Capítulo 51: Chantaje
INT. / HOSPITAL DE VILLA ENCANTADA, SALA DE ESPERA / DÍA
María Helena le entrega a Marissa un poco de café que le ha traído en un vaso desechable. Marissa le esboza una muy leve sonrisa.


Marissa: Gracias, Malena. Eres muy amable.
María Helena: No hay de qué. Va a necesitarlo.
María Helena se sienta al lado de la mujer.
María Helena: Usted también ha estado acá desde la noche sin pegar el ojo, acompañándome y quiero agradecerle por eso a pesar de que tiene sus problemas.
Marissa: Siempre trato de ser muy fuerte y centrada, pero esta vez se me derrumbó el mundo. Lo que Danilo me hizo es tanto o peor de horrible que lo me hizo Luis Enrique y luego veo a Eduardo, en ese estado, al borde de la muerte, diciéndome que me ama. Es como para enloquecerme.
María Helena: Puede que yo sea una chava inexperta, joven y que todavía no conoce mucho de la vida, pero tiene que sobreponerse, doña Marissa. Usted es una gran mujer y por lo que he conocido, ya sufrió bien gacho en el amor. Merece ser feliz.
Marissa: Es difícil cuando te sientes tan usada, tan burlada, tan humillada…
María Helena: Dígame algo. ¿Usted de verdad estaba enamorada o sentía algo por Danilo?
Marissa guarda silencio un par de segundos.
Marissa: Me entregué a él, pero no por amor. Danilo me había insistido tanto que terminó convenciendo de que podíamos intentar darnos una oportunidad a pesar de que muy en el fondo no me sentía lista.
María Helena: ¿Por qué?
Marissa: Porque aún tenía y tengo muy metido en el corazón a tu papá. Esa es la verdad. A pesar de que él también me engañó, me ha costado más olvidarlo que a Luis Enrique con el que estuve casada tantos años.
María Helena: Puede ser porque usted ya no amaba a Luis Enrique. Lo que tenía con él era un matrimonio de rutina donde el amor se había acabado hacía mucho.
Marissa: Tienes razón. Mi matrimonio era solo rutina y un estado civil nada más, pero amor no había y conocer a Eduardo me dio un vuelco y aunque corto, fue algo muy intenso. Nada más espero que pueda mejorarse para hablar con calma. Me da miedo que…
Marissa se detiene.
Marissa: Perdóname, María Helena. No quisiera tener que decirte esto, pero lo vi tan mal y me da tanto miedo que ya no aguante.
María Helena: Yo sé que él va a ponerse bien y se va a recuperar, doña Marissa. Mi papá tiene mucho por vivir todavía conmigo, con usted…
Marissa: No sé si le vaya a dar una oportunidad. Han pasado muchas cosas y aún necesito que me explique la grabación en la que conversaba con Manuel y admitía que solo quería casarse conmigo por interés.
María Helena: Pues estoy segura que va a tener la explicación que necesita. Como le dije usted se merece ser feliz porque le puedo asegurar que mi papá ha sufrido muchísimo también. Los dos se lo merecen.
Marissa se queda pensativa.
Marissa: ¿Y qué hay de Carolina? Por lo que me dijiste, no ha hecho más que acosar a Eduardo y hasta se atrevió a dispararle.
María Helena: Lo hizo porque él quiso romper su compromiso con ella.
Marissa: Entonces estaban comprometidos.
María Helena: Sí, pero le juro que fue lo último a lo que quiso recurrir mi papá en vista de que ella comenzó a amenazarlo con quitarle la hacienda ya que la muy hija de su madre pagó la hipoteca sin que nadie se lo pidiera.
Marissa se sorprende al escucharla.
María Helena: Y anoche, pues ya fue la gota que colmó el vaso. No sé quién le hizo llegar a mi papá un sobre con los resultados de ADN donde se probaba que Lisa sí era hija biológica de él, y Carolina al parecer fue la que mandó a hacer esos exámenes en secreto.
Marissa: (impresionada) No lo puedo creer. Siempre tuve entendido que tanto tú como ella solo eran hijas de Helena y uno de sus tantos amantes.
María Helena: Exacto, de Epifanio de La Torre.
Marissa: ¿Don Epifanio?
María Helena: Es lo que Manuel le dijo a Lisa o ella lo escuchó, no sé. El punto es que la que propagó esa mentira fue la misma Helena, mi madre y anoche cuando Carolina discutía con mi papá, por lo que entendí, Helena pensó que mi papá era estéril.
Marissa: Es que no logro hacerme a la idea. No estaba enterada que don Epifanio había sido amante de Helena también. No sé si lo supiste, pero el día del incendio en la mansión de La Torre, antes de que yo saliera, le dije a Pablo que debía ir porque Carolina era mi hermana. Tú estabas ahí.
María Helena: Sí, lo recuerdo. Pablo quedó bien confundido porque pensó que usted no tenía parientes en Villa Encantada. Me imagino que Epifanio era su padre, ¿no?
Marissa: Supones bien. Yo no lo sabía tampoco hasta que llegué a este pueblo y me encontré con él. En fin, cosas entre mis padres y él que pasaron hace ya más de cuarenta años que ahora no vienen al caso.
María Helena: De haber resultado que Epifanio sí era padre de Lisa y mío, usted y yo seríamos hermanas.
Marissa: Es cierto, pero ahora no me logro poner en los zapatos de Eduardo. Enterarse de algo así después de que Lisa estuvo tan obsesionada con él. ¡Qué turbio!
María Helena: Y aún más, me temo.
Marissa: ¿De qué se trata?
María Helena: Carolina fue la que mató a Helena.
Marissa: Fue lo que dijo Eduardo anoche, pero pensé que a lo mejor estaba alucinando por efecto de la anestesia.
María Helena: Pues es verdad. En el mismo sobre enviado venía una grabación de las cámaras de seguridad de la hacienda y ahí se ve que fue ella la que la asesinó.
Marissa se queda sin habla intentando reponerse ante tal información.
Marissa: Pero… Lisa era la que estaba detrás. Ella mismo me lo confesó cuando me tomó con rehén antes de tener el accidente donde murió. No entiendo.
María Helena: Yo tampoco entiendo mucho. Tal parece que mi amá biológica tenía a varias personas que querían su cabeza y Carolina fue la que se les adelantó a todos.
Marissa tiene un recuerdo de meses atrás cuando fue tomada como rehén por Lisa y obligada a conducir el auto mientras ella la amenazaba con un pistola.
FLASHBACK


Marissa: Por más que lo fuerces, Eduardo nunca te amará. Él te ve como una hija. Es inútil que hagas todo lo que estás planeando, muchacha.
Lisa: Pues aprenderá a amarme, así como amó a mi madre, que debe estar retorciéndose en el infierno por adúltera.
Marissa: (negando con la cabeza) En definitiva, estás muy mal. ¿Cómo pudiste ser capaz de atentar contra tu propia madre, la mujer que te trajo al mundo?
Lisa: Lo merecía por haberse portado como una prostituta con cuanto hombre se le cruzara en frente, por haberse burlado de mi papá que es tan bueno, además, yo no fui quien la mató.
Marissa: ¿De qué estás hablando? Yo escuché en el video cuando le decías a Casimira que pensabas matarla como a Helena y a Lucrecia, tu madre y abuela respectivamente.
Lisa: Sí, eso le dije, pero digamos que el asesinato de Helena no fue solo mi responsabilidad. Hay alguien más quien hizo el trabajo sucio por mí, alguien que también la odiaba tanto como yo.
Marissa: (sorprendida) Entonces, ¿no estás sola en esto? ¿Hay alguien que te da órdenes?
Lisa: No pienso responder a tus preguntas, imbécil. Ocúpate de conducir antes de que te mande al otro mundo con esa partida de mujerzuelas.
FIN DEL FLASHBACK
Marissa: (dejando de recordar) ¡Claro! ¿Cómo no lo pensé antes?
María Helena: ¿Qué pasó?
Marissa: Con el frenesí del accidente ese día, olvidé por completo un detalle importante. Lisa tenía un cómplice. Ella misma admitió que fue alguien más que mató a Helena.
María Helena: ¿De verdad? ¿Entonces Carolina y Lisa tramaron todo juntas?
Marissa: No lo creo. Carolina llegó ese día a la boda conmigo junto con los policías para que arrestaran a Lisa. Yo tenía el celular de la muchacha donde había una grabación donde confesaba todos sus crímenes. Hay alguien más detrás de ese asesinato.
María Helena: Ahora sí que me hice bolas. Qué complicado.
Marissa: A mí más bien me parece preocupante pensar que el cómplice de Lisa ande por ahí como si nada. Pienso que pudo ser Manuel que quería deshacerse de su cuñada por ambición, pero él también fue asesinado de forma muy rara y Lisa está muerta.
María Helena guarda silencio un tanto nerviosa al escucharla.
Marissa: Yo creo que hay hablar con la policía.
María Helena: ¿Usted cree que sirva de algo?
Marissa: Tengo un viejo amigo de la universidad que nos podría ayudar y que trabaja actualmente como detective. Este caso le podría interesar. Es más, podría llamarlo ahora mismo (Saca su celular).
María Helena: (la detiene) Yo no creo que sea buena idea, doña Marissa.
Marissa: ¿Por qué lo dices?
María Helena: Es que todo ese asunto del asesinato de Helena ya pasó. ¿Para qué removerlo si ya se sabe que fue Carolina la que estuvo detrás?
Marissa: Carolina cometió un crimen horrible. ¿Por qué? No lo sé. Espero se me dé el chance de hablar con ella luego, pero no es justo que solo ella pague sabiendo que posiblemente hay alguien más detrás que quería asesinar a Helena junto con Lisa.
María Helena: (indecisa) Yo creo que es buena idea que le hable con la verdad.
Marissa: ¿A qué te refieres? ¿Sabes algo?
María Helena está a punto de hablar cuando son interrumpidos por Lisa, quien llega caminando un tanto apurada. Marissa justo le da la espalda por lo que ambas no se ven.

Lisa: ¿Cómo está mi pa…? (Se detiene abruptamente) ¿Cómo está Eduardo?
Marissa voltea a verla y se sorprende.
Lisa: Tú… Tú aquí…
Marissa se pone seria y se pone de pie.
Marissa: Qué bueno que te veo porque justo contigo quería hablar. Quiero que me expliques qué es esa historia absurda de que mi hijo intentó abusar de ti.
Lisa la ve de forma fulminante, pero Marissa no se queda atrás y también la ve de forma retadora. María Helena siente cierta tensión.
Marissa: ¿Entonces? ¿Me vas a explicar?
Lisa: No creo que tenga mucho qué explicarte. Tu hijo es un pervertido que quiso sobrepasarse conmigo cuando muy gentilmente fui a su habitación para llevarle una camisa nueva.
Marissa: No te hagas la lista conmigo. Pablo ya me contó que fuiste tú la que quiso sobrepasarse con él pidiéndole que se acostara contigo.
Lisa: Es lo que dicen todos los potenciales violadores como él. ¿De verdad le creíste?
Marissa: Es mi hijo y por supuesto siempre le voy a creer, además de que lo conozco y jamás haría una cosa así con ninguna mujer.
Lisa: Pues allá tú. Por mí el imbécil se puede podrir en la cárcel porque no creas que pienso retirar la denuncia. Todo lo contrario. Voy hasta a hablar con mi abogado.
Marissa: Si así van a ser las cosas, entonces yo también voy a hablar con el mío y voy a contrademandar por calumnia.
Lisa: Haz lo que quieras. Me valen tus amenazas de ruca frustrada. Para empezar no sé ni qué haces aquí si ya entre tú y Eduardo no hay nada.
Marissa se sorprende de que Lisa sepa sobre su relación con Eduardo. María Helena, nerviosa, decide intervenir.
María Helena: Ya está bueno, Martina. No saques cosas tan personales que no vienen al caso.
Lisa: Don Eduardo me lo contó la noche que tú pasaste en el hospital, amiga. Él me dijo que había roto su compromiso con ésta.
María Helena: Como sea, es la vida privada de ellos y aquí lo que importa es que retires esa denuncia que le metiste a Pablo.
Lisa: ¿Vas a ponerte del lado de esta gente, en serio?
María Helena: Es que yo también lo conozco. Él sería incapaz de sobrepasarse con una mujer. ¿Te volviste loca?
Marissa: No te preocupes, María Helena. Déjala. Si ella quiere que las cosas lleguen al fondo, así será. Yo siendo tú me alejaría de este tipo de “amigas”.
Marissa y Lisa se miran de forma retadora. Todas son interrumpidas repentinamente por un doctor.
Doctor: ¿Familiares o conocidos de Eduardo Román?
Todas se acercan con preocupación.
María Helena: Yo soy su hija, doc. ¿Cómo sigue mi papá?
Doctor: (serio) Logramos estabilizarlo.
Marissa: (aliviado) ¡Gracias a Dios!
Doctor: Pero todavía se encuentra delicado. Vamos a tenerlo en observación constante para ver cómo va evolucionando. Como entenderán, la cirugía para extraer la bala fue riesgosa.
María Helena: Claro, me imagino.
Lisa: ¿Podemos pasar a verlo?
Marissa se extraña por el interés de Martina sin imaginar que sea Lisa.
María Helena: ¿Que no escuchaste que aún está delicado?
Doctor: Efectivamente, es mejor dejarlo descansar, por lo que menos el día de hoy y ya mañana veremos. La crisis que tuvo hace rato fue debido a que se agitó cuando habló con la señora aquí presente.
Marissa: (apenada) Sí, es cierto.
María Helena: Bueno, estaremos pendientes por si algo. Gracias por todo, doctor.
Doctor: Con gusto.
El doctor se retira de la sala de espera. Cada una de las mujeres se ve más aliviada.
María Helena: ¿Lo ve, doña Marissa? Le dije que mi papá iba a ser fuerte. Él no se va a ir sin antes aclarar las cosas con usted.
Marissa: Espero que sí podamos hacerlo luego. Todavía tengo mis dudas a pesar de lo que me dijiste.
Lisa: (interviniendo) ¿Aclarar qué? Eduardo está muy dolido contigo y si terminaron, seguro fue por algo que tú le hiciste.
Marissa: Tú no sabes nada de mi vida. No te metas.
Lisa: Sé más de lo que crees. Una mujer de tu clase no merece estar al lado de un hombre como él. Eduardo merece otro tipo de mujer.
Marissa la mira con reproche y voltea para ignorarla.
Marissa: ¿Sabes qué, María Helena? Lo mejor es que me vaya. Voy a ir a la estación de policía a ver a mi hijo y de paso, quiero ver si llevaron también a Carolina. Quisiera hablar con ella.
Lisa: Está muerta.
Marissa y María Helena voltean a ver impactadas.
Marissa: ¿Qué dijiste?
Lisa: Lo que oíste. ¿O ya la edad te está dejando sorda y senil?
María Helena: ¡Ya fue suficiente de insultos, manita! Esto es serio. ¿Qué fue lo que pasó con Carolina?
Lisa: Se suicidó. Como recordarás, yo estaba en la hacienda cuando todo pasó y la policía la encontró muerta, en la piscina, con una cortada en el cuello. Dicen las malas lenguas que murió igual que tu mamá, la tal Helena.
Marissa enmudece y da un paso hacia atrás notablemente afectada, por lo que toma asiento, siendo ayudada por María Helena.
María Helena: ¿Se siente bien, doña Marissa?
Marissa: Creo que no.
María Helena: (preocupada) ¿Quiere que llame a un médico o una enfermera?
Marissa: No, no hace falta. Es solo la impresión.
María Helena: Espéreme aquí. Voy a traerle un vaso de agua y ya regreso. Tú acompáñame.
María Helena le hace una seña con los ojos a Lisa y ambas se retiran de allí. Marissa se queda y respira agitada.
Marissa: ¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué, Carolina? ¿Por qué llegar a algo así? Te fuiste sin que pudiéramos hacer las paces.
Marissa solloza y se lleva una mano a la boca sin poder reponerse aún de tal noticia. Entretanto, María Helena toma con cierta brusquedad de un brazo a Lisa y la obliga a entrar a un baño.


Lisa: (fastidiada) ¡Óyeme! No me trates como un monigote, imbécil. ¿Quién te crees?
María Helena: ¡Cállate porque ahora sí me vas a oír!
María Helena se fija que no haya nadie más en el baño.
Lisa: (muy molesta) ¿Cómo te atreves a hablarme así? ¿Desde cuándo los pájaros tirándole a las escopetas?
María Helena: Yo te hablo cómo me dé la gana. Te recuerdo que estás en mis manos así como yo estoy en las tuyas, manita, así que bájale dos rayitas a tus aires de superioridad.
Lisa: (resignada) ¿Qué quieres?
María Helena: Fuiste tú, ¿no? Tú mataste a Carolina.
Lisa: ¿Y qué si lo hice? ¿No se lo merecía? Por culpa de esa maldita infeliz mi vida no ha sido más que una mierda (Habla con mucho odio y desprecio).
María Helena: (exaltada) ¡Pues no debiste! Igual la policía estaba detrás de ella por haber matado a Helena. ¿Por qué tenías que meterte en algo así? ¿Cómo es que tienes la sangre tan fría como para acabar con la vida de alguien así nada más?
Lisa: El que yo sea así debes agradecérselo a nuestra mamita, la zorra esa que siempre nos mintió a todos engañando a Eduardo y propagando la pinche mentira de que yo era hija de Epifanio de La Torre. ¿Es que no lo ves?
Lisa respira agitada tensando la mandíbula ante el gran odio que siente.
Lisa: Carolina lo sabía todo y cerró el pico la muy mustia. Ocultó que yo sí era hija de Eduardo y me enamoré de él. ¡Hicimos el amor! Mi propio padre me hizo suya… (Solloza) ¿Tienes idea de cómo me estoy sintiendo por dentro? ¿Tienes al menos una mínima idea?
María Helena: Puede que no y hasta lástima siento por ti, pero ahorita que ya sabes la verdad, deberías parar.
Lisa: No voy a parar ahora que llegué tan lejos y menos ahora que nadie sabe quién soy.
María Helena: ¿De verdad vas a seguir?
Lisa: No voy a renunciar a Eduardo.
María Helena: ¡Es nuestro padre! Tienes que detenerte.
Lisa: ¡Pues muy tarde! Ahora soy otra. Eduardo nunca va a saber mi identidad y va a aprender a amarme, a desearme como mujer. Ya no me verá como una hija.
María Helena niega con la cabeza, sintiendo gran indignación. Lisa derrama un par de lágrimas y sonríe muy trastornada.
Lisa: Tanto es así que ya le di una probadita y pude ver que le gustó.
María Helena: ¿De qué estás hablando?
Lisa: Lo que oíste. El día que él vino a recogerte al hospital, me hice la tonta y fui a buscarlo a su habitación. Lo vi justo saliendo de la ducha, desnudo y le dije de una vez lo mucho que me fascinaba.
María Helena: (impactada) ¿Te acostaste con él?
Lisa: Tanto como acostarme no, pero sí aproveché para tocar esa parte de él que tanto me vuelve loca y no te imaginas lo deli que se sintió.
Lisa huele su mano con cierto fetichismo y cierra los ojos recordando aquel momento. María Helena la mira con los ojos desorbitados.
Lisa: Es que si te pudieras meter a mi mente y ver todo lo que se me pasa al pensar en ese hombre, me entenderías…
María Helena: (solloza) Jamás te voy a entender. Todavía no me hago a la idea de que después de enterarte de una cosa así, sigas empecinada en querer tener a mi papá, nuestro papá, para ti. Estás muy enferma.
Lisa: Enferma o no, no pienso detenerme. Nada más haré que nunca supe nada y en parte hasta me gusta esto, ¿sabes? El saber que es mi padre, va a fortalecer todo este amor y este deseo que siento por él.
María Helena: Déjate ayudar, Lisa. Puede que no hayamos crecido juntas por los errores de nuestra madre, pero no quiero que termines mal. Muy a pesar de todo, somos hermanas.
Lisa: No me vengas con dramas familiares. Tu cariño me vale un rábano. El único amor que quiero tener es el de Eduardo y no me voy a dar por vencida. Vas a ver.
María Helena: Pues si no es por las buenas, va a tocar hacerlo por las malas.
Lisa: ¿Qué quieres decir con eso? ¿Me estás amenazando?
María Helena: Tómalo como quieras, manita. Nada más te estoy avisando que no voy a permitir que le hagas daño a mi papá.
Lisa: También es el mío.
María Helena: Tú ya dijiste que nunca lo verás como tal porque te puede más lo cochina y lo enferma que eres al punto de seguir viéndolo como hombre.
Lisa: ¿Y qué hay de ti, Malenita? ¿Que acaso tú no lo ves como hombre? Porque cuando Manuel aún estaba vivo antes de que tú te lo echaras al plato, me contó que en alguna ocasión te cachó espiando a Eduardo, tal y como lo hacía yo.
María Helena: Porque el muy hijo de su madre me estaba confundiendo y metiéndome ideas sucias en la cabeza, pero jamás hubiera tenido tus alcances.
Lisa: No te hagas. Admítelo. Muy en el fondo nos une el mismo lazo y estamos conectadas más de lo que nosotras mismas nos imaginamos. Yo sé que así como yo, tú también te mueres también de deseo por él, lo quieres para ti y me tienes celos.
María Helena niega con la cabeza sin dar crédito a las palabras de su hermana.
Lisa: ¡Anda! Niégame que eres una mosca muerta que quiere también merendarse a mi papi. ¡Reconócelo!
María Helena no lo aguanta más y le lanza una cachetada. Lisa, enfurecida, se vuelve el rostro.
Lisa: ¿Cómo te atreves, malnacida?
Lisa intenta devolverle la bofetada, pero ágilmente, María Helena le retiene la mano.
María Helena: ¡No te atrevas! No te pienso permitir que me pongas la mano encima cuando mucho menos me la puso mi mamá Martha.
Lisa se suelta de mala gana.
Lisa: ¿Te estás creyendo muy valiente, imbécil? ¿Crees que puedes chantajearme a tu antojo solo porque conoces mi secreto? Porque si es así, bájate de esa nube. Yo también sé algo sobre ti que te puede dejar muy mal, manita.
María Helena: No hace falta que me amenaces con eso. Si tengo que confesar que maté a Manuel para ponerte un alto, lo voy a hacer sin dudar, pero que te quede muy claro que no voy a dejar que te acerques a mi papá y le hagas daño.
Lisa: (incrédula) ¿Ah sí? ¿Estás segura?
María Helena: (decidida) ¡Muy segura! Voy a decirles a todos que eres Lisa y así pare en la cárcel, no vas a hacer más daño.
Lisa: Vamos a ver qué tan segura estás después de escuchar esto.
Lisa, sonriendo con malicia, saca su celular del bolso y marca un número misterioso. María Helena la ve extrañada. La primera pone el celular en altavoz y pocos segundos después, un hombre contesta.

Nicanor: ¿Bueno?
Lisa: Eres “El Barbas”, ¿no? Soy yo, la amiga de tu patrón.
Nicanor: Ah, sí. ¿Cómo me le va, señorita? Fíjese que llamó en buen momento porque justo estoy aquí al lado de la señito.
Lisa: Ay, qué bueno. Entonces fue telepatía porque yo también tengo aquí a su hija que tiene muchísimas ganas de hablar con ella. Dale el teléfono a la vieja.
Martha: ¿Sí, bueno?
María Helena abre los ojos como platos al reconocer la voz de su madre adoptiva en el altavoz.
Martha: Malena, mija, me dijeron que eres tú. ¿Estás ahí?
María Helena respira agitada y le arrebata el teléfono a Lisa.
María Helena: (alertada) Mamá, mamita. ¿Dónde estás?
CIUDAD DE MÉXICO
INT. / HOSPITAL, HABITACIÓN / DÍA
Martha, al otro lado de la línea, se encuentra recostada en su cama aún recuperándose de su reciente cirugía. Un hombre vestido de enfermero justo está sentado al lado de ella.


Martha: ¿Qué pregunta, hija? Pues acá en el hospital. Estaba hablando con Nicanor, el enfermero. Él me dijo que le pediste estar muy pendiente de mí y hasta se pasaron los números de teléfono. Si vieras qué muchacho. Es súper atento.
Martha le sonríe al supuesto enfermero.
INT. / HOSPITAL DE VILLA ENCANTADA, BAÑO DE MUJERES / DÍA
María Helena no sabe qué decir, pero su expresión aterrada habla por sí sola. Martha se extraña al no recibir respuesta y su voz se escucha en altavoz.


Martha: Malena, mija. ¿Sigues así? ¿Qué pasó?
María Helena traga saliva.
María Helena: No pasa nada, mamá. Quédate tranquila. Nada más quería saber cómo estabas.
Martha: ¿Cuándo vas a venir? Me has tenido muy abandonada.
María Helena: Es que… He tenido mucho trabajo, pero no te preocupes. En estos días voy a hacerte la visita. ¿Va?
Martha: Bueno, cuídateme mucho, eh. No trabajes de más. No veo la hora de que me den de alta de este bendito hospital para que ya dejes esa chamba y vuelvas a la prepa. Tú sabes que debes estudiar.
María Helena: Sí, no te preocupes ahora por eso. Te prometo que no voy a abandonar mis estudios. Cualquier cosa que necesites, dile a los enfermeros, no solo a ese. ¿Bueno?
Martha: Pierde cuidado. Nicanor ha sido el mejor de todos los que me han atendido. Cuando está de turno, siempre me da ronda cada cinco minutos. Tú también quédate tranquila.
Lisa le hace una seña con los ojos para que dejen de hablar.
María Helena: Te dejo, mamá. Tengo que colgar y volver a la chamba. Te llamo luego.
Martha: Que te vaya bien, hija. Dios te bendiga.
Lisa le arrebata el celular y cuelga.
María Helena: ¿Qué significa esto? ¿Cómo es que supiste dónde está mi mamá?
Lisa: No me fue tan difícil averiguar su paradero. Tengo un amigo que me va a ayudar a hacer los trabajos sucios ahora que Manuel no está.
María Helena: (alterada) ¿Y qué buscas?
Lisa: ¿No es obvio, hermanita? Tenerte en mis manos. Yo sabía que en cualquier momento ibas a sacar las uñas de gata igualada que tienes y me adelanté para tener algo con qué manipularte. ¿Y qué mejor que la vieja moribunda esa?
María Helena: ¡No te atrevas a insultarla ni mucho menos a hacerle daño!
Lisa: Quien pone las reglas del juego ahora voy a ser yo, no tú, así que no te equivoques.
María Helena respira profundo e intenta tranquilizarse.
María Helena: No le vayas a hacer nada, por favor. Mi mamá no tiene nada que ver en esto. Ella recién salió de una operación riesgosa. Te lo suplico.
Lisa: Eso va a depender de ti. Yo no le hago nada a tu mami adoptiva y tú no intervienes en mis planes. ¿Estamos?
María Helena guarda silencio mirándola con suma rabia e impotencia. Lisa la toma con brusquedad del mentón.
Lisa: Te hice una pregunta. ¿Estamos?
María Helena asiente de mala gana con la cabeza.
María Helena: Te lo prometo.
Lisa: Más te vale porque si llegas a hacer algo en mi contra, no me va a temblar la mano para hacer una llamada y mandar a esa señora al otro lado. Te dejo que tengo cosas que hacer, eh. Bye.
Lisa le tira un beso y sale del baño. María Helena suelta un leve gemido y se recuesta en el lavabo mientras se pasa una mano por la cabellera.
María Helena: Tengo que hacer algo. Mi mamá corre en peligro en manos de esta tipa.
María Helena se apresura a sacar su celular y marca un número a espera de que le contesten.
INT. / CABAÑA DE EPIFANIO / DÍA
Cruz se encuentra sentada frente a una laptop y justo termina de enviar un video por e-mail. Hay una cámara puesta sobre un trípode que al parecer estaba grabando a Epifanio sentado en un sillón.


Cruz: Ya está. La policía ya tiene el video con su confesión. Ellos creerán que usted grabó este video antes de su muerte.
Epifanio: ¿Crees que ellos logren detener a Lisa? Porque si le llega a hacer algo a Marissa, no creo que lo llegue a aguantar. No quiero perder a mi otra hija.
Cruz: No la matará. Ella misma le dijo a María Helena que no pretende asesinarla, sino hacerla sufrir, así que despreocúpese. Esta vez no le pienso fallar, don Epifanio.
Epifanio: Esta vez no te puedo creer. Ni siquiera sé cómo es que todavía te sigo el juego en el que me metiste. ¿Qué tal si la policía rastrea de dónde viene ese video que enviaste?
Cruz: No lo harán. Recuerde que contraté a un hacker para interceptar el celular de Carolina y también le pagué para que me enseñara unos cuantos truquitos de tecnología. No hay manera de que rastreen esta dirección.
De repente, el celular de la mujer puesto sobre el escritorio frente al cual está sentada suena.
Epifanio: ¿Quién es?
Cruz: María Helena.
Epifanio: Contéstale. Puede querer llamar para contar algo importante.
Cruz acepta la llamada no sin antes configurar el micrófono para distorsionar su voz y lleva el celular a su oreja.
Cruz: (seria) ¿Sí?
INTERCUT MARÍA HELENA/CRUZ

María Helena: Qué bueno que contestas. Lisa me tiene amenazada. No sé cómo supo el hospital donde está mi mamá, pero el caso es que tiene allá a un bandido haciéndose pasar por enfermero.
Cruz: Tranquilízate. Todo está saliendo tal cual lo planeado.
María Helena: ¿Tranquilizarme? El tipo ese puede hacerle daño a mi mamá en cualquier momento por orden de Lisa. No creo que pueda aguantar más. Voy a tener que hablar con la policía y decirles que quien me metió en todo esto fuiste tú.
Cruz: No será necesario. Justo antes de que llamaras, envié a la policía un par de videos que cambiarán el curso de las cosas, entre ellos, el video donde se ve claramente que no fuiste tú la que mató a Manuel Román.
María Helena: ¿Y qué muestra el otro video?
Cruz: Ya lo sabrás en su momento cuando la policía te ubique para interrogarte. Tú solo diles la verdad y si hablas de mí, hazlo. Total nadie sabe mi identidad y no tienen cómo saberla.
María Helena: Si la policía me busca y me interroga, Lisa podría darse cuenta y mandar a matar a mi mamá. Ella incluso piensa hacerle algo a Eduardo y ahora que sé que es mi papá, tampoco quiero que le pase nada (Desesperada).
Cruz: Nada más siéntate a ver y confía en que todo saldrá bien, muchacha. Lisa está acabada y no le queda mucho tiempo. Todo lo que ha pasado fue tal cual como lo calculé.
María Helena: ¿Incluso el que Lisa matara a Carolina de La Torre? Porque por si no lo sabes, eso fue lo que hizo anoche después de enterarse de que Carolina le ocultó a todos que sí somos hijas de Eduardo.
Cruz: ¿Y quién crees que le envió a Eduardo Román aquella correspondencia?
María Helena: (sorprendida) Entonces fuiste tú… Fuiste tú la que provocó todo ese desmadre.
Cruz: Era necesario destapar aquella verdad costara lo que costara.
María Helena: No estoy de acuerdo contigo. Cuando mi papá enfrentó a Carolina, la muy loca sacó un arma y le disparó. Él ahorita está delicado y luego Lisa la mató a ella. ¿Esta es tu dizque justicia? ¿Ver a los unos matándose a los otros? (Indignada)
Cruz: Lo de Carolina fue un grave error de cálculo de mi parte, pero ya no habrá más fallas. Confía en mí.
María Helena: Me es muy difícil poder confiar en alguien a quien ni siquiera le conozco la cara.
Cruz: Mi identidad no te importa. Tan solo traté de poner en orden las cosas que tu difunta madre y hasta yo de cierta forma provocamos.
María Helena: (desconcertada) ¿De qué estás hablando?
Cruz: Me da gusto al menos ver que no fuiste como ella ni como Lisa. Tú rompiste con el ciclo de maldad de esas dos. Nunca dejes de ser como eres, mi niña.
Cruz cuelga la llamada y apaga el celular.
María Helena: ¿Bueno? ¿Bueno?
María Helena intenta volver a llamar, pero la llamada se va a buzón de voz.
María Helena: ¿Por qué me dijo esas cosas? ¿Quién es este tipo o tipa? Pero bueno. ¿Qué importa ya? Tengo que hacer algo. No me puedo quedar de brazos cruzados.
María Helena intenta pensar en algo y tiene un recuerdo.
FLASHBACK
Marissa: Yo creo que hay hablar con la policía.
María Helena: ¿Usted cree que sirva de algo?
Marissa: Tengo un viejo amigo de la universidad que nos podría ayudar y que trabaja actualmente como detective. Este caso le podría interesar. Es más, podría llamarlo ahora mismo (Saca su celular).
FIN DEL FLASHBACK
María Helena: (dejando de recordar) No hay de otra. Es la única salida que tengo.
María Helena se queda pensativa un par de segundos y luego sale del baño.
INT. / CABAÑA DE EPIFANIO / DÍA
Cruz, por su parte, luce pensativa. Epifanio se da cuenta.


Epifanio: ¿Qué ocurre? ¿Era algo malo?
Cruz: Nada de lo cual angustiarnos.
Epifanio: ¿Y por qué estás así? ¿Qué te pasa?
Cruz: Pensaba que María Helena. Es una muchacha de oro y me alegra ver que algo bueno salió de mi. Es triste no poder tener la oportunidad de decirle que soy su abuela y acercarme a ella, pero es mejor así.
Epifanio: ¿Te simpatiza María Helena mientras que a Lisa la quisiste muerta? Porque la noche que me dejaste aquella nota revelándome la verdad, Gracia había intentado matarla en el hospital.
Cruz: Yo no le ordené a Gracia que matara a Lisa. Fue iniciativa de ella como también la vez que quiso acabar con Luis Enrique Escalante en su departamento, pero en ambas ocasiones falló. Lisa también es mi nieta y como mucho, quiero que termine en la cárcel.
Epifanio guarda silencio unos cuantos segundos.
Epifanio: ¿Qué te puedo decir? En parte te entiendo.
Cruz alza la cabeza y lo ve con cierto interés.
Cruz: ¿De veras?
Epifanio asiente con la cabeza y se pone de pie apoyándose de su bastón para luego acercarse a ella.
Epifanio: He pensado mucho en la vida tan miserable que has tenido, Cruz. ¿Qué me iba a imaginar que la vieja bruja y bigotuda que tenía por ama de llaves, la misma de la que me burlaba y a la que maltrataba con mi dureza, cargaba con tanto?
Cruz lo escucha con atención, pero se sorprende cuando el hombre la toca con delicadeza del mentón.
Epifanio: Aunque me cueste en el alma, debo reconocer que me acostumbré muchísimo a tu presencia y quizá muy en el fondo, hasta cariño te he tenido. Has sido como esa compañera que puse a mi izquierda, a la que nunca le di importancia, pero ahí estaba.
Cruz: Me deja sin palabras.
Epifanio: Ni yo sé de dónde estoy sacando el coraje para decirte todo esto, pero tengo que darte las gracias por estar a mi lado.
Cruz: ¿Usted dándome las gracias? Caray, me sorprende. Ni con la pócima secreta que le di una vez para que se transformara en un tigre, me imaginé que algún día me diría algo así.
Epifanio: (confundido) ¿Qué pócima?
Cruz se ríe muy levemente y se pone de pie esbozando una sonrisa.
Cruz: Olvídelo. Tengo que irme y estar muy pendiente de lo que pase en el pueblo ahora que se avecinan grandes cosas. Vuelvo luego.
Cruz está dispuesta a retirarse, pero es retenida por Epifanio, quien la toma de un brazo.
Epifanio: Espera, no te vayas. Todavía no termino.
Cruz: ¿De verdad tiene más para decir?
Epifanio: Quiero pedirte también perdón por todos esos años en los que fui duro contigo.
Cruz se sorprende.
Epifanio: Y sí, todavía me cuesta perdonarte por haberme ocultado que Helena era tu hija y por haber callado tantas cosas que nos trajeron hasta donde estamos, pero yo también cometí errores y me parece justo que te pida perdón.
Cruz: Esto sí que me toma fuera de guardia, don Epifanio, pero si lo deja más tranquilo, no tengo nada que perdonarle. El amor que siento por usted ha sido más fuerte y tampoco me tiene que dar las gracias porque el permitirme ser su ama de llaves fue suficiente para mí.
Epifanio: No tienes que mentirte a ti misma. Tú ya me confesaste que siempre quisiste más. Por algo delataste a mi difunta esposa y me contaste que Luis Enrique no era hijo mío. Querías que me fijara en ti al divorciarme. Luego hace poco me pediste matrimonio.
Cruz: Pero no sucedió y con el haber trabajado para usted me conformo.
De repente, el hombre la besa. Cruz se sorprende y lo permite, pero luego se separa.
Cruz: ¿Qué hace, don Epifanio? ¿Se ha vuelto loco?
Epifanio: Tú eres lo único que me queda en la vida, Cruz.
Cruz: No lo entiendo. Esta mañana me estaba odiando y ahora me dice esto.
Epifanio: Mírame. Todos piensan que estoy muerto. Mi vida no va a ser la misma nunca más y siempre voy a vivir así, escondiéndome. Ni siquiera puedo acercarme a la única hija que me queda, muy parecido a lo que te pasa a ti con María Helena.
Cruz: ¿A dónde quiere llegar?
Epifanio: Que tenemos que estar juntos e intentar darnos la oportunidad que por diferentes cosas que pasaron no nos dimos. Quédate conmigo por lo que reste de vida, Cruz.
Cruz respira agitada sin poder dar crédito a aquellas palabras y comienza a sollozar.
Epifanio: Quédate conmigo y ámame como nunca pudiste. Quiero aprender a amarte.
Cruz: Entonces, ¿no lo hará? ¿No me va a matar como se lo pedí cuando todo esto acabe? Mire que por mi culpa su hija…
Epifanio: (la interrumpe) Me duele en el alma la muerte de Carolina, pero no puedo tapar el sol con un dedo. Ella buscó de cierta manera terminar así y no fue directamente tu culpa.
Cruz derrama un par de lágrimas de alivio al escucharlo y quiebra la voz.
Cruz: Yo sí siento cómo si lo fuera. Cometí demasiados errores, don Epifanio.
Epifanio: Callaste las fechorías de Helena por el deber moral que tenías con ella al habérsela vendido a los Montalbán. Era tu hija después de todo y créeme que ya lo entendí.
Cruz: Puede ser, pero también tenía un deber moral con usted. Tendría que haberle dicho la clase de mujer que era.
Epifanio: Aunque hubieras hablado conmigo, yo como mucho hubiera cortado con Helena, pero ella se habría buscado otro imbécil como yo de amante y hubiera pensado que Lisa era hija de ese otro y no mía. ¿En qué cambiaban las cosas?
Cruz rompe a llorar sintiéndose sumamente mal.
Epifanio: Incluso Carolina también hubiera hecho los exámenes aquellos de ADN en secreto para destapar las infidelidades de Helena y así comprobar que Lisa no era hija de Eduardo, pero el resultado hubiera sido el mismo.
Epifanio limpia las lágrimas de la mujer con suma delicadeza y mirándola con cierta compasión.
Epifanio: Date cuenta. Lisa hubiera crecido creyendo que su padre era otro y al final, se hubiera terminado obsesionado con Eduardo como hoy. Tarde que temprano, Carolina hubiera matado a Helena, independientemente de que yo fuera su amante. ¿Lo ves? Es la misma historia.
Cruz: Puede que tenga razón, sin embargo, Luis Enrique también se convirtió en un ampón indirectamente por mi culpa y usted también me lo recalcó.
Epifanio: Tampoco te sientas responsable. Te lo dije en un momento de rabia. Si bien tú delataste a mi esposa, fui yo quien obró mal cuando comencé a maltratarlo como si él hubiera tenido la culpa del engaño de su mamá. Deja de cargar con culpas que no son tuyas.
Cruz: Me es difícil. De una forma u otra, esta historia la desaté yo.
Epifanio: No. Todos la desatamos. Todos participamos y no hay quien esté libre de pecado. Dejemos el pasado cuando todo esto acabe y vámonos lejos.
Cruz: ¿Irnos?
Epifanio: Lo que oíste. Quiero que nos vayamos lejos y empecemos una historia diferente, una historia tuya y mía. Cásate conmigo, Cruz.
Cruz traga saliva e intenta hablar, pero solo balbucea. Epifanio le esboza una muy leve sonrisa.
Epifanio: ¿Aceptarías?
Cruz solo lo mira con los ojos bañados en lágrimas y asiente sin poder dejar de llorar.
Cruz: Sí, quiero. Claro que acepto, mi tigre.
Cruz se lanza a besarlo apasionadamente. Epifanio le corresponde y la presiona contra su cuerpo mientras ella rodea con sus brazos el cuello de él.
Cruz: Te amo. Te amo tanto (Dice llorando).
Epifanio: (susurrando) Y yo te doy gracias por tanto amor.
Los dos continúan besándose de forma apasionada durante un largo rato.
CONTINUARÁ…


Marissa: Gracias, Malena. Eres muy amable.
María Helena: No hay de qué. Va a necesitarlo.
María Helena se sienta al lado de la mujer.
María Helena: Usted también ha estado acá desde la noche sin pegar el ojo, acompañándome y quiero agradecerle por eso a pesar de que tiene sus problemas.
Marissa: Siempre trato de ser muy fuerte y centrada, pero esta vez se me derrumbó el mundo. Lo que Danilo me hizo es tanto o peor de horrible que lo me hizo Luis Enrique y luego veo a Eduardo, en ese estado, al borde de la muerte, diciéndome que me ama. Es como para enloquecerme.
María Helena: Puede que yo sea una chava inexperta, joven y que todavía no conoce mucho de la vida, pero tiene que sobreponerse, doña Marissa. Usted es una gran mujer y por lo que he conocido, ya sufrió bien gacho en el amor. Merece ser feliz.
Marissa: Es difícil cuando te sientes tan usada, tan burlada, tan humillada…
María Helena: Dígame algo. ¿Usted de verdad estaba enamorada o sentía algo por Danilo?
Marissa guarda silencio un par de segundos.
Marissa: Me entregué a él, pero no por amor. Danilo me había insistido tanto que terminó convenciendo de que podíamos intentar darnos una oportunidad a pesar de que muy en el fondo no me sentía lista.
María Helena: ¿Por qué?
Marissa: Porque aún tenía y tengo muy metido en el corazón a tu papá. Esa es la verdad. A pesar de que él también me engañó, me ha costado más olvidarlo que a Luis Enrique con el que estuve casada tantos años.
María Helena: Puede ser porque usted ya no amaba a Luis Enrique. Lo que tenía con él era un matrimonio de rutina donde el amor se había acabado hacía mucho.
Marissa: Tienes razón. Mi matrimonio era solo rutina y un estado civil nada más, pero amor no había y conocer a Eduardo me dio un vuelco y aunque corto, fue algo muy intenso. Nada más espero que pueda mejorarse para hablar con calma. Me da miedo que…
Marissa se detiene.
Marissa: Perdóname, María Helena. No quisiera tener que decirte esto, pero lo vi tan mal y me da tanto miedo que ya no aguante.
María Helena: Yo sé que él va a ponerse bien y se va a recuperar, doña Marissa. Mi papá tiene mucho por vivir todavía conmigo, con usted…
Marissa: No sé si le vaya a dar una oportunidad. Han pasado muchas cosas y aún necesito que me explique la grabación en la que conversaba con Manuel y admitía que solo quería casarse conmigo por interés.
María Helena: Pues estoy segura que va a tener la explicación que necesita. Como le dije usted se merece ser feliz porque le puedo asegurar que mi papá ha sufrido muchísimo también. Los dos se lo merecen.
Marissa se queda pensativa.
Marissa: ¿Y qué hay de Carolina? Por lo que me dijiste, no ha hecho más que acosar a Eduardo y hasta se atrevió a dispararle.
María Helena: Lo hizo porque él quiso romper su compromiso con ella.
Marissa: Entonces estaban comprometidos.
María Helena: Sí, pero le juro que fue lo último a lo que quiso recurrir mi papá en vista de que ella comenzó a amenazarlo con quitarle la hacienda ya que la muy hija de su madre pagó la hipoteca sin que nadie se lo pidiera.
Marissa se sorprende al escucharla.
María Helena: Y anoche, pues ya fue la gota que colmó el vaso. No sé quién le hizo llegar a mi papá un sobre con los resultados de ADN donde se probaba que Lisa sí era hija biológica de él, y Carolina al parecer fue la que mandó a hacer esos exámenes en secreto.
Marissa: (impresionada) No lo puedo creer. Siempre tuve entendido que tanto tú como ella solo eran hijas de Helena y uno de sus tantos amantes.
María Helena: Exacto, de Epifanio de La Torre.
Marissa: ¿Don Epifanio?
María Helena: Es lo que Manuel le dijo a Lisa o ella lo escuchó, no sé. El punto es que la que propagó esa mentira fue la misma Helena, mi madre y anoche cuando Carolina discutía con mi papá, por lo que entendí, Helena pensó que mi papá era estéril.
Marissa: Es que no logro hacerme a la idea. No estaba enterada que don Epifanio había sido amante de Helena también. No sé si lo supiste, pero el día del incendio en la mansión de La Torre, antes de que yo saliera, le dije a Pablo que debía ir porque Carolina era mi hermana. Tú estabas ahí.
María Helena: Sí, lo recuerdo. Pablo quedó bien confundido porque pensó que usted no tenía parientes en Villa Encantada. Me imagino que Epifanio era su padre, ¿no?
Marissa: Supones bien. Yo no lo sabía tampoco hasta que llegué a este pueblo y me encontré con él. En fin, cosas entre mis padres y él que pasaron hace ya más de cuarenta años que ahora no vienen al caso.
María Helena: De haber resultado que Epifanio sí era padre de Lisa y mío, usted y yo seríamos hermanas.
Marissa: Es cierto, pero ahora no me logro poner en los zapatos de Eduardo. Enterarse de algo así después de que Lisa estuvo tan obsesionada con él. ¡Qué turbio!
María Helena: Y aún más, me temo.
Marissa: ¿De qué se trata?
María Helena: Carolina fue la que mató a Helena.
Marissa: Fue lo que dijo Eduardo anoche, pero pensé que a lo mejor estaba alucinando por efecto de la anestesia.
María Helena: Pues es verdad. En el mismo sobre enviado venía una grabación de las cámaras de seguridad de la hacienda y ahí se ve que fue ella la que la asesinó.
Marissa se queda sin habla intentando reponerse ante tal información.
Marissa: Pero… Lisa era la que estaba detrás. Ella mismo me lo confesó cuando me tomó con rehén antes de tener el accidente donde murió. No entiendo.
María Helena: Yo tampoco entiendo mucho. Tal parece que mi amá biológica tenía a varias personas que querían su cabeza y Carolina fue la que se les adelantó a todos.
Marissa tiene un recuerdo de meses atrás cuando fue tomada como rehén por Lisa y obligada a conducir el auto mientras ella la amenazaba con un pistola.
FLASHBACK


Marissa: Por más que lo fuerces, Eduardo nunca te amará. Él te ve como una hija. Es inútil que hagas todo lo que estás planeando, muchacha.
Lisa: Pues aprenderá a amarme, así como amó a mi madre, que debe estar retorciéndose en el infierno por adúltera.
Marissa: (negando con la cabeza) En definitiva, estás muy mal. ¿Cómo pudiste ser capaz de atentar contra tu propia madre, la mujer que te trajo al mundo?
Lisa: Lo merecía por haberse portado como una prostituta con cuanto hombre se le cruzara en frente, por haberse burlado de mi papá que es tan bueno, además, yo no fui quien la mató.
Marissa: ¿De qué estás hablando? Yo escuché en el video cuando le decías a Casimira que pensabas matarla como a Helena y a Lucrecia, tu madre y abuela respectivamente.
Lisa: Sí, eso le dije, pero digamos que el asesinato de Helena no fue solo mi responsabilidad. Hay alguien más quien hizo el trabajo sucio por mí, alguien que también la odiaba tanto como yo.
Marissa: (sorprendida) Entonces, ¿no estás sola en esto? ¿Hay alguien que te da órdenes?
Lisa: No pienso responder a tus preguntas, imbécil. Ocúpate de conducir antes de que te mande al otro mundo con esa partida de mujerzuelas.
FIN DEL FLASHBACK
Marissa: (dejando de recordar) ¡Claro! ¿Cómo no lo pensé antes?
María Helena: ¿Qué pasó?
Marissa: Con el frenesí del accidente ese día, olvidé por completo un detalle importante. Lisa tenía un cómplice. Ella misma admitió que fue alguien más que mató a Helena.
María Helena: ¿De verdad? ¿Entonces Carolina y Lisa tramaron todo juntas?
Marissa: No lo creo. Carolina llegó ese día a la boda conmigo junto con los policías para que arrestaran a Lisa. Yo tenía el celular de la muchacha donde había una grabación donde confesaba todos sus crímenes. Hay alguien más detrás de ese asesinato.
María Helena: Ahora sí que me hice bolas. Qué complicado.
Marissa: A mí más bien me parece preocupante pensar que el cómplice de Lisa ande por ahí como si nada. Pienso que pudo ser Manuel que quería deshacerse de su cuñada por ambición, pero él también fue asesinado de forma muy rara y Lisa está muerta.
María Helena guarda silencio un tanto nerviosa al escucharla.
Marissa: Yo creo que hay hablar con la policía.
María Helena: ¿Usted cree que sirva de algo?
Marissa: Tengo un viejo amigo de la universidad que nos podría ayudar y que trabaja actualmente como detective. Este caso le podría interesar. Es más, podría llamarlo ahora mismo (Saca su celular).
María Helena: (la detiene) Yo no creo que sea buena idea, doña Marissa.
Marissa: ¿Por qué lo dices?
María Helena: Es que todo ese asunto del asesinato de Helena ya pasó. ¿Para qué removerlo si ya se sabe que fue Carolina la que estuvo detrás?
Marissa: Carolina cometió un crimen horrible. ¿Por qué? No lo sé. Espero se me dé el chance de hablar con ella luego, pero no es justo que solo ella pague sabiendo que posiblemente hay alguien más detrás que quería asesinar a Helena junto con Lisa.
María Helena: (indecisa) Yo creo que es buena idea que le hable con la verdad.
Marissa: ¿A qué te refieres? ¿Sabes algo?
María Helena está a punto de hablar cuando son interrumpidos por Lisa, quien llega caminando un tanto apurada. Marissa justo le da la espalda por lo que ambas no se ven.

Lisa: ¿Cómo está mi pa…? (Se detiene abruptamente) ¿Cómo está Eduardo?
Marissa voltea a verla y se sorprende.
Lisa: Tú… Tú aquí…
Marissa se pone seria y se pone de pie.
Marissa: Qué bueno que te veo porque justo contigo quería hablar. Quiero que me expliques qué es esa historia absurda de que mi hijo intentó abusar de ti.
Lisa la ve de forma fulminante, pero Marissa no se queda atrás y también la ve de forma retadora. María Helena siente cierta tensión.
Marissa: ¿Entonces? ¿Me vas a explicar?
Lisa: No creo que tenga mucho qué explicarte. Tu hijo es un pervertido que quiso sobrepasarse conmigo cuando muy gentilmente fui a su habitación para llevarle una camisa nueva.
Marissa: No te hagas la lista conmigo. Pablo ya me contó que fuiste tú la que quiso sobrepasarse con él pidiéndole que se acostara contigo.
Lisa: Es lo que dicen todos los potenciales violadores como él. ¿De verdad le creíste?
Marissa: Es mi hijo y por supuesto siempre le voy a creer, además de que lo conozco y jamás haría una cosa así con ninguna mujer.
Lisa: Pues allá tú. Por mí el imbécil se puede podrir en la cárcel porque no creas que pienso retirar la denuncia. Todo lo contrario. Voy hasta a hablar con mi abogado.
Marissa: Si así van a ser las cosas, entonces yo también voy a hablar con el mío y voy a contrademandar por calumnia.
Lisa: Haz lo que quieras. Me valen tus amenazas de ruca frustrada. Para empezar no sé ni qué haces aquí si ya entre tú y Eduardo no hay nada.
Marissa se sorprende de que Lisa sepa sobre su relación con Eduardo. María Helena, nerviosa, decide intervenir.
María Helena: Ya está bueno, Martina. No saques cosas tan personales que no vienen al caso.
Lisa: Don Eduardo me lo contó la noche que tú pasaste en el hospital, amiga. Él me dijo que había roto su compromiso con ésta.
María Helena: Como sea, es la vida privada de ellos y aquí lo que importa es que retires esa denuncia que le metiste a Pablo.
Lisa: ¿Vas a ponerte del lado de esta gente, en serio?
María Helena: Es que yo también lo conozco. Él sería incapaz de sobrepasarse con una mujer. ¿Te volviste loca?
Marissa: No te preocupes, María Helena. Déjala. Si ella quiere que las cosas lleguen al fondo, así será. Yo siendo tú me alejaría de este tipo de “amigas”.
Marissa y Lisa se miran de forma retadora. Todas son interrumpidas repentinamente por un doctor.
Doctor: ¿Familiares o conocidos de Eduardo Román?
Todas se acercan con preocupación.
María Helena: Yo soy su hija, doc. ¿Cómo sigue mi papá?
Doctor: (serio) Logramos estabilizarlo.
Marissa: (aliviado) ¡Gracias a Dios!
Doctor: Pero todavía se encuentra delicado. Vamos a tenerlo en observación constante para ver cómo va evolucionando. Como entenderán, la cirugía para extraer la bala fue riesgosa.
María Helena: Claro, me imagino.
Lisa: ¿Podemos pasar a verlo?
Marissa se extraña por el interés de Martina sin imaginar que sea Lisa.
María Helena: ¿Que no escuchaste que aún está delicado?
Doctor: Efectivamente, es mejor dejarlo descansar, por lo que menos el día de hoy y ya mañana veremos. La crisis que tuvo hace rato fue debido a que se agitó cuando habló con la señora aquí presente.
Marissa: (apenada) Sí, es cierto.
María Helena: Bueno, estaremos pendientes por si algo. Gracias por todo, doctor.
Doctor: Con gusto.
El doctor se retira de la sala de espera. Cada una de las mujeres se ve más aliviada.
María Helena: ¿Lo ve, doña Marissa? Le dije que mi papá iba a ser fuerte. Él no se va a ir sin antes aclarar las cosas con usted.
Marissa: Espero que sí podamos hacerlo luego. Todavía tengo mis dudas a pesar de lo que me dijiste.
Lisa: (interviniendo) ¿Aclarar qué? Eduardo está muy dolido contigo y si terminaron, seguro fue por algo que tú le hiciste.
Marissa: Tú no sabes nada de mi vida. No te metas.
Lisa: Sé más de lo que crees. Una mujer de tu clase no merece estar al lado de un hombre como él. Eduardo merece otro tipo de mujer.
Marissa la mira con reproche y voltea para ignorarla.
Marissa: ¿Sabes qué, María Helena? Lo mejor es que me vaya. Voy a ir a la estación de policía a ver a mi hijo y de paso, quiero ver si llevaron también a Carolina. Quisiera hablar con ella.
Lisa: Está muerta.
Marissa y María Helena voltean a ver impactadas.
Marissa: ¿Qué dijiste?
Lisa: Lo que oíste. ¿O ya la edad te está dejando sorda y senil?
María Helena: ¡Ya fue suficiente de insultos, manita! Esto es serio. ¿Qué fue lo que pasó con Carolina?
Lisa: Se suicidó. Como recordarás, yo estaba en la hacienda cuando todo pasó y la policía la encontró muerta, en la piscina, con una cortada en el cuello. Dicen las malas lenguas que murió igual que tu mamá, la tal Helena.
Marissa enmudece y da un paso hacia atrás notablemente afectada, por lo que toma asiento, siendo ayudada por María Helena.
María Helena: ¿Se siente bien, doña Marissa?
Marissa: Creo que no.
María Helena: (preocupada) ¿Quiere que llame a un médico o una enfermera?
Marissa: No, no hace falta. Es solo la impresión.
María Helena: Espéreme aquí. Voy a traerle un vaso de agua y ya regreso. Tú acompáñame.
María Helena le hace una seña con los ojos a Lisa y ambas se retiran de allí. Marissa se queda y respira agitada.
Marissa: ¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué, Carolina? ¿Por qué llegar a algo así? Te fuiste sin que pudiéramos hacer las paces.
Marissa solloza y se lleva una mano a la boca sin poder reponerse aún de tal noticia. Entretanto, María Helena toma con cierta brusquedad de un brazo a Lisa y la obliga a entrar a un baño.


Lisa: (fastidiada) ¡Óyeme! No me trates como un monigote, imbécil. ¿Quién te crees?
María Helena: ¡Cállate porque ahora sí me vas a oír!
María Helena se fija que no haya nadie más en el baño.
Lisa: (muy molesta) ¿Cómo te atreves a hablarme así? ¿Desde cuándo los pájaros tirándole a las escopetas?
María Helena: Yo te hablo cómo me dé la gana. Te recuerdo que estás en mis manos así como yo estoy en las tuyas, manita, así que bájale dos rayitas a tus aires de superioridad.
Lisa: (resignada) ¿Qué quieres?
María Helena: Fuiste tú, ¿no? Tú mataste a Carolina.
Lisa: ¿Y qué si lo hice? ¿No se lo merecía? Por culpa de esa maldita infeliz mi vida no ha sido más que una mierda (Habla con mucho odio y desprecio).
María Helena: (exaltada) ¡Pues no debiste! Igual la policía estaba detrás de ella por haber matado a Helena. ¿Por qué tenías que meterte en algo así? ¿Cómo es que tienes la sangre tan fría como para acabar con la vida de alguien así nada más?
Lisa: El que yo sea así debes agradecérselo a nuestra mamita, la zorra esa que siempre nos mintió a todos engañando a Eduardo y propagando la pinche mentira de que yo era hija de Epifanio de La Torre. ¿Es que no lo ves?
Lisa respira agitada tensando la mandíbula ante el gran odio que siente.
Lisa: Carolina lo sabía todo y cerró el pico la muy mustia. Ocultó que yo sí era hija de Eduardo y me enamoré de él. ¡Hicimos el amor! Mi propio padre me hizo suya… (Solloza) ¿Tienes idea de cómo me estoy sintiendo por dentro? ¿Tienes al menos una mínima idea?
María Helena: Puede que no y hasta lástima siento por ti, pero ahorita que ya sabes la verdad, deberías parar.
Lisa: No voy a parar ahora que llegué tan lejos y menos ahora que nadie sabe quién soy.
María Helena: ¿De verdad vas a seguir?
Lisa: No voy a renunciar a Eduardo.
María Helena: ¡Es nuestro padre! Tienes que detenerte.
Lisa: ¡Pues muy tarde! Ahora soy otra. Eduardo nunca va a saber mi identidad y va a aprender a amarme, a desearme como mujer. Ya no me verá como una hija.
María Helena niega con la cabeza, sintiendo gran indignación. Lisa derrama un par de lágrimas y sonríe muy trastornada.
Lisa: Tanto es así que ya le di una probadita y pude ver que le gustó.
María Helena: ¿De qué estás hablando?
Lisa: Lo que oíste. El día que él vino a recogerte al hospital, me hice la tonta y fui a buscarlo a su habitación. Lo vi justo saliendo de la ducha, desnudo y le dije de una vez lo mucho que me fascinaba.
María Helena: (impactada) ¿Te acostaste con él?
Lisa: Tanto como acostarme no, pero sí aproveché para tocar esa parte de él que tanto me vuelve loca y no te imaginas lo deli que se sintió.
Lisa huele su mano con cierto fetichismo y cierra los ojos recordando aquel momento. María Helena la mira con los ojos desorbitados.
Lisa: Es que si te pudieras meter a mi mente y ver todo lo que se me pasa al pensar en ese hombre, me entenderías…
María Helena: (solloza) Jamás te voy a entender. Todavía no me hago a la idea de que después de enterarte de una cosa así, sigas empecinada en querer tener a mi papá, nuestro papá, para ti. Estás muy enferma.
Lisa: Enferma o no, no pienso detenerme. Nada más haré que nunca supe nada y en parte hasta me gusta esto, ¿sabes? El saber que es mi padre, va a fortalecer todo este amor y este deseo que siento por él.
María Helena: Déjate ayudar, Lisa. Puede que no hayamos crecido juntas por los errores de nuestra madre, pero no quiero que termines mal. Muy a pesar de todo, somos hermanas.
Lisa: No me vengas con dramas familiares. Tu cariño me vale un rábano. El único amor que quiero tener es el de Eduardo y no me voy a dar por vencida. Vas a ver.
María Helena: Pues si no es por las buenas, va a tocar hacerlo por las malas.
Lisa: ¿Qué quieres decir con eso? ¿Me estás amenazando?
María Helena: Tómalo como quieras, manita. Nada más te estoy avisando que no voy a permitir que le hagas daño a mi papá.
Lisa: También es el mío.
María Helena: Tú ya dijiste que nunca lo verás como tal porque te puede más lo cochina y lo enferma que eres al punto de seguir viéndolo como hombre.
Lisa: ¿Y qué hay de ti, Malenita? ¿Que acaso tú no lo ves como hombre? Porque cuando Manuel aún estaba vivo antes de que tú te lo echaras al plato, me contó que en alguna ocasión te cachó espiando a Eduardo, tal y como lo hacía yo.
María Helena: Porque el muy hijo de su madre me estaba confundiendo y metiéndome ideas sucias en la cabeza, pero jamás hubiera tenido tus alcances.
Lisa: No te hagas. Admítelo. Muy en el fondo nos une el mismo lazo y estamos conectadas más de lo que nosotras mismas nos imaginamos. Yo sé que así como yo, tú también te mueres también de deseo por él, lo quieres para ti y me tienes celos.
María Helena niega con la cabeza sin dar crédito a las palabras de su hermana.
Lisa: ¡Anda! Niégame que eres una mosca muerta que quiere también merendarse a mi papi. ¡Reconócelo!
María Helena no lo aguanta más y le lanza una cachetada. Lisa, enfurecida, se vuelve el rostro.
Lisa: ¿Cómo te atreves, malnacida?
Lisa intenta devolverle la bofetada, pero ágilmente, María Helena le retiene la mano.
María Helena: ¡No te atrevas! No te pienso permitir que me pongas la mano encima cuando mucho menos me la puso mi mamá Martha.
Lisa se suelta de mala gana.
Lisa: ¿Te estás creyendo muy valiente, imbécil? ¿Crees que puedes chantajearme a tu antojo solo porque conoces mi secreto? Porque si es así, bájate de esa nube. Yo también sé algo sobre ti que te puede dejar muy mal, manita.
María Helena: No hace falta que me amenaces con eso. Si tengo que confesar que maté a Manuel para ponerte un alto, lo voy a hacer sin dudar, pero que te quede muy claro que no voy a dejar que te acerques a mi papá y le hagas daño.
Lisa: (incrédula) ¿Ah sí? ¿Estás segura?
María Helena: (decidida) ¡Muy segura! Voy a decirles a todos que eres Lisa y así pare en la cárcel, no vas a hacer más daño.
Lisa: Vamos a ver qué tan segura estás después de escuchar esto.
Lisa, sonriendo con malicia, saca su celular del bolso y marca un número misterioso. María Helena la ve extrañada. La primera pone el celular en altavoz y pocos segundos después, un hombre contesta.

Nicanor: ¿Bueno?
Lisa: Eres “El Barbas”, ¿no? Soy yo, la amiga de tu patrón.
Nicanor: Ah, sí. ¿Cómo me le va, señorita? Fíjese que llamó en buen momento porque justo estoy aquí al lado de la señito.
Lisa: Ay, qué bueno. Entonces fue telepatía porque yo también tengo aquí a su hija que tiene muchísimas ganas de hablar con ella. Dale el teléfono a la vieja.
Martha: ¿Sí, bueno?
María Helena abre los ojos como platos al reconocer la voz de su madre adoptiva en el altavoz.
Martha: Malena, mija, me dijeron que eres tú. ¿Estás ahí?
María Helena respira agitada y le arrebata el teléfono a Lisa.
María Helena: (alertada) Mamá, mamita. ¿Dónde estás?
CIUDAD DE MÉXICO
INT. / HOSPITAL, HABITACIÓN / DÍA
Martha, al otro lado de la línea, se encuentra recostada en su cama aún recuperándose de su reciente cirugía. Un hombre vestido de enfermero justo está sentado al lado de ella.


Martha: ¿Qué pregunta, hija? Pues acá en el hospital. Estaba hablando con Nicanor, el enfermero. Él me dijo que le pediste estar muy pendiente de mí y hasta se pasaron los números de teléfono. Si vieras qué muchacho. Es súper atento.
Martha le sonríe al supuesto enfermero.
INT. / HOSPITAL DE VILLA ENCANTADA, BAÑO DE MUJERES / DÍA
María Helena no sabe qué decir, pero su expresión aterrada habla por sí sola. Martha se extraña al no recibir respuesta y su voz se escucha en altavoz.


Martha: Malena, mija. ¿Sigues así? ¿Qué pasó?
María Helena traga saliva.
María Helena: No pasa nada, mamá. Quédate tranquila. Nada más quería saber cómo estabas.
Martha: ¿Cuándo vas a venir? Me has tenido muy abandonada.
María Helena: Es que… He tenido mucho trabajo, pero no te preocupes. En estos días voy a hacerte la visita. ¿Va?
Martha: Bueno, cuídateme mucho, eh. No trabajes de más. No veo la hora de que me den de alta de este bendito hospital para que ya dejes esa chamba y vuelvas a la prepa. Tú sabes que debes estudiar.
María Helena: Sí, no te preocupes ahora por eso. Te prometo que no voy a abandonar mis estudios. Cualquier cosa que necesites, dile a los enfermeros, no solo a ese. ¿Bueno?
Martha: Pierde cuidado. Nicanor ha sido el mejor de todos los que me han atendido. Cuando está de turno, siempre me da ronda cada cinco minutos. Tú también quédate tranquila.
Lisa le hace una seña con los ojos para que dejen de hablar.
María Helena: Te dejo, mamá. Tengo que colgar y volver a la chamba. Te llamo luego.
Martha: Que te vaya bien, hija. Dios te bendiga.
Lisa le arrebata el celular y cuelga.
María Helena: ¿Qué significa esto? ¿Cómo es que supiste dónde está mi mamá?
Lisa: No me fue tan difícil averiguar su paradero. Tengo un amigo que me va a ayudar a hacer los trabajos sucios ahora que Manuel no está.
María Helena: (alterada) ¿Y qué buscas?
Lisa: ¿No es obvio, hermanita? Tenerte en mis manos. Yo sabía que en cualquier momento ibas a sacar las uñas de gata igualada que tienes y me adelanté para tener algo con qué manipularte. ¿Y qué mejor que la vieja moribunda esa?
María Helena: ¡No te atrevas a insultarla ni mucho menos a hacerle daño!
Lisa: Quien pone las reglas del juego ahora voy a ser yo, no tú, así que no te equivoques.
María Helena respira profundo e intenta tranquilizarse.
María Helena: No le vayas a hacer nada, por favor. Mi mamá no tiene nada que ver en esto. Ella recién salió de una operación riesgosa. Te lo suplico.
Lisa: Eso va a depender de ti. Yo no le hago nada a tu mami adoptiva y tú no intervienes en mis planes. ¿Estamos?
María Helena guarda silencio mirándola con suma rabia e impotencia. Lisa la toma con brusquedad del mentón.
Lisa: Te hice una pregunta. ¿Estamos?
María Helena asiente de mala gana con la cabeza.
María Helena: Te lo prometo.
Lisa: Más te vale porque si llegas a hacer algo en mi contra, no me va a temblar la mano para hacer una llamada y mandar a esa señora al otro lado. Te dejo que tengo cosas que hacer, eh. Bye.
Lisa le tira un beso y sale del baño. María Helena suelta un leve gemido y se recuesta en el lavabo mientras se pasa una mano por la cabellera.
María Helena: Tengo que hacer algo. Mi mamá corre en peligro en manos de esta tipa.
María Helena se apresura a sacar su celular y marca un número a espera de que le contesten.
INT. / CABAÑA DE EPIFANIO / DÍA
Cruz se encuentra sentada frente a una laptop y justo termina de enviar un video por e-mail. Hay una cámara puesta sobre un trípode que al parecer estaba grabando a Epifanio sentado en un sillón.


Cruz: Ya está. La policía ya tiene el video con su confesión. Ellos creerán que usted grabó este video antes de su muerte.
Epifanio: ¿Crees que ellos logren detener a Lisa? Porque si le llega a hacer algo a Marissa, no creo que lo llegue a aguantar. No quiero perder a mi otra hija.
Cruz: No la matará. Ella misma le dijo a María Helena que no pretende asesinarla, sino hacerla sufrir, así que despreocúpese. Esta vez no le pienso fallar, don Epifanio.
Epifanio: Esta vez no te puedo creer. Ni siquiera sé cómo es que todavía te sigo el juego en el que me metiste. ¿Qué tal si la policía rastrea de dónde viene ese video que enviaste?
Cruz: No lo harán. Recuerde que contraté a un hacker para interceptar el celular de Carolina y también le pagué para que me enseñara unos cuantos truquitos de tecnología. No hay manera de que rastreen esta dirección.
De repente, el celular de la mujer puesto sobre el escritorio frente al cual está sentada suena.
Epifanio: ¿Quién es?
Cruz: María Helena.
Epifanio: Contéstale. Puede querer llamar para contar algo importante.
Cruz acepta la llamada no sin antes configurar el micrófono para distorsionar su voz y lleva el celular a su oreja.
Cruz: (seria) ¿Sí?
INTERCUT MARÍA HELENA/CRUZ

María Helena: Qué bueno que contestas. Lisa me tiene amenazada. No sé cómo supo el hospital donde está mi mamá, pero el caso es que tiene allá a un bandido haciéndose pasar por enfermero.
Cruz: Tranquilízate. Todo está saliendo tal cual lo planeado.
María Helena: ¿Tranquilizarme? El tipo ese puede hacerle daño a mi mamá en cualquier momento por orden de Lisa. No creo que pueda aguantar más. Voy a tener que hablar con la policía y decirles que quien me metió en todo esto fuiste tú.
Cruz: No será necesario. Justo antes de que llamaras, envié a la policía un par de videos que cambiarán el curso de las cosas, entre ellos, el video donde se ve claramente que no fuiste tú la que mató a Manuel Román.
María Helena: ¿Y qué muestra el otro video?
Cruz: Ya lo sabrás en su momento cuando la policía te ubique para interrogarte. Tú solo diles la verdad y si hablas de mí, hazlo. Total nadie sabe mi identidad y no tienen cómo saberla.
María Helena: Si la policía me busca y me interroga, Lisa podría darse cuenta y mandar a matar a mi mamá. Ella incluso piensa hacerle algo a Eduardo y ahora que sé que es mi papá, tampoco quiero que le pase nada (Desesperada).
Cruz: Nada más siéntate a ver y confía en que todo saldrá bien, muchacha. Lisa está acabada y no le queda mucho tiempo. Todo lo que ha pasado fue tal cual como lo calculé.
María Helena: ¿Incluso el que Lisa matara a Carolina de La Torre? Porque por si no lo sabes, eso fue lo que hizo anoche después de enterarse de que Carolina le ocultó a todos que sí somos hijas de Eduardo.
Cruz: ¿Y quién crees que le envió a Eduardo Román aquella correspondencia?
María Helena: (sorprendida) Entonces fuiste tú… Fuiste tú la que provocó todo ese desmadre.
Cruz: Era necesario destapar aquella verdad costara lo que costara.
María Helena: No estoy de acuerdo contigo. Cuando mi papá enfrentó a Carolina, la muy loca sacó un arma y le disparó. Él ahorita está delicado y luego Lisa la mató a ella. ¿Esta es tu dizque justicia? ¿Ver a los unos matándose a los otros? (Indignada)
Cruz: Lo de Carolina fue un grave error de cálculo de mi parte, pero ya no habrá más fallas. Confía en mí.
María Helena: Me es muy difícil poder confiar en alguien a quien ni siquiera le conozco la cara.
Cruz: Mi identidad no te importa. Tan solo traté de poner en orden las cosas que tu difunta madre y hasta yo de cierta forma provocamos.
María Helena: (desconcertada) ¿De qué estás hablando?
Cruz: Me da gusto al menos ver que no fuiste como ella ni como Lisa. Tú rompiste con el ciclo de maldad de esas dos. Nunca dejes de ser como eres, mi niña.
Cruz cuelga la llamada y apaga el celular.
María Helena: ¿Bueno? ¿Bueno?
María Helena intenta volver a llamar, pero la llamada se va a buzón de voz.
María Helena: ¿Por qué me dijo esas cosas? ¿Quién es este tipo o tipa? Pero bueno. ¿Qué importa ya? Tengo que hacer algo. No me puedo quedar de brazos cruzados.
María Helena intenta pensar en algo y tiene un recuerdo.
FLASHBACK
Marissa: Yo creo que hay hablar con la policía.
María Helena: ¿Usted cree que sirva de algo?
Marissa: Tengo un viejo amigo de la universidad que nos podría ayudar y que trabaja actualmente como detective. Este caso le podría interesar. Es más, podría llamarlo ahora mismo (Saca su celular).
FIN DEL FLASHBACK
María Helena: (dejando de recordar) No hay de otra. Es la única salida que tengo.
María Helena se queda pensativa un par de segundos y luego sale del baño.
INT. / CABAÑA DE EPIFANIO / DÍA
Cruz, por su parte, luce pensativa. Epifanio se da cuenta.


Epifanio: ¿Qué ocurre? ¿Era algo malo?
Cruz: Nada de lo cual angustiarnos.
Epifanio: ¿Y por qué estás así? ¿Qué te pasa?
Cruz: Pensaba que María Helena. Es una muchacha de oro y me alegra ver que algo bueno salió de mi. Es triste no poder tener la oportunidad de decirle que soy su abuela y acercarme a ella, pero es mejor así.
Epifanio: ¿Te simpatiza María Helena mientras que a Lisa la quisiste muerta? Porque la noche que me dejaste aquella nota revelándome la verdad, Gracia había intentado matarla en el hospital.
Cruz: Yo no le ordené a Gracia que matara a Lisa. Fue iniciativa de ella como también la vez que quiso acabar con Luis Enrique Escalante en su departamento, pero en ambas ocasiones falló. Lisa también es mi nieta y como mucho, quiero que termine en la cárcel.
Epifanio guarda silencio unos cuantos segundos.
Epifanio: ¿Qué te puedo decir? En parte te entiendo.
Cruz alza la cabeza y lo ve con cierto interés.
Cruz: ¿De veras?
Epifanio asiente con la cabeza y se pone de pie apoyándose de su bastón para luego acercarse a ella.
Epifanio: He pensado mucho en la vida tan miserable que has tenido, Cruz. ¿Qué me iba a imaginar que la vieja bruja y bigotuda que tenía por ama de llaves, la misma de la que me burlaba y a la que maltrataba con mi dureza, cargaba con tanto?
Cruz lo escucha con atención, pero se sorprende cuando el hombre la toca con delicadeza del mentón.
Epifanio: Aunque me cueste en el alma, debo reconocer que me acostumbré muchísimo a tu presencia y quizá muy en el fondo, hasta cariño te he tenido. Has sido como esa compañera que puse a mi izquierda, a la que nunca le di importancia, pero ahí estaba.
Cruz: Me deja sin palabras.
Epifanio: Ni yo sé de dónde estoy sacando el coraje para decirte todo esto, pero tengo que darte las gracias por estar a mi lado.
Cruz: ¿Usted dándome las gracias? Caray, me sorprende. Ni con la pócima secreta que le di una vez para que se transformara en un tigre, me imaginé que algún día me diría algo así.
Epifanio: (confundido) ¿Qué pócima?
Cruz se ríe muy levemente y se pone de pie esbozando una sonrisa.
Cruz: Olvídelo. Tengo que irme y estar muy pendiente de lo que pase en el pueblo ahora que se avecinan grandes cosas. Vuelvo luego.
Cruz está dispuesta a retirarse, pero es retenida por Epifanio, quien la toma de un brazo.
Epifanio: Espera, no te vayas. Todavía no termino.
Cruz: ¿De verdad tiene más para decir?
Epifanio: Quiero pedirte también perdón por todos esos años en los que fui duro contigo.
Cruz se sorprende.
Epifanio: Y sí, todavía me cuesta perdonarte por haberme ocultado que Helena era tu hija y por haber callado tantas cosas que nos trajeron hasta donde estamos, pero yo también cometí errores y me parece justo que te pida perdón.
Cruz: Esto sí que me toma fuera de guardia, don Epifanio, pero si lo deja más tranquilo, no tengo nada que perdonarle. El amor que siento por usted ha sido más fuerte y tampoco me tiene que dar las gracias porque el permitirme ser su ama de llaves fue suficiente para mí.
Epifanio: No tienes que mentirte a ti misma. Tú ya me confesaste que siempre quisiste más. Por algo delataste a mi difunta esposa y me contaste que Luis Enrique no era hijo mío. Querías que me fijara en ti al divorciarme. Luego hace poco me pediste matrimonio.
Cruz: Pero no sucedió y con el haber trabajado para usted me conformo.
De repente, el hombre la besa. Cruz se sorprende y lo permite, pero luego se separa.
Cruz: ¿Qué hace, don Epifanio? ¿Se ha vuelto loco?
Epifanio: Tú eres lo único que me queda en la vida, Cruz.
Cruz: No lo entiendo. Esta mañana me estaba odiando y ahora me dice esto.
Epifanio: Mírame. Todos piensan que estoy muerto. Mi vida no va a ser la misma nunca más y siempre voy a vivir así, escondiéndome. Ni siquiera puedo acercarme a la única hija que me queda, muy parecido a lo que te pasa a ti con María Helena.
Cruz: ¿A dónde quiere llegar?
Epifanio: Que tenemos que estar juntos e intentar darnos la oportunidad que por diferentes cosas que pasaron no nos dimos. Quédate conmigo por lo que reste de vida, Cruz.
Cruz respira agitada sin poder dar crédito a aquellas palabras y comienza a sollozar.
Epifanio: Quédate conmigo y ámame como nunca pudiste. Quiero aprender a amarte.
Cruz: Entonces, ¿no lo hará? ¿No me va a matar como se lo pedí cuando todo esto acabe? Mire que por mi culpa su hija…
Epifanio: (la interrumpe) Me duele en el alma la muerte de Carolina, pero no puedo tapar el sol con un dedo. Ella buscó de cierta manera terminar así y no fue directamente tu culpa.
Cruz derrama un par de lágrimas de alivio al escucharlo y quiebra la voz.
Cruz: Yo sí siento cómo si lo fuera. Cometí demasiados errores, don Epifanio.
Epifanio: Callaste las fechorías de Helena por el deber moral que tenías con ella al habérsela vendido a los Montalbán. Era tu hija después de todo y créeme que ya lo entendí.
Cruz: Puede ser, pero también tenía un deber moral con usted. Tendría que haberle dicho la clase de mujer que era.
Epifanio: Aunque hubieras hablado conmigo, yo como mucho hubiera cortado con Helena, pero ella se habría buscado otro imbécil como yo de amante y hubiera pensado que Lisa era hija de ese otro y no mía. ¿En qué cambiaban las cosas?
Cruz rompe a llorar sintiéndose sumamente mal.
Epifanio: Incluso Carolina también hubiera hecho los exámenes aquellos de ADN en secreto para destapar las infidelidades de Helena y así comprobar que Lisa no era hija de Eduardo, pero el resultado hubiera sido el mismo.
Epifanio limpia las lágrimas de la mujer con suma delicadeza y mirándola con cierta compasión.
Epifanio: Date cuenta. Lisa hubiera crecido creyendo que su padre era otro y al final, se hubiera terminado obsesionado con Eduardo como hoy. Tarde que temprano, Carolina hubiera matado a Helena, independientemente de que yo fuera su amante. ¿Lo ves? Es la misma historia.
Cruz: Puede que tenga razón, sin embargo, Luis Enrique también se convirtió en un ampón indirectamente por mi culpa y usted también me lo recalcó.
Epifanio: Tampoco te sientas responsable. Te lo dije en un momento de rabia. Si bien tú delataste a mi esposa, fui yo quien obró mal cuando comencé a maltratarlo como si él hubiera tenido la culpa del engaño de su mamá. Deja de cargar con culpas que no son tuyas.
Cruz: Me es difícil. De una forma u otra, esta historia la desaté yo.
Epifanio: No. Todos la desatamos. Todos participamos y no hay quien esté libre de pecado. Dejemos el pasado cuando todo esto acabe y vámonos lejos.
Cruz: ¿Irnos?
Epifanio: Lo que oíste. Quiero que nos vayamos lejos y empecemos una historia diferente, una historia tuya y mía. Cásate conmigo, Cruz.
Cruz traga saliva e intenta hablar, pero solo balbucea. Epifanio le esboza una muy leve sonrisa.
Epifanio: ¿Aceptarías?
Cruz solo lo mira con los ojos bañados en lágrimas y asiente sin poder dejar de llorar.
Cruz: Sí, quiero. Claro que acepto, mi tigre.
Cruz se lanza a besarlo apasionadamente. Epifanio le corresponde y la presiona contra su cuerpo mientras ella rodea con sus brazos el cuello de él.
Cruz: Te amo. Te amo tanto (Dice llorando).
Epifanio: (susurrando) Y yo te doy gracias por tanto amor.
Los dos continúan besándose de forma apasionada durante un largo rato.
CONTINUARÁ…
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