Capítulo 55: Peligro inminente

INT. / HACIENDA DE LOS ROMÁN, HABITACIÓN DE DANILO / DÍA

Danilo se encuentra pensativo recostado en su cama y recuerda la corta conversación que tuvo con María Helena.



FLASHBACK

María Helena: Yo sé muy bien que tú no eres así. Puede que doña Marissa ni se haya dado cuenta por lo fuerte que sonó lo que dijiste, pero a mí se me hizo súper forzado. ¿Qué ganabas hiriéndola así si tú la amas?

Danilo: Hay cosas que es mejor no contar, María Helena. Nada más te diré que fue mejor así.

María Helena, frustrada, se pone de pie.

María Helena: Entonces, ¿debo creer que sí eres un patán de lo peor que juega con cuenta mujer se le cruza enfrente? Porque a mí sinceramente me cuesta creerlo.

FIN DEL FLASHBACK

Danilo: (dejando de recordar) María Helena es la única persona que ha creído en mí. Ni siquiera Milena siendo mi hermana me dio el beneficio de la duda y pensó que era un patán, pero fue mejor así. No podía parar en la cárcel acusado de matar a Helena.

De repente, el muchacho escucha que suena su celular y se apresura a contestar al ver de quién se trata en la pantalla.

Danilo: ¿Bueno? ¿Milena?

INT. / ESTACIÓN DE POLICÍA / DÍA

Milena habla a través de su celular al otro lado de la línea. Pablo está, claramente, encerrado en su celda.



Milena: (seria) Hola, Danilo.

INTERCUT DANILO/MILENA

Danilo: Menos mal me llamas. Estaba muy preocupado por ti porque ya ni supe cómo te fue llegando al hotel después de la última vez que hablamos. ¿Cómo estás?

Milena: Bien, no te preocupes. Me da gusto que hayas contestado porque no estaba segura si todavía conservabas el celular que te compró doña Marissa.

Danilo: Sí, todavía lo tengo. Debo devolvérselo en algún momento porque ella me lo había dado para el trabajo de asistente. ¿Tú dónde estás?

Milena: Vine a la estación de policía para visitar a Pablo.

Danilo: ¿Marissa está ahí con ustedes?

Milena: No, pero preciso de ella te quería hablar. Danilo, escucha. Marissa está corriendo peligro en este momento.

Danilo: (desconcertado) ¿Cómo que peligro? ¿De qué hablas?

Milena: Esto era mejor que lo habláramos en persona, pero ya ni modo y tampoco hay mucho tiempo, así que si todavía queda algo de mi hermano, el bueno, al que yo conocía, tienes que ir a salvarla.

Danilo: (preocupado) ¿De qué o qué? ¿Qué está pasando?

INT. / HACIENDA DE LOS ROMÁN, SALA / DÍA



María Helena acaba de ser encarada por Ernesto, quien le ha hecho ver que está al tanto de su relación con Lisa. La muchacha tiene el rostro desencajado y ha empalidecido.



Ernesto: Bueno, te escucho. Creo que de los dos quien tiene más para decir eres tú. ¿O me equivoco?

María Helena: Antes que nada, necesito que usted me asegure que mi mamá está sana y salva, y que nada de lo que yo diga la va a afectar.

Ernesto: Tu madre se encuentra en perfectas condiciones. Está aún en el hospital recuperándose de su cirugía y tengo a varios de mis hombres vigilándola. Nada malo le va a pasar. Tienes mi palabra, pero ahora necesito que tú me ayudes y me cuentes todo lo que sabes. Tengo autorización para realizar el interrogatorio aquí, así que empieza.

Ernesto saca su celular y comienza a grabar con él.

María Helena: Quiero que sepa que yo soy completamente inocente y nunca ayudé a nadie a cometer ningún crimen. Se lo juro.

Ernesto: Muy bien. Respóndeme entonces, ¿estás ayudando o encubriendo de alguna manera a Lisa Román?

María Helena: Se podría decir que sí, pero tengo una muy buena explicación, detective.

Ernesto: (serio) Soy todo oídos.

María Helena: Todo empezó cuando un tipo, tipa, no sé, alguien que no conozco, me secuestró allá en la ciudad. Siempre usó máscara y disfraz. El caso es que por medio de esa persona descubrí que era adoptada y me dijo que solo reclamando mi lugar en esta familia iba a poder costear la cirugía de mi mamá.

Ernesto: ¿Qué más te dijo esa persona?

María Helena: (solloza) Que yo era la única que podía detener a Lisa que seguía con vida y en cualquier momento iba a regresar. Yo la verdad no le creí mucho, pero acepté meterme en este pedo por la lana que necesitaba, detective, se lo aseguro.

Ernesto: ¿Y en qué momento te pusiste en contacto con Lisa? Porque ya estamos al tanto de que te viste con ella en un hotel de mala muerte de la ciudad justo el día después de que ella escapó del hospital luego de asesinar a Enzo Quiroga. El recepcionista del hotel dio un retrato hablado y coincide con tu cara.

María Helena: No le voy a negar que sí estuve en ese hotel y me vi con ella allá, pero tuve una razón. Yo…

María Helena hace una pausa tratando de contener las ganas de llorar.

María Helena: Yo pensé que había matado a Manuel Román, mi tío, una vez que él me acorraló en una casucha de por aquí cerca para violarme.

Ernesto la ve con seriedad y la escucha con atención.

María Helena: El día del entierro, esa noche pasaba por el cuarto de él y escuché que lo estaban llamando a su celular.

FLASHBACK

María Helena se muerde el labio inferior mientras titubea y al final decide entrar a la habitación que está en plena oscuridad. Tan solo es iluminada por la pantalla del celular que se encuentra justo sobre la cama, pero al tomarlo, la llamada se cuelga por sí sola.

María Helena: ¿Quién podrá estar llamando a ese tipo con tanta insistencia?

María Helena logra visualizar varias notificaciones en la pantalla de llamadas perdidas y mensajes nuevos recibidos. Desliza y, para su sorpresa, logra desbloquear el celular.

María Helena: Qué poco seguro. Ni contraseña a su propio celular le tenía el sangrón ese.

María Helena abre los mensajes y con extrañeza, comienza a leer el contenido de los mismos.

MENSAJE 1:
"Necesitamos hablar urgente. Llámame"

María Helena desliza el dedo y prosigue con los siguientes.

MENSAJE 2:
"¿Dónde estás metido que no me contestas? Tenemos que hablar. Llámame en cuanto leas esto".

MENSAJE 3:
"Llevo llamándote desde ayer. ¿Qué pasa que no me respondes?"

MENSAJE 4:
“Manuel, esto es en serio. Deja de ignorarme y llámame, maldita sea”.

María Helena: Quien quiera que sea esta persona, se ve que lo necesita con urgencia. ¿Quién será?

María Helena presiona sobre el perfil del remitente y abre los ojos como platos cuando lee que el contacto está guardado como “Lisa”,

María Helena: No puede ser. Es imposible (Niega con la cabeza).

FIN DEL FLASHBACK

Ernesto: ¿Qué hiciste luego al descubrir que Lisa tenía contacto con Manuel?

María Helena: Me hice pasar por él y comencé a enviarle mensajes a Lisa. Fue ahí donde ella me confesó que iba a matar al doctor y me pasó la dirección del hotel donde se iba a quedar para que le llevara ropa y dinero.

Ernesto: ¿Y por qué decidiste guardar silencio?

María Helena: Porque estaba desesperada. Pensé que yo era la que había matado a Manual y decidí ponerme en contacto con el que me metió en todo esto.

Ernesto: ¿El tipo del disfraz?

María Helena: Ese mismo. Quise pedirle que me ayudara, ya que después de todo tenía algo que a él le interesaba y era saber el paradero de Lisa.

FLASHBACK

INT. / HACIENDA DE LOS ROMÁN, HABITACIÓN DE MARÍA HELENA / NOCHE


María Helena se encuentra recostada en su cama mirando el celular de Manuel que tomó hace un rato y donde descubrió que éste tenía contacto con Lisa.



María Helena: ¿Qué hago, Dios mío? ¿Será que llamo a la policía o le digo a don Eduardo? Pero hacerlo implicaría también decirle que yo maté al sangrón de Manuel y eso no. No puedo tener pedos con la policía.

La muchacha suelta una bocanada de aire mirando para el techo y sintiéndose frustrada. De repente, parece ocurrírsele una idea. Toma su celular y comienza a buscar rápidamente algo.

María Helena: Tiene que estar por aquí.

María Helena se toma unos segundos hasta que al parecer encuentra lo que busca y llama a alguien a una espera ansiosa de que le contesten.

INT. / HOTEL, HABITACIÓN DE CRUZ / NOCHE

Cruz está en bata terminando de ponerse una mascarilla de color verde frente al tocador. Es cuando un celular que tiene colocado sobre el tocador comienza a vibrar y ella lo mira de forma sospechosa.



Cruz: (sonriendo) Sabía que en cualquier momento iba a llamar.

El ama de llaves se apresura a abrir un aplicativo especial en el celular que distorsiona la voz y contesta de una forma recatada.

Cruz: ¿Bueno?

Las escenas de ambas se intercalan al hablar.

María Helena: (dudosa) ¿Eres tú?

Cruz: Pensé que nunca llamarías y hasta te habías olvidado de tu misión.

María Helena: Fuiste tú quien me dijo una vez que debía reclamar mi lugar en esta hacienda.

Cruz: Y te felicito por ello. Lo has logrado. He visto que Eduardo Román ya te considera como su hija.

María Helena: ¿Cómo lo sabes?

Cruz: Tengo ojos en varias partes y como un alma en pena, deambulo por ahí vigilando cada uno de tus movimientos. Has de estar muy asustada pensando que mataste a Manuel Román, ¿no?

María Helena se impacta al oírla.

María Helena: ¿Acaso...? (Hace una pausa) ¿Acaso fuiste tú? Porque si es así, dímelo de una vez (Exaltada) No he tenido vida pensando que le quité la vida a alguien. Yo no pude haberlo hecho. No lo recuerdo.

Cruz: En efecto, fui yo. Llegué a esa cabaña justo a tiempo antes de que ese maldito puerco abusara de ti.

María Helena suspira sintiendo un gran alivio y comienza a sollozar.

María Helena: Yo lo sabía. Con razón, por más que trataba, no lograba acordarme de nada, pero aún tengo miedo de que la policía se entere y sepan que yo estuve en la escena del crimen. ¡Me pueden inculpar! Tú sabes que si acepté venir a conocer a esta gente fue para tener la lana de la cirugía de mi mamá.

Cruz: ¿Qué se supone que puedo hacer yo, niña? Yo ya hice mi parte para que encontraras a tu familia.

María Helena: Ayudarme. ¿Qué más? Porque si me atrapan, te juro que no voy a quedarme callada y voy a contarles que desde el inicio tú estuviste detrás de mi llegada a esta hacienda. Hasta podrían rastrear este número y dar con tu paradero.

Cruz: (sonriendo con picardía) Escucho que has formado carácter y eso me gusta porque lo vas a necesitar, así que no hay necesidad de que me amenaces. Recuerda que yo también sé dónde está tu madre.

María Helena: ¡No le hagas daño a mi mamá, por favor! Solo quiero salir bien librada de todo esto. Te lo pido. Ayúdame. Tengo algo a cambio que te interesa.

Cruz enarca una ceja.

María Helena: Descubrí que Manuel tenía contacto con Lisa y ahí pude darme cuenta de que tenías razón, y ella sigue con vida. Tengo la dirección del sitio donde se está escondiendo, así que si me ayudas, te diré dónde está Lisa para que hagas justicia como tanto quieres.

Cruz: (sonriendo satisfecha) ¡Qué bien! Tenerte dentro de la hacienda sin duda fue lo mejor porque sabía que tarde que temprano darías con el paradero de tu gemela, así que baja la guardia y confía en mí. Voy a ayudarte como quieres, pero tendrás que seguir ciertas instrucciones a cambio. ¿Entendido?

María Helena: ¿Qué tengo que hacer?

Cruz: Ve a verla y dile que mataste a Manuel. Pídele que te ayude a encubrir tu crimen y a cambio le prometes que la ayudarás a entrar a la hacienda.

María Helena: Todo lo que he escuchado de Lisa es retefeo. La tipa estaba loca. ¿Qué tal si las cosas se ponen peor o llega a hacerle daño a Eduardo?

Cruz: Hay que sacrificar un poco y Eduardo es la carnada que necesitamos para atraerla.

María Helena: No estoy entendiendo.

Cruz: Tú haz lo que te indico y ya. Confía en mí.

FIN DEL FLASHBACK

Ernesto: Lo que me cuentas coincide porque justo ayer recibimos un video en el que se ve a Manuel Román a punto de abusar de ti. Ahí pudimos ver que el mismo tipo de disfrazado que nos dices fue el que lo mató. El video fue enviado por un anónimo, pero hay razones para creer que se trata de la misma persona.

María Helena: Yo ya sabía de la existencia de ese video. El Alma en Pena me dijo que lo había enviado justo ayer que fue la última vez que hablamos.

Ernesto: ¿El Alma en Pena?

María Helena: Así se hace llamar.

Ernesto: Ya mis hombres están intentando rastrear la ubicación del dichoso anónimo ese. En fin, prosigue. ¿Qué hiciste después?

María Helena: Al otro día aproveché que mi papá iba para la ciudad y viajamos juntos. La idea era ayudar a Lisa para que regresara a la hacienda y así tenderle una trampa, solo que Lisa ya no confía en mí y puso a un güey que se hizo pasar por enfermero para que vigilara a mi mamá por si yo la traiciono.

Ernesto: Sí, un tal Nicanor que ya lo pescamos. No te preocupes. Lisa no fue la que directamente lo contrató, sino su cómplice, un tal Luis Enrique.

María Helena: (sorprendida) ¿Luis Enrique?

Ernesto: ¿Lo conoces?

María Helena: Pues no sé si se trata del mismo que estoy pensando. Al que conozco se apellida Escalante.

Ernesto: Ese es el principal sospechoso, el exmarido de Marissa Miranda, por quien justo también vine hasta Villa Encantada. Es muy probable que ella esté ahora corriendo grave peligro en manos de Lisa o de Martina, quienes supongo son la misma persona. ¿Estoy en un error?

María Helena: No, señor. Martina es la misma Lisa y aunque ella no me contó muchos detalles, supongo que fue el doctor, el tal Enzo, el mismo que la operó y al que luego ella mató.

Ernesto: Es lo más seguro. Enzo Quiroga tampoco era ningún inocente. Hemos ido descubriendo que practicó cirugías clandestinas con varias mujeres para experimentar con ellas e implantarles el rostro de la verdadera Martina Villareal. Muchos de sus empleados del hospital han ido confesando.

María Helena: (aterrada) Qué feo y qué turbio.

Ernesto: Pero lo importante ahora es que encontremos a Marissa porque puede estar en riesgo en manos de Lisa y Luis Enrique. ¿Tienes alguna idea de dónde pueden estar escondiéndose?

Danilo irrumpe corriendo en ese momento y con el celular en la mano.



Danilo: ¡Yo sé dónde están!

María Helena: (sorprendida) ¿Tú? ¿Cómo?

Danilo: Marissa me compró este celular y le descargó una aplicación de esas rastreo conectada con su celular para que la fuera a recoger en el coche cuando trabajaba para ella como asistente.

Danilo le entrega el celular al detective, el cual comienza a hurgar entre las aplicaciones del dispositivo.

Danilo: La mera verdad no sé cómo se utiliza bien. Soy medio bruto para esas cosas y apenas estaba aprendiendo, pero pueden buscar ahí y dar con el paradero de esos dos para que encuentren a Marissa.

María Helena: (extrañada) ¿Tú ya sabías lo de Lisa?

Danilo: Me acabo de enterar por Milena. Marissa se lo contó esta mañana y también a Pablo.

Ernesto: Bueno, parece ser que la suerte está de nuestro lado porque justo di con la ubicación de Marissa.

Danilo: (preocupado) ¿De veras? ¿Dónde está?

Ernesto: (mirando el celular) Por lo que puedo ver, no es muy lejos de aquí, pero ya mismo voy a encargarme de pedir refuerzos para que se adelanten y les voy enviar las coordenadas.

Danilo: Déjenme ir con ustedes, por favor. Tengo que asegurarme de que Marissa va a estar bien.

Ernesto: Es mejor que no intervengas, muchacho. Puede ser peligroso. Quédense aquí y estén a la espera de noticias. Nos ayudarán más así.

Danilo: Es que usted no entiende, señor. Marissa es la mujer que amo (Ernesto se sorprende) y no me voy a quedar de brazos cruzados viendo que está en peligro. Se lo pide. Déjeme ir.

Ernesto lo ignora, se aparta y saca su radio de comunicación para pedir refuerzos tal como dijo. Danilo y María Helena se miran preocupados entre sí.

INT. / CABAÑA / DÍA

Marissa y Luis Enrique han llegado al sitio de encuentro dado por Lisa. Ésta los espera adentro y al verlos, les sonríe con cinismo. Marissa, por su parte, la mira con desprecio y suma seriedad.



Lisa: Veo que muy a pesar de lo zorra que eres, tienes palabra. Viniste tal y como te lo ordené.

Marissa: Nada de esto lo estoy haciendo porque quiera, pero mi hijo es más importante que cualquier cosa y no voy a permitir que le hagas daño.

Lisa: Déjate tus discursos de madre abnegada y vieja patética para ti sola, ¿quieres? Mejor anda y dime si ya hablaste con Eduardo.

Marissa: Sí, ya lo hice.

Luis Enrique: Confirmo. La vi saliendo del hospital cuando la recogí.

Lisa: ¡Muy bien! Y te felicito, eh (Da un par de aplausos). Una lástima que ya no te vayas a poder deleitar y quitar las ganas de vieja calenturienta con mi papi. Ya te lo compartí mucho tiempo, pero relax. Todavía te puedes revolcar con tu ex..

Marissa: Preferiría morir mil veces antes que volver con Luis Enrique. Nada más estoy esperando que retires la denuncia que le metiste a mi hijo para irme del país con él.

Lisa: ¡Qué ilusa! ¿Crees que todo acabó así de fácil para ti?

Marissa: ¡Teníamos un trato!

Lisa le lanza una fuerte cachetada a la mujer y la agarra con brusquedad de la caballera.

Lisa: ¡Quien pone las reglas aquí soy yo, maldita! Bájate los aires, ¿quieres? Tú no eres más que un pedazo de mierda que no vale nada.

Lisa la escupe en la cara. Marissa cierra los ojos e intenta contener su ira, por lo que la ve de forma retadora.

Lisa: Tu ex nunca te valoró y mi papi solo te quiso por dinero, para salir de la bancarrota nada más.

Marissa: Eduardo me ama.

Lisa enfurece al oírla.

Marissa: Él nunca, jamás, hagas lo que hagas, va a poder fijarse en ti porque eres su hija y aunque no lo fueras, te despreciaría por ser la clase de monstruo que eres. ¡Eso eres, Lisa! ¡Un monstruo despreciable!

Lisa: ¡Cierra la boca, desgraciada! ¡Cállate de una vez!

Lisa, totalmente enfurecida, le lanza una fuerte bofetada. Marissa gime adolorida. Luis Enrique observa la escena con ganas de intervenir.

Lisa: ¡Al piso! (Gritándole) ¡Ándale! ¡Ponte en el piso!

Marissa respira agitada y tensa la mandíbula.

Lisa: ¿No me estás escuchando? ¿Tengo yo que hacerlo todo por ti?

Lisa la agarra de la cabellera con fuerza y la obliga a tirarse al piso. Marissa tiembla un poco y denota cierto temor, pero trata de no hacerlo tan evidente. Lisa se burla de ella.

Lisa: ¡Eso! ¡Así te quiero ver! El suelo es el único lugar que merece una cucaracha, un gusano de tu calaña (a Luis Enrique) ¡Tú toma la soga que ves en la mesa y átala!

Luis Enrique: ¿Qué piensas hacer?

Lisa: (exasperada) ¡Que la ates, maldita sea! ¡Haz lo que te digo!

Luis Enrique, indeciso, toma la soga y se acerca a Marissa.

Luis Enrique: (susurrando) Tranquila, no voy a dejar que te haga daño.

Marissa no dice nada y solo mira con desprecio al hombre, quien comienza a atarle las manos. Lisa se pasea por la cabaña caminando de un lado al otro.

Lisa: ¿Sabes una cosa? El día de tu boda con mi papi, pensaba llevármelo muy lejos y tenerlo solo para mí, encerrado, obligándolo a amarme.

Lisa se dirige a la mesa donde estaba la soga y sobre la cual también hay una botella misteriosa.

Lisa: Pero hubiera estado difícil. Él nunca hubiera dejado de verme como hija y menos ahora que toda la verdad ya se supo, y es ahí donde entraste tú.

Luis Enrique termina de atar a Marissa. Lisa toma la botella y se dirige caminando lentamente hacia la mujer.

Lisa: Tú, por andártelas de metiche, causaste indirectamente el accidente donde me quemé y hasta gracias a ti, tengo el rostro y el cuerpo ideal para ganarme el amor de Eduardo sin que él tenga la más remota idea de quién soy. Debería agradecerte, solo que hay un detalle…

Lisa se pone en cuclillas para hablar a la altura de Marissa.

Lisa: Todo el dolor físico que experimenté cuando mi piel ardía en ese coche y luego las yo no sé cuántas cirugías que me hicieron para reconstruirme es algo que también te debo a ti.

Marissa: (desesperada) ¡Habla de una vez y dime qué más quieres!

Lisa no responde, solo sonríe notablemente trastornada y se pone de pie.

Lisa: Quiero verte sufrir en vida y pasar por el mismo sufrimiento por el que yo pasé. ¿Te suena?

Lisa destapa la botella y se la muestra. Marissa solo ve desconcertada al igual que Luis Enrique.

Lisa: ¿Ves esto que tengo aquí? Es ácido (Marissa se asusta). Y cuando te lo tire todo encima, te voy a hacer ver el infierno, desgraciada.

Luis Enrique: No vayas a hacer lo que estás pensando, Lisa.

Lisa: ¡Tú te callas! Es más, lárgate de una vez. Ya hiciste mucho por mí trayéndome a esta imbécil.

Luis Enrique: No voy a permitir que le arruines el rostro a Marissa.

Lisa: (incrédula) ¿Y qué piensas hacer? ¿Matarme? ¿Vienes al menos armado?

Luis Enrique guarda silencio.

Lisa: No, ¿verdad? Ni una pinche pistola traes, así que ya deja de hacerme perder el tiempo y vete.

Luis Enrique: Podemos llevar esto de otra manera. No hay que llegar a ese extremo. ¿Cómo piensas que podré casarse con Marissa desfigurada?

Lisa: Ya te dije que no tienes que hacerlo. Nada más oblígala a que te traspase todo lo que posee y ya está. Antes agradéceme que te voy a ahorrar el horror de llevarla al altar una segunda vez.

Marissa: ¡Los dos son un par de infelices que no merecen ningún perdón! (Indignada)

Luis Enrique: Déjame esto a mí, Marissa. Lisa, escúchame. No lo hagas, por favor. Sé un poco más madura.

Luis Enrique comienza a caminar despacio hacia la joven. Lisa frunce el ceño.

Luis Enrique: Deja que hablemos y llegamos a un acuerdo. Marissa no merece esto.

Lisa: No vas a poder convencerme y tampoco pienso escucharte más. ¡Ya piérdete!

Luis Enrique: No pienso irme. Vas a tener que pasar por encima de mí.

Lisa: ¿Ah, sí? Bueno, tú lo quisiste por la malas. Que conste, eh.

Lisa saca su pistola del bolsillo de su jean y sin dudarlo, le dispara a Luis Enrique en el hombro.

Luis Enrique: (adolorido) ¡Argh!

Lisa: ¡Disfruta a tu ex cuando le veas la cara tanto o más deforme de lo que la tuve yo!

Lisa se dispone a lanzar el ácido sobre el rostro de Marissa, pero Luis Enrique corre de inmediato para evitarlo y se abalanza sobre la joven para intentar quitarle la pistola.

Lisa: ¿Qué haces, imbécil? ¡Déjame!

Luis Enrique: ¡No voy a permitir que te salgas con la tuya, perra! ¡No te voy a dejar!

Lisa: ¡No te conviene ponerte en mi contra! ¡Déjame! (Chillando) ¡Déjame, infeliz!

Marissa respira agitada presenciando la pelea con gran tensión. En medio del forcejeo, Lisa termina por verter todo el ácido entre la cara y el pecho de Luis Enrique. El hombre grita sumamente adolorido y se aparta

Luis Enrique: ¡Me quemo! ¡Me quemo! (Desesperado) ¡Argh! ¡Como un demonio! ¡Me está quemando!

Lisa solo mira con los ojos desorbitados como la piel de su cómplice comienza a consumirse y Marissa llora de impotencia sin saber qué hacer.

Lisa: Tú te lo buscaste. ¡Te lo advertí! Te dije muy bien que no te metieras y mira lo que provocaste. ¡Animal!

Luis Enrique se derrumba de rodillas en el piso pegando fuertes alaridos de dolor y un gran terror se apodera de sí mismo al ver como la piel de su cuello y pecho se deforma, incluida la de su cara.

Luis Enrique: ¡Desgraciada! ¡Maldita desgraciada! (Grita desgarrado)

Lisa: A mí no me culpes. Si querías quedar como héroe frente a tu ex, pues ya lo hiciste y de la manera más épica que pudiste. ¡Lo mandaste todo a la mierda! (Furiosa)

Luis Enrique: ¡Te voy a matar! ¡Te juro que te voy a matar!

Luis Enrique intenta ir hacia ella, pero la joven, con una expresión inmutable y sin pestañear, le dispara friamente una vez más. La bala cae en su abdomen y se desploma.

Marissa: ¡Basta, por favor! (Grita desgarrada y llorando) ¡Detente! ¡No más!

Lisa respira agitada y comienza a reír fuera de sí completamente trastornada. Los gemidos de Luis Enrique quejándose se escuchan de fondo.

Lisa: Ay, qué romántico. Los dos ex defendiéndose entre sí. Digno de una novelita de romance, lástima que esta no va a acabar con final feliz. ¡No, mis amores! ¡Va a terminar con lágrimas de sangre!

Lisa le apunta a Marissa.

Marissa: (gritando) ¡Si me vas a matar, hazlo de una vez y deja de torturarme!

Lisa: ¿Es lo que quieres? ¿Que termine con tu vida tan patética y dejar a la deriva a tu hijo? Porque si te mato, créeme que lo refundiré en el bote muchos años y dudo que el pobre aguante. Claro, como siempre ha sido hijito de mami… (Burlándose)

Marissa: Dime qué más quieres de mí (Llora de impotencia). Ya renuncié a Eduardo y tienes a mi hijo encerrado en la cárcel. Por poco me quemas la cara. ¿Qué más quieres que haga?

Lisa se queda pensativa por unos segundos y sonríe al ocurrírsele una idea, por lo que se acerca y se pone en cuclillas de nuevo frente a ella.

Lisa: ¿Sabes que sí tienes razón? Mi plan era destrozarte esa cara de mosca muerta que te traes, pero como tu ex se las dio de héroe, hay algo más que podría hacer contigo. ¿Ves esa pica de allí?

Lisa le señala un punto en particular. Marissa se ve desconcertada y voltea a ver viendo, en efecto, una pica sobre el piso.

Lisa: Quiero que la agarres y termines con el sufrimiento en vida de tu ex. Mira al pobre. Con ese estado y la cara desfigurada por haberte salvado, dudo que aguante mucho. Llamas a la policía y te culpas del crimen. A cambio, yo retiro la denuncia en contra de tu hijo.

Marissa: No me pidas algo así, te lo suplico. Mátame si quieres, pero no me obligues a hacer una cosa tan horrible (Llora desconsolada).

Lisa: Allá tú. No lo hagas si no quieres, solo ten en cuenta que si no aceptas, va a ser tu hijo el que pase el resto de la vida en prisión. Puedo hasta pagar para que lo violen en venganza por haberse atrevido a sobrepasarse conmigo.

Marissa: ¡Pablo no hizo nada de eso y tú lo sabes!

Lisa: A ojos de todo el mundo sí que lo hizo y quedó como un completo pervertido. Tú nomás dime qué prefieres.

Marissa siente enloquecer al verse entre la espalda y la pared.

Lisa: Anda, dime. ¿Te vas a sacrificar por tu hijito como la madre abnegada que pretendes ser o prefieres que él pague tus platos rotos?

Luis Enrique: (agonizando) Marissa, no lo hagas…

Lisa: ¡Responde, estúpida!

Lisa le pega con la pistola en la frente. Marissa gime adolorida, levanta el rostro y puede verse una prominente herida sangrando en su frente.

Lisa: Responde porque estoy empezando a perder la paciencia contigo.

Marissa cierra los ojos con fuerza dejando caer grandes lágrimas ante la fuerte presión a la que está siendo sometida.

Marissa: (en un hilo de voz) No puedo…

Lisa: ¿Qué dijiste?

Marissa: No lo haré… No voy a mancharme las manos de sangre y de alguna forma, no sé cómo, me voy a encargar de que pagues por todo lo que estás haciendo y voy a sacar a mi hijo de la cárcel (Dice muy segura) ¡Haz lo que se te venga en gana, maldita loca!

Marissa es quien la escupe esta vez. Lisa se sorprende al ver la valentía de la mujer y se levanta apaciblemente, aunque con una expresión ruda y de dureza estampada en el rostro.

Lisa: ¡Muy bien! Te di la opción, pero tú la desaprovechaste y si no vas a ser tú la que acabe con él, lo voy a hacer yo e igual te vas a podrir en la cárcel por imbécil junto con tu hijo.

Lisa camina hacia Luis Enrique y le apunta hacia la cabeza dispuesta a ultimarlo.

Lisa: Adiosito, bigotón. Una lástima que acabes de esta forma tan patética, pero ya ni modo. Tú te lo buscaste.

Lisa comienza a apretar el gatillo, pero de repente, alguien entra forzosamente a la cabaña.



Eduardo: ¡Marissa!

Lisa voltea a ver y se sorprende al ver a su padre. Marissa, de igual forma, se sorprende. Eduardo viste ropa casual, aunque se ve que cierta cantidad de sangre en su abdomen sobresale y mancha la camisa.

Marissa: ¡Eduardo!

Eduardo mira desconcertado la horrible situación; Marissa, atada y en el piso, y Luis Enrique, también tirado en el piso y gimiendo adolorido con el rostro desfigurado y malherido.

Eduardo: ¿Qué está pasando? ¿Qué es todo esto?

Lisa le apunta al hombre.

Lisa: ¿Qué se supone que haces aquí?

Marissa: ¡Eduardo, vete! ¡Es muy peligroso!

Eduardo: (a Lisa) Quien te pregunta a ti qué carajo estás haciendo soy yo. ¿Qué pretendes?

Marissa: (llorando) Vete antes de que sea tarde, Eduardo, por favor.

Lisa: ¿Cómo llegaste hasta acá?

Eduardo no responde sin comprender aún la situación.

Lisa: ¡Responde! ¿Cómo llegaste?

Eduardo: No tengo que responder a tus preguntas. Quien debe dar explicaciones eres tú. ¿Por qué tienes a mi mujer atada? ¿Qué le hiciste a Luis Enrique?

Lisa: Con que tu mujer, eh. Sí que me sorprende la propiedad con la que hablas de esa mujercita tan insignificante al punto de haberte atrevido a venir hasta aquí.

Eduardo: Yo ya sabía que algo andaba mal. Marissa fue al hospital a terminar conmigo y la vi subiendo al coche de Luis Enrique…

FLASHBACK

EXT. / HOSPITAL DE VILLA ENCANTADA / DÍA


Eduardo ha logrado huir de su habitación y sale del hospital vistiendo ropa casual, pero camina adolorido y pone su mano en la herida de bala donde justo le operaron. El hombre mira para todos lados y alcanza a ver de lejos a Marissa subiendo al auto junto con Luis Enrique. Éste abre la puerta del asiento de copiloto y ella entra al vehículo denotando gran seriedad. Luego de cerrar la puerta, Luis Enrique procede a subir al asiento de conductor.



Eduardo: (furioso) ¡Descarados! ¡Par de canallas! ¿Cómo es posible que me hicieras una bajeza de estas, Marissa? ¿Cómo?

Luis Enrique enciende el auto y arranca. Eduardo, desesperado, se apresura y detiene un taxi que justo iba pasando. El hombre no tarda en subirse.

Conductor: Buen día, mi don.

Eduardo: Siga ese coche negro de allí al frente. No lo pierda de vista.

Conductor: (extrañado) ¿Y usted se encuentra bien?

Eduardo baja la mirada y se da cuenta que la sutura se ha abierto, por lo que está sangrando. Incluso la sangre sobresale por encima de la camisa que trae puesta.

Eduardo: (asentando) Estoy bien. Nada más no pierda de vista el coche que le dije. Vaya rápido.

FIN DEL FLASHBACK

Lisa sonríe con malicia y continúa apuntándole a su padre con la pistola.

Lisa: Así que los seguiste. Supongo que pensaste que vendrían para acá a hacer cositas sucias mientras se burlaban de tu cara de estúpido, ¿no? Después de todo, la tipa esta tuvo que haberte dicho que pensaba casarse de nuevo con su exmaridito y tú, como menso, corriste para enfrentarlos. ¡Ay, Eduardo! (Suspira) ¡Sí eres!

Eduardo: Dime ya qué buscas ¿Por qué enviaste a Luis Enrique a que trajera a Marissa a este lugar para secuestrarla? ¿Y qué le hiciste a él? ¿Qué estás pretendiendo?

Marissa: Te lo imploro, Eduardo. Vete ahora que puedes.

Eduardo: No pienso dejarte aquí, Marissa. No me voy a ir sin ti.

Lisa: ¿Tanto te importa esa zorra como para arriesgar tu salud sin recuperarte todavía del todo?

Eduardo: ¡La amo y va a ser mi esposa! (Dice muy decidido) Y no sé cuáles son tus intenciones, pero no me iré sin ella, así que dime ya quién eres en verdad. ¿Por qué te apareciste en mi vida y fingiste ser amiga de María Helena? ¿La estás amenazando? ¿Es eso? ¡Habla! (Grita furioso)

Lisa hace una pausa y una sonrisa de picardía se dibuja en su rostro.

Lisa: ¿De verdad no tienes una idea? ¿No he sido tan evidente para ti?

Eduardo la mira con los ojos desorbitados sin comprender nada.

Lisa: ¿De veras no logras reconocerme, papi?

Eduardo siente que un escalofrío le recorre el cuerpo al escuchar a la trastornada joven, quien no ha dejado de apuntarle con la pistola.

Marissa: ¡Eduardo, ya vete, por favor! (Desesperada)

Lisa: Dicen por ahí que el llamado de la sangre es muy fuerte y deberías ver en mí ese pedacito que salió de ti. Mírame a los ojos y dime si no eres capaz de reconocer a la niña que siempre te amó tanto…

Eduardo la ve desconcertado negándose a creer en lo que está pasando.

Lisa: Yo soy esa que siempre se murió de amor por ti; la misma niña que no soportaba ver cómo mi mamá era capaz de engañarte y usarte solo por conservar su estatus; esa zorra que tan descaradamente te dormía con pastillas para irse a ver con sus amantes…

Lisa comienza a temblar ante la ira que siente al recordar tales cosas y se acerca poco a poco a Eduardo.

Lisa: Dime si no puedes recordar esa noche que me hiciste tu mujer porque yo sí la recuerdo claramente, ¿sabes? Recuerdo tus besos, tus caricias recorriendo cada parte de mi cuerpo…

Eduardo: (en hilo de voz) No puede ser…

Lisa: Y a pesar de que estabas tomado y solo me decías “Helena”, para mí fue la mejor noche de mi vida porque pude tenerte para mí y sentirme plena como siempre fantaseé.

Eduardo: Li… ¿Lisa?

Lisa derrama un par de lágrimas discretas.

Lisa: Tú eres lo único que me mantiene viva, papi. Por ti regresé y soporté todo el dolor que me causaron las cirugías que me hicieron para ser esta mujer que ves y que ahora está dispuesta a todo por ti.

Eduardo parece paralizado sin lograr dar crédito a lo que está viviendo en ese instante e incluso sus ojos se ponen rojos.

Lisa: Quería tanto que pudieras dejar en el olvido a Lisa para enamorarte de mí siendo Martina, pero veo que ya no va a ser posible. Tantas cosas no valieron la pena, pero aún estamos a tiempo de que empecemos una vida juntos. Ven conmigo y vámonos lejos…

Eduardo camina hacia atrás sintiéndose sumamente espantado.

Eduardo: Tiene que ser una pesadilla. No puede ser cierto.

Lisa: ¿Eso es lo que soy para ti? ¿Un mal recuerdo? ¿Una pesadilla?

Eduardo: ¡Yo te enterré! ¡Te lloré y te he seguido llorando todo este tiempo!

Marissa: Epifanio de La Torre la salvó del accidente, Eduardo.

Lisa: ¡Tú no te metas en esto y cierra tu sucia boca, mujerzuela!

Lisa, enfurecida, le apunta a la mujer.

Eduardo: (aterrado) ¡No, por favor! ¡Baja eso y no le hagas más daño a nadie!

Lisa: ¿Tanto la amas?

Eduardo: Li… Li…

Eduardo se siente incapaz de pronunciar el nombre de su hija sin poder dar crédito aún a que esté frente a él e incluso tiembla.

Eduardo: Lisa, te lo pido… (Derrama un par de lágrimas)

Lisa: (dolida) ¿La amas más que a mí que soy tu hija?

Eduardo: Yo siempre te amé y nunca voy a dejarte de amar, pero no de la manera en que tú siempre quisiste.

Lisa: (histérica) ¿Por qué? ¿Por qué si he llegado tan lejos para demostrarte lo mucho que te amo? ¡Mírame!

Lisa llora amargamente e incluso su maquillaje se ha corrido.

Lisa: ¡Yo ya no soy Lisa! Yo ya no soy esa muchachita que enterraste y lloraste como dijiste porque ella se murió. Se murió en ese pinche accidente que tú también indirectamente provocaste.

Eduardo: (negando) No… Eso no fue así. Yo…

Lisa: (lo interrumpe) ¡Admítelo! Tú también me mataste. No creas que no recuerdo el día de tu boda con esta mujer. Ese maldito día en que me accidenté, en vez de ponerte de mi parte y defenderme, querías que también me llevaran presa. ¡Preferiste a esa zorra que a tu hija!

Eduardo: Mataste a mi mamá, a Casimira… Pensé que hasta habías hecho lo mismo con Helena hasta hace poco que descubrí que había sido Carolina. ¡Hiciste cosas horribles!

Lisa: En el fondo yo nunca quise matar a nadie. Luis Enrique me obligó a cometer muchas de esas cosas feas por las que todos se escandalizan. Él me chantajeó con unas fotos que tenía de mí desnuda.

Lisa señala con la pistola hacia Luis Enrique, quien sigue agonizando.

Lisa: Ese miserable que ves allí fue el que me obligó a hundirte en el alcohol para volverte un imbécil, un zombie, una presa fácil a la que pudiera arrebatarle el patrimonio de la familia.

Eduardo derrama un par de lágrimas discretas al enterarse de tal verdad.

Lisa: Y claro… Con mi abuela de por medio iba a ser difícil y me dio la orden también de matarla. La chacha, si bien me caía mal, no tenía nada contra ella, pero me escuchó y no podía arriesgarme a que me delatara. ¡Yo fui la víctima aquí! ¿No lo ves?

Lisa sigue llorando y baja un poco el tono de voz.

Lisa: Yo solo he sido una niña enamorada del único que le da sentido a mi vida en medio de tanta podredumbre, y ese eres tú, papi… A la única que quise quitar del camino para protegerte fue a Helena, solo que Carolina la mató primero. Yo tenía que librarte de alguna manera de esa mujerzuela.

Eduardo: Lisa… Tú y yo… (Hace una pausa con un nudo en la garganta) Tú y yo sí somos padre e hija. Tienes mi sangre. Yo soy tu padre biológico y ya sé que si te enamoraste de mí fue porque pensaste que no lo era, pero ya sé la verdad y eres mi hija, eres mi niña…

Lisa: Lo sé. Te escuché discutiendo con Carolina esa noche que ella te disparó y ya estoy enterada.

Eduardo: ¿Y aún así…?

Lisa: Sí… (Hace una pausa) Aún así te amo, te deseo y no veo la hora de que seas mío siempre.

Eduardo: Lisa, por favor… Te lo suplico, para ya.

Lisa: Si regresé con otro rostro y llegué a este punto no fue para darme por vencida tan fácil. Mis planes eran otros, pero ya ni modo. Tienes que venir conmigo.

Eduardo: (desesperado) ¡Lisa, soy tu padre! ¡Reacciona!

Eduardo intenta acercarse, pero Lisa le apunta con la pistola.

Lisa: No me obligues a hacer algo que no quiero.

Eduardo: Detente, te lo suplico.

Lisa: La única forma en que pienso detenerme es si aceptas venir conmigo. Tengo una cabaña un poco lejos de aquí que alquilé y donde nadie nos va a molestar, además de que ya no quiero estar más aquí.. De seguro ni sabes que este era el sitio donde mi "mamita chula" se revolcaba con Epifanio de La Torre, y de solo recordar las muchas veces que los vi me asqueo, así que ya vámonos.

Eduardo: Lisa, por favor…

Lisa: ¿Qué pasa? ¿Tanto me querías muerta que ni te quieres ir conmigo?

Eduardo: Nada de esto está bien y si continúas, vas a acabar mal otra vez. Recapacita.

Lisa: Está bien. Si no quieres, no hay lío.

Lisa sonríe entre lágrimas y se dirige hacia Marissa, a la que agarra con brusquedad de la cabellera. Eduardo se angustia al ver cómo la joven le pone la pistola en la sien a su amada.

Lisa: Solo ten presente que no tendré más opción que darle un tiro a tu zorra. ¿Es lo que prefieres?

Eduardo: No le hagas daño a Marissa.

Lisa: Es tu decisión, no la mía. Si la mato, será tu culpa.

Marissa: No dejes que te manipule, Eduardo. Es lo que quiere, ponernos entre la espada y la pared. Antes de que tú llegaras, me quería obligar a matar a Luis Enrique para inculparme. No le des el gusto.

Lisa: ¡Cállate! ¡Te juro que abres más la boca y te pongo un tiro en la frente!

Eduardo mira indeciso a Lisa, quien al parecer está decidida a acabar con la vida de Marissa. Ésta última le suplica con los ojos que no caiga ante las manipulaciones de la joven.

Lisa: Habla, papi. ¿Te irás conmigo por las buenas o tendrá que ser por la malas? Mira que no me gusta que me desafíen y ahí tienes a Luis Enrique que ahorita está como un gusano agonizando por haberse atrevido a desafiarme.

Eduardo dirige los ojos hacia Luis Enrique, quien se está desangrado por los impactos de bala propinados y aún gime adolorido por las fuertes quemaduras del ácido.

Lisa: ¡Escoge!

Eduardo cierra los ojos con fuerza y traga saliva para luego asentar resignado.

Eduardo: Está bien.

Lisa sonríe satisfecha.

Eduardo: Me iré contigo.

Marissa: ¡Eduardo, no!

Lisa: ¡Perfecto! Entonces no hay tiempo que perder. Iremos en el coche de Luis Enrique, así que sácale las llaves. Vas a ser tú quien conduzca.

Eduardo aún parece dudar.

Lisa: ¿Qué esperas? ¡Hazlo!

El hombre no tiene más opción que obedecer tales órdenes y se acerca a Luis Enrique para sacar las llaves de uno de los bolsillos de su pantalón.

Luis Enrique: (débil) Lo lamento todo, Eduardo. Lo lamento.

Eduardo no dice nada, pero observa perturbado a su exsocio retorciéndose de dolor.

Lisa: ¡Vámonos!

Eduardo es quien sale primero de la cabaña. Lisa lo sigue sin dejar de apuntarle.

Marissa: ¡Eduardo! ¡Eduardo, no lo hagas! ¡Huye!

Justo antes de cruzar el umbral de la puerta, Lisa voltea a ver.

Lisa: Perdiste, pero no creas que pienso dejarte sin tu merecido. Todavía no he terminado contigo y vas a saber muy pronto de mí, mujerzuela.

Lisa termina de irse. Marissa llora desgarrada y pega un fuerte grito que se escucha en eco. Entretanto, Eduardo sube al auto y lo enciende. Lisa, por su parte, sube a los asientos traseros y sigue apuntándole con la pistola.

Eduardo: ¿Para dónde iremos?

Lisa no responde y mientras con una mano sostiene firmemente la pistola, con la otra mano saca una jeringa de su pantalón y se la clava al hombre en el brazo.

Eduardo: (asustado) ¿Qué haces?

Lisa: ¡No digas nada ni te muevas!

Lisa presiona con su pulgar el émbolo de la jeringa inyectando todo el contenido.

Eduardo: ¿Qué era eso? ¿Qué me hiciste?

Lisa: Es una potente droga que me conseguí en la farmacia y que te dejará durmiendo como un angelito en unas tres horas. Es el tiempo exacto que necesitamos para llegar a nuestro destino, así que empieza a conducir.

Eduardo: ¿Qué tienes en mente?

Lisa: Todo lo que siempre soñé. Tú nomás espera y arranca de una buena vez.

Eduardo, impotente y sumamente resignado, comienza a conducir.

INT. / PATRULLA / DÍA

Entretanto, Ernesto va sentado en el asiento de copiloto de una patrulla conducida por un policía. María Helena y Danilo justo van en los asientos de atrás. Ambos lucen preocupados.



Danilo: ¿Cuánto falta para que lleguemos, señor?

Ernesto: Tranquilo, muchacho. Estamos a unos cinco minutos.

Danilo: Es que me da la impresión de que nos hemos demorado ya bastante. Marissa está corriendo peligro.

Ernesto: Yo ya pedí por adelantado refuerzos de la policía municipal que de seguro van a llegar antes que nosotros. Marissa estará bien. Puedo ver todavía que sigue en el mismo sitio y ya déjenme hacer mi trabajo que si cedí a traerlos fue porque me insistieron.

Danilo se recuesta en el asiento y suelta frustrado una bocanada de aire. María Helena, con algo de timidez, toma una de sus manos para tranquilizarlo.

María Helena: Ya escuchaste al detective Martínez, Danilo. Doña Marissa va a estar bien. Lisa no debe ni sospechar que vamos para allá.

Danilo: Si algo le pasa, nunca me lo voy a perdonar. La traté de la patada y le dije cosas horribles por imbécil.

María Helena: Sigo sin entender el porqué.

Ernesto finge no escuchar la conversación de los jóvenes a los cuales mira sutilmente por el retrovisor. Danilo guarda silencio unos cuantos segundos y suspira.

Danilo: Ya me insistes tanto y fuiste la única que creyó en mí, te voy a decir la verdad, María Helena. Luis Enrique me obligó.

María Helena: (desconcertada) ¿Cómo que te obligó? ¿De qué hablas?

Danilo: Él fue el que me atropelló con el coche esa tarde y luego en la noche, cuando estaba en el hospital, el muy hijo de su madre me obligó a que le terminara a Marissa y me amenazó con culparme del asesinato de Helena.

María Helena: (sorprendida) No lo puedo creer. ¿Qué clase de padre le hace una cosa así de a su hijo? ¡Qué poca! (Indignada)

Danilo: Lo mismo me pregunto yo y según él finge delante de todos estar dizque muy arrepentido, pero qué va. Yo lo conozco y es capaz hasta de vender a su mamá.

María Helena: Con razón nunca me inspiró confianza y me hacía sentir medio incómoda cuando me lo encontraba, pero tú también fuiste bien menso. ¿Cómo dejaste que te amenazara para luego hacerle semejante desplante a Marissa?

Danilo: No tenía opción, María Helena. Era eso o parar en la cárcel culpado de un asesinato que no cometí, y no podía dejar a mi hermana sola menos ahorita que todavía está en silla de ruedas.

María Helena: ¿Y de veras le creíste que te podía inculpar de ese asesinato? Mira que ya salió a la luz que fue Carolina de La Torre la culpable y así Luis Enrique no hubiera podido inculparte de nada.

Danilo: De todos modos, hasta hace poco se creía que había sido Lisa y yo me llené de miedo porque llevaba las de perder.

María Helena: (extrañada) ¿Por qué lo dices?

Danilo: Lo que pasa es que… (Hace una pausa) Lisa había descubierto que doña Helena y yo éramos…

María Helena: ¿Amantes?

Danilo: (asentando) Así es. Me imagino ha de ser incómodo para ti tratándose de tu mamá.

María Helena: Yo no la conocí, además me regaló, recuérdalo, así que me da igual con quien se haya acostado esa señora. Mejor dime qué fue lo que hizo Lisa cuando los cachó.

Danilo: Me amenazó. Me dijo que se iba a encargar de correrme junto con Milena y mi mamá si no accedía a matar a doña Helena.

María Helena se sorprende y habla en voz baja cuidando que Ernesto no los escuche.

María Helena: ¿Ibas a hacerlo?

Danilo: (sollozo) No quería y tampoco podía, así que no tuve de otra que decirle a Lisa que sí lo iba a hacer y puse en sobreaviso a Helena para que se andara con cuidado. ¿Ves por qué te digo que llevaba las de perder? Luis Enrique hubiera podido acusarme de ser cómplice de Lisa.

María Helena: No me imagino cómo te sentiste. Tuvo que ser retedifícil.

Danilo: Lo fue y más me dolió descubrir que Helena no me quería, y solo me tenía para quitarse las ganas cuando le diera la gana.

María Helena: ¿La amabas?

Danilo: Te mentiría si dijera que no, pero ella nada más jugó conmigo y, a mis espaldas, le daba lana a mi mamá que era que la hacía de celestina entre nosotros. Prácticamente mi mamá me vendió y yo caí en ese juego sin darme cuenta.

María Helena lo escucha con atención y lo mira con cierta compasión.

Danilo: Y luego llegó ella… Llegó a Marissa que me recordaba tanto a Helena. Fue como ver en ella la mujer guapísima, noble, dulce, buena onda que yo pensaba que era Helena y me enamoré. Yo la amo, Malena (Derrama un par de lágrimas). La amo de verdad.

María Helena: Danilo, quizá ahorita no sea el mejor momento, pero ¿tú estás seguro de que ella te estaba correspondiendo porque también te amaba?

Danilo guarda silencio ante tal pregunta. Ernesto sigue mirando disimuladamente por el retrovisor.

Danilo: Tengo que reconocer que no. Yo le insistí tanto que la convencí, pero sé bien que muy en el fondo, ella al que ama es tu papá.

María Helena: Es eso a lo que quería llegar. Tú eres un chavo muy bueno, guapo, de muy lindos sentimientos…

María Helena lo toma de ambas manos y lo mira sonriente. Él se sorprende levemente por el gesto.

María Helena: Tú te mereces ser feliz de una vez y ya no sufrir más por amor enamorándote de las personas equivocadas.

Danilo: Está difícil. En el corazón no se manda.

María Helena: Tú lo has dicho y eso también aplica para doña Marissa. Ella, a lo mejor, estaría súper encantada de amarte así como tú la amas, pero no puede porque tiene en el corazón a alguien más.

Danilo: ¿Y qué sugieres que haga? No me puedo olvidar tan fácil de ella y pretender que la veo solo como una amiga cuando en el fondo me quema por dentro lo que siento.

María Helena: Yo sé y mira que nunca me he enamorado, pero algo sí sé y quizá lo que necesites es dejar ir y aceptar que no todo lo que queremos lo podemos tener.

Danilo se queda pensativo ante tales palabras. María Helena se queda viéndolo de forma especia sin que él se dé cuenta.

CONTINUARÁ…

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