Capítulo 53: Cerca a la verdad
INT. / ESTACIÓN DE POLICÍA, CELDA / NOCHE
Pablo se encuentra sentado en la modesta cama sobre la cual durmió la noche anterior y mira pensativo hacia el vacío. Un policía le trae una bandeja con comida y abre la celda.

Policía: Te traje tu comida, princesito.
Pablo lo ve de mala forma.
Pablo: No le estoy dando confianza para que se refiera a mí de esa manera. Respéteme.
El policía le tira la comida encima y lo agarra de la camisa de forma violenta.
Policía: ¿Te crees muy valiente nada más porque tu mamita tiene lana para protegerte?
Pablo: ¿Y usted se cree muy valiente por el uniforme que tiene puesto? ¡Pues ándele y pégueme a ver a quién le va a peor!
El policía no lo duda y le pega un fuerte puñetazo al muchacho en el abdomen. Pablo queda sin aire y el policía procede a pegarle otro puño en la cara que lo deja aturdido. Acto seguido, el policía le da un rodillazo en la cara y lo lanza al piso donde procede a pegarle varias patadas en las costillas. Pablo grita sumamente adolorido.
Pablo: ¡Auxilio! ¡Alguien que me ayude! ¡Argh!
Policía: Nadie te va a venir a ayudar, princesito. Yo soy el que está de guardia y me pagaron una buena lana para darte una lección.
El policía se burla de él, saca su celular y comienza a grabar las múltiples patadas que le propina al muchacho. Pablo sigue gritando adolorido.
INT. / HOSPITAL DE VILLA ENCANTADA, ENTRADA / NOCHE
María Helena se encuentra cerca de la entrada del hospital al frente de la máquina dispensadora, mete un billete y selecciona un producto.

María Helena: El Alma en Pena me dijo que la policía en cualquier momento me iba a interrogar, pero aún nada y mi mamá debe estar corriendo peligro. Espero que doña Marissa salga pronto de ahí. Tengo que contarle la verdad y decirle que Lisa está viva para que contacte al detective del que me habló, solo que veo difícil que me crean por la falta de pruebas. ¿Quién va a creer que Martina es Lisa? (Frustrada)
María Helena voltea casualmente a ver hacia la calle y alcanza a ver a Danilo, quien se tambalea debido a la embriaguez. Varios autos pasan por la calle.

María Helena: Ay, ese es Danilo y por lo que veo no anda nada bien.
María Helena sale del hospital y le grita desde el otro extremo.
María Helena: (preocupada) ¡Danilo! ¡Danilo, ten cuidado!
Danilo, sin embargo, camina hacia los lados y en forma de zigzag.
María Helena: Desde aquí veo que está hasta las manitas. Un coche lo puede atropellar.
María Helena corre hacia él, pero intenta esquinar los autos que pasan. Danilo prácticamente está en medio de la calle e incluso algunos conductores de los autos le hacen sonar la bocina para que se aparte.
María Helena: (angustiada) ¡Danilo! ¡Vete hacia el otro lado! ¡Escúchame!
Danilo: ¿Qu…? ¿Qué pasa?
Danilo siente que lo llaman, pero al dirigir su mirada hacia María Helena, ve todo difuminado y dándole vueltas.
María Helena: ¡Danilo, que te salgas de la carretera, menso!
Danilo: (confundido) ¿Marissa?
Un auto se aproxima una velocidad más rápida y comienza a sonar insistente la bocina. María Helena lo ve venir aproximándose a Danilo.
María Helena: (muy alertada) ¡Cuidado!
Ella, en una maniobra rápida, esquina otro auto y se abalanza sobre Danilo para sacarlo del carril. Los dos caen en la acera y María Helena respira agitada.
María Helena: ¡Ay, qué alivio! ¡Gracias a Dios que no pasó nada!
Danilo divaga en su mente y mueve la cabeza hacia los lados con los ojos cerrados.
Danilo: Ma… Marissa…
María Helena: ¡Sí eres! Nada más acabas de salir del hospital y te vas a beber. Por poco y te atropellan otra vez. ¿Es lo que querías?
Danilo: Marissa, mi amor, yo te amo.
María Helena, en medio de su actitud refunfuñona, se percata del nombre mencionado por el muchacho y niega con la cabeza.
María Helena: ¡Óyeme! ¿Si quiera me estás escuchando?
Danilo: Marissa… Marissa, perdóname.
Danilo rompe a llorar desconsolado e ignorando el peligro que estaba ocurriendo. Es tanto su estado de embriaguez que abraza a María Helena y se recuesta en el pecho de ella.
Danilo: Yo no quería… Te juro que no quería, mi vida. Yo no quería (Repite llorando).
María Helena se incomoda al verse aprisionada por Danilo, pero se siente incapaz de quitárselo de encima.
Danilo: Te amo, te lo juro. Te amo con toda el alma. Perdóname.
María Helena le permite que siga llorando en su pecho e incluso corresponde levemente el abrazo. Danilo sólo sigue sumido en su llanto sin percatarse de la presencia de la joven.
CIUDAD DE MÉXICO
INT. / HOSPITAL, HABITACIÓN / NOCHE
Martha se encuentra durmiendo plácidamente. Nicanor, el supuesto enfermero que ha estado cuidando de ella entra en silencio a la habitación y con sigilo, se acerca a la cama sosteniendo un pañuelo en las manos.


Nicanor: (susurrando) Doña Martha (Comienza a moverla) Doña Martha, despiértese.
Nicanor cuida que nadie venga. Martha abre somnolienta los ojos.
Martha: (confundida) ¿Qué…? ¿Qué sucede?
Pero el hombre no da espera y pone el pañuelo en la nariz de la señora. Martha abre los ojos de impresión e intenta levantarse, pero a los pocos segundos, pierde el conocimiento.
Nicanor: Lástima porque me había caído bien usted, pero me van a dar una buena lana y pues ni modo.
El enfermero se ríe cínicamente.
VILLA ENCANTADA
INT. / HOSPITAL DE VILLA ENCANTADA, HABITACIÓN / NOCHE
Lisa entra sigilosamente a la habitación en la que Eduardo está recuperándose. El hombre duerme plácidamente y ella se acerca a la cama contemplándolo con profundo deseo.


Lisa: Te ves tan hermoso así, papi porque eso eres… mi papito; el que siempre me consintió; el que me protegió; el que me enseñó tantas cosas y me hizo mujer.
Lisa incluso se atreve a acariciar suavemente el rostro de Eduardo.
Lisa: Tienes que ser mío y yo tuya como siempre debió ser. Los dos, solo nosotros dos, amándonos…
Lisa se inclina y le da un leve beso en los labios. Eduardo entreabre los ojos y al percatarse, reacciona exaltado y se echa hacia atrás.
Eduardo: ¿Qué estás haciendo tú aquí?
Lisa le esboza una tímida sonrisa.
Lisa: He estado muy preocupada por usted y quise venir para saber cómo estaba, don Eduardo. Me alegra ver que por lo menos ya salió de peligro.
Eduardo: No es de hora de visitas hasta dónde yo sé. ¿Quién te dejó entrar?
Lisa: Pedí el favor a la enfermera. ¿Por qué la pregunta? ¿Tiene algo de malo?
Eduardo: Solo me extraña que estés aquí y que… (Se toca los labios)
Lisa: ¿Y que lo bese? ¿Es lo que iba a decir?
Eduardo no dice nada sintiéndose consternado. Lisa sonríe y atrevidamente, pasa su mano por el pecho de él.
Lisa: Entiendo que se sienta extrañado. Después de todo, debe ser raro despertar y encontrarse con una desconocida dándole un beso, ¿no? Pero no lo pude evitar.
Eduardo: (balbuceando) Es… Escucha, Martina…
Lisa: ¡Sh!
Lisa lo calla con delicadeza poniendo sensualmente su dedo índice sobre los labios de él.
Lisa: Escúcheme usted a mí. Creo que ya le había dicho lo mucho que me atrae y lo mal que me pone fantasear con su cuerpo, sus labios, sus caricias…
Eduardo denota gran incomodidad al escucharla.
Lisa: Usted es el hombre con el que siempre he soñado, don Eduardo y podré parecerle tonta, mensa, loca, pero siento una conexión muy fuerte por usted. Yo ya le había dicho lo mucho que me recuerda a mi papá.
Eduardo: No te voy a negar que se me hace raro porque apenas me conoces y hasta me halaga, pero yo ya tengo una relación.
Lisa: ¿Con la mujer que tanto daño le hizo? ¿Con la que estaba a punto de casarse?
Eduardo: Ya aclaramos las cosas y en cuanto salga de aquí, voy a seguir mis planes y voy casarme con ella porque es la mujer que amo.
Lisa: Conmigo no tiene que fingir, don Eduardo. Yo sé que usted desea unirse a esa tipa por interés para salir de sus problemas económicos.
Eduardo: Discúlpame, pero eso no te concierne. Mis sentimientos y mi vida privada solo me conciernen a mí, además no sé ni de dónde sacas esas conjeturas.
Lisa: ¿Que acaso ese no fue el trato que la mujer esa y usted acordaron en un inicio? ¿Casarse para despistar a su hermano Manuel que estaba como un buitre tras la herencia? Y no solo a él, también al tal Luis Enrique Escalante, su socio y justamente el ex de la tipa.
Eduardo: (confundido) ¿Cómo es que sabes esas cosas? Ni siquiera María Helena las sabe y no recuerdo haberle dicho nada a ella como para que te las contara a ti.
Lisa hace una pausa y sonríe con picardía.
Lisa: Verá, don Eduardo. Yo no he sido del todo sincera con usted. Cuando le dije que buscaba trabajo para pagarme la uni, no era verdad. De hecho, ni pobre soy. Tengo tanta lana que podría sacarlo de todos sus problemas financieros en un instante.
Eduardo: (sorprendido) ¿Entonces? ¿Por qué decirme algo así?
Lisa: Porque quería ser prudente. Mi marido que era cirujano plástico murió hace algunos días y me heredó todo lo que tenía, pero yo no lo amaba. De hecho, hasta me daba asco porque abusaba de mí y me maltrataba.
Lisa cambia su expresión de picardía a una de odio. Eduardo se impresiona al saber tal historia.
Lisa: Y conocerlo a usted, fue encontrarme con todo lo que buscaba en un hombre, guapo, atlético, caballeroso, educado… Usted es el hombre perfecto y si se casa conmigo, puedo sacarlo de deudas.
Eduardo: Martina, mira… Esta propuesta ya me lo hizo Carolina, la mujer por la que justamente estoy aquí en el hospital y que pensé que era mi amiga hasta que sacó a relucir la obsesión que tenía conmigo. Incluso hasta fue la culpable de la muerte de mi esposa.
Lisa: Lo sé. María Helena y yo pudimos escuchar la discusión que usted tuvo con ella la otra noche, pero yo a cambio de esa, de su difunta esposa y de la tal Marissa, puedo ser una verdadera mujer para usted. Cásate conmigo, Eduardo.
Lisa lo toma de una mano y lo mira con ojos suplicantes.
Lisa: (sollozando) Hazme olvidar toda esa vida de mierda que pasé al lado de mi esposo. Te juro que voy a ser paciente y te voy a esperar el tiempo que haga falta para que me ames. María Helena hasta me apoya y está de acuerdo conmigo.
Eduardo suelta sus manos de las de la joven.
Eduardo: Perdóname, pero no voy a renunciar al amor de mi vida por una mujer que apenas conozco y que viene aquí a hacerme ese tipo de propuesta.
Lisa: ¿Qué tengo que hacer para convencerte? ¿Que acaso no te atraigo? Porque pude ver en tus ojos que esa mañana que te toqué, te gustó.
Lisa llega al punto de tal de poner su mano en la entrepierna del hombre. Eduardo se exalta.
Eduardo: ¿Qué haces? Déjame.
Lisa: Niégame que no sentiste nada cuando puse mi mano justo aquí donde la tengo porque estoy segura de que si no nos hubieran interrumpido, hubiéramos podido hacer muchas cosas bien calientes…
Eduardo: (incómodo) Déjame, Martina, por favor o voy a tener que pedir que te saquen.
Lisa: ¡Niégamelo!
Eduardo pierde la paciencia y aparta la mano de la joven de su miembro.
Eduardo: ¡Basta ya! Esta vez no voy a permitir que ninguna mujer me acose y si tengo que meterte una denuncia, créeme que lo haré para que te alejes de mí. No pienso repetir el error que cometí con Carolina o con mi difunta hija Lisa por no ponerles un alto a tiempo.
Lisa suelta una bocanada de aire sintiéndose frustrada y frunce el ceño.
Lisa: ¡Muy bien! Ya veremos si no te vas a terminar arrepintiendo de rechazar a la única mujer que podría hacerte muy feliz porque déjame decirte algo… Marissa no vale la pena. Esa perra va a terminar decepcionándote de nuevo. Te lo digo yo.
Eduardo: (serio) Vete, por favor y aprovecha para recoger tus cosas porque en cuanto me den de alta, no quiero verte tampoco en la hacienda. Luego hablaré con María Helena.
Lisa: Como quieras. Te vas a acordar de mí en cuanto menos pienses cuando tu querida prometida entre por esa puerta para darte otra decepción más. Hasta pronto.
Lisa sale de la habitación rápidamente e incluso da un portazo. Eduardo niega con la cabeza y se acomoda en la cama con algo dificultad, pues aún siente dolor por la cirugía a la que fue sometido.
Eduardo: Cada vez que la escucho, me recuerda más a Lisa. ¿Qué se trae esta mujer?
INT. / HOSPITAL, PASILLO / NOCHE
Ernesto, entretanto, acaba de comprar un café en la máquina dispensadora y se va caminando hacia la habitación de Martha, sin embargo, al llegar allí, se sorprende al ver la cama vacía.

Ernesto: (sorprendido) ¿Doña Martha?
Ernesto deja el café en una mesa y con prontitud revisa si la mujer se encuentra en el baño, pero no. Ernesto sale corriendo rápidamente y en el pasillo, detiene a una enfermera.
Ernesto: ¿Dónde está la mujer de la habitación 510? ¿A dónde se la llevaron?
Enfermera: (confundida) ¿Doña Martha Quintana?
Ernesto: (exasperado) ¡Sí, esa misma! La estaba cuidando hasta que se quedó dormida y cuando fui por un café, ya no la encontré. ¿Dónde está?
Enfermera: La verdad no tengo esa información, señor. Se supone que la paciente está en recuperación y, que yo sepa, no se le ha autorizado traslado a otra habitación.
Ernesto se queda pensativo y parece ocurrírsele una idea.
Ernesto: No debe estar lejos. La dejé sola diez minutos.
Ernesto sale corriendo de allí para tomar el ascensor y la enfermera se queda extrañada. No obstante, al ver que aún falta para que el ascensor llegue, decide bajar por las escaleras.
INT. / HOSPITAL, PRIMER PISO / NOCHE
Nicanor, que ahora viste de manera casual como un visitante más, lleva a Martha en una silla de ruedas y se aproxima a la salida. Ella, por supuesto, está inconsciente debido a la fuerte droga que el hombre le hizo oler. Un guarda de seguridad lo detiene.


Guarda: ¿Me puede enseñar la orden de salida de la señora?
Nicanor: ¿Pos qué pasó, carnal? Es mi jefa y claro que le dieron de alta. ¿O a poco cree que la voy a sacar del hospital así nomás?
Guarda: Es protocolo, muchacho.
El hombre, fastidiado, saca del bolsillo de su pantalón una aparente orden de salida claramente hecha por él.
Nicanor: Ahí tiene.
El guarda mira con suspicacia la orden y luego mira a Martha, inconsciente, ajena a todo lo que ocurre.
Guarda: ¿Y la señora? ¿Se encuentra bien?
Nicanor: Sí, nada más está muy cansada la pobre, tanto que ni le dio tiempo de cambiarse de ropa y por eso me la llevo así en bata.
Guarda: Bueno, espero que se mejore su mamá. Bien pueda.
Nicanor: Gracias, carnal. Buena noche.
Nicanor le sonríe nervioso al guarda, pero justo en ese instante, Ernesto llega jadeando al piso.

Ernesto: (gritando) ¡Alto ahí!
Nicanor voltea y se sorprende al verlo. Incluso llama la atención de otras personas.
Nicanor: (frustrado) Tenía que aparecerse el pinche detective.
Ernesto se acerca, pero en una maniobra rápida, Nicanor saca una pistola que tenía guardada dentro de su jean y le apunta a Martha en la cabeza.
Nicanor: ¡Ni un paso más o le disparo!
Las personas de alrededor se espantan ante lo que está sucediendo y se alejan, incluso el guarda. Ernesto permanece tranquilo, pero frunciendo el ceño.
Ernesto: Calma, muchacho. No hay porqué ponernos violentos.
Ernesto acerca con disimulo su mano hacia su arma de dotación.
Nicanor: (furioso) ¡No te muevas, pendejo!
Ernesto levanta las manos al aire.
Ernesto: Está bien, está bien. Baja eso y hagamos las cosas por las buenas. Podemos negociar sea lo que sea que estés planeando.
Nicanor: (incrédulo) ¿Negociar? Sí claro. No voy a volver al bote otra vez. ¿Escuchaste? Me van a pagar una muy buena lana para largarme bien lejos, así que voy a salir y no quiero que me sigas.
Ernesto: ¿A dónde piensas llevarla?
Nicanor: Ese no es tu problema. Mejor ni te metas porque si veo que me sigues, le pongo un tiro en la cabeza a la vieja. ¡Que nadie me siga!
Nicanor dice aquello gritando y dispara hacia el techo. Varios gritos de mujeres se escuchan y algunos se echan asustados al piso. Para aprovechar el pánico, Nicanor no se da a la espera y sale huyendo rápidamente del hospital mientras impulsa a Martha en su silla, ajena a todo lo que está ocurriendo. No obstante, justo cuando el malhechor cruza el umbral de la puerta, dos patrullas de policía, que venían a toda prisa, se estacionan frente al hospital y salen varios policías.
Nicanor: (furioso) ¿Qué mierda?
Todo sucede en cuestión de segundos y antes de que el hombre pueda reaccionar, uno de los policías le dispara en el hombro y le hace soltar el arma que portaba.
Nicanor: (adolorido) ¡Argh!
Nicanor se lleva la mano a la parte donde ha recibido el disparo. Ernesto justo viene caminando detrás y le apunta con la pistola al tiempo que sonríe con burla.
Ernesto: Te lo dije, muchachón.
Nicanor respira agitado y frunciendo el ceño ante la impotencia que siente al verse rodeado de policías que lo amenazan con dispararle al más mínimo movimiento.
Ernesto: Podíamos negociar, pero tú lo quisiste por la malas y ahora te vas pal’ bote. ¿Cómo la ves? Tanto que querías evitar y mírate.
Nicanor tensa la mandíbula y su rostro denota gran furia al verse perdido. Martha sigue inconsciente. Ernesto saca unas esposas y comienza a ponérselas al hombre mientras sigue hablando.
Ernesto: En cuanto vi que Martha no estaba en la habitación, mientras bajaba corriendo, perdí refuerzos. Imaginé que alguien tendría que haberla sacado porque ella aún estaba débil como para salir por sí sola y no me equivoqué.
Nicanor: Puedo… Puedo explicarlo. Todavía podemos negociar. Tengo información que les puede servir.
Ernesto lo jala del cabello y le habla cerca a la oreja.
Ernesto: Claro que nos vas a dar toda la información que necesitamos, pero ya el trato pasó y mi hora de amabilidad se acabó, así que ahora te callas.
Ernesto lo suelta de mala gana y le hace una seña a las enfermeras del hospital para que vuelvan a ingresar a Martha.
VILLA ENCANTADA
INT. / HOSPITAL DE VILLA ENCANTADA, PASILLO / NOCHE
Marissa habla por celular mientras toma un café caliente en un vaso desechable.

Marissa: Entonces ¿vas a regresar más tarde?
INT. / CAMIONETA / NOCHE
María Helena, al otro lado de la línea, se encuentra dentro de una camioneta sentada en los asientos de atrás junto a Danilo, quien duerme. Un peón de la hacienda es quien conduce.


María Helena: Sí, doña Marissa. Es que la verdad no fui capaz de dejar a Danilo ahí tirado en la calle y tan borracho, así que lo voy a llevar a descansar a la hacienda. Imagínese que hasta tuve que llamar a uno de los empleados para que nos viniera a recoger.
INTERCUT MARISSA/MARÍA HELENA
Marissa: (seria) Está bien, María Helena. No te preocupes. Hiciste bien. Danilo podrá ser un patán, pero no le deseo ningún mal y tú eres una muchacha muy buena por ocuparte de él en ese estado. No cualquiera lo haría.
María Helena: (sonriendo) Nada más trato de hacer lo que está bien y de ayudar al que lo necesite, pero bueno. Cambiando de tema, ¿qué le han dicho de mi papá? ¿Cómo está?
Marissa: (sonriendo) Bien, mucho mejor diría yo.
María Helena: ¿Pudo verlo?
Marissa: Sí, pero nada más un momento y gracias a que le insistí mucho a la enfermera de turno para que me permitiera entrar.
María Helena: ¡Ay, qué bueno! Me da mucho alivio escuchar eso. ¿Y estaba despierto?
Marissa: Cuando entré estaba durmiendo, pero supongo que me escuchó hablándole y lo desperté. Traté de que no se agitara mucho, hablamos, hasta logramos aclarar varias cosas y tenías toda la razón, María Helena. La conversación que escuché era un montaje.
María Helena: ¿Un montaje?
Marissa: Así es. Eduardo nada más le dijo a Manuel que quería casarse conmigo por interés para aconsejarle que siguiera su ejemplo y se buscara una mujer rica para así lograr que se fuera lejos.
María Helena: Ya sabía yo que mi papá no podía haber estado hablando en serio en la dichosa grabación eso, pero me da reteharta alegría que hayan podido aclarar todo.
Marissa: Y a mí igual. Creo que me quité un peso de encima que tenía desde el malentendido con Carolina, que en paz descanse (Esboza su sonrisa).
María Helena: Supongo que mañana irá al entierro de ella, ¿no?
Marissa: Sí, necesito despedirla. Muy probablemente vayan tan solo conocidos, socios, pero yo soy su hermana y es lo justo darle un adiós.
María Helena: La entiendo. Si quiere, la puedo acompañar y así aprovecho para hablar con usted de algo muy delicado.
Marissa: (extrañada) ¿De qué se trata?
María Helena: ¡Ay, doña Marissa! (Suspira resignada) Es que son tantas cosas que no sé ni por dónde empezar. Nada más le pido que de ser posible, llame a su amigo el detective, del que me habló y si es posible, dígale que mañana mismo se vaya para Villa Encantada.
Marissa: No te estoy entendiendo. ¿Quieres que investigue sobre lo que te dije del cómplice de Lisa?
María Helena: Eso y varias cosas que estoy segura que le van a interesar. Creo que si es buen detective, nos puede ayudar mucho antes de que las cosas se compliquen más.
Marissa: Me dejas muy preocupada diciéndome eso. Hablas como si supieras algo.
María Helena: Quédese tranquila por esta noche y hágame el favor de estar muy pendiente de mi papá. En cuanto pueda, me regreso al hospital, ¿va?
Marissa: Está bien. Cuenta con ello.
María Helena: Gracias. Hasta luego.
María Helena cuelga la llamada y aprieta su celular contra su pecho temerosa de lo que pueda pasar. Danilo, dormido, justo deja caer su cabeza en el hombro de ella. María Helena se sorprende, pero no se atreve a apartarlo.
María Helena: (susurrando) No sé porqué me da la leve impresión de que nada de lo que le dijiste a Marissa era verdad. Es que no parecías tú, no el chavo guapo y buena onda que conocí.
Danilo solo mantiene sus ojos cerrados ajeno a lo que la joven le dice y continúa durmiendo sobre su hombro. Marissa, entretanto, en el hospital, bebe un poco de su café y se queda pensativa.
Marissa: ¿A qué se refería, María Helena? ¿Qué clase de cosas se pueden complicar más?
La mujer niega con la cabeza, toma su celular de nuevo y marca un número en específico.
CIUDAD DE MÉXICO
INT. / HOSPITAL, SALA DE URGENCIAS / NOCHE
Nicanor se encuentra recostado en una cama, sin camisa y con el hombro vendado luego de que le extrajeran la bala. Es custodiado por un policía y una de sus manos está esposada a la barra de la cama. Ernesto entra a la sala de urgencias y se acerca a él.


Ernesto: ¡Y bien! Soy todo oídos. Cuéntame quién fue la persona que te envió a secuestrar a Martha Quintana. Nicanor te llamas, ¿no?
Nicanor: No voy a decir nada hasta que me pongan un abogado de esos del estado o me dejen hacer una llamada.
Ernesto: Sí, claro. Una llamada. ¿Para qué? ¿Para poner en sobreaviso a tu cómplice? No me veas la cara de pendejo que soy mucho más mayor que tú y ya me conozco a los de tu calaña. Ni un abogado del estado te sacaría de este pedo en el que te metiste.
Nicanor no responde. Ernesto se aleja y comienza a caminar despacio de un lado hacia al otro.
Ernesto: Ya revisé tu historial delictivo y, en efecto, ya estuviste en prisión una vez a los diecisiete por ser parte de una banda de delincuentes que traficaban drogas en la preparatoria a la que ibas. Primero estuviste en la correccional de menores y ahí luego te trasladaron.
Nicanor permanece en silencio sin alterar aquella expresión amarga de su rostro.
Ernesto: En aquel entonces te dieron tres años, poco tiempo la verdad para ratas como tú que no se regeneran ni hacen el más mínimo pinche esfuerzo por cambiar de vida, y esta vez, con suerte, te pueden dar unos quince años por intento de secuestro.
Nicanor parece resignado. Ernesto deja de caminar y se hace a su lado hablándole cerca al oído.
Ernesto: ¿Es lo que quieres? ¿Volver a prisión y pasar más tiempo del que ya estuviste una vez?
Nicanor: ¿Qué tengo que hacer? (Pregunta en mal tono)
Ernesto: ¡Fácil! Nada más dime para quién trabajas y sé honesto, ¿quieres? Porque ya tengo tu celular en mi poder y nada me cuesta rastrear todas tus llamadas, solo que si doy con tu cómplice por mi propia cuenta ahí ya no habría lugar a tratos para ti.
Nicanor se queda pensativo.
Ernesto: ¿Qué dices? ¿Vas a ser tantito inteligente esta vez o te vas a hacer el valiente como abajo?
Nicanor: Fue un bato.
Ernesto: ¿Cómo?
Nicanor: Se llama Luis Enrique y lo conocí porque me compró un arma hace tiempo.
Ernesto: (sorprendido) ¿Cuál es su apellido?
Nicanor: De eso no sé nada. Cuando he vendido armas en el mercado negro, no me interesa preguntar apellidos ni nada de esas cosas. Lo que me importa es que me paguen.
Ernesto: ¿Y con qué motivo el tal Luis Enrique quería secuestrar a Martha?
Nicanor: El bato está trabajando para una mujer, pero tampoco sé cómo se llama la vieja. Ella es la que lo mandó a ponerse en contacto conmigo y le pasó mi número. No me dieron detalles. Nada más me ordenaron hacerme pasar por enfermero y vigilar a la seño Martha.
Ernesto: ¿Por qué vigilarla? ¿Qué más sabes?
Nicanor: Me parece que están amenazando a alguien porque esta mañana la vieja que le digo me llamó justo cuando le estaba haciendo guardia a la señito y me ordenó que le pasara el celular para que pudiera hablar con su hija, una tal Malena.
Ernesto: (pensativo) Es decir que la hija de Martha y la mujer que te contrató estaban juntas.
Nicanor: Sí. Ha de ser la tipa esa a la que están amenazando.
Ernesto sigue pensativo tratando de analizar la situación, pero el interrogatorio es interrumpido cuando escucha que una llamada entra a su celular. Ernesto se sorprende al ver en la pantalla de quién se trata.
Ernesto: Por hoy terminamos y nada más porque soy bueno, te voy a dejar descansar antes de que te traslademos.
Nicanor: ¿Cuántos años me van a dar? Ya te dije todo lo que sé.
Ernesto le sonríe con burla y no le responde para luego salir de la sala de urgencias.
Nicanor: ¡Hey! ¡Espera, güey! ¡Te hice una pregunta!
Nicanor rechista frustrado al verse ignorado por el detective. Ernesto, por su parte, toma la llamada en el pasillo.
Ernesto: Marissa… Me sorprende tu llamada. ¡Cuánto tiempo!
VILLA ENCANTADA
EXT. / HOSPITAL DE VILLA DE ENCANTADA / NOCHE
Marissa es quien efectivamente se encuentra al otro lado de la línea. Es de notar que está a justo en la entrada del hospital del pueblo.

Marissa: Qué bueno que me contestas, Ernesto. ¿Cómo has estado?
INTERCUT ERNESTO/MARISSA
Ernesto. No me puedo quejar. Hace mucho que no sabía nada de ti, pero como puedes ver, aún tenía tu número guardado. ¿Cómo has estado tú?
Marissa: Bien en lo que cabe. Me han sucedido tantas cosas en los últimos meses que se nos podría ir toda la noche hablando. Disculpa que te llame a la medianoche.
Ernesto: Tú sabes que siempre he estado dispuesto a escucharte y a ayudarte en todo lo que necesites. Siempre fuimos buenos amigos en la universidad y para mí no sería ninguna molestia si hablamos la noche entera.
Marissa: Es muy gentil de tu parte escuchar eso y quizá luego podamos hablar con más calma en persona, pero si te estoy llamando, aparte de alegrarme saber que estás bien, es para pedirte un favor muy encarecidamente.
Ernesto: Tú dirás. Bien sabes que puedes contar conmigo desde que estábamos en la universidad.
Marissa: Lo sé y por eso me tomo el atrevimiento. Verás… Hace unos meses, iba a casarse de nuevo…
Ernesto: ¿Te divorciaste de Luis Enrique Escalante?
Marissa: Sí, es una larga historia. El caso es que, la hija de mi prometido, una muchachita de tan solo diecisiete años, cometió varios crímenes. Hizo cosas horrendas y participó en el asesino de su mamá, su abuela y hasta de una pobre empleada de la hacienda donde vivía.
Ernesto se sorprende al oírla y tal historia le parece familiar.
Marissa: Incluso a mí me tomó como rehén el día de la boda y en el intento de huir de la policía, a mí me lanzó a la carretera y ella tuvo un accidente horrible donde murió.
Ernesto: Espera, espera… Dime algo. ¿La muchacha de la que me hablas se llamaba Lisa Román de casualidad? ¿Ibas a casarse con Eduardo Román?
Marissa balbucea sorprendida.
Marissa: S… sí… ¿Cómo lo sabes?
Ernesto: Vaya, vaya. Entonces sí se trataba de ti.
Marissa: ¿De qué estás hablando? No te estoy entendiendo, Ernesto.
Ernesto: Marissa, desde hace unos días he estado investigando un caso de asesinato muy extraño que involucra a esa familia. Hoy nada más me llegó un video anónimo en el que parece un hombre, Epifanio de La Torre. Según, grabó el video antes de morir y te mencionaba a ti diciendo que eras su hija.
Marissa se impresiona en gran manera al escucharlo.
Marissa: De hecho, es cierto. Epifanio era mi verdadero padre. He ahí el porqué te dije que me han pasado tantas cosas.
Ernesto: Entonces sí era cierto. ¡Qué pequeño es el mundo! (Sonríe con incredulidad) ¿Qué me iba a imaginar que todo este caso también te incluía a ti?
Marissa: Y yo no tenía ni idea. ¿Qué más decía en el video?
Ernesto: Muchas cosas que me gustaría hablar contigo en persona. Dime dónde estás y nos vemos para que podamos conversar con más calma, y así te escucho también.
Marissa: No estoy en México en este momento. Estoy en Villa Encantada.
Ernesto: Entiendo. Eso facilita un poco las cosas. Pensaba justo ir mañana para allá por el caso de asesinato del que te platiqué hace un rato.
Marissa: ¿Es algo muy grave?
Ernesto: Me temo que más que grave, es turbio… Muy turbio. Nada más ten cuidado.
Marissa: ¿Por qué lo dices? ¿Qué ocurre?
Ernesto: Dime algo. ¿Tienes idea de dónde se encuentra tu exmarido en este instante? ¿Está también él en Villa Encantada?
Marissa: No estoy segura, pero diría sí. ¿Por qué lo preguntas?
Ernesto: ¿Conoces también de casualidad a María Helena Quintana y a Martina Villareal?
Marissa: Claro. María Helena es hija también de Eduardo y Martina, bueno, no la conozco bien. Es amiga de María Helena y llegó hace unos días al pueblo. Inclusive se presentó conmigo diciéndome que quería que empezáramos un proyecto juntas, pero metió en un problema serio a mi hijo.
Ernesto: (pensativo) Ya veo.
Marissa: (angustiada) Dime qué está pasando, Ernesto. ¿Cómo es que los conoces a todos?
Ernesto: Como te dije, cada uno de ellos se relaciona con el caso que estoy investigando. Se trata del esposo de Martina Villareal, un cirujano plástico que se llamaba Enzo Quiroga.
Marissa: Martina me platicó un poco de ello, pero no me dijo que había sido asesinado.
Ernesto: No puedo darte todos los detalles, pero cuídate mientras llego a Villa Encantada. Martina y María Helena son sospechosas del asesinato del cirujano.
Marissa: (impactada) Debe ser un error, Ernesto. María Helena es una muchacha a todo dar. Es noble, sencilla, incapaz de cometer algo así.
Ernesto: No lo sabemos. Lo mismo me dijo Martha Quintana, su madre adoptiva, que ahorita está internada en el hospital por una cirugía que tuvo. El punto es que debo interrogarla porque lo más probable es que Lisa Román esté viva.
Marissa siente que un frío le recorre por todo el cuerpo y un vacío la invade en el pecho.
Marissa: (en un hilo de voz) ¿Qu…? ¿Qué…? ¿Qué dijiste?
Ernesto: Epifanio de La Torre confesó en su video que él rescató a Lisa Román del accidente, se la dejó a cargo al cirujano Enzo Quiroga de quien era amigo y él le practicó una cirugía plástica que la hizo cambiar de rostro. Lo hizo porque pensaba que era su hija.
Marissa desencaja el rostro, empalidece y se lleva una mano al pecho sintiendo que le cuesta respirar.
Marissa: No puede ser. Es que no puede ser. Una cosa así es muy difícil de creer, Ernesto. ¡Dios mío! ¿Lisa viva?
Ernesto: Así es y es más probable todavía que se encuentre en estos momentos muy cerca. Estoy por pensar que es nada más y nada menos que la misma Martina Villareal.
Marissa: Esto es demasiado.
Marissa se recuesta en una columna y tiene los ojos desorbitados; se cubre la boca con una mano e intenta recuperar el aliento.
Marissa: Con razón… Con razón me sentí así cuando la vi por primera vez y con razón me tiene tanto recelo. Me mira como si me odiara. Lo de trabajar conmigo era una excusa para acercarse a mí. Dios mío, ¿qué iba a imaginar si quiera que podía ser Lisa?
Ernesto: Es la conclusión a la que llegué porque la asesina de Enzo Quiroga fue una paciente que no tenía registrada, pero en una ocasión una enfermera escuchó al doctor llamándola “Lisa”. Además, Martina estuvo desaparecida mucho tiempo y solo apareció el día del funeral afirmando que Enzo la maltrataba. Me contó incluso que fue María Helena quien la ayudó a esconderse. ¿Ves las conexiones?
Marissa: Tiene sentido (Hace una pausa) Entonces, ¿María Helena y Lisa son cómplices?
Ernesto: Es lo que creo, pero me falta confirmarlo. Puede ser que María Helena también esté siendo chantajeada. Ella también estuvo presente en el asesinato de Manuel Román, su tío, solo que ella no lo mató. Fue alguien más que usaba un disfraz bien peculiar, así que si ayudó a Lisa, puede ser que lo hizo bajo la amenaza de hacerle daño a su mamá.
Marissa: ¿Qué puedo hacer, Ernesto? No voy a poder quedarme tranquila sabiendo tantas cosas tan horribles. ¿Qué hago? (Desesperada)
Ernesto: Cuidarte y tratar de no estar sola. Quédate en lugares públicos donde haya gente. Desconozco que es lo busca Lisa, Martina o como se llame y no está demás recomendarte que te mantengas alejada de Martina, María Helena o del mismo Luis Enrique.
Marissa: ¿Qué tiene que ver él en todo esto?
Ernesto: Sospecho que puede ser cómplice de ellas también. Martha Quintana casi fue secuestrada esta noche por un tipo que se hacía pasar por enfermero. Logramos atraparlo y confesó que trabaja para un tal “Luis Enrique”, solo que no me dijo su apellido, pero es muy seguro que se trate de tu ex.
De repente, Marissa escucha una voz detrás que la deja helada.

Luis Enrique: Marissa…
Marissa voltea y se encuentra en primer plano con su exmarido, quien la mira seriamente.
Marissa. (en un hilo) Luis Enrique…
Ernesto, desde su celular, alcanza a escuchar y se alerta.
Ernesto: ¡Marissa, aléjate de inmediato de ese tipo!
Marissa da un paso hacia atrás y comienza a temblar.
Marissa: No te me acerques.
Luis Enrique: ¿Qué te ocurre? Estás pálida como un fantasma (Intenta acercarse).
Marissa: ¡Que no te me acerques! ¡Ni un paso más o voy a gritar!
Ernesto: Marissa, escúchame, sal corriendo de allí.
Luis Enrique: No entiendo qué pasa. Nada más quise venir para saber cómo sigue Eduardo y también a visitar a Danilo, pero ya me dijeron que fue dado de alta. ¿Ocurre algo malo?
Marissa guarda silencio y continúa alejándose de él sin darse cuenta que se está acercando a los escalones de la entrada del hospital.
Luis Enrique: (extrañado) Marissa… ¿Estás bien?
Marissa: Lárgate de aquí, Luis Enrique.
Luis Enrique: Sigo sin entender. ¿Por qué mejor no te calmas y me explicas por qué estás en esa actitud hostil hacia mí? Pensé que, a pesar de estar divorciados, podíamos seguir teniendo una relación buena. Nada más hace unos días me invitaste a la boda de nuestros hijos.
Marissa: ¿Buena relación? (Enarca una ceja preguntando en tono sarcástico) ¿Buena relación dices? ¿Cómo podría seguir relacionada a un criminal como tú?
Luis Enrique: ¿Por qué me hablas así? ¿Te hice algo malo?
Ernesto: ¡Marissa, deja de hablar con él! ¡Es peligroso! ¡Hazme caso!
Marissa: ¿Cómo tienes el descaro de preguntarme algo así?
Luis Enrique: Es que no te estoy entendiendo, mujer. Pensé que las cosas iban bien entre nosotros.
Marissa: Es mejor que te vayas y no me busques, no me llames. ¡Vete!
Marissa intenta adentrarse en el hospital, pero Luis Enrique la toma de un brazo bruscamente.
Luis Enrique: ¡Espera! Necesito que hablemos.
Marissa: (intentando soltarse) ¡Déjame! ¡No te atrevas a ponerme la mano encima!
Luis Enrique: Marissa, no seas terca y escúchame. Esto es importante.
Marissa: ¡Que me sueltes, Luis Enrique o voy a formar un escándalo!
Luis Enrique: Tienes que venir conmigo.
Marissa: No voy a ir contigo a ninguna parte y ya déjame.
Marissa se revuelve intentando zafarse del hombre, pero la fuerza de él es superior.
Luis Enrique: ¡Escúchame, maldita sea! ¡Se trata sobre Pablo!
Marissa deja de moverse al oír el nombre de su hijo. Es de notar que no ha colgado la llamada y sostiene el celular en una de las manos. Ernesto escucha toda la conversación.
Marissa: ¿Qué es lo que sabes?
Luis Enrique: Si te calmas y me acompañas a un lugar más privado para que hablemos, te juro que te voy a explicar, pero si te pones en esa actitud, no podré hacer mucho por ti.
Ernesto: ¡Marissa, no lo oigas y huye de allí!
Marissa: No pienso ir contigo a ningún otro lugar. Lo que tengas para decirme, dímelo aquí.
Luis Enrique: Pablo corre peligro y si no quieres que nada malo le pase, vas a tener que seguir mis órdenes y a mí manera.
Ernesto: (desesperado) ¡Marissa! ¡Marissa, no lo oigas!
Marissa: ¿Qué le estás pensando hacer a mi hijo, infeliz?
Luis Enrique: Esto no se trata de mí.
Marissa: Con eso asumo que entonces es cierto, ¿no? Lisa está viva y estás aliado con ella.
Luis Enrique se sorprende al ver que la mujer está al tanto de la situación.
Luis Enrique: ¿Cómo lo supiste?
Marissa: (muy seria) ¿Dónde está? (Luis Enrique no responde) ¿Dónde está? (Repite gritando)
Luis Enrique sigue sin responder y ambos se miran muy serios.
CONTINUARÁ…
Pablo se encuentra sentado en la modesta cama sobre la cual durmió la noche anterior y mira pensativo hacia el vacío. Un policía le trae una bandeja con comida y abre la celda.

Policía: Te traje tu comida, princesito.
Pablo lo ve de mala forma.
Pablo: No le estoy dando confianza para que se refiera a mí de esa manera. Respéteme.
El policía le tira la comida encima y lo agarra de la camisa de forma violenta.
Policía: ¿Te crees muy valiente nada más porque tu mamita tiene lana para protegerte?
Pablo: ¿Y usted se cree muy valiente por el uniforme que tiene puesto? ¡Pues ándele y pégueme a ver a quién le va a peor!
El policía no lo duda y le pega un fuerte puñetazo al muchacho en el abdomen. Pablo queda sin aire y el policía procede a pegarle otro puño en la cara que lo deja aturdido. Acto seguido, el policía le da un rodillazo en la cara y lo lanza al piso donde procede a pegarle varias patadas en las costillas. Pablo grita sumamente adolorido.
Pablo: ¡Auxilio! ¡Alguien que me ayude! ¡Argh!
Policía: Nadie te va a venir a ayudar, princesito. Yo soy el que está de guardia y me pagaron una buena lana para darte una lección.
El policía se burla de él, saca su celular y comienza a grabar las múltiples patadas que le propina al muchacho. Pablo sigue gritando adolorido.
INT. / HOSPITAL DE VILLA ENCANTADA, ENTRADA / NOCHE
María Helena se encuentra cerca de la entrada del hospital al frente de la máquina dispensadora, mete un billete y selecciona un producto.

María Helena: El Alma en Pena me dijo que la policía en cualquier momento me iba a interrogar, pero aún nada y mi mamá debe estar corriendo peligro. Espero que doña Marissa salga pronto de ahí. Tengo que contarle la verdad y decirle que Lisa está viva para que contacte al detective del que me habló, solo que veo difícil que me crean por la falta de pruebas. ¿Quién va a creer que Martina es Lisa? (Frustrada)
María Helena voltea casualmente a ver hacia la calle y alcanza a ver a Danilo, quien se tambalea debido a la embriaguez. Varios autos pasan por la calle.

María Helena: Ay, ese es Danilo y por lo que veo no anda nada bien.
María Helena sale del hospital y le grita desde el otro extremo.
María Helena: (preocupada) ¡Danilo! ¡Danilo, ten cuidado!
Danilo, sin embargo, camina hacia los lados y en forma de zigzag.
María Helena: Desde aquí veo que está hasta las manitas. Un coche lo puede atropellar.
María Helena corre hacia él, pero intenta esquinar los autos que pasan. Danilo prácticamente está en medio de la calle e incluso algunos conductores de los autos le hacen sonar la bocina para que se aparte.
María Helena: (angustiada) ¡Danilo! ¡Vete hacia el otro lado! ¡Escúchame!
Danilo: ¿Qu…? ¿Qué pasa?
Danilo siente que lo llaman, pero al dirigir su mirada hacia María Helena, ve todo difuminado y dándole vueltas.
María Helena: ¡Danilo, que te salgas de la carretera, menso!
Danilo: (confundido) ¿Marissa?
Un auto se aproxima una velocidad más rápida y comienza a sonar insistente la bocina. María Helena lo ve venir aproximándose a Danilo.
María Helena: (muy alertada) ¡Cuidado!
Ella, en una maniobra rápida, esquina otro auto y se abalanza sobre Danilo para sacarlo del carril. Los dos caen en la acera y María Helena respira agitada.
María Helena: ¡Ay, qué alivio! ¡Gracias a Dios que no pasó nada!
Danilo divaga en su mente y mueve la cabeza hacia los lados con los ojos cerrados.
Danilo: Ma… Marissa…
María Helena: ¡Sí eres! Nada más acabas de salir del hospital y te vas a beber. Por poco y te atropellan otra vez. ¿Es lo que querías?
Danilo: Marissa, mi amor, yo te amo.
María Helena, en medio de su actitud refunfuñona, se percata del nombre mencionado por el muchacho y niega con la cabeza.
María Helena: ¡Óyeme! ¿Si quiera me estás escuchando?
Danilo: Marissa… Marissa, perdóname.
Danilo rompe a llorar desconsolado e ignorando el peligro que estaba ocurriendo. Es tanto su estado de embriaguez que abraza a María Helena y se recuesta en el pecho de ella.
Danilo: Yo no quería… Te juro que no quería, mi vida. Yo no quería (Repite llorando).
María Helena se incomoda al verse aprisionada por Danilo, pero se siente incapaz de quitárselo de encima.
Danilo: Te amo, te lo juro. Te amo con toda el alma. Perdóname.
María Helena le permite que siga llorando en su pecho e incluso corresponde levemente el abrazo. Danilo sólo sigue sumido en su llanto sin percatarse de la presencia de la joven.
CIUDAD DE MÉXICO
INT. / HOSPITAL, HABITACIÓN / NOCHE
Martha se encuentra durmiendo plácidamente. Nicanor, el supuesto enfermero que ha estado cuidando de ella entra en silencio a la habitación y con sigilo, se acerca a la cama sosteniendo un pañuelo en las manos.


Nicanor: (susurrando) Doña Martha (Comienza a moverla) Doña Martha, despiértese.
Nicanor cuida que nadie venga. Martha abre somnolienta los ojos.
Martha: (confundida) ¿Qué…? ¿Qué sucede?
Pero el hombre no da espera y pone el pañuelo en la nariz de la señora. Martha abre los ojos de impresión e intenta levantarse, pero a los pocos segundos, pierde el conocimiento.
Nicanor: Lástima porque me había caído bien usted, pero me van a dar una buena lana y pues ni modo.
El enfermero se ríe cínicamente.
VILLA ENCANTADA
INT. / HOSPITAL DE VILLA ENCANTADA, HABITACIÓN / NOCHE
Lisa entra sigilosamente a la habitación en la que Eduardo está recuperándose. El hombre duerme plácidamente y ella se acerca a la cama contemplándolo con profundo deseo.


Lisa: Te ves tan hermoso así, papi porque eso eres… mi papito; el que siempre me consintió; el que me protegió; el que me enseñó tantas cosas y me hizo mujer.
Lisa incluso se atreve a acariciar suavemente el rostro de Eduardo.
Lisa: Tienes que ser mío y yo tuya como siempre debió ser. Los dos, solo nosotros dos, amándonos…
Lisa se inclina y le da un leve beso en los labios. Eduardo entreabre los ojos y al percatarse, reacciona exaltado y se echa hacia atrás.
Eduardo: ¿Qué estás haciendo tú aquí?
Lisa le esboza una tímida sonrisa.
Lisa: He estado muy preocupada por usted y quise venir para saber cómo estaba, don Eduardo. Me alegra ver que por lo menos ya salió de peligro.
Eduardo: No es de hora de visitas hasta dónde yo sé. ¿Quién te dejó entrar?
Lisa: Pedí el favor a la enfermera. ¿Por qué la pregunta? ¿Tiene algo de malo?
Eduardo: Solo me extraña que estés aquí y que… (Se toca los labios)
Lisa: ¿Y que lo bese? ¿Es lo que iba a decir?
Eduardo no dice nada sintiéndose consternado. Lisa sonríe y atrevidamente, pasa su mano por el pecho de él.
Lisa: Entiendo que se sienta extrañado. Después de todo, debe ser raro despertar y encontrarse con una desconocida dándole un beso, ¿no? Pero no lo pude evitar.
Eduardo: (balbuceando) Es… Escucha, Martina…
Lisa: ¡Sh!
Lisa lo calla con delicadeza poniendo sensualmente su dedo índice sobre los labios de él.
Lisa: Escúcheme usted a mí. Creo que ya le había dicho lo mucho que me atrae y lo mal que me pone fantasear con su cuerpo, sus labios, sus caricias…
Eduardo denota gran incomodidad al escucharla.
Lisa: Usted es el hombre con el que siempre he soñado, don Eduardo y podré parecerle tonta, mensa, loca, pero siento una conexión muy fuerte por usted. Yo ya le había dicho lo mucho que me recuerda a mi papá.
Eduardo: No te voy a negar que se me hace raro porque apenas me conoces y hasta me halaga, pero yo ya tengo una relación.
Lisa: ¿Con la mujer que tanto daño le hizo? ¿Con la que estaba a punto de casarse?
Eduardo: Ya aclaramos las cosas y en cuanto salga de aquí, voy a seguir mis planes y voy casarme con ella porque es la mujer que amo.
Lisa: Conmigo no tiene que fingir, don Eduardo. Yo sé que usted desea unirse a esa tipa por interés para salir de sus problemas económicos.
Eduardo: Discúlpame, pero eso no te concierne. Mis sentimientos y mi vida privada solo me conciernen a mí, además no sé ni de dónde sacas esas conjeturas.
Lisa: ¿Que acaso ese no fue el trato que la mujer esa y usted acordaron en un inicio? ¿Casarse para despistar a su hermano Manuel que estaba como un buitre tras la herencia? Y no solo a él, también al tal Luis Enrique Escalante, su socio y justamente el ex de la tipa.
Eduardo: (confundido) ¿Cómo es que sabes esas cosas? Ni siquiera María Helena las sabe y no recuerdo haberle dicho nada a ella como para que te las contara a ti.
Lisa hace una pausa y sonríe con picardía.
Lisa: Verá, don Eduardo. Yo no he sido del todo sincera con usted. Cuando le dije que buscaba trabajo para pagarme la uni, no era verdad. De hecho, ni pobre soy. Tengo tanta lana que podría sacarlo de todos sus problemas financieros en un instante.
Eduardo: (sorprendido) ¿Entonces? ¿Por qué decirme algo así?
Lisa: Porque quería ser prudente. Mi marido que era cirujano plástico murió hace algunos días y me heredó todo lo que tenía, pero yo no lo amaba. De hecho, hasta me daba asco porque abusaba de mí y me maltrataba.
Lisa cambia su expresión de picardía a una de odio. Eduardo se impresiona al saber tal historia.
Lisa: Y conocerlo a usted, fue encontrarme con todo lo que buscaba en un hombre, guapo, atlético, caballeroso, educado… Usted es el hombre perfecto y si se casa conmigo, puedo sacarlo de deudas.
Eduardo: Martina, mira… Esta propuesta ya me lo hizo Carolina, la mujer por la que justamente estoy aquí en el hospital y que pensé que era mi amiga hasta que sacó a relucir la obsesión que tenía conmigo. Incluso hasta fue la culpable de la muerte de mi esposa.
Lisa: Lo sé. María Helena y yo pudimos escuchar la discusión que usted tuvo con ella la otra noche, pero yo a cambio de esa, de su difunta esposa y de la tal Marissa, puedo ser una verdadera mujer para usted. Cásate conmigo, Eduardo.
Lisa lo toma de una mano y lo mira con ojos suplicantes.
Lisa: (sollozando) Hazme olvidar toda esa vida de mierda que pasé al lado de mi esposo. Te juro que voy a ser paciente y te voy a esperar el tiempo que haga falta para que me ames. María Helena hasta me apoya y está de acuerdo conmigo.
Eduardo suelta sus manos de las de la joven.
Eduardo: Perdóname, pero no voy a renunciar al amor de mi vida por una mujer que apenas conozco y que viene aquí a hacerme ese tipo de propuesta.
Lisa: ¿Qué tengo que hacer para convencerte? ¿Que acaso no te atraigo? Porque pude ver en tus ojos que esa mañana que te toqué, te gustó.
Lisa llega al punto de tal de poner su mano en la entrepierna del hombre. Eduardo se exalta.
Eduardo: ¿Qué haces? Déjame.
Lisa: Niégame que no sentiste nada cuando puse mi mano justo aquí donde la tengo porque estoy segura de que si no nos hubieran interrumpido, hubiéramos podido hacer muchas cosas bien calientes…
Eduardo: (incómodo) Déjame, Martina, por favor o voy a tener que pedir que te saquen.
Lisa: ¡Niégamelo!
Eduardo pierde la paciencia y aparta la mano de la joven de su miembro.
Eduardo: ¡Basta ya! Esta vez no voy a permitir que ninguna mujer me acose y si tengo que meterte una denuncia, créeme que lo haré para que te alejes de mí. No pienso repetir el error que cometí con Carolina o con mi difunta hija Lisa por no ponerles un alto a tiempo.
Lisa suelta una bocanada de aire sintiéndose frustrada y frunce el ceño.
Lisa: ¡Muy bien! Ya veremos si no te vas a terminar arrepintiendo de rechazar a la única mujer que podría hacerte muy feliz porque déjame decirte algo… Marissa no vale la pena. Esa perra va a terminar decepcionándote de nuevo. Te lo digo yo.
Eduardo: (serio) Vete, por favor y aprovecha para recoger tus cosas porque en cuanto me den de alta, no quiero verte tampoco en la hacienda. Luego hablaré con María Helena.
Lisa: Como quieras. Te vas a acordar de mí en cuanto menos pienses cuando tu querida prometida entre por esa puerta para darte otra decepción más. Hasta pronto.
Lisa sale de la habitación rápidamente e incluso da un portazo. Eduardo niega con la cabeza y se acomoda en la cama con algo dificultad, pues aún siente dolor por la cirugía a la que fue sometido.
Eduardo: Cada vez que la escucho, me recuerda más a Lisa. ¿Qué se trae esta mujer?
INT. / HOSPITAL, PASILLO / NOCHE
Ernesto, entretanto, acaba de comprar un café en la máquina dispensadora y se va caminando hacia la habitación de Martha, sin embargo, al llegar allí, se sorprende al ver la cama vacía.

Ernesto: (sorprendido) ¿Doña Martha?
Ernesto deja el café en una mesa y con prontitud revisa si la mujer se encuentra en el baño, pero no. Ernesto sale corriendo rápidamente y en el pasillo, detiene a una enfermera.
Ernesto: ¿Dónde está la mujer de la habitación 510? ¿A dónde se la llevaron?
Enfermera: (confundida) ¿Doña Martha Quintana?
Ernesto: (exasperado) ¡Sí, esa misma! La estaba cuidando hasta que se quedó dormida y cuando fui por un café, ya no la encontré. ¿Dónde está?
Enfermera: La verdad no tengo esa información, señor. Se supone que la paciente está en recuperación y, que yo sepa, no se le ha autorizado traslado a otra habitación.
Ernesto se queda pensativo y parece ocurrírsele una idea.
Ernesto: No debe estar lejos. La dejé sola diez minutos.
Ernesto sale corriendo de allí para tomar el ascensor y la enfermera se queda extrañada. No obstante, al ver que aún falta para que el ascensor llegue, decide bajar por las escaleras.
INT. / HOSPITAL, PRIMER PISO / NOCHE
Nicanor, que ahora viste de manera casual como un visitante más, lleva a Martha en una silla de ruedas y se aproxima a la salida. Ella, por supuesto, está inconsciente debido a la fuerte droga que el hombre le hizo oler. Un guarda de seguridad lo detiene.


Guarda: ¿Me puede enseñar la orden de salida de la señora?
Nicanor: ¿Pos qué pasó, carnal? Es mi jefa y claro que le dieron de alta. ¿O a poco cree que la voy a sacar del hospital así nomás?
Guarda: Es protocolo, muchacho.
El hombre, fastidiado, saca del bolsillo de su pantalón una aparente orden de salida claramente hecha por él.
Nicanor: Ahí tiene.
El guarda mira con suspicacia la orden y luego mira a Martha, inconsciente, ajena a todo lo que ocurre.
Guarda: ¿Y la señora? ¿Se encuentra bien?
Nicanor: Sí, nada más está muy cansada la pobre, tanto que ni le dio tiempo de cambiarse de ropa y por eso me la llevo así en bata.
Guarda: Bueno, espero que se mejore su mamá. Bien pueda.
Nicanor: Gracias, carnal. Buena noche.
Nicanor le sonríe nervioso al guarda, pero justo en ese instante, Ernesto llega jadeando al piso.

Ernesto: (gritando) ¡Alto ahí!
Nicanor voltea y se sorprende al verlo. Incluso llama la atención de otras personas.
Nicanor: (frustrado) Tenía que aparecerse el pinche detective.
Ernesto se acerca, pero en una maniobra rápida, Nicanor saca una pistola que tenía guardada dentro de su jean y le apunta a Martha en la cabeza.
Nicanor: ¡Ni un paso más o le disparo!
Las personas de alrededor se espantan ante lo que está sucediendo y se alejan, incluso el guarda. Ernesto permanece tranquilo, pero frunciendo el ceño.
Ernesto: Calma, muchacho. No hay porqué ponernos violentos.
Ernesto acerca con disimulo su mano hacia su arma de dotación.
Nicanor: (furioso) ¡No te muevas, pendejo!
Ernesto levanta las manos al aire.
Ernesto: Está bien, está bien. Baja eso y hagamos las cosas por las buenas. Podemos negociar sea lo que sea que estés planeando.
Nicanor: (incrédulo) ¿Negociar? Sí claro. No voy a volver al bote otra vez. ¿Escuchaste? Me van a pagar una muy buena lana para largarme bien lejos, así que voy a salir y no quiero que me sigas.
Ernesto: ¿A dónde piensas llevarla?
Nicanor: Ese no es tu problema. Mejor ni te metas porque si veo que me sigues, le pongo un tiro en la cabeza a la vieja. ¡Que nadie me siga!
Nicanor dice aquello gritando y dispara hacia el techo. Varios gritos de mujeres se escuchan y algunos se echan asustados al piso. Para aprovechar el pánico, Nicanor no se da a la espera y sale huyendo rápidamente del hospital mientras impulsa a Martha en su silla, ajena a todo lo que está ocurriendo. No obstante, justo cuando el malhechor cruza el umbral de la puerta, dos patrullas de policía, que venían a toda prisa, se estacionan frente al hospital y salen varios policías.
Nicanor: (furioso) ¿Qué mierda?
Todo sucede en cuestión de segundos y antes de que el hombre pueda reaccionar, uno de los policías le dispara en el hombro y le hace soltar el arma que portaba.
Nicanor: (adolorido) ¡Argh!
Nicanor se lleva la mano a la parte donde ha recibido el disparo. Ernesto justo viene caminando detrás y le apunta con la pistola al tiempo que sonríe con burla.
Ernesto: Te lo dije, muchachón.
Nicanor respira agitado y frunciendo el ceño ante la impotencia que siente al verse rodeado de policías que lo amenazan con dispararle al más mínimo movimiento.
Ernesto: Podíamos negociar, pero tú lo quisiste por la malas y ahora te vas pal’ bote. ¿Cómo la ves? Tanto que querías evitar y mírate.
Nicanor tensa la mandíbula y su rostro denota gran furia al verse perdido. Martha sigue inconsciente. Ernesto saca unas esposas y comienza a ponérselas al hombre mientras sigue hablando.
Ernesto: En cuanto vi que Martha no estaba en la habitación, mientras bajaba corriendo, perdí refuerzos. Imaginé que alguien tendría que haberla sacado porque ella aún estaba débil como para salir por sí sola y no me equivoqué.
Nicanor: Puedo… Puedo explicarlo. Todavía podemos negociar. Tengo información que les puede servir.
Ernesto lo jala del cabello y le habla cerca a la oreja.
Ernesto: Claro que nos vas a dar toda la información que necesitamos, pero ya el trato pasó y mi hora de amabilidad se acabó, así que ahora te callas.
Ernesto lo suelta de mala gana y le hace una seña a las enfermeras del hospital para que vuelvan a ingresar a Martha.
VILLA ENCANTADA
INT. / HOSPITAL DE VILLA ENCANTADA, PASILLO / NOCHE
Marissa habla por celular mientras toma un café caliente en un vaso desechable.

Marissa: Entonces ¿vas a regresar más tarde?
INT. / CAMIONETA / NOCHE
María Helena, al otro lado de la línea, se encuentra dentro de una camioneta sentada en los asientos de atrás junto a Danilo, quien duerme. Un peón de la hacienda es quien conduce.


María Helena: Sí, doña Marissa. Es que la verdad no fui capaz de dejar a Danilo ahí tirado en la calle y tan borracho, así que lo voy a llevar a descansar a la hacienda. Imagínese que hasta tuve que llamar a uno de los empleados para que nos viniera a recoger.
INTERCUT MARISSA/MARÍA HELENA
Marissa: (seria) Está bien, María Helena. No te preocupes. Hiciste bien. Danilo podrá ser un patán, pero no le deseo ningún mal y tú eres una muchacha muy buena por ocuparte de él en ese estado. No cualquiera lo haría.
María Helena: (sonriendo) Nada más trato de hacer lo que está bien y de ayudar al que lo necesite, pero bueno. Cambiando de tema, ¿qué le han dicho de mi papá? ¿Cómo está?
Marissa: (sonriendo) Bien, mucho mejor diría yo.
María Helena: ¿Pudo verlo?
Marissa: Sí, pero nada más un momento y gracias a que le insistí mucho a la enfermera de turno para que me permitiera entrar.
María Helena: ¡Ay, qué bueno! Me da mucho alivio escuchar eso. ¿Y estaba despierto?
Marissa: Cuando entré estaba durmiendo, pero supongo que me escuchó hablándole y lo desperté. Traté de que no se agitara mucho, hablamos, hasta logramos aclarar varias cosas y tenías toda la razón, María Helena. La conversación que escuché era un montaje.
María Helena: ¿Un montaje?
Marissa: Así es. Eduardo nada más le dijo a Manuel que quería casarse conmigo por interés para aconsejarle que siguiera su ejemplo y se buscara una mujer rica para así lograr que se fuera lejos.
María Helena: Ya sabía yo que mi papá no podía haber estado hablando en serio en la dichosa grabación eso, pero me da reteharta alegría que hayan podido aclarar todo.
Marissa: Y a mí igual. Creo que me quité un peso de encima que tenía desde el malentendido con Carolina, que en paz descanse (Esboza su sonrisa).
María Helena: Supongo que mañana irá al entierro de ella, ¿no?
Marissa: Sí, necesito despedirla. Muy probablemente vayan tan solo conocidos, socios, pero yo soy su hermana y es lo justo darle un adiós.
María Helena: La entiendo. Si quiere, la puedo acompañar y así aprovecho para hablar con usted de algo muy delicado.
Marissa: (extrañada) ¿De qué se trata?
María Helena: ¡Ay, doña Marissa! (Suspira resignada) Es que son tantas cosas que no sé ni por dónde empezar. Nada más le pido que de ser posible, llame a su amigo el detective, del que me habló y si es posible, dígale que mañana mismo se vaya para Villa Encantada.
Marissa: No te estoy entendiendo. ¿Quieres que investigue sobre lo que te dije del cómplice de Lisa?
María Helena: Eso y varias cosas que estoy segura que le van a interesar. Creo que si es buen detective, nos puede ayudar mucho antes de que las cosas se compliquen más.
Marissa: Me dejas muy preocupada diciéndome eso. Hablas como si supieras algo.
María Helena: Quédese tranquila por esta noche y hágame el favor de estar muy pendiente de mi papá. En cuanto pueda, me regreso al hospital, ¿va?
Marissa: Está bien. Cuenta con ello.
María Helena: Gracias. Hasta luego.
María Helena cuelga la llamada y aprieta su celular contra su pecho temerosa de lo que pueda pasar. Danilo, dormido, justo deja caer su cabeza en el hombro de ella. María Helena se sorprende, pero no se atreve a apartarlo.
María Helena: (susurrando) No sé porqué me da la leve impresión de que nada de lo que le dijiste a Marissa era verdad. Es que no parecías tú, no el chavo guapo y buena onda que conocí.
Danilo solo mantiene sus ojos cerrados ajeno a lo que la joven le dice y continúa durmiendo sobre su hombro. Marissa, entretanto, en el hospital, bebe un poco de su café y se queda pensativa.
Marissa: ¿A qué se refería, María Helena? ¿Qué clase de cosas se pueden complicar más?
La mujer niega con la cabeza, toma su celular de nuevo y marca un número en específico.
CIUDAD DE MÉXICO
INT. / HOSPITAL, SALA DE URGENCIAS / NOCHE
Nicanor se encuentra recostado en una cama, sin camisa y con el hombro vendado luego de que le extrajeran la bala. Es custodiado por un policía y una de sus manos está esposada a la barra de la cama. Ernesto entra a la sala de urgencias y se acerca a él.


Ernesto: ¡Y bien! Soy todo oídos. Cuéntame quién fue la persona que te envió a secuestrar a Martha Quintana. Nicanor te llamas, ¿no?
Nicanor: No voy a decir nada hasta que me pongan un abogado de esos del estado o me dejen hacer una llamada.
Ernesto: Sí, claro. Una llamada. ¿Para qué? ¿Para poner en sobreaviso a tu cómplice? No me veas la cara de pendejo que soy mucho más mayor que tú y ya me conozco a los de tu calaña. Ni un abogado del estado te sacaría de este pedo en el que te metiste.
Nicanor no responde. Ernesto se aleja y comienza a caminar despacio de un lado hacia al otro.
Ernesto: Ya revisé tu historial delictivo y, en efecto, ya estuviste en prisión una vez a los diecisiete por ser parte de una banda de delincuentes que traficaban drogas en la preparatoria a la que ibas. Primero estuviste en la correccional de menores y ahí luego te trasladaron.
Nicanor permanece en silencio sin alterar aquella expresión amarga de su rostro.
Ernesto: En aquel entonces te dieron tres años, poco tiempo la verdad para ratas como tú que no se regeneran ni hacen el más mínimo pinche esfuerzo por cambiar de vida, y esta vez, con suerte, te pueden dar unos quince años por intento de secuestro.
Nicanor parece resignado. Ernesto deja de caminar y se hace a su lado hablándole cerca al oído.
Ernesto: ¿Es lo que quieres? ¿Volver a prisión y pasar más tiempo del que ya estuviste una vez?
Nicanor: ¿Qué tengo que hacer? (Pregunta en mal tono)
Ernesto: ¡Fácil! Nada más dime para quién trabajas y sé honesto, ¿quieres? Porque ya tengo tu celular en mi poder y nada me cuesta rastrear todas tus llamadas, solo que si doy con tu cómplice por mi propia cuenta ahí ya no habría lugar a tratos para ti.
Nicanor se queda pensativo.
Ernesto: ¿Qué dices? ¿Vas a ser tantito inteligente esta vez o te vas a hacer el valiente como abajo?
Nicanor: Fue un bato.
Ernesto: ¿Cómo?
Nicanor: Se llama Luis Enrique y lo conocí porque me compró un arma hace tiempo.
Ernesto: (sorprendido) ¿Cuál es su apellido?
Nicanor: De eso no sé nada. Cuando he vendido armas en el mercado negro, no me interesa preguntar apellidos ni nada de esas cosas. Lo que me importa es que me paguen.
Ernesto: ¿Y con qué motivo el tal Luis Enrique quería secuestrar a Martha?
Nicanor: El bato está trabajando para una mujer, pero tampoco sé cómo se llama la vieja. Ella es la que lo mandó a ponerse en contacto conmigo y le pasó mi número. No me dieron detalles. Nada más me ordenaron hacerme pasar por enfermero y vigilar a la seño Martha.
Ernesto: ¿Por qué vigilarla? ¿Qué más sabes?
Nicanor: Me parece que están amenazando a alguien porque esta mañana la vieja que le digo me llamó justo cuando le estaba haciendo guardia a la señito y me ordenó que le pasara el celular para que pudiera hablar con su hija, una tal Malena.
Ernesto: (pensativo) Es decir que la hija de Martha y la mujer que te contrató estaban juntas.
Nicanor: Sí. Ha de ser la tipa esa a la que están amenazando.
Ernesto sigue pensativo tratando de analizar la situación, pero el interrogatorio es interrumpido cuando escucha que una llamada entra a su celular. Ernesto se sorprende al ver en la pantalla de quién se trata.
Ernesto: Por hoy terminamos y nada más porque soy bueno, te voy a dejar descansar antes de que te traslademos.
Nicanor: ¿Cuántos años me van a dar? Ya te dije todo lo que sé.
Ernesto le sonríe con burla y no le responde para luego salir de la sala de urgencias.
Nicanor: ¡Hey! ¡Espera, güey! ¡Te hice una pregunta!
Nicanor rechista frustrado al verse ignorado por el detective. Ernesto, por su parte, toma la llamada en el pasillo.
Ernesto: Marissa… Me sorprende tu llamada. ¡Cuánto tiempo!
VILLA ENCANTADA
EXT. / HOSPITAL DE VILLA DE ENCANTADA / NOCHE
Marissa es quien efectivamente se encuentra al otro lado de la línea. Es de notar que está a justo en la entrada del hospital del pueblo.

Marissa: Qué bueno que me contestas, Ernesto. ¿Cómo has estado?
INTERCUT ERNESTO/MARISSA
Ernesto. No me puedo quejar. Hace mucho que no sabía nada de ti, pero como puedes ver, aún tenía tu número guardado. ¿Cómo has estado tú?
Marissa: Bien en lo que cabe. Me han sucedido tantas cosas en los últimos meses que se nos podría ir toda la noche hablando. Disculpa que te llame a la medianoche.
Ernesto: Tú sabes que siempre he estado dispuesto a escucharte y a ayudarte en todo lo que necesites. Siempre fuimos buenos amigos en la universidad y para mí no sería ninguna molestia si hablamos la noche entera.
Marissa: Es muy gentil de tu parte escuchar eso y quizá luego podamos hablar con más calma en persona, pero si te estoy llamando, aparte de alegrarme saber que estás bien, es para pedirte un favor muy encarecidamente.
Ernesto: Tú dirás. Bien sabes que puedes contar conmigo desde que estábamos en la universidad.
Marissa: Lo sé y por eso me tomo el atrevimiento. Verás… Hace unos meses, iba a casarse de nuevo…
Ernesto: ¿Te divorciaste de Luis Enrique Escalante?
Marissa: Sí, es una larga historia. El caso es que, la hija de mi prometido, una muchachita de tan solo diecisiete años, cometió varios crímenes. Hizo cosas horrendas y participó en el asesino de su mamá, su abuela y hasta de una pobre empleada de la hacienda donde vivía.
Ernesto se sorprende al oírla y tal historia le parece familiar.
Marissa: Incluso a mí me tomó como rehén el día de la boda y en el intento de huir de la policía, a mí me lanzó a la carretera y ella tuvo un accidente horrible donde murió.
Ernesto: Espera, espera… Dime algo. ¿La muchacha de la que me hablas se llamaba Lisa Román de casualidad? ¿Ibas a casarse con Eduardo Román?
Marissa balbucea sorprendida.
Marissa: S… sí… ¿Cómo lo sabes?
Ernesto: Vaya, vaya. Entonces sí se trataba de ti.
Marissa: ¿De qué estás hablando? No te estoy entendiendo, Ernesto.
Ernesto: Marissa, desde hace unos días he estado investigando un caso de asesinato muy extraño que involucra a esa familia. Hoy nada más me llegó un video anónimo en el que parece un hombre, Epifanio de La Torre. Según, grabó el video antes de morir y te mencionaba a ti diciendo que eras su hija.
Marissa se impresiona en gran manera al escucharlo.
Marissa: De hecho, es cierto. Epifanio era mi verdadero padre. He ahí el porqué te dije que me han pasado tantas cosas.
Ernesto: Entonces sí era cierto. ¡Qué pequeño es el mundo! (Sonríe con incredulidad) ¿Qué me iba a imaginar que todo este caso también te incluía a ti?
Marissa: Y yo no tenía ni idea. ¿Qué más decía en el video?
Ernesto: Muchas cosas que me gustaría hablar contigo en persona. Dime dónde estás y nos vemos para que podamos conversar con más calma, y así te escucho también.
Marissa: No estoy en México en este momento. Estoy en Villa Encantada.
Ernesto: Entiendo. Eso facilita un poco las cosas. Pensaba justo ir mañana para allá por el caso de asesinato del que te platiqué hace un rato.
Marissa: ¿Es algo muy grave?
Ernesto: Me temo que más que grave, es turbio… Muy turbio. Nada más ten cuidado.
Marissa: ¿Por qué lo dices? ¿Qué ocurre?
Ernesto: Dime algo. ¿Tienes idea de dónde se encuentra tu exmarido en este instante? ¿Está también él en Villa Encantada?
Marissa: No estoy segura, pero diría sí. ¿Por qué lo preguntas?
Ernesto: ¿Conoces también de casualidad a María Helena Quintana y a Martina Villareal?
Marissa: Claro. María Helena es hija también de Eduardo y Martina, bueno, no la conozco bien. Es amiga de María Helena y llegó hace unos días al pueblo. Inclusive se presentó conmigo diciéndome que quería que empezáramos un proyecto juntas, pero metió en un problema serio a mi hijo.
Ernesto: (pensativo) Ya veo.
Marissa: (angustiada) Dime qué está pasando, Ernesto. ¿Cómo es que los conoces a todos?
Ernesto: Como te dije, cada uno de ellos se relaciona con el caso que estoy investigando. Se trata del esposo de Martina Villareal, un cirujano plástico que se llamaba Enzo Quiroga.
Marissa: Martina me platicó un poco de ello, pero no me dijo que había sido asesinado.
Ernesto: No puedo darte todos los detalles, pero cuídate mientras llego a Villa Encantada. Martina y María Helena son sospechosas del asesinato del cirujano.
Marissa: (impactada) Debe ser un error, Ernesto. María Helena es una muchacha a todo dar. Es noble, sencilla, incapaz de cometer algo así.
Ernesto: No lo sabemos. Lo mismo me dijo Martha Quintana, su madre adoptiva, que ahorita está internada en el hospital por una cirugía que tuvo. El punto es que debo interrogarla porque lo más probable es que Lisa Román esté viva.
Marissa siente que un frío le recorre por todo el cuerpo y un vacío la invade en el pecho.
Marissa: (en un hilo de voz) ¿Qu…? ¿Qué…? ¿Qué dijiste?
Ernesto: Epifanio de La Torre confesó en su video que él rescató a Lisa Román del accidente, se la dejó a cargo al cirujano Enzo Quiroga de quien era amigo y él le practicó una cirugía plástica que la hizo cambiar de rostro. Lo hizo porque pensaba que era su hija.
Marissa desencaja el rostro, empalidece y se lleva una mano al pecho sintiendo que le cuesta respirar.
Marissa: No puede ser. Es que no puede ser. Una cosa así es muy difícil de creer, Ernesto. ¡Dios mío! ¿Lisa viva?
Ernesto: Así es y es más probable todavía que se encuentre en estos momentos muy cerca. Estoy por pensar que es nada más y nada menos que la misma Martina Villareal.
Marissa: Esto es demasiado.
Marissa se recuesta en una columna y tiene los ojos desorbitados; se cubre la boca con una mano e intenta recuperar el aliento.
Marissa: Con razón… Con razón me sentí así cuando la vi por primera vez y con razón me tiene tanto recelo. Me mira como si me odiara. Lo de trabajar conmigo era una excusa para acercarse a mí. Dios mío, ¿qué iba a imaginar si quiera que podía ser Lisa?
Ernesto: Es la conclusión a la que llegué porque la asesina de Enzo Quiroga fue una paciente que no tenía registrada, pero en una ocasión una enfermera escuchó al doctor llamándola “Lisa”. Además, Martina estuvo desaparecida mucho tiempo y solo apareció el día del funeral afirmando que Enzo la maltrataba. Me contó incluso que fue María Helena quien la ayudó a esconderse. ¿Ves las conexiones?
Marissa: Tiene sentido (Hace una pausa) Entonces, ¿María Helena y Lisa son cómplices?
Ernesto: Es lo que creo, pero me falta confirmarlo. Puede ser que María Helena también esté siendo chantajeada. Ella también estuvo presente en el asesinato de Manuel Román, su tío, solo que ella no lo mató. Fue alguien más que usaba un disfraz bien peculiar, así que si ayudó a Lisa, puede ser que lo hizo bajo la amenaza de hacerle daño a su mamá.
Marissa: ¿Qué puedo hacer, Ernesto? No voy a poder quedarme tranquila sabiendo tantas cosas tan horribles. ¿Qué hago? (Desesperada)
Ernesto: Cuidarte y tratar de no estar sola. Quédate en lugares públicos donde haya gente. Desconozco que es lo busca Lisa, Martina o como se llame y no está demás recomendarte que te mantengas alejada de Martina, María Helena o del mismo Luis Enrique.
Marissa: ¿Qué tiene que ver él en todo esto?
Ernesto: Sospecho que puede ser cómplice de ellas también. Martha Quintana casi fue secuestrada esta noche por un tipo que se hacía pasar por enfermero. Logramos atraparlo y confesó que trabaja para un tal “Luis Enrique”, solo que no me dijo su apellido, pero es muy seguro que se trate de tu ex.
De repente, Marissa escucha una voz detrás que la deja helada.

Luis Enrique: Marissa…
Marissa voltea y se encuentra en primer plano con su exmarido, quien la mira seriamente.
Marissa. (en un hilo) Luis Enrique…
Ernesto, desde su celular, alcanza a escuchar y se alerta.
Ernesto: ¡Marissa, aléjate de inmediato de ese tipo!
Marissa da un paso hacia atrás y comienza a temblar.
Marissa: No te me acerques.
Luis Enrique: ¿Qué te ocurre? Estás pálida como un fantasma (Intenta acercarse).
Marissa: ¡Que no te me acerques! ¡Ni un paso más o voy a gritar!
Ernesto: Marissa, escúchame, sal corriendo de allí.
Luis Enrique: No entiendo qué pasa. Nada más quise venir para saber cómo sigue Eduardo y también a visitar a Danilo, pero ya me dijeron que fue dado de alta. ¿Ocurre algo malo?
Marissa guarda silencio y continúa alejándose de él sin darse cuenta que se está acercando a los escalones de la entrada del hospital.
Luis Enrique: (extrañado) Marissa… ¿Estás bien?
Marissa: Lárgate de aquí, Luis Enrique.
Luis Enrique: Sigo sin entender. ¿Por qué mejor no te calmas y me explicas por qué estás en esa actitud hostil hacia mí? Pensé que, a pesar de estar divorciados, podíamos seguir teniendo una relación buena. Nada más hace unos días me invitaste a la boda de nuestros hijos.
Marissa: ¿Buena relación? (Enarca una ceja preguntando en tono sarcástico) ¿Buena relación dices? ¿Cómo podría seguir relacionada a un criminal como tú?
Luis Enrique: ¿Por qué me hablas así? ¿Te hice algo malo?
Ernesto: ¡Marissa, deja de hablar con él! ¡Es peligroso! ¡Hazme caso!
Marissa: ¿Cómo tienes el descaro de preguntarme algo así?
Luis Enrique: Es que no te estoy entendiendo, mujer. Pensé que las cosas iban bien entre nosotros.
Marissa: Es mejor que te vayas y no me busques, no me llames. ¡Vete!
Marissa intenta adentrarse en el hospital, pero Luis Enrique la toma de un brazo bruscamente.
Luis Enrique: ¡Espera! Necesito que hablemos.
Marissa: (intentando soltarse) ¡Déjame! ¡No te atrevas a ponerme la mano encima!
Luis Enrique: Marissa, no seas terca y escúchame. Esto es importante.
Marissa: ¡Que me sueltes, Luis Enrique o voy a formar un escándalo!
Luis Enrique: Tienes que venir conmigo.
Marissa: No voy a ir contigo a ninguna parte y ya déjame.
Marissa se revuelve intentando zafarse del hombre, pero la fuerza de él es superior.
Luis Enrique: ¡Escúchame, maldita sea! ¡Se trata sobre Pablo!
Marissa deja de moverse al oír el nombre de su hijo. Es de notar que no ha colgado la llamada y sostiene el celular en una de las manos. Ernesto escucha toda la conversación.
Marissa: ¿Qué es lo que sabes?
Luis Enrique: Si te calmas y me acompañas a un lugar más privado para que hablemos, te juro que te voy a explicar, pero si te pones en esa actitud, no podré hacer mucho por ti.
Ernesto: ¡Marissa, no lo oigas y huye de allí!
Marissa: No pienso ir contigo a ningún otro lugar. Lo que tengas para decirme, dímelo aquí.
Luis Enrique: Pablo corre peligro y si no quieres que nada malo le pase, vas a tener que seguir mis órdenes y a mí manera.
Ernesto: (desesperado) ¡Marissa! ¡Marissa, no lo oigas!
Marissa: ¿Qué le estás pensando hacer a mi hijo, infeliz?
Luis Enrique: Esto no se trata de mí.
Marissa: Con eso asumo que entonces es cierto, ¿no? Lisa está viva y estás aliado con ella.
Luis Enrique se sorprende al ver que la mujer está al tanto de la situación.
Luis Enrique: ¿Cómo lo supiste?
Marissa: (muy seria) ¿Dónde está? (Luis Enrique no responde) ¿Dónde está? (Repite gritando)
Luis Enrique sigue sin responder y ambos se miran muy serios.
CONTINUARÁ…
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