ¡Me acosté con él! (Grita desgarrada) Él me hizo suya y me está quemando por dentro el solo hecho de pensar que, aún así, no puedo dejar de amarlo y lo peor es que ya no me siento capaz de detenerme, ya no…Hasta yo misma me doy asco.
Luis Enrique solo la mira con los ojos desorbitados y la va soltando poco a poco.
Luis Enrique: Eres una puta loca…
Luis Enrique retrocede y trata de reponerse, pero no puede evitar un nudo en la garganta.
Lisa: Sí, a lo mejor ya haya terminado de volverme loca, pero nada ha sido mi culpa. ¡Yo he sido la única víctima aquí! ¡Fue a mí a la que engañaron, a la que le mintieron!
Luis Enrique: Carolina era mi hermana. No merecía terminar así.
Lisa: ¿Y qué hay de mí? ¿Yo sí lo merecía? Nada más me hice justicia porque Carolina, sabiendo la verdad sobre mi padre, se calló pudiendo evitar que me volviera esto que soy. Ella y Helena que propagó la mentira de que Epifanio era mi padre son las únicas culpables.
Luis Enrique: Si debes culpar a alguien, culpa a Helena que siempre fue una prostituta disfrazada de dama de alta sociedad, casada con un hacendado rico. Carolina también fue víctima de ella. Era lo único bueno que tenía (Quiebra la voz).
Lisa: No me hagas reír. Tú tampoco distas mucho de ser un monstruo pero no por amor como yo, sino por ambición. ¿O a poco ya se te olvidó todo lo que has hecho?
Luis Enrique: ¡Yo sí tengo sentimientos!
Lisa: ¿Sentimientos? (Pregunta con incredulidad) Dudo mucho que tener sentimientos incluya el querer atropellar a tu hijo para sacarlo del camino y quedarte con tu ex.
Luis Enrique se sorprende al ver que Lisa conoce tal información. La joven sonríe y se limpia las lágrimas con delicadeza.
Lisa: Y sí, antes de que me lo preguntes, lo escuché de la misma Carolina cuando la llamaste y discutieron. Ella al parecer fue la que te sugirió el plan. ¡Y qué poca de tu parte, de veras! ¿Qué clase de padre hace eso por ambición? (Niega con la cabeza de forma sarcástica)
Luis Enrique: No pensaba matar a Danilo. El plan era darle un susto. ¡No tergiverses las cosas!
Lisa: Da igual si era un susto o no. Le tiraste el coche encima, pero no vine para discutir contigo quién de los dos es peor. No es un reality show de malvados, mi amor. Nada más vine para que te andes con cuidado.
Luis Enrique: ¿A qué te refieres?
Lisa: Hay una tal Cruz que al parecer es, o bueno, era la chacha de tu hermana.
Luis Enrique: ¿Qué hay con ella?
Lisa: Resulta que la vieja siempre supo toda la verdad sobre Carolina (Luis Enrique se sorprende). No entendí muy bien la conversación porque estaban hablando por llamada, pero sí sé que fue ella la que planeó todo para que Carolina pensara que tú te querías vengar. Según escuché, hasta a Gracia la involucró en el montaje.
Luis Enrique: Ya sabía yo que alguien la había envenenado en mi contra. ¡Fue esa vieja bruja! (Furioso) Lo que no entiendo es el porqué Carolina mencionaba a una tal Gracia.
Lisa: Es una ruca desagradable que me hizo el favorcito de que me aceptaran en la agencia de modelaje de Carolina y que se enamoró de mí. Incluso intentó matarme en el hospital una vez y se escapó. Imagino que la chacha la puso de su lado.
Luis Enrique: Ya decía que esa Cruz no era de fiar. Se lo dije a Carolina en una ocasión cuando la vieja le contó que había sido yo el que había acabado con Tarcisio.
Lisa: ¿Mataste a Tarcisio? Claro, con razón no lo vi más en la hacienda.
Luis Enrique: Pensé que era el que nos estaba chantajeando a Carolina y a mí, y también el que me había intentado matar ya una vez disfrazado con una capa y una ridícula máscara.
Lisa: (pensativa) A mí también me intentaron matar en una ocasión mientras estuve internada en el hospital aún recuperándome de las quemaduras y esa descripción me suena familiar. También era un tipo o tipa disfrazado, no sé.
Luis Enrique: Tuvo que ser Cruz. Ella es la que está detrás de todo.
Lisa: Tiene sentido, aunque no entiendo qué busca de nosotros la miserable sirvienta esa. ¿Qué gana con atacarnos y cómo es que sabe tanto? De hecho hasta recuerdo que en una ocasión me la encontré en el pueblo y me hizo ciertas insinuaciones.
FLASHBACK
Justo cuando Lisa se da la vuelta, se tropieza con Cruz, quien deja caer una canasta con productos del mercado.


Lisa: (molesta) ¿Por qué no se fija por dónde camina, señora?
Cruz: Tú fuiste la que no se fijó por dónde iba. Ándale. Recoge lo que por tu culpa dejé caer.
Lisa: (indignada) ¿Perdón? ¿Que acaso no sabe quién soy yo?
Cruz se queda mirando con fijación a Lisa y se sorprende al reconocerla.
Cruz: ¿Li… Lisa Román?
Lisa: Sí, tal como lo dijo, así que recoja usted su mugrosa canasta. Yo soy una Román y no tengo por qué someterme a órdenes de pueblerinos o de viejas atrevidas.
Cruz: (petulante) Pues ni tan Román. No andes por ahí alardeando tu apellido con tanto orgullo. La vida da muchas vueltas, muchachita.
Lisa: (extrañada) ¿A qué se refiere? ¿Qué sabe usted de mí?
Cruz: Averígualo tú. Yo no tengo por qué darle explicaciones a una muchachita malcriada y engreída. Ja, faltaba más.
FIN DEL FLASHBACK
Lisa: (dejando de recordar) Ella me insinuó que yo no era hija de Eduardo. También estaba al tanto de la mentira que propagó Helena.
Luis Enrique: No me extraña que le guardara el secreto al viejo Epifanio que pensó que tú eras su hija ni tampoco me extraña que supiera sobre la relación que tenía con Carolina. Después de todo, ella me conoció de niño.
Lisa: No sé, pero está raro. Eduardo recibió ayer un sobre con los resultados de ADN y el video donde salía Carolina asesinando a Helena. Epifanio también tenía ese video en su poder y me lo mostró antes de morirse. Para mí que la chacha tenía todo ese material en su poder. No hay de otra.
Luis Enrique: Tenemos que encontrarla y actuar antes de que ella acabe con nosotros. Sabe demasiado.
Lisa: Ha de estar escondida. Ella le contó a Carolina minutos antes de terminar la llamada que yo era Lisa, así que no creo que sea tan estúpida como para andar en la calle después de que su teatro se le cayó. Lo mejor que podemos hacer es irnos de este pueblo inmundo.
Luis Enrique: ¿Vas a abandonar a Eduardo tan fácilmente ahora que sabes que es tu padre?
Lisa: Por supuesto que no. Ya te dije que no me voy a detener y voy a ir hasta el final.
Luis Enrique: ¿Qué tienes pensado hacer?
Lisa: Largarme para hacer mi vida con Eduardo. Después de todo, él no sabe quién soy yo. Va a terminar amándome. Estoy segura.
Luis Enrique: Después de saber la verdad, podrías irte lejos tú sola con todo el dinero que heredaste del cirujano ese con el que te casaste. Tú y yo podríamos incluso…
Lisa: (lo interrumpe) ¿Qué? ¿Huir juntos? Ni lo pienses. Mi lugar está con Eduardo y el tuyo con Marissa.
Luis Enrique: Es lo que quiero pero no me puedo arriesgar a que la policía me atrape en cualquier momento. Prefiero estar en otro país y renunciar a Marissa antes de pasar el resto de mis días en una maldita cárcel.
Lisa: Cruz no nos denunciará. Si no lo hizo antes, era porque quería que nos destruyéramos entre sí. Por eso puso a Carolina en tu contra. Quería usarla para acabar contigo y le envió el sobre a Eduardo para que él la denunciara con la policía sin verse implicada.
Luis Enrique: ¿A qué te refieres? ¿Cómo que acabar conmigo?
Lisa: Tu amante, Cecilia, la otra chacha de la hacienda, al parecer fue contactada por Carolina por sugerencia de Cruz para que te mate.
Luis Enrique: (sorprendido) ¿Estás segura?
Lisa: Es lo que escuché, pero no me preguntes detalles porque hasta allá no sé.
Luis Enrique: (pensativo) Cecilia está en la cárcel. Es imposible que salga a no ser que… (Hace una pausa) Carolina la haya ayudado a escapar.
Lisa: Y con lo inepta que es la policía de este pueblo, no dudo que ande por ahí esperando a atacarte, así que cuídate la espalda.
Luis Enrique: ¡Me lleva! (Frustrado) Nada más esto me faltaba.
Lisa: ¿Por qué simplemente no aceleramos las cosas?
Luis Enrique: ¿A qué te refieres?
Lisa: Tengo un plan que nos va a beneficiar a ambos; un plan muy divertido que se me está ocurriendo. Nada más voy a necesitar que me traigas a Marissa.
Luis Enrique: (confundido) ¿Cómo que traerla? No pensarás matarla.
Lisa: En absoluto. Si algo tengo muy claro es que quiero ver sufriendo en vida a esa imbécil. Tú ocúpate de llevarla hasta mí y yo me ocupo de Eduardo, además voy a necesitar que me ayudes para ponerle un alto a María Helena.
Luis Enrique: ¿Que no trabajaban juntas en esto?
Lisa: No confío en ella (Pensativa). De hecho hasta estoy segura de que la muy mustia es cómplice de Cruz. La muerte de Manuel fue muy extraña. Él era el único que sabía de mi paradero y el día que iba a verme con él, apareció la naca esa en el hotel asegurando que ella era la que había matado a Manuel.
Luis Enrique: No me habías dicho nada de eso. Sí supe lo de Manuel, pero siempre pensé que andaba en negocios turbios el idiota.
Lisa: Tampoco necesitabas saberlo. El punto es que me tendieron una trampa. Querían que llegara a la hacienda así facilito no sé con qué intención, pero no les daré el gusto de atraparme. ¡Claro que no! Voy a ir un paso delante de ellas, así que consíguete un tipejo de esos de barrio que se creen malotes. Tengo en algo mente.
Luis Enrique: ¿Por quién me tomas? No tengo contactos con ese tipo de gente.
Lisa: ¡Pues consíguelo! Te recuerdo que ahora nos tenemos que unir si no quieres acabar en prisión, o peor aún, con un tiro en la cabeza por parte de tu examante gracias a la imbécil de tu hermana por la que tanto te lamentaste..
Lisa mira con suma seriedad a Luis Enrique, quien luce algo indeciso.
INT. / CABAÑA DE EPIFANIO / DÍA
Cruz abre sin mucho ánimo la puerta. Epifanio aguarda dentro, sentado en su sillón, frente a la chimenea que se encuentra encendida. El ama de llaves se ve notablemente dolida y con muestras de haber llorado tanto así que no se atreve a decir una palabra.


Epifanio: (muy serio) ¿Qué pasó?
Cruz no responde y traga saliva.
Epifanio: ¿Qué? ¿No te vas a dignar a responderme nada?
Cruz: Don Epifanio, yo…
Epifanio: Creo que no necesito que ni siquiera me respondas. Más bien debo reformular mi pregunta, así que anda y dime. ¿Quién fue tu víctima esta vez?
Epifanio alcanza su bastón y se pone de pie para encararla. Cruz baja la cabeza incapaz de mirarlo a los ojos.
Epifanio: ¿Quién, ah? Porque así es como hablas, ¿no? Dices que hay que sacrificar lombrices para atrapar a los peces gordos. Primero Manuel Román, después Gracia, ¿y ahora quién?
Cruz respira profundo y derrama un par de lágrimas discretas con una cara inmutable, dura, tratando de no quebrarse.
Cruz: Le juro que no esperé que las cosas se fueran a poner así. Hice lo que pude y jamás quise que ella… (Hace una pausa) Que ella terminara así.
Epifanio solo la mira con profunda decepción y vuelve a tomar asiento sin fuerzas como a punto de desmayarse.
Cruz: (preocupada) Don Epifanio…
Epifanio: No te me acerques.
Cruz cierra los ojos fuertemente derramando más lágrimas, pues le duele tal actitud. Epifanio solo mira devastado y con fijación el fuego de la chimenea.
Epifanio: Te dije tanto que no quería más muertos. Te lo insistí tanto y mira… Me fallaste. Ni siquiera tengo que escucharlo directamente porque es de esperarse que esta vez tu carnada fue mi hija, mi Carolina…
Cruz: Déjeme explicarle, por favor.
Epifanio: ¿Qué vas a explicar si tú ni siquiera tienes consciencia ni sentimientos?
Cruz: (dolida) No me diga eso. Usted sabe que lo amo y no puede echarme toda el agua sucia después de todo lo que hecho para ayudarlo.
Epifanio: ¡Basura! ¡Pura basura! Si fuera para ayudarme, habrías protegido a mi hija.
Cruz: Lo intenté. ¡Se lo juro! (Desesperada)
Epifanio: ¡Y fallaste! Carolina cometió un gravísimo error ocultando la verdad sobre la paternidad de Lisa y matando a Helena, pero no merecía terminar de esta forma (Se lamenta muy dolido). Tú también siempre lo supiste todo y te callaste como ella. ¿Qué las diferencia a ambas? Mi hija está muerta mientras que tú estás aquí con vida.
Cruz: Por lo visto, le parece muy injusto que yo esté aquí viva mientras su hija no por haber ocultado una verdad de la que yo también estaba al tanto, ¿no?
Epifanio: Ya tú misma te respondiste. Tú sabías que Helena era una mala mujer que maltrataba a Carolina y tenía más amantes aparte de mí, y también sabías que Eduardo Román era el padre de Lisa y no yo. Sabías que hasta Carolina había matado a Helena.
Epifanio se pone sollozo sin dejar de mirar el fuego.
Epifanio: Es que si hubieras hablado conmigo a tiempo, se habría evitado tantas tragedias, pero no… Tu soberbia fue mayor.
Cruz: No callé por soberbia.
Epifanio: (gritando) ¡Deja de mentir!
Epifanio vuelve a ponerse de pie apoyándose de su bastón y mirando con sumo reproche a su ama de llaves.
Epifanio: Admite que morías de celos al ver que hice a Helena mi amante y no me fijé en ti después de que mi esposa murió porque eso querías, ¿no? Fue por eso que me contaste que Luis Enrique no era mi hijo, sino del chofer. Deseabas que me divorciara para tomarte a ti como esposa, pero no se te dio como esperabas.
Cruz: ¡Pues no! ¡Se equivoca como siempre se ha equivocado! Si no hablé con usted y le conté la clase de mujer que era Helena, no fue por celos o resentimiento como cree. Era mucho más que eso.
Cruz hace una pausa e inhala profundamente.
Cruz: Helena era mi hija.
Epifanio se impacta al escucharla.
Cruz: Helena fue producto de una de mis tantas noches de prostitución y se la vendí a los señores Montalbán para los que trabajaba antes de llegar a su mansión.
Epifanio: Debe ser mentira. ¡Tiene que ser una mentira, una patraña tuya!
Cruz: Justo fue lo que confesé a la señorita Carolina por celular antes de que Lisa Román acabara con ella anoche. Helena fue una parte de mi sucio pasado que quise olvidar por completo y creí que así era hasta que Carolina la presentó como su amiga hace dieciocho años.
Epifanio guarda silencio intentando reponerse de aquella nueva revelación.
Cruz: Luego usted y ella se volvieron amantes, y yo… (Hace una pausa llorando) Yo me sentía enloquecer al ver que el hombre que amaba, usted precisamente, y la hija que vendí tenían una relación a escondidas.
Epifanio: (en un hilo de voz) ¿Cómo pudiste? ¿Cómo pudiste callar algo así?
Cruz: ¿Con qué criterio y moral iba yo a desenmascarar a mi propia hija con usted? Yo la vendí una vez y sacar a la luz todo lo malo que ella hacía era como venderla una segunda vez y no podía. ¡No podía relevar ese secreto que me unía a ella! (Habla desesperada y llorando) ¿Puede entender si quiera como me sentí durante todos esos años? ¿Puede?
Epifanio no dice nada, pero se ve sumamente perturbado. Cruz llora desconsolada.
Cruz: Porque yo no creo… No creo que nadie me pueda entender y la noche que Carolina salió tarde para asesinar a Helena, la seguí para evitarlo, pero fue tarde cuando llegué. Como mucho pude pagarle a Tarcisio para que me entregara la copia original de las cámaras de seguridad antes de que se la diera a alguien más.
Epifanio: Y luego utilizaste esa misma grabación para enseñármela y desenmascarar a mi hija. Ahora lo entiendo. Todo esto, lo de hacerme pasar por muerto y el ponerla a ella en contra de Luis Enrique, todo fue una venganza de tu parte para que ella terminara así.
Cruz: ¡Jamás! Piense lo que quiera de mí, pero jamás se le ocurra decir que fue por venganza. Carolina era también como una hija para mí.
Epifanio: (furioso) ¡Mentira!
Epifanio alza su bastón con ánimo de golpear a la mujer.
Epifanio: ¡Deja de hablar porque soy capaz de…!
Cruz: Hágalo. Pégueme o máteme si quiere. Yo no tengo nada que perder.
Epifanio respira agitado y poco a poco, baja el bastón.
Cruz: Y si comencé todo este juego de ajedrez, no solo fue para ayudarlo a usted, sino porque en parte me carcome la culpa…
Epifanio toma asiento despacio. Cruz sigue hablando.
Cruz: La culpa de haber vendido una hija a la que años después vi de nuevo convertida en una mujer mala, sin escrúpulos, una vagabunda, pero que no dejaba de ser mi hija…
Cruz limpia sus lágrimas y endurece su rostro para seguir hablando.
Cruz: Así que, si callé, espero que pueda entender ahora mis razones y si por eso usted cree que merezco morir, máteme.
Cruz saca de su bolso una pistola con silenciador, se acerca a Epifanio y la pone sobre las piernas de él.
Cruz: Tómela y desde ese sillón en el que está sentado, dispare y haga justicia a ver si dejo de penar en vida porque eso es lo único que hecho en estos dieciocho años.
Epifanio toma la pistola y se queda viéndola fijamente.
Epifanio: Te compadezco, Cruz. Yo solo fui amante de una mujer casada e hice pasar por muerta a una muchachita loca, pero ahora es que veo que tu culpa es mucho peor que la mía. Y pensar que yo pensaba que era el que había desatado toda esta historia, pero fuiste tú…
Cruz solo permanece seria escuchando con atención, aunque notablemente afectada.
Epifanio: Ya decía yo que si te habías involucrado en esto no era solo por un ridículo amor hacia mí. Te sentías culpable por tu silencio y querías arreglarlo todo. Pecaste de omisión. ¡Y qué pecado! De seguro también te sientes culpable porque Luis Enrique se convirtió por ti en un tipo ambicioso y resentido capaz de matar. Admítelo.
Cruz: Yo no decidí que él se convirtiera en un tipo de tan baja calaña.
Epifanio: Pero tú lo condenaste a eso cuando revelaste que no era mi hijo legítimo, sino un bastardo de mi esposa y de haber sido distintas las cosas, quizá hoy en día seguiría pensando que es mi hijo y él sería un hombre de bien. En cuanto a Helena…
Epifanio hace una pausa.
Epifanio: Tal vez si hubieras hablado con la verdad a tiempo, si me hubieras dicho que Lisa Román no era mi hija como Helena me hacía creer, yo jamás hubiera sido amante de ella al descubrir la clase de mujer que era; la hubiera alejado y Carolina jamás la hubiera tenido que matarla porque si lo hizo fue por la impotencia que sintió al ver que Helena nos engañaba a Eduardo Román y a mí.
Epifanio se lamenta con profundo dolor y una lágrimas se desliza de uno de sus ojos.
Epifanio: Todo sería tan distinto…
Cruz: ¿Preferiría seguir viviendo con mentiras? ¿Preferiría creer que Luis Enrique es su hijo y que Helena era una mujer buena, pura y sin mancha?
Epifanio: Destapar todas esas verdades tan tarde trajo consigo más sufrimiento.
Cruz: Lo sé y he ahí el porqué quise solucionar lo que yo provoqué con mi silencio. ¿Se acuerda de la noche en la que desaparecí y le dejé aquella nota?
Epifanio, en efecto, recuerda tal momento.
FLASHBACK
Epifanio se dirige fastidiado a salir de la habitación, pero justo cuando pasa junto a la cama, ve una hoja de papel sobre ella que llama su atención. El hombre se extraña y no tarda en tomar entre sus manos aquella hoja que al parecer es una carta. Comienza a leerla y se oye en voz en off la voz de la excéntrica ama de llaves.
Cruz: Estoy escribiéndole esta nota antes de irme porque sé que me buscará para preguntarme sobre lo que le dije y para demostrarle un último acto de amor y fidelidad de mi parte, debo confesarle la verdad…
Epifanio: (leyendo) Lisa Román no es su hija en verdad. Helena lo engañó.
Epifanio abre los ojos como platos y se exalta al leer aquellas líneas.
Cruz: (voz en off) El verdadero padre de Lisa siempre ha sido y será Eduardo Román, tal como todos piensan y si necesita pruebas, mañana mismo las recibirá, pero le advierto… Descubrirá cosas muy turbias que estaba mejor sin saber.
Epifanio siente una gran impresión al punto de que se sienta sobre la cama y arruga la hoja de papel sobre la que tan impactante información fue escrita.
FIN DEL FLASHBACK
Epifanio: ¿Cómo olvidar esa nota que me puso de cabeza? Y al otro día me dejaste con una de las empleadas el video de Carolina asesinando a Helena.
Cruz: Así es y lo hice porque quería que se enterara de la verdad de una vez.
Epifanio: Bien pudiste enviar ese video anónimamente a la policía y hasta haberles reportado el paradero de Lisa. Tú ya sabías que yo la escondía y hasta le ordenaste en una ocasión a Gracia que acabara con ella. Ni siquiera necesitábamos todo este circo barato de hacerme pasar por muerto.
Cruz: Gracia no logró acabarla esa noche como se lo pedí y tiene razón. Yo perfectamente hubiera podido enviarle a la policía el video de Carolina y avisarles dónde estaba Lisa, pero usted se hubiera visto implicado por haber hecho pasar por muerta a la muchacha y eso no lo quería, y a usted tampoco le convenía…
Cruz da unos pasos hacia adelante y se hinca ante Epifanio, quien permanece sentado. Ella, con algo de indecisión, lo toma de una mano afectuosamente.
Cruz: Quería protegerlo y por eso le sugerí hacerse pasar por muerto, para que usted no parara en la cárcel. Además, lo de su supuesta muerte era también la forma de empezar con el plan para acabar con Luis Enrique Escalante y ganar tiempo para poner a Carolina en contra de él.
Epifanio solo mira pensativo y con los ojos sollozos hacia la ventana.
Cruz: Yo sabía que esa noche que usted se desmayó, Carolina iba a llamar a Luis Enrique y él la iba a convencer de dejarlo morir. Justo de ahí quería agarrarme para lograr ponerla a ella en contra de él. Quería que ella pensara que era Luis Enrique el que la quería destruir y que incluso lo de su muerte era una venganza por parte de él.
Cruz hace una pausa, se limpia las lágrimas y se pone de pie dándole la espalda al hombre.
Cruz: Y Las cosas hubieran podido terminar tan bien, pero usted lo complicó todo dejando a Lisa al cargo de su amigo el cirujano para que le diera otro rostro.
Epifanio sigue guardando silencio y baja la cabeza como si asintiera ante lo que ella dice.
Cruz: Mi intención, antes de que usted se hiciera pasar por muerto, era que grabara un video confesando el haber hecho pasar por muerta a Lisa Román e indicando dónde la escondía para que la policía fuera por ella, y con usted muerto para todo el mundo, no habría tenido ningún problema.
Cruz continúa hablándole de espaldas.
Cruz: Así, Lisa estaría en la cárcel y jamás hubiera vuelto a Villa Encantada, y lo que es aún más, la señorita Carolina estaría viva y como mucho también estaría en la cárcel pagando por haber matado a Helena mientras que Luis Enrique hubiera sido ultimado por Cecilia tal y como se lo sugerí a Carolina cuando ella se creyó todo el montaje que preparé con Gracia.
Cruz se da la vuelta y mira a Epifanio con cierto reproche.
Cruz: ¿Lo ve? Si bien yo fallé, la muerte de su hija no es solo mi culpa, sino también el resultado de sus acciones, don Epifanio.
Epifanio cierra los ojos fuertemente y derrama las lágrimas. Parece darle la razón a su ama de llaves.
Cruz: Los dos somos igualmente culpables y lo justo ahora es que detenga a Lisa por su error.
Epifanio: ¿Y cómo si lo que debí haber hecho no lo hice en su momento?
Cruz: Cuando envié a la hacienda los resultados de ADN, lo hice con la intención de que Lisa también se enterara de que Eduardo era su padre biológico. Necesitaba que estuviera en la hacienda y fue por eso que le ordené a María Helena que la ayudara a infiltrarse.
Epifanio: ¿Crees que con eso Lisa se detendrá y renunciará a Eduardo Román?
Cruz: No. Sé bien que la muchacha está tan empecinada con él que ni aún sabiendo que es su padre biológico se detendrá. Va a querer tenerlo ahora más que nunca y es ahí donde hay que atacarla.
Epifanio: Debo admitir que aún con toda la maldad de esa muchachita, hasta siento lástima por ella. No ha sido más que un resultado de los errores de los demás.
Cruz: Helena fue quien la convirtió en un monstruo, en un clon suyo, pero es mi nieta y si no detuve a Helena, tengo que detenerla a ella al menos. Después…
Epifanio: ¿Después qué?
Cruz toma la mano de Epifanio con la cual él sostiene la pistola y la pone de tal modo que él le apunta al pecho.
Cruz: Después podrá acabar conmigo, don Epifanio.
Epifanio la ve desconcertado.
Cruz: Cuando todo esto termine, máteme. Es el trato final que le propongo para que salde cuentas ya que después de todo usted tiene razón y solo le arruiné la vida a usted y a tantas personas con mi silencio al no haber detenido a tiempo a Helena. Quiero que sea usted el que me dé mi fin.
Epifanio y Cruz se miran fijamente con sumo dolor ante tantos errores cometidos que los han llevado al punto en el que están.
CONTINUARÁ…
Comentarios
Publicar un comentario