Capítulo 52: Tras las pistas de Lisa

CIUDAD DE MÉXICO



INT. / HOSTAL / DÍA

Ernesto ha llegado junto con dos policías al lugar donde Lisa se hospedó en cuanto huyó del hospital. El detective entra observando a sus alrededores y se acerca a la recepción en donde se encuentra un hombre que mastica chicle.



Ernesto: Buenas tardes.

Recepcionista: ¿Qué onda? ¿En qué les puedo ayudar, señores?

Ernesto le muestra su placa.

Ernesto: Hace unos días, una mujer huyó del hospital después de haber asesinado a un famoso cirujano plástico clavándole un tenedor en el cuello. Tomó un taxi y según la información proporcionada por el conductor, con el que ya me puse en contacto, dejó a la mujer a dos cuadras de aquí. Quiero saber si se quedó o se está quedando en este sitio.

Ernesto le muestra en su celular la grabación de las cámaras de seguridad del hospital justo en el momento en que Lisa salió de su habitación. El recepcionista entrecierra los ojos para ver bien el video.

Recepcionista: Pues creo que sí, ¿sabe? Hubo una tipa medio rara que vino tarde en la noche hace como tres días, pero en vez del vendaje, estaba usando una máscara. Puede que sí sea la misma porque era güerita, pero ya se fue, se lo aseguro porque tampoco se quitó la máscara al salir.

Ernesto: ¿Qué nombre le dio para que le registrara?

Recepcionista: No me dio ningún nombre y pues tampoco es que sea obligatorio que los huéspedes nos lo digan. No somos hotel cinco estrellas como puede ver usted.

Ernesto: Sí, ya vi que esto no es más que ratonera. Ni cámaras tienen (Mira a su alrededor). ¿Qué ropa llevaba puesta al entrar y al salir?

Recepcionista: Salió con la misma ropa que trajo puesta, un vestido negro, una chaqueta de esas de jean y unas zapatillas negras.

Ernesto: Es la misma ropa que se robó del hospital. ¿Y cuándo se fue?

Recepcionista: Un día después de que vino en la tarde, como a eso de las dos, justo después de que… (Pensativo)

Ernesto: ¿De que qué?

Recepcionista: De que la vino a visitar una chava.

FLASHBACK

INT. / HOSTAL / DÍA

María Helena ha llegado a un modesto hostal que queda localizado en una desfavorecida zona de la capital. Parece ser que viajó temprano junto con Eduardo, aunque evidentemente no se encuentra con él.



María Helena: (mirando su celular) Es aquí. El GPS dice que esta es la dirección.

La chica entra y mira el lugar con desconfianza, por lo que se dirige con prontitud a la recepción donde aguarda un hombre no de muy buen aspecto que mastica chicle.

María Helena: Buenos días.

Recepcionista: (sonriéndole) Buenos días, reinita. ¿Qué te trae por acá? ¿Buscas cuarto?

María Helena: Hay alguien que me está esperando. Quedamos de vernos en este sitio.

Recepcionista: Ah, sí. La güerita rara de la máscara me dijo que iba a tener visita. Ha de ser la que me pagó un buen de lana y ni el nombre me dijo para registrarla.

María Helena: Sí, esa misma. ¿Dónde la encuentro?

Recepcionista: Está en la 302. Pásale con confianza.

María Helena le esboza una leve sonrisa en agradecimiento al hombre y se adentra en el hostal subiendo por las escaleras.

FIN DEL FLASHBACK

El recepcionista acaba de contarle al detective sobre la visita.

Ernesto: ¿Y luego?

Recepcionista: Tardó como media hora allá arriba y luego salió sin decir nada.

Ernesto: Vamos a necesitar entonces que nos acompañe en cuanto termine su turno para que haga un retrato hablado de la otra muchacha que vino y mis hombres van a subir a la habitación a inspeccionar o a recolectar posibles pistas.

Recepcionista: Claro, bien puedan. Síganle que están en su casa. Tomen las llaves, aunque no creo que encuentren mucho porque ya lavamos las sábanas.

El recepcionista le da las llaves a uno de los policías y Ernesto les hace una seña para que suban.

Ernesto: (susurrando) No es nada estúpida. Vino justo a un sitio donde no hay cámaras y no la iban a rastrear fácil. ¿Quién carajos es esa mujer y quién la está ayudando?

Ernesto se queda pensativo. De repente, un policía entra corriendo al hotel con un IPad en la mano.

Policía: ¡Señor! ¡Le tengo algo!

Ernesto: ¿De qué se trata?

Policía: Me acaban de informar de la central que llegó un material que le interesa muchísimo.

Ernesto: (exasperado) ¡Pues habla, hombre! ¿Qué material?

Policía: Un anónimo envió dos videos. Este es el primero.

El policía comienza a reproducir un video en el IPad en el cual se puede ver a Epifanio hablando frente a la cámara.



Epifanio: Soy Epifanio de La Torre y estoy grabando este video para dejar constancia de que Carolina de La Torre, mi hija, es la responsable del asesinato de Helena Montalbán, mi amante y la esposa del hacendado Eduardo Román, que supuestamente había sido asesinada por Lisa Román, la hija de ambos. Desconozco bajo qué razones mi hija cometió tal acto. Pienso hablar con ella esta noche y no sé qué pueda pasarme. He ahí el porqué grabo este video. Quiero confesar también que Lisa, que aparentemente murió calcinada en un accidente de coche hace varias semanas, no está muerta en realidad. El día del accidente le di órdenes a mis hombres de que la rescataran, la traje a la capital y la hice pasar por muerta poniendo en su lugar el cuerpo de otra muchacha.

Ernesto: (alucinando) ¿Qué mierda? Esto es de no creer…

Policía: Espere que aún más, señor.

Epifanio continúa hablando en el video.

Epifanio: Hice todo esto porque pensé que la muchacha también era mi hija. Es lo que Helena siempre me hizo creer, pero ya he descubierto que en realidad nunca lo fue. Carolina siempre lo supo y lo ocultó de mí en unos exámenes de sangre que realizó en secreto hace dieciocho años; exámenes que ya tengo en mi poder. Es por esa razón que he decidido modificar mi testamento dejando por fuera a Carolina y nombrar como mi única heredera a Marissa Miranda, quien es mi hija no reconocida…

Ernesto: Espera, retrocede un segundo.

El policía obedece y vuelve a reproducirse la última frase del video dicha por Epifanio: “Es por esa razón que he decidido modificar mi testamento dejando por fuera a Carolina y nombrar como mi única heredera a Marissa Miranda, quien…”.

Ernesto: Páusalo.

En efecto, el policía pausa y se extraña.

Policía: ¿Qué pasa, detective?

Ernesto: Dijo Marissa Miranda y solo hay una mujer que conozco con ese nombre, solo que se me hace muy extraño. Que yo sepa, su padre se llamaba Heliodoro (Pensativo). Como sea, continúa el video. ¿Qué más dice el viejo?

El policía sigue reproduciendo el video.

Epifanio: En cuanto a Lisa, quiero dejar constancia de que la dejé a cargo de mi amigo, el cirujano plástico Enzo Quiroga.

Ernesto se sorprende al escuchar.

Epifanio: Me puse en contacto con él y le pagué una cuantiosa suma de dinero para la reconstrucción total del cuerpo y el rostro de Lisa, algo que le ordené antes de enterarme de que la muchacha no era mi hija como pensaba de manera que, si algo llegara a pasarme, búsquenlo a él y así darán con el paradero de Lisa Román. Enzo aceptó hacerme dicho favor a cambio de no revelar los numerosos crímenes que ha cometido en su hospital con varias mujeres a las que promete operar, pero a las que luego encierra para llevar a cabo experimentos. Esto es todo y solo quisiera terminar pidiendo perdón por mis actos, especialmente a ti, Marissa, si llegas a ver este video.

El video termina.

Ernesto: ¡En la torre! Tiene que ser ella. La asesina de Enzo Quiroga debe ser la tal Lisa Román. Por lo menos ya tenemos un nombre.

Policía: Voy a ponerme en la tarea de investigar información al respecto, señor.

Ernesto: Para hoy es tarde. Quiero saber todo sobre esa muchacha. ¿De qué se trata el otro video?

El policía reproduce el segundo video en el que se ve claramente el momento en que Manuel intenta abusar de María Helena. Ernesto observa con atención frunciendo el ceño.

María Helena: (llorando) ¡Por lo que más quiera, don Manuel! Haré lo que me pida. ¡Por favor!

Manuel: ¿Ah, sí? ¿Harás lo que yo quiera? ¿Qué me dirías entonces si te digo que esto es justo lo que quiero, estúpida?

Manuel la lanza brutalmente al piso y, en el acto, la joven se golpea la frente contra una mesa. María Helena cae inconsciente y Manuel, respirando exhausto luego de aquel forcejeo, sonríe con una desmedida maldad.

Manuel: Te lo dije. De esta no te ibas a escapar.

El hombre se lanza sobre la chica dispuesto a consumar el abuso sin darse cuenta de que detrás de él entra El Alma en Pena, usando su llamativo disfraz y sosteniendo una pica con la cual comienza a apuñalar a Manuel en la espalda. El hombre grita adolorido sin tener la más mínima oportunidad de defenderse y allí termina el video.

Ernesto: ¿Qué es esto? ¿Qué tiene que ver con el caso?

Policía: He ahí lo raro, señor. El correo decía que María Helena Quintana es inocente del asesinato de Manuel Román.

Ernesto: (sorprendido) ¿María Helena Quintana dices?

Policía: Sí, es la misma muchacha que me pidió investigar.

Ernesto: Claro, la supuesta amiga de la viuda de Enzo Quiroga. ¿Lograste averiguar algo sobre la muchacha esa?

Policía: Por fortuna di con su dirección y la preparatoria donde estudiaba. Me dijeron que hace ya unas dos semanas no va a clases y en el barrio, algunos vecinos me contaron que la mamá de la chava tuvo un infarto justamente hace dos semanas.

Ernesto: Con que dos semanas… Está bien. Averigua ahora sobre la madre de la muchacha esa, María Helena. Empieza por los hospitales e investiga también sobre el viejo del video y los demás nombres que menciona, entre ellos el de Lisa que muy seguramente puede ser la asesina que estamos buscando.

Policía: Como ordene, detective.

Ernesto: Y ahora retírate que tienes trabajo por hacer.

El policía se va. Ernesto saca un puro del bolsillo de su chaqueta y un encendedor para luego empezar a fumar. El hombre expira el humo y se queda pensativo.

INT. / HOSPITAL DE VILLA ENCANTADA, PASILLO / DÍA

Danilo ya ha sido dado de alta y viste con ropa casual. Camina por el pasillo mientras impulsa la silla de ruedas de Milena.



Milena: ¿De veras te sientes mejor? Mira que el coche ese que te atropelló te pegó fuerte.

Danilo: Ya escuchaste al doctor y si él me dio de alta, pues es porque ya estoy bien. Con los puntos que me pusieron en la herida de la cabeza basta.

Milena: Si tú lo dices. Lo que a mí se me hace súper extraño es que el tipejo ese que iba manejando ni siquiera hizo el intento de frenar y luego huyó como si nada. Parece que lo hubiera hecho a propósito.

Danilo: Deja de meterte ideas raras a la cabeza. Puede que el güey se haya asustado y por eso salió huyendo. ¿Qué sé yo?

Milena: ¿Vas a defenderlo? Mira que de haber sido peor, hasta hubieras podido quedar como yo. A mí también me atropellaron, ¿o ya se te olvidó? Y mira que el que me atropelló al menos tuvo la decencia de quedarse para llamar una ambulancia.

Danilo: (fastidiado) Párale ya, manita. Deja de darle vueltas al mismo tema. ¿Que no te basta con verme bien?

Milena: Pues ni tan bien. Todavía no entiendo qué fue lo que pasó con doña Marissa como para que me hablara cosas tan feas de ti anoche. Dime la verdad. ¿Le hiciste algo?

Danilo: Nada más me di cuenta que ella no era el amor de vida como pensaba. Es todo.

Milena: Eso no fue lo que me dijiste ayer antes del accidente que sufriste. Si hasta me confesaste que sentiste con ella lo que nunca habías sentido con ninguna mujer.

Danilo: Bueno, pensé mejor las cosas y ya está. Deja el asunto por la paz y no me vuelvas a mencionar lo mismo. Te lo agradecería.

Milena: Como quieras, solo que va a estar complicado teniendo en cuenta que ella es mi suegra y tú mi hermano. No sé ni cómo le van a hacer para encontrarse cuando haga falta.

Danilo: Tú lo has dicho, cuando haga falta y a corto plazo, no creo que esa señora y yo tengamos que vernos la cara. Siempre que la pueda evitar, mejor.

Milena: ¡Ay! Definitivamente que no te termino de entender, pero está bien. No te vuelvo a hablar más de lo mismo.

De repente, ambos se encuentran con Lisa quien justo viene en la dirección contraria.



Danilo: Esta es la de chava de ayer.

Milena: ¿Quién? ¿Qué chava?

Danilo: La que viene ahí. Es la misma que estaba hablando con Marissa de un negocio o algo así me dijo Pablo.

Lisa se detiene al acercarse a ellos.

Lisa: ¡Ay! Pero si eres tú. Milena, ¿no?

Milena: (extrañada) Sí, soy yo. ¿Nos conocemos?

Lisa: No en realidad, pero me presento. Soy Martina y digamos que sí tuvo el infortunio de conocerme con tu novio o esposo, no sé.

Milena: ¿Pablo?

Lisa: (seria) Sí, ese. De verdad que lamento mucho que en tu condición tengas que pasar por algo así y tener una relación con ese puerco. Me imagino lo habrás dejado, ¿no?

Milena y Danilo se miran desconcertados ante tales palabras.

Milena: (desconcertada) No te estoy entendiendo. ¿De qué me hablas?

Lisa: ¿Que no lo sabes? Tu novio se sobrepasó conmigo ayer en el hotel cuando no estabas, amiga.

Milena: (sorprendida) ¿Cómo?

Lisa: Tal como lo oyes. Fui amablemente a su habitación a llevarle una camisa nueva para reponerle una que por accidente le manché con una soda cuando me tropecé con él y sin ningún pudor, me entró a la fuerza y comenzó a manosearme.

Milena respira agitada al escucharla.

Milena: Tiene que ser un error. Pablo no es así, además él ni siquiera está en el pueblo. Debes estar confundida.

Lisa: ¿Quién te lo dijo? ¿Tu suegra? Porque esa no es más que una vieja alcahueta que encubre todo lo que su hijo hace haciéndolo pasar por santito, pero es un violador en potencia, déjame te digo.

Danilo: (interviniendo) ¿Dónde está Pablo?

Lisa: En el puesto de policía del pueblo, por supuesto, encerrado por haber osado tocarme y me voy a encargar de que lo trasladen a una cárcel para que pague por lo que intentó hacerme.

Milena guarda silencio sin lograr dar crédito a lo que ha escuchado.

Lisa: De verdad que lo siento por ti, amiga, pero hombres como esos no valen la pena. Si se sobrepasó conmigo, podría buscar placer en otra solo por el hecho de que no puede tener relaciones contigo debido a tu condición.

Milena: (alterada) ¿Tú qué sabes de eso?

Lisa: Ay, no lo tomes personal. Nada más digo. Hay cosas que son muy obvias.

Milena: Danilo, sácame de aquí. Vamos a la estación de policía.

Danilo: Es mejor que te quedes descansando en el hotel. Déjame te llevo y yo voy para comprobar si lo que dice esta mujer es verdad.

Lisa: ¿Todavía lo dudan? Porque para mí no hay problema. Pueden ir y verlo con sus propios ojos.

Milena: (ignorándola) Vámonos, Danilo.

Danilo hace caso a su hermana y siguen con su camino. Lisa se queda viéndolos sonriendo con malicia.

INT. / ESTACIÓN DE POLICÍA / DÍA

Marissa ha ido a ver a Pablo. Los dos son separados por los barrotes de la celda. El joven se ve notablemente molesto.



Pablo: ¡Es una mentirosa! Nada de lo que dijo es cierto. ¡Tú lo sabes!

Marissa: Yo sé, hijo, pero va a ser complicado que salgas hoy de aquí como quería. Martina no piensa retirar la denuncia por las buenas y así es difícil.

Pablo: (frustrado) ¿Y qué voy a hacer mientras tanto?

Marissa: Esperar. Yo sé que es complicado y no me puedo ni poner en tu lugar. Si pudiera, sería yo la que estuviera ahí encerrada y no tú, pero ya me puse en contacto con mi abogado y de seguro mañana sí sales seguro de este sitio. Ten paciencia.

Pablo: (poco convencido) No sé. Milena puede sospechar en cualquier momento, más si no la llamo, y va a ser peor si llega a saber que le mentimos.

Marissa: Pablo, perdóname por lo que te voy a decir, pero ¿estás seguro de que Milena sí te quiere?

Pablo: ¿Qué clase de pregunta es esa, mamá? Es mi esposa.

Marissa: Lo sé, pero me ha dado por pensar que todo esto no sea más que una trampa que ella te colocó para luego alegar que le fuiste infiel y sacarte dinero.

Pablo: ¿Qué dices? Tú la conoces. Me parece de no creer que estés hablando así de ella. Danilo y Milena no son para nada como sus padres. Ellos son muy diferentes.

Marissa suelta un suspiro y no dice nada. Pablo se extraña.

Pablo: ¿Qué pasa? ¿Hay algo que no sé?

Marissa: No es nada. Es solo que tenerte aquí me tiene preocupada y… Carolina se suicidó anoche.

Pablo: (impactado) ¿Neta?

Marissa: Es lo que la misma Martina me contó cuando estaba en el hospital con María Helena. Como sabes, las dos son amigas y Martina se está quedando en la hacienda.

Pablo: No entiendo. ¿Y qué hacía la mujer esa en el hospital? ¿María Helena está enferma?

Marissa: Malena está bien. Tanto ella como Martina estaban en el hospital por Eduardo. Lo que pasa es que no te conté que Carolina le disparó.

Pablo: No manches. Ahora sí me agarraste fuera de base. Me imagino que por eso se suicidó, ¿no? De seguro no quería pisar la cárcel por haber intentado matar a Eduardo.

Marissa: No fue solo por eso. Carolina también fue la que asesinó a Helena.

Pablo: ¿Helena? ¿La madre de María Helena? ¿La que era esposa de Eduardo?

Marissa: (asentando) Esa misma. Eduardo al parecer recibió una correspondencia con un video de las cámaras de seguridad de la hacienda y a parte, unos resultados de un examen de ADN que Carolina hizo hace muchos años donde se probaba que Lisa y Malena sí son hijas biológicas de Eduardo.

Pablo: Claro, sí me acuerdo que había dudas de quién era el padre de las gemelas. Entonces Carolina siempre lo supo.

Marissa: Tal parece que sí. Eduardo la enfrentó y como iba a casarse con ella, rompió el compromiso y ahí pasó lo demás.

Pablo: Cuántas cosas y cómo lo siento por ti. No tuve oportunidad de relacionarme mucho con Carolina, pero me dijiste que era tu hermana y me imagino que has de sentir su muerte.

Marissa: (desanimada) Mucho y no sabes cómo lamento que las cosas terminaran así para ella, pero ya no hay nada que hacer. Espero que descanse en paz y pasarme luego por su funeral.

Pablo: ¿Y Eduardo cómo está?

Marissa: (esbozando una sonrisa) Mejor, está todavía en observación, pero creo que se va a poner bien.

Pablo: Eso espero. A pesar de que también jugó contigo, no le deseo ningún mal.

De repente, madre e hijo son interrumpidos por Milena y Danilo quienes justo acaban de llegar.



Milena: Entonces, ¿era verdad?

Marissa y Pablo se sorprenden al verlos. Danilo evita mirar a Marissa, quien se incomoda también con su presencia.

Milena: ¿La tal Martina tenía razón e intentaste sobrepasarse con ella, Pablo?

Pablo: Mile, escúchame. Nada de lo que dijo esa tipa es verdad.

Milena: ¿Y qué se supone que estás haciendo aquí encerrado? Tu mamá me dijo que te habías ido a la ciudad a preparar todo para nuestro depa. Luego me encuentro con una chava que te acusa de haberla querido violar y ahora te encuentro justo acá.

Marissa: (seria) Milena, si te mentí, fue para no preocuparte más de lo que ya estabas ayer con lo del accidente de tu hermano. Pablo es inocente de todo lo que se le está acusando.

Pablo: Así es, mi amor. Martina llegó a mi habitación mientras tú no estabas con la excusa de quererme regalar una camisa y mientras me cambiaba, se me insinuó y luego salió como loca a acusarme. Tienes que creerme (Desesperado).

Milena: Pues sinceramente no sé qué pensar.

Pablo: ¿Vas a creerle más a una desconocida que a mí que soy tu esposo? ¿Es en serio?

Milena: (solloza) ¡Es que no sé! ¿Qué razón tendría esa tal desconocida para quererte acusar de algo que no hiciste? ¿Por qué mejor no me dices la verdad y reconoces que quisiste quitarte las ganas con ella que no pudiste quitarte conmigo por mi condición?

Pablo: (dolido) ¿Cómo puedes pensar una cosa así de mí? Yo te amo y jamás hubiera sido capaz de engañarte, menos caer tan bajo.

Marissa: Yo creo que es mejor que te vayas junto con tu hermano, Milena. Los ánimos están muy caldeados y podemos terminar hiriéndonos con palabras que no queremos decir.

Milena: ¿Y qué hay de usted, señora? Porque si de palabras se trata, anoche usted me dijo cosas bien horribles de mi hermano y de la nada rompieron la relación que apenas estaban empezando. Él ni siquiera se ha querido sincerar conmigo para decirme qué pasó. ¿Que acaso porque estoy en esta pinche silla me creen estúpida?

Un silencio incómodo se forma en la escena. Pablo mira desconcertado a su madre.

Pablo: ¿A qué se refiere Milena, mamá?

Danilo: Mejor vámonos, Milena.

Milena: (muy molesta) ¡Pues no me voy! Ya me estoy empezando a cansar de que me vean la cara. ¡Estoy inválida, mas no mensa!

Marissa: ¿Sabes, Milena? Yo creo que tienes razón y no me parece justo que pienses mal de mi hijo mientras crees que tu hermano es un santo.

Danilo: Señora, mi hermana no tiene que ver en esto. Déjela por fuera.

Marissa: A mí me parece que sí. Ella merece saber la clase de hermano que tiene y jurarme aquí que no es tu calaña para saber si le permito estar con mi hijo.

Pablo: ¿Mamá, por qué le hablas así a Danilo?

Milena: Es lo que yo también quisiera saber. ¿Qué está pasando entre ustedes dos?

Marissa: Pasa que tu hermano me llevó a la cama con el único interés de burlarse de mí. Él sí que es un degenerado que no valora a ninguna mujer, no mi hijo que es todo un caballero y un buen muchacho que te respeta y te quiere, Milena.

Danilo baja la cabeza ante la vergüenza que siente. Milena y Pablo lucen anonadados y confundidos.

Milena: ¿Qué está diciendo doña Marissa, Danilo? Explícame.

Marissa: Anda, explícale a tu hermana y confiésale que eres un patán que no solo me usó, sino también fue amante de Helena. Dile todo lo que me dijiste anoche cuando entré a verte. Sé hombre por primera vez y quítate esa careta de muchacho inocente.

Danilo: Vámonos, Milena.

Danilo saca a la fuerza a su hermana de allí.

Milena: ¡Déjame, Danilo! ¡No me quiero ir!

Danilo: (reacio) ¡Que nos vamos y luego hablamos! Obedece.

Danilo y Milena terminan por irse a pesar de que ella se queda mirando hacia atrás a Pablo, quien permanece aferrado a los barrotes.

Pablo: Creo que el que ahora necesita una explicación soy yo. ¿Qué fue todo eso?

Marissa: No quiero tener que hablar contigo de ese tema, hijo. Discúlpame.

Pablo: Pues yo también ya me estoy cansando de que me estés viendo como menso o como un niño y me ocultes las cosas. ¿A poco no confías en mí?

Marissa: (solloza) Es que no hay nada para decir, Pablito. Entiéndelo. Danilo me causó una decepción tan o más grande de la que me causaron Luis Enrique y Eduardo. Es muy vergonzoso para mí hablar de esto contigo.

Pablo: Danilo te ama. Jamás haría una cosa así.

Marissa: Eso es lo que quería hacerles creer a todos, pero no. Él mismo me dijo anoche que solo buscó todo este tiempo llevarme a la cama hasta que lo logró anoche.

Marissa derrama un par de lágrimas.

Marissa: Me humilló. Me dijo cosas horribles que todavía me retumban en la cabeza y tuvo la desfachatez de confesarme que fue amante de Helena.

Pablo: Es que me parece de no creer. Es como si me estuvieras hablando de otra persona.

Marissa: Pues son la misma persona. Danilo no vale la pena. Es como su padre y su madre. He ahí el porqué tenía mis sospechosas sobre el amor que Milena te tiene. No quiero que eso te llegue a pasar a ti y verte sufrir por ella.

Pablo: No sé ni qué decir. Siento que es mi culpa. Yo te insistí muchísimo que le dieras una oportunidad al patán ese. Es que si estuviera por fuera, no dudaba en alcanzarlo para partirle la cara.

Pablo, furioso, empuña la mano y le pega a uno de los barrotes.

Marissa: No hace falta. Solo te pido que olvidemos este tema porque eso es justo lo que yo voy a tratar de hacer. Levantarme y seguir adelante como ya lo hice en su momento cuando supe del engaño de Luis Enrique.

Pablo: Ay, ma’. Cómo me duele que tengas que pasar por lo mismo otra vez. De veras que lo siento mucho.

Pablo saca sus brazos de la celda y abraza a su madre, quien le corresponde a pesar de los barrotes que los separan a ambos. Él le da un beso en la frente y le limpia las lágrimas.

EXT. / ESTACIÓN DE POLICÍA / DÍA

Danilo sigue impulsado la silla de ruedas de su hermana, quien no se queda sin protestar e intenta apartarse de él.



Milena: ¡Ya está bueno, Danilo! Déjame y explícame qué significa todo lo que te dijo mi suegra. ¿Es cierto? ¿Fuiste amante de doña Helena?

Danilo guarda silencio y traga saliva sin poder responder a tal pregunta.

Milena: (alterada) ¡Dime! ¿Es cierto?

Danilo respira profundo y asiente con la cabeza en silencio al tiempo que frunce los labios. Milena solo lo ve con profunda decepción sin lograr dar crédito a ello.

Milena: Entonces, ¿lo demás de lo que te acusó doña Marissa también es cierto? ¿Te acostaste con ella nada más para luego mandarle por un tubo?

Danilo: Milena… (Hace una pausa) Hay cosas que no sabes y que es mejor que te quedes sin saber por tu bien.

Milena: ¿Cómo puedes decir eso si somos hermanos? ¿Dónde quedó toda la confianza que me tenías?

Danilo: No la he perdido, pero no soy perfecto. He hecho cosas malas y no quería que te enteraras para evitar que te sintieras así.

Milena: ¿Así cómo? ¿Así de decepcionada?

Danilo la mira con profundo pesar sin poder articular palabras para justificarse.

Milena: Pues sí, ¿sabes? La decepción tan chingona que siento en estos momentos no te la alcanzas a imaginar y hubiera preferido mil veces que te mostraras como eras a aparentar ser otra persona que no existe. ¡Fue peor!

Danilo comienza a sollozar y baja la cabeza.

Milena: (llorando) ¿Dónde quedó mi hermanito caballeroso, el que defendía a las mujeres? ¿Dónde? Porque ahorita no veo en ti sino a un cochino de la calaña de Tarcisio o hasta de nuestro mismo padre.

Danilo: (muy dolido) No me digas eso. Estás siendo muy injusta conmigo.

Milena: Injusto fuiste tú. Lo que le hiciste a doña Marissa no tiene nombre y yo dizque pensando mal de Pablo cuando mi hermano es peor. ¡Qué ironía!

Danilo derrama varias lágrimas discretas.

Danilo: Perdóname, Milena, por favor. Te juro que nada de lo que hecho ha sido con mala intención. Algún día me vas a entender.

Milena: Ya mejor no me digas nada. Mejor pídele perdón a quien tú sabes, no a mí. Yo ya me voy de todos modos.

Danilo: Déjame llevarte al hotel.

Milena: ¡Ni te atrevas! Podré estar inválida, pero me conozco el camino y de alguna forma me las arreglo para llegar.

Danilo: No es seguro que andes sola por la calle. No me perdonaría si te pasa algo.

Milena: Despreocúpate. Prefiero no estar contigo, así que déjame tranquila. Estoy mejor así sin ti.

Milena lo mira con sumo reproche y los ojos bañados en lágrimas, por lo que se va de allí en su silla de ruedas. Danilo, por su parte, no puede dejar de llorar muy dolido y se pasa la mano por detrás de la cabeza sintiendo gran impotencia.

CIUDAD DE MÉXICO

INT. / HOSPITAL, HABITACIÓN / NOCHE


Ha caído la noche. Ernesto toca la puerta entreabierta de la habitación en la que Martha se ha estado recuperando. La mujer yace en la cama, recostada y con el suero intravenoso conectado a una de sus manos.



Ernesto: Buenas noches, doña Martha.

Martha: Buenas noches.

Ernesto: ¿Me permitiría hablar un momento con usted?

Martha: (extrañada) ¿De qué se trata? ¿Me conoce?

Ernesto se adentra en la habitación y le muestra su placa.

Ernesto: No realmente, pero digamos que yo a usted sí. Mucho gusto. Soy el detective Ernesto Martínez.

Ernesto le extiende la mano amablemente. Martha le corresponde el gesto aún más extrañada.

Martha: ¿En qué le puedo ayudar, señor detective?

Ernesto: Hablando con su médico, supe que hace tan solo unos días salió de una riesgosa cirugía y quisiera que lo que hablemos lo tome con muchísima calma.

Martha: Me está preocupando. ¿Qué pasa? ¿Es sobre mi hija?

Ernesto: Verá usted… Hace una semana, un famoso cirujano plástico de nombre Enzo Quiroga fue asesinado en su hospital por una paciente. Todavía no logramos identificarla, pero ya tenemos algunas pistas.

Martha: (confundida) Sigo sin entenderle. ¿Qué tiene mi hija que ver con eso?

Ernesto: Lo que sucede es que la viuda del occiso, Martina Villareal, me contó personalmente que es amiga de su hija, María Helena Quintana y me afirmó que María Helena la ayudó a ocultarse un tiempo del doctor Enzo debido a que él la maltrataba.

Martha: Siéndole muy sincera, no me suena ese nombre. Mi hija no tiene amigas casadas y todas las que le conozco son de la preparatoria, así que debe ser un error.

Ernesto: ¿Me confirma entonces que usted no conoce a Martina Villareal?

Martha: Para nada. Nunca había escuchado ese nombre en la vida.

Ernesto: ¿Qué hay de Lisa Román? ¿Le dice algo?

Martha desencaja el rostro al oír tal nombre.

Martha: (balbuceando) ¿Li… Lisa Román dice?

Ernesto: Ese es el nombre de la potencial sospechosa del asesinato del doctor Enzo Quiroga. Según las investigaciones que hemos hecho, Lisa Román fue declarada muerta en un accidente automovilístico ocurrido en Villa Encantada hace algunos meses.

Ernesto le entrega a Martha una carpeta, la cual ella abre. Dentro, hay varios expedientes.

Ernesto: Como usted puede leer ahí, la muchacha murió al intentar escapar de la policía justo cuando había tomado como rehén a la prometida de su padre, el hacendado Eduardo Román. Iban a ponerla bajo arresto por el asesino de su madre, su abuela y un ama de llaves.

Martha se siente cada vez más nerviosa y cierra la carpeta mirando al vacío.

Ernesto: Logró sobrevivir gracias a que otro hacendado, el señor Epifanio de La Torre, la rescató del accidente y la dejó a cargo de Enzo Quiroga. Epifanio pensaba que la muchacha era su hija según un video grabado por él donde confesaba todo. He ahí el porqué la tenemos fichada como principal sospecha y de ser así, sería una peligrosa criminal prófuga de la justicia en estos momentos.

Martha: Yo creo que es mejor que se retire. detective. Como ya le dije, no conozco a ninguna Martina Villareal y mucho menos a las personas que me dice. Mi hija está trabajando y tampoco tiene nada que ver con ellos.

Ernesto: (suspicaz) ¿Sabe usted dónde trabaja?

Martha: Tengo mala memoria y la verdad no me acuerdo. Discúlpeme.

Ernesto: ¿De casualidad no le diría que está justo trabajando en Villa Encantada?

Martha se exalta al escucharlo.

Ernesto: Porque eso fue lo que también me contó Martina Villareal el día del funeral de su marido. Me dijo que María Helena se encuentra en estos momentos en Villa Encantada.

Martha: Eso no puede ser. Mi hija está aquí en la ciudad. Ella no tiene nada que estar haciendo en ese pueblo.

Ernesto: ¿Está segura? Porque esta tarde nos llegó un video en el que aparentemente sale su hija a punto de ser víctima de un abuso sexual por parte de Manuel Román (Martha se exalta y se lleva la mano al pecho) quien, según nuestras averiguaciones, es nada más y nada menos que hermano de Eduardo Román y por ende tío de Lisa.

Martha: ¿Y mi hija está bien? ¿Cómo está ella?

Ernesto: Es lo que no sabemos. El punto es que en tal video se puede ver que ella se desmaya y segundos después, antes de que Manuel Román consume la violación, es brutalmente asesinado por un sujeto disfrazado de una forma bien particular.

Martha: (respirando agitada) ¡Ay, Dios mío! Esto no puede estar pasando. Mi hija, mi Malena… Tengo que verla. Tengo que hablar con ella (Intenta levantarse).

Ernesto: Tranquilícese, por favor. Usted aún se encuentra en recuperación.

Martha: ¿Cómo quiere que me quede tranquila con todo lo que me está diciendo? Mi hija corre peligro en manos de esa familia. Tengo que salvarla.

Ernesto: Señora, si se calma, le prometo que voy a ubicar a su hija y la voy a proteger, pero a cambio me debe decir cuál es la relación que usted y ella tienen con los Román. En el expediente, conseguí una foto de Lisa Román y al compararla con la muchacha del video que según es su hija noté que son muy parecidas.

Ernesto toca la carpeta con los expedientes y busca una página en particular en la que sale a la derecha una foto de María Helena y a la izquierda una de Lisa.

Martha: (indecisa) Es que…

Ernesto: Puede confiar en mí. Yo nada más quiero ayudarla. ¿Acaso se trata de la misma persona?

Martha: María Helena no es mi hija, detective. Ella es la hija de Helena Montalbán y Eduardo Román, así que viene siendo gemela de esa otra muchacha.

Ernesto: (pensativo) Me lo supuse.

Martha: Pero María Helena no sabía absolutamente nada. No tengo la menor idea de cómo fue a dar a Villa Encantada ni mucho menos cómo se relacionó con esa gente, a no ser que…

Ernesto: ¿A no ser que qué, señora?

Martha: Estaba pensando que a lo mejor ella descubrió su acta de nacimiento. ¡Claro! ¡Tuvo que haberla encontrado! Por eso buscó a los Román.

Ernesto: Es muy probable como también es probable que su hija sea cómplice de la sospechosa del asesinato, de Lisa, que viene siendo su hermana en otras palabras.

Martha: María Helena es inocente de cualquier cosa, detective. Yo la conozco. Ella nunca se metería en nada malo ni menos en un asesinato.

Ernesto: El recepcionista del hotel donde la sospechosa se escondió me contó que ella recibió una visita de una muchacha y el retrato hablado que nos proporcionó coincide con el de María Helena.

Martha: Puede ser que la estén chantajeando. Eso no significa nada.

Ernesto: Es una posibilidad. Lo cierto es que estoy por pensar que Martina Villareal es Lisa Román porque la viuda estuvo desaparecida varios meses y reapareció en el funeral de su marido justificando su ausencia al decirme que María Helena la ayudó a esconderse. Lo curioso es que María Helena resultó justo ser hermana de la sospechosa del crimen de Enzo Quiroga. Son muchas conexiones. ¿Entiende lo que le digo?

Martha: Claro que lo entiendo. No seré letrada, pero tampoco soy mensa. ¿Qué piensa hacer entonces?

Ernesto: Mañana mismo voy a trasladarme hasta Villa Encantada con varios de mis hombres para investigar a fondo e interrogar a su hija.

Martha: No vaya a dejar que nada malo le pase. Cuídala, por favor.

Ernesto: Así lo haré, doña Martha. No se preocupe y confíe en mí. Si todo resulta ser como lo estoy planteando, Lisa Román va a caer en mis manos. Se lo aseguro.

Ernesto toma la mano de la angustiada mujer y le infunde confianza. Ninguno se percata de que están siendo escuchados detrás de la puerta por Nicanor, aquel enfermero falso con quien Lisa había hablado anteriormente. El hombre se retira de allí.



VILLA ENCANTADA

INT. / BAR / NOCHE


Danilo se encuentra en la barra tomando alcohol. Tal parece que desde hace rato lleva haciéndolo. Luis Enrique justo se sienta a su lado dándole una hipócrita palmada de afecto en el hombro.



Luis Enrique: Mira nada más donde te vengo a encontrar. ¿Cómo estás, mijo?

Danilo lo mira con notable desprecio y odio.

Danilo: Déjeme en paz. Piérdase.

Luis Enrique: Qué carácter, muchacho. Por más que lo pienso, no tengo ni idea de a quién se lo sacaste. Cecilia es media terca y grosera, pero tú te pasas.

Danilo lo ignora y se pone de pie. Luis Enrique lo toma de un brazo.

Luis Enrique: Espérate, espérate. ¿Por qué te vas tan pronto?

Danilo: (soltándose) ¡No me toque, viejo desgraciado! ¿Qué es lo que quiere ahora?

Luis Enrique: (cínico) Nada más saber cómo te sientes.

Danilo: ¿Que cómo me siento? ¿Todavía tiene el descaro de preguntar después de lo que me hizo?

Luis Enrique: Debo asumir con eso que entonces sí seguiste mi consejo y apartaste a mi esposa de tu lado.

Danilo esboza una sonrisa de incredulidad.

Danilo: ¿Sabe algo? Yo no seré el más santo ni tampoco sudo agua bendita. Tengo mis defectos y nunca había odiado a nadie en la vida hasta que se apareció usted. Nada más espero que se pudra y la vida se encargue de cobrarle todo lo que ha hecho.

Luis Enrique: Quizá ahora no lo veas, pero me lo vas a terminar agradeciendo, Danilo. Marissa no es para ti, mijo. ¿Por qué empeñarte en seguirle las faldas a una mujer que no te quiere?

Danilo: ¿Y qué hay de usted? ¿Cree que la va a recuperar tan fácil?

Luis Enrique: Fue mi esposa por muchos años. Tú solo la conoces de unos meses.

Danilo: Por más casada que haya estado con usted, lleva las de perder porque en el fondo ella quiere a don Eduardo y por usted solo siente asco, desprecio. Nadie te quiere, Luis Enrique. Das lástima.

Luis Enrique se pone serio al escucharlo. Danilo bebe la última copa y sale de allí tambaléandose un poco debido a la embriaguez.

Luis Enrique: Muchacho insolente, pero ya veremos cómo te va a quedar el ojo cuando veas cómo voy a recuperar a Marissa.

De repente, el hombre recibe una llamada y se apresura a contestar.

Luis Enrique: ¿Bueno? (Pausa) ¿Qué cosa? ¿Estás seguro? (Pregunta un tanto alterado) ¡Qué mierda! ¡Esto era lo único que faltaba! (Pausa) Escucha. Mantén vigilada a la vieja y al primer descuido, sácala del hospital anestesiada si hace falta . ¿Entendido?

Luis Enrique cuelga la llamada.

Luis Enrique: Tengo que avisarle a Lisa. Las cosas se nos pueden salir de control.

Luis Enrique se apresura a realizar una llamada.

INT. / HOSPITAL DE VILLA ENCANTADA, HABITACIÓN / NOCHE

Marissa se encuentra sentada al lado de Eduardo, quien permanece inconsciente, conectado a un electrocardiograma y a suero fisiológico.



Marissa: (sonriendo levemente) Te ves tan guapo así durmiendo ajeno a todo y a la vez te ves tan indefenso, así como todas aquellas veces que te consolé y te salvé. ¿Te acuerdas?

FLASHBACK

Cerca de allí, viene precisamente Eduardo, quien se tambalea al caminar, pues al parecer se encuentra bastante ebrio, incluso sostiene una botella de licor en una de sus manos.

Eduardo: (llorando) ¡Mi vida no vale nada! ¡Ya no me queda nada! ¡Nada, maldita sea! ¡Nada!

Eduardo grita dolido y bebe compulsivamente de la botella para luego limpiarse con el dorso de su mano. Marissa alcanza a verlo.

Marissa: ¿Ese no es el señor Román? Parece borracho.

Marissa decide acercarse a él. Eduardo, entretanto, cruza la calle y sin percatarse, un auto se aproxima en dirección a él. El conductor hace sonar la bocina para que él se aparte de la vía, pero Eduardo se queda estático y confundido en mitad de la calle.

Marissa: (angustiada) ¡Señor Román!

La mujer corre rápidamente y empuja a Eduardo para evitar que sea atropellado. Los dos caen sobre la vía, ella sobre él y ambos se quedan mirando a los ojos durante varios segundos.

FIN DEL FLASHBACK

Marissa: (dejando de recordar) Yo sí lo recuerdo bien. Incluso recuerdo la vez que por poco terminas con tu vida.

FLASHBACK

Marissa extiende su brazo. Eduardo va cediendo y bajando la pistola lentamente.

Marissa: Entréguemela. Todo va a estar bien.

Marissa esboza una sonrisa cálida frente a lo cual Eduardo siente un poco de confianza. El hombre decide bajar la pistola por completo y se la entrega a Marissa con algo de duda, pero rompe a llorar desconsolado.

Eduardo: Lo siento tanto… (Se derrumba en el piso) Me duele vivir, no sé si soporte más…

Marissa se inclina poniéndose a la misma posición de él en el piso y lo toma de las manos para confortarlo.

Marissa: Yo sé que sí y, aunque ahora todo parezca no tener solución, siempre podrá encontrar una salida si la busca. Todo va a estar bien, Eduardo. Yo voy a estar contigo, a tu lado.

Eduardo se sorprende levemente por las palabras de Marissa y ambos se miran a los ojos de una forma especial durante varios segundos.

FIN DEL FLASHBACK

Marissa: Fueron esos momentos de debilidad en los que pude ver lo perdido y necesitado de amor que estabas. Eras tan vulnerable y yo solo sentía el deber de protegerte, de quererte y ayudarte a sanar todo lo que te atormentaba. Me enamoré de ti, Eduardo.

Marissa derrama una lágrima discreta al tiempo que toma las manos de él.

Marissa: Me enamoré y sigo tan enamorada. Como quisiera que nunca hubieran ocurrido todos los malentendidos que ocurrieron y tuviéramos viva esa ilusión de estar juntos por lo que reste de vida.

Eduardo mueve levemente uno de sus dedos. Marissa se da cuenta y se levanta sobresaltada.

Marissa: ¿Eduardo? ¿Eduardo, me escuchas?

Eduardo abre muy lentamente sus ojos con un semblante aún bastante débil.

Marissa: Despertaste. ¿Te sientes bien?

Eduardo: (en un hilo) Ma… Marissa.

Marissa: Esta vez no digas nada. No quiero que te sobreesfuerces y te pase lo de la última vez que hablamos. Tienes que recuperarte y no agitarte.

Eduardo: Yo ya… (Pausa) Yo ya había despertado esta tarde y me hubiera… (Pausa) Me hubiera gustado verte aquí a mi lado. Te… Te ne… Te ne necesito.

Marissa: Tengo que irme. Insistí mucho a la enfermera de turno para que me dejara pasar a verte aunque fuera un momentito, pero estoy muy pendiente de ti.

Eduardo: Pensé que ya te había perdido después de que te vi con Danilo.

Marissa: Lo de Danilo fue un error de mi parte. Me quise dar una oportunidad con él al pensar que tú habías jugado conmigo, pero ya María Helena me explicó y me contó lo mucho que sentiste mi ausencia y también ya sé todo lo de Carolina.

Eduardo: Quise explicártelo muchas veces.

Marissa: Lo sé y fue tan terca, tan orgullosa… En el fondo me negué a oírte y preferí creer las intrigas de Carolina. Luego escuché esa conversación grabada en la que tú le decías a Manuel que solo querías casarte conmigo por interés y me dolió tanto. Me sentí usada.

Eduardo: ¿Qué…? ¿Qué grabación? (Se agita un poco)

Marissa: No tiene caso. Luis Enrique fue el que me la mostró y no sé ni cómo la obtuvo. Ni siquiera me molesté en preguntárselo.

Eduardo: Marissa, yo jamás quise unirme contigo por interés. Yo te amo. Te amo con toda el alma.

Marissa se conmueve al escucharlo y no puede evitar seguir derramando lágrimas al contener sus ganas de llorar.

Eduardo: Si le dije tal cosa a Manuel, fue para despistarlo. Quería que creyera que casarse con una millonaria era buena idea para que él lo hiciera y se fuera lejos de la hacienda. Yo jamás podría verte como un negocio…

Eduardo alza su mano y acaricia con suavidad el rostro de la mujer a la que mira con profundo amor.

Eduardo: Te amo, no lo dudes.

Marissa: ¡Ay, Eduardo!

Marissa rompe a llorar, toma la mano de él y la besa al tiempo que la presiona fuerte.

Marissa: ¿Cómo pude ser tan estúpida? ¿Cómo pude dejarte ir así? No tengo ni cómo pedirte perdón. Nada más he cometido errores tras errores y cómo me pesa (Dolida).

Eduardo: No tengo nada qué perdonarte, mi amor. Lo que siento por ti es más fuerte que otra cosa y yo tampoco fui sincero contigo. Debí haberte dicho desde el inicio que Carolina me drogó para acostarme con ella. Los dos fallamos.

Marissa: Siento que quien tiene más culpa soy yo por lo tonta que fui. No sé ni qué decir.

Eduardo: Sí hay una cosa que me puedes decir… Dime que me quieres, que me amas…

Marissa: Tú ya lo sabes. Te amo y solo quiero poder estar contigo para recuperar el tiempo que por tonta te alejé de mí, mi amor.

Marissa toma la iniciativa y besa a Eduardo. Él no duda en corresponderle con algo de debilidad, pero con amor y ternura. Lisa los observa furiosa a través de una ventana transparente y cuida no ser vista.



Lisa: Maldita zorra. ¡Maldita!

Lisa tensa la mandíbula. Mira aquella escena romántica como si tuviera fuego en los ojos.

Lisa: Esto sí que no te lo voy a permitir.

Lisa está a punto de intervenir, pero es súbitamente detenida por una llamada que entra a su celular. Duda en contestar al ver que la pareja sigue besándose, pero al final se retira de allí y contesta en el pasillo.

Lisa: (molesta) Dime qué quieres. Llamas en el peor momento justo cuando estaba por poner en su lugar a la maldita ruca menopáusica esa de tu ex que se está besando con Eduardo.

INT. / BAR, BAÑO DE HOMBRES / NOCHE

Luis Enrique es quien habla al otro lado de la línea en el solitario baño del bar. Las escenas de ambos se intercalan al hablar.



Luis Enrique: ¿Besándose?

Lisa: Sí, como un par de chavitos. Es que ni yo en mis mejores tiempos de preparatoria fui tan de poca vergüenza como esa zorra que de mojigata no tiene un pelo.

Luis Enrique: ¡Me lleva! (Furioso) Marissa no puede volver con Eduardo, no ahora que por fin logré quitar del camino al imbécil de mi hijo que andaba detrás de ella. Como sea, te llamaba para algo más importante. Me llamó mi amigo, Nicanor, “el barbas”.

Lisa: Si, el que se está haciendo pasar por enfermero. ¿Qué ocurrió?

Luis Enrique: Me contó que un detective estuvo interrogando a Martha Quintana y ya tienen pistas tuyas para atraparte. Incluso hasta sospecha que eres Lisa.

Lisa: (asustada) ¿Estás seguro que el tipo ese te dijo la verdad?

Luis Enrique: ¿Por qué habría de estar mintiendo? Me dijo hasta el nombre del detective, un tal Ernesto Martínez.

Lisa: (fastidiada) Sí, ya sé quién es. Es un arruguete que ha estado investigando la muerte de Enzo. Me interrogó en el funeral, pero no entiendo cómo llegó a la conclusión de que soy Lisa, a no ser la estúpida de María Helena se haya atrevido a hablar con la policía.

Luis Enrique: Si fue así, ya le di órdenes al barbas para que se lleve a la vieja de allí y la encierre.

Lisa: Perfecto. Por fin se te ocurrió una idea medianamente buena en tu diminuto cerebro.

Luis Enrique: No me insultes ni pretendas ser más inteligente que yo porque no fuiste precisamente una genio al dejar con vida a María Helena. Debiste matarla cuando tuviste oportunidad.

Lisa: No lo hice porque era la única forma fácil de infiltrarme en la hacienda y solo ella me podía ayudar, pero ya se me está volviendo un estorbo la tipa esa.

Luis Enrique: ¿Qué hacemos ahora?

Lisa: Vamos a tener que acelerar las cosas. Vente para el hospital y sigue a Marissa. Esta misma noche vamos a darles su estacada final a esa imbécil. Si supiera con la que le voy a salir.

Lisa dice aquello último con gran seguridad y una profunda expresión de maldad. Luis Enrique, por su parte, no parece muy convencido.

CONTINUARÁ…

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